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“Los 4 Fantásticos: toda una vida”, de Russell e Izaakse. El mundo (mejor) merece ser salvado.

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Spiderman: toda una vida” de Zdarsky y Bagley sorprendió a mucha gente. Y lo hizo para bien, especialmente para los más viejos aficionados a sus cómics. La idea no era original como recordó Máximo Simancas en el post sobre el cómic que hizo en esta sacrosanta casa, ya se le había ocurrido a John Byrne en DC. En resumen, relatar la historia del personaje más emblemático de Marvel pero con el paso del tiempo envejeciéndole. A él y a todo el Universo Marvel. Más allá de esto, que sería anecdótico en casi cualquier caso, Zdarksy consigue sintetizar el heroísmo de Peter Parker en cada época, oponiéndole cada vez más dificultades personales, más decepciones con la edad, más cambios naturales cuando alguien envejece. Es la historia alternativa definitiva del personaje, que tiene toda la esencia del mismo pero quitándole la inevitable ingenuidad de sus inicios y no cayendo en vicios cínicos ni nihilistas. Al contrario: pocas veces Peter Parker ha sido más heróico, más noble, más inspirador.

Hemos tenido múltiples reediciones y ha sido todo un éxito merecidísimo de ventas. Incluso hemos tenido un spin-off de J. Jonah Jameson. Y aunque Spider-Man es el mascarón de proa de Marvel, el emblema y el que más ha vendido siempre son otros los que lo empezaron todo. En concreto cuatro personas. Y eso nos lleva al siguiente “Toda una vida” que hemos podido leer, el de Los Cuatro Fantásticos. Con la misma idea del de Spider-Man: contar la historia de la primera familia de Marvel con todos los personajes envejeciendo y con cada época cambiando a su alrededor.

En este “Toda una vida” el guionista, Mark Russell, tiene un enfoque distinto de esta idea respecto al Spider-Man de Chip Zdarsky antes mencionado. El “Toda una vida” de Spider-Man recoge hechos de los cómics de cada década y los encaja en el envejecimiento y evolución alternativa del personaje. En el de Los Cuatro Fantásticos no es así. Es decir, en Spider-Man sí se requería estar un mínimo al tanto de lo que pasó en los cómics, mientras que en Los Cuatro Fantásticos el ejercicio de paralelismos es mucho más débil. Es decir, que es mucho menos dependiente de haber leído o de conocer sus cómics anteriores. El que alguna vez se leyera alguno de joven y lea esto no se perderá mucho, cosa que quizás con el de Spider-Man sí lo haga.

Mientras que en el “Toda una vida” de Spider-Man el envejecimiento de Peter y sus allegados va en paralelo al aumento de la dificultad y del mérito para tener comportamientos heróicos en el de Los Cuatro Fantásticos el tema principal es otro. No es ese arrastrar cargas, decepciones, engaños y achaques para que cada vez la lucha contra el Mal sea más épica. Aquí casi desde el principio se habla de otro tema, por más que las cosas icónicas tengan un encaje bien pensado y hasta divertido (como por ejemplo el porqué de los trajes).

Y el tema es salvar al mundo de un desastre global que se ve con décadas de antelación, en un paralelismo no explícito pero evidente con el cambio climático (de hecho en esta historia Tony Stark acaba con el problema del cambio climático). En este caso el desastre es la llegada de Galactus, que en los cómics originales sale en el número 48 de Los Cuatro Fantásticos y aquí no llega al enfrentamiento hasta el final del cómic, en la década de los 2000. Pero sabemos de su existencia desde el principio, desde 1960. Toda la historia gira en torno a cómo enfrentarse con mucha antelación a una fuerza de la naturaleza que destruirá todo. También a si tiene sentido hacerlo o para qué exactamente se va a salvar el mundo, si para dejarlo tal cual nos vale o si hay que mejorar el mundo para que merezca ser salvado. En definitiva, a si el heroísmo, el sacrificio personal para ayudar al bien común o la idea de que para defender al mundo también hay que defender que éste sea un sitio mejor siguen teniendo sentido en 2022.

Este “Toda una vida” más que centrarse en la evolución de Los Cuatro Fantásticos envejeciendo y afectando al universo lo que hace es mostrar el espíritu de cada época a través de la preparación durante décadas antes de la llegada de Galactus (que pocas veces ha sido tan amenazante), aunque cada uno de los cuatro personajes tiene una constante que se mantiene gran parte del cómic. El sacrificio sin fin de Reed Richards en cada época por preparse para Galactus, el activismo de Sue Richards a favor de cambiar el mundo a mejor, el proceso de quitarse los traumas personales de Ben Grimm y el teórico cinismo optimista de Johnny. Cada número es una década y cada una empieza con cosas comunes (cada nuevo gobierno de los EEUU da largas a Reed Richards sobre la importancia de prepararse para Galactus), algún paralelismo débil respecto a la historia de los Cuatro Fantásticos (sí, aparece la más famosa muerte, pero sucede de un modo totalmente distinto y yo creo que mucho mejor), se nos esboza el espíritu sociológico de la época en pocas viñetas y vemos avanzar la trama y los cambios en cada uno de los cuatro protagonistas.

En este “Toda una vida” veremos la ingenuidad pop de los sesenta en el atrevimiento casi adolescente de los protagonistas en hacerse con el cohete que les llevará a su transformación en superhéroes. Los setenta traen el activismo político de Susan Storm, de Namor y de Pantera Negra…y también el de Victor Von Muerte, que con su particular teoría de qué hacer para salvar a la Humanidad de Galactus dará varios giros de tuerca que encajan con la más clásica y mejor versión del personaje (su plan final es tan escalofriante como lógico viniendo de alguien como él). Los ochenta nos traen las lógicas de la Guerra Fría y de las horribles consecuencias del poder atómico. Los noventa aparece como la década del optimismo, del avance tecnológico como solución a los problemas de la humanidad, de la felicidad y del amor…hasta el cambio de siglo que llevará a la más profunda desesperación a la Humanidad en los 2000 y al apocalipsis en 2010. Este “Toda una vida” es un estudio de libro de transmisión del estado de ánimo sociológico estadounidense (y quizás occidental, con sus matices) en cada época. En eso es fantástico y maravilloso, en su uso de historias superhéroicas para ir ilustrando y sintetizando el espíritu estadounidense de cada época.

Quizás nos acostumbramos en su día con Bagley a que cada época tuviera matices de dibujo que recordaran al tipo de forma de dibujar de cada época, más aún siendo él mismo uno de los dibujantes históricos de Spider-Man. Quizás por ello este cómic, estando bien dibujado en un sentido clásico (hubiese sido impensable poner a alguien como Humberto Ramos) y bien narrado deja un sabor amargo en ese sentido. ¿Hubiese ganado más? No lo sé. Pero es cierto que el casi recorrido paralelo del “Toda una vida” de Spider-Man aquí no existe, va de otra cosa, como ya hemos repetido.

Los Cuatro Fantásticos son la primera familia de Marvel. Es su esencia, una familia de aventureros y exploradores del Universo. En este “Toda una vida” lo exploran, pero también exploran su interior personal (Ben Grimm), el corazón de las personas para mejorar el mundo (Susan), el ánimo de la gente para disfrutarlo (Johnny) o la propia realidad para enfrentarse a ella misma (Reed). Queda claro en el cómic, en la mejor tradición humanista e ilustrada de Marvel, que los conflictos humanos, peleas y discusiones forman parte de la normalidad humana. Comprenderlo y aceptarlo es el paso previo para poder querer tanto al ser humano como para querer protegerlo de los peligros espantosos que nos esperan. Y esto tendrá que ver con la gestión de los conflictos, con aceptar que son inevitables. Los supervillanos, otra vez, tratan de acabar con todo conflicto, toda división y todo trámite burocrático a las bravas y liderando ellos la teórica solución, aún a costa de imponerla a los demás violentamente.

Si algo le podemos reprochar a este “Toda una vida”, que sigue una senda valiente y honesta como el de Spider-Man, es que el momento de climax, el enfrentamiento de Galactus, es bastante decepcionante. Lo es hasta el punto que el momento más recordable al final es el de Johnny Storm justo en el número anterior. Es una auténtica pena porque es un lunar enorme en una historia que pone otra vez sobre el tapete el enorme precio que hay que pagar para combatir y vencer al Mal, como no podía ser de otro modo.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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