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Los reyes de la noche (Movistar + ): qué divertido es pisar charcos de sangre (ajena)

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Tras acabar de ver “Los reyes de la noche” no sabía qué pensar. La serie ha sido muy promocionada. Estaba dirigida a un grupo de gente enorme que crecimos o envejecimos escuchando la radio por la noche para enterarnos de qué pasaba en el fútbol. De manera descarada se ha insinuado (es un decir) que la serie iba de la gran guerra que tuvieron por la audiencia los dos principales líderes de audiencia de finales de los 80 y los años 90: Jose María García y Jose Ramón de la Morena.

Luego la cosa es que no, que es un homenaje, un universo alternativo o cogemos cosas que pasaron y las hacemos más artísticas. No queda del todo claro. No es un documental, empiezan los capítulos avisando de ello. Se inspiran en cosas que pasaron, pero no se inspiran. Nada más empezar los capítulos de “Los reyes de la noche” te ponen una parrafada avisándote que, por favor, todo esto no tiene que ver con la realidad. Todos sabemos que sí, ellos lo han promocionado casi que así, pero ponemos que no para, entiendo, evitarnos denuncias y similares.

Los pilares de “Los reyes de la noche”

“Los reyes de la noche” se sostiene en su primera temporada en dos pilares. El primero es Javier Gutierrez, actor enorme. Lo es por ser capaz de interpretar de forma creíble a inmigrantes españoles que se van al extranjero en la posguerra, hacer de polícia, de esbirro simplón de un superhéroe o de mitológico periodista/padrino. Casi siempre hace papeles que sólo se entienden en un contexto español, suelen ser cosas muy arraigadas culturalmente a nuestro país. Puede que tener unos cuantos de estos papeles haga que no le apreciemos lo que merece. Y es soberbio, tanto en los momentos más de explosión emocional (que al final son los más fáciles) como cuando la cosa es rutinaria. Podemos decir que forzar la dicción e inflexiones de Jose María García al hablar es algo que hace casi solo cuando aparece en antena y que puede quedar algo forzado. Pero diríamos que es lo único. Parece que no actúa. Pero sí lo hace.

El segundo pilar es que uno de los temas centrales de la serie está perfectamente plasmado. No es otro que la presión del día a día por la audiencia, el pasar por encima pisando cabezas y, otra vez, la guerra de todos contra todos. En “Los reyes de la noche” han tenido el detalle de no edulcorarnos demasiado las motivaciones de los personajes. Nos los sueltan así, como obsesos de tener la mejor franja horaria, traicionando a hijos o amantes por ganar batallas periodísticas, dispuestos a sacar desgracias personales del otro para hundirle. Varias de las alegres putadas que se hacen están inspiradas en hechos reales.

En el magnífico podcast que está haciendo Radio Marca al respecto (“Saludos Cordiales”) se relata de manera documental varias de ellas. En esta serie de podcast no faltan voces como la del locutor de partidos de fútbol más famoso de las últimas décadas en España, Manolo Lama, que reconoce que lo que decidía si seguías trabajando en esto era una idea muy particular de los jefes. Es decir, creían que si conseguías que el protagonista deportivo del día estuviera primero contigo antes que la competencia valías. Y si no al paro. En ese “el que ha metido dos goles tiene que entrar primero en mi radio” valía todo: engañar, medio secuestrar a gente, acosar, colapsar líneas de teléfono ajenas y muchas más.

El podcast es sensacional por reconocer que se acuchillaban como posesos con otros pringados por una creencia de los jefes muy cuestionable vista con perspectiva (no está claro que hacer la entrevista antes diera tanta audiencia, casi todos están de acuerdo que era mejor hacer entrevistas mejores y no ser tanto el primero). De algo hay que comer y tu cuello aún sin pisotear es el camino para hacerlo: el trabajo y enfoque “informativo” que saldrá de personas que tienen interiorizado esto y que tienen éxito será, claro, el que será. Y es que el podcast es un relato únicamente de los vencedores de estas batallas. Es decir, el podcast es un carrusel de los que han sobrevivido décadas a ese chapoteo en la sangre, los cuales, claro, ven el pasado con alguna crítica pero concluyendo casi siempre que aprendieron mucho, que claro alguna cosa estuvo mal pero que se ha mejorado. Es un sesgo de superviviente de libro, claro. El podcast estaría completo con las muchas historias de quienes fueron despedidos por el camino, los que no quisieron o no pudieron pisar tráqueas con tanta alegría. Quitando el caso de los que no sobrevivieron insistimos que todo este espíritu sí está bien reflejado en la primera temporada de la serie.

Los problemas de “los reyes de la noche”

Los problemas de “Los reyes de la noche” vienen de varios lados. Empezaremos con uno clásico de las producciones españolas: quitando a Javier Gutierrez no se les entiende. No sé qué dicen de vez en cuando. No vocalizan. A veces piensas que estás viejo o sordo, subes el volumen y das marcha atrás, pero no, es que hay palabras que no entiendo que dicen. No entiendo si esto, habitual en tantas producciones patrias, se debe a la edición, a cómo hablan los personajes o qué es. Otra de las cosas es el escasísimo carisma de buena parte de los actores de la serie. Ya no es que Javier Gutierrez se coma la pantalla haciendo de Jose María García. Es que su teórica némesis, Miki Esparbé, no parece capaz de liderar ni una escalera de una comunidad de vecinos. Y, en teoría, es ni más ni menos que Jose Ramón de la Morena, falso pueblerino pillo que sabía conectar con la muchachada de la época. Quizás Cristobal Suárez, que hace de “Urrutia”, una especie de Pipi Estrada que tiene algo más frescura y sangre, no sé, creo que le falta suciedad y ese aura magnética que sí tiene la gente habilidosísima socialmente (que más allá de las risas y de su papel teatral en sitios como El Chiringuito nadie debe dudar que sí la tiene). Es un detalle que nos pongan a una Gemma Nierga, histórica presentadora de “Hablar por hablar” o que una de las reporteras parezca tener más agallas que muchos de los hombres de la serie, pero de nuevo dan sensación de delegada de clase voluntariosa de primero de carrera en una universidad de curas. Muy voluntariosas, muchas lecturas, mucho espíritu pero aroma a plástico, a desgana, a mando de la tele a punto de quedarse sin pilas.

“Los reyes de la noche” aciertan en el formato de episodios de apenas media hora y que sean seis. Entiendo que quieren dar a entender que es una comedia, aunque hay más de drama y competición amoral por las audiencias que otra cosa. Tampoco podemos decir que haya mucho foco en el glamour que puedan confundirnos y admirar a esos simpáticos cabroncetes que luego viven de maravilla, la verdad. El foco es el sufrimiento diario, el estrés, el bajar a los infiernos para remontar en las estadísticas de oyentes. Por ahí la cosa va bien, entiendo que debido a que los hechos reales en los que se basan, pero descarrila en cuanto se sale un poco de ahí. Prácticamente todas las escenas de relaciones sexuales-amorosas son impostadísimas, rompen el tono de lo que son los personajes y causan extrañeza. Es como si alguien las hubiera soltado desde lo alto y luego otra persona las hubiera intentado encajar a golpes. Eso teniendo en cuenta que fuera de lo “no basado en hechos reales” el ritmo es bueno y no hay estiramientos de chicle ya habituales en tantas series actuales.

Conclusiones de la primera temporada de “Los reyes de la noche”

Por acabar, “Los reyes de la noche” es como serie algo entretenido de ver gracias a la recreación de algunas de las jugarretas que se hacían Jose Ramón de la Morena y Jose María García, la actuación de Javier Gutierrez y el ritmo de narración en las partes “basadas en hechos reales”. Aunque parezca mentira no se han metido, por lo menos en la primera temporada, en el hecho empresarial y político de esta gran pelea en el mundo real (la pelea entre el grupo PRISA y sus rivales, es decir del PSOE contra el PP, en el que todo era suciedad, caos y no había en realidad ningún bando moralmente superior al otro). De nuevo pasamos por encima de contextos, explicaciones adultas del mundo y detalle de los intereses y pasamos a poner fuegos artificiales, insultos y jugarretas. Era de esperar, como en tantas producciones españolas, otro monumento más a la cobardía y a limitarnos a quedar bien con los amigos y no molestar a nadie importante a día de hoy (yo pondría dinero para que hicieran una serie de las putrefactas corruptelas que pudieran hacer ingresar en la cárcel a Ana Rosa Quintana, Ferreras, Jiménez Losantos y Enric Juliana). En este caso, vamos a decírlo, con una sutil simpatía hacia “J”, el De la Morena de Hacendado, dejando el papel de Darth Vader o más bien Tony Montana de las ondas a Jose María García.

Hay suficientes cosas como para dar una oportunidad a la segunda temporada de “Los reyes de la noche”. También suficientes como para que no haya que darles otra. El final de esta primera temporada no es prometedor precisamente. Veremos.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

1 COMENTARIO

  1. Lo de que no se les entiende a los actores españoles. Yo soy de ver las series a 2.5x de velocidad, por aquello de que me dé tiempo de ver más cosas, y las producciones españolas tengo que bajarlas a 1.5x y ni así a veces.
    Ésta me ha gustado para seguir con una segunda temporada.
    Un saludo.

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