¡Qué fuerte, doc! El 21 de octubre Marty McFly llegará desde el pasado

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Todo el mundo sabe que el próximo 21 de octubre tendremos coches voladores y aeropatines en las calles, que las botellas de Pepsi tendrán una forma más estilizada, que Tiburón 19 se estrenará en los cines y que la moda será llevar los bolsillos del pantalón por fuera. El 21 de octubre de 2015 veremos algo acojonante porque Marty McFly llegará desde el pasado para poner en vereda a sus hijos (que como todos los hijos son unos trastos de cuidado) y se romperá el continuo espacio-temporal. Pero antes de que eso suceda voy a contar qué sucedió en 1985. Porque yo estaba allí y tuve el privilegio de ver una película que desde entonces es mi película favorita de todos los tiempos (si, más que Star Wars; de eso hablaré otro día).

Como decía, corría el año 1985. El año anterior había sido excepcional en cuanto a películas se refiere: Terminator, Los Cazafantasmas, Gremlins, Indiana Jones y el templo maldito, … Eramos frikis pero no lo sabíamos. No había Internet, ni teléfonos móviles, sólo había dos cadenas de televisión, la gente te llamaba por teléfono y no sabías quién era hasta que descolgabas. Imaginaos que selva. Qué digo selva. ¡La edad de piedra tecnológica! Bueno, no tanto. También teníamos ordenadores de 48K.

En este escenario postapocalíptico cualquier película que se estrenase precedida de la leyenda “Steven Spielberg presenta” era un éxito seguro. ¿Cómo iba a ser mala una película del director de E.T., Indiana Jones, Gremlins, Poltergeist, etc? Si, en 1985 no sabíamos la diferencia entre un director y un productor, ni siquiera pensábamos que Steven Spielberg pudiera poner sólo el nombre y llevarse la pasta. Sólo sabíamos que el mejor director del mundo estaba metido en el ajo y que aquello era sinónimo de calidad. Aunque luego vendrían Nuestros maravillosos aliados y el mito cayó del pedestal.

Y sin Internet, ni avances en youtube, ni Las cosas que nos hacen felices, tan sólo teníamos un título y un trailer.

Con todo esto nos fuimos al cine mi padre, mi hermano y yo en el más absoluto desconocimiento y vimos algo acojonante sin necesidad de llegar a los 140 kilómetros por hora. Vimos la mejor película para adolescentes que se hubiera hecho jamás, una comedia, una cinta de aventuras, una película con un guión perfecto que funcionaba como un mecanismo de relojería. Allí no desentonaba nada. El protagonista era simpático, la historia te enganchaba, efectos especiales los justos, te reías, te emocionabas, lo tenía todo. Todos queríamos ser Marty McFly. Queríamos llevar unas Nike y los pantalones vaqueros doblados en lugar de lucir los recortes que hacían nuestras abuelas, queríamos un monopatín y engancharnos a los coches mientras oíamos a Huey Lewis por el walkman, queríamos un chaleco acolchado de guardacostas, unas gafas de espejo y sobretodo queríamos conducir un DeLorean cuando fuéramos mayores. ¿Por qué no podíamos conducir coche a los 16? ¿Por qué los coches en España no tenían unas puertas que se abriesen hacía arriba? Queríamos viajar en el tiempo, conocer a nuestros padres cuando eran adolescentes, arreglar nuestra mierda de presente y quedarnos con la chica.

El 21 de octubre del 2015 se habrá completado un círculo que para aquellos que no vivieron la película en su momento es difícil de entender. La gente de mi generación habrá llegado al futuro. No es tan brillante ni tan luminoso como aquel al que llegaba Marty. Más bien es tétrico, gris oscuro casi negro, desesperanzador y más cercano a Robocop de lo que jamás creímos posible. El día 22 nuestro futuro es desconocido y tendremos que enfrentarnos a él. Aunque siempre nos quedará volver al pasado viendo una de las mejores películas de la historia del cine y sus secuelas, en vídeo VHS, en DVD o en Blu-Ray, o en cine, en versión original y en una fecha mítica. Recuerda: Octubre – 21 – 2015. Condensador de fluzo: fluzeando.

P.S.:  Dedicado a mi amigo Joan Company, otro friki que también quiso ser Marty McFly. Ah, y si lo leéis a ritmo del videoclip seguro que entretiene más.



el autor

Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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