Rompiendo una lanza a favor de Prison School

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Tiempo a que en estos prados de códigos html y algún que otro ccs, un alma, sabe el supremo si en pena o a conciencia, realizó una crítica mordaz hoy caída en desgracia y olvido. Reviviendo los fantasmas de un tiempo pasado, aquí, este humilde hidalgo de teclado y ratón se dispone a defender aquella serie mutilada tras tan burdo ataque, realizado por alguien de cuyo nombre no quiero acordarme… (y dejemos el castellano antiguo, que ya está bien la coña).

Revisando las entradas de este nuestro blog, encontré hace poco una crítica terriblemente destructiva, que prácticamente era un ataque abierto hacia una serie que personalmente considero una genialidad. Siendo esta una opinión como otra cualquiera, considero adecuado que los lectores tengan un contrapunto y un nuevo prisma desde el cual mirar esta obra, que oculta más virtudes de las que aparenta.

La premisa desde la que parte es extremadamente absurda y surrealista, pero crea el contexto perfecto sobre el que trabajar todo aquello que la serie busca transmitir. El instituto femenino de Hachimitsu es uno de los centros educativos más prestigiosos y estrictos de Tokio. Sin embargo en un determinado momento el director decide aceptar estudiantes masculinos. Así pues, cinco chicos son aceptados en el instituto: Kiyoshi Fujino, Takehito Morokuzu, Shingo Wakamoto, Jōji Nezu y Reiji Andou. Rodeados por mujeres, estos cinco adolescentes vírgenes son víctimas de las hormonas e intentan colarse en el baño de las chicas. Desgraciadamente son descubiertos por el Consejo Estudiantil Clandestino, una organización que castiga incluso las infracciones más leves con una estancia en una especie de prisión que posee la escuela donde se realizan prácticas sádicas y violentas.

Si nos acercamos a esta serie sin mucha idea y sin prestar atención más que a lo obvio, la imagen que podemos llevarnos de la serie es errónea. Tal y como se presenta, aparenta ser una parodia del feminismo radical, que busca ridiculizar y criminalizar a todas aquellas que luchan por la igualdad y contra el machismo. Sin embargo los tiros no van por ahí. Todos estos supuestos los estamos realizando desde una perspectiva occidental, sin tener en cuenta el contexto de esta serie: Japón.

Japón es un país donde la presencia del machismo es algo habitual. Forma parte de su cultura y aunque ciertas ideas se van erradicando con los años, los avances que se pueden realizar en este campo avanzan a un ritmo infinitamente más lento que en Europa o América. Una de las cuestiones sobre las que se centra la obra principalmente es la presencia del porno y de lo sexual en la cultura japonesa. Aquí un servidor os puede asegurar que hay porno en todos y cada uno de los quioscos. A su vez hay una gran cantidad de publicidad sugerente y los animes con contenido ecchi no son precisamente pocos. Pero al contrario de lo que puede parecer, el sexo no está para nada normalizado en Japón. Es un tema tabú. Nadie habla de ello.

Prison School ataca directamente a esta doble moralidad. Los cuerpos femeninos son sugerentes hasta un punto enfermizo. Las proporciones no son normales, como tampoco es normal la obsesión que la sociedad japonesa presenta. Sus personajes son un claro reflejo de ello. Prácticamente en su mayoría personas inadaptadas con trastornos mentales leves provocados por una mala integración en la sociedad. Las concepciones que estos tienen del sexo y las mujeres están basadas en fantasías, en cuestiones irreales y fetiches extraños llegando incluso a confundir el odio con el amor y el dolor con el placer. Desde el masoquista extremo, pasando por el reprimido debido a su condición física o el pesimista por definición, tampoco falta aquel anclado en la tradición y en una época pasada donde la mujer tenía un papel sin apenas relevancia.

Las chicas se encuentran en una situación similar. Obligadas a negar su sexualidad por una imposición social que les impone una conducta pulcra y puritana llegan a extremos violentos que rozan los actos de la inquisición española. Curiosamente aquellas más interesadas lo sexual son las más radicales a la hora de negarlo todo y mostrar la pureza de la joven japonesa ejemplar.

Este es un lugar de personas enfermas a raíz de una represión continua. Tanto chicos como chicas se encuentran rodeados día tras día por imágenes provocativas pero se ven incapaces de liberarse y llevar a cabo sus deseos, de modo que estos se deforman hasta convertirse en horribles derivados que no se pueden llamar ni amor ni sexo. La hipocresía del país y sus gobernantes es inmensa. Una muestra de ello es que el mismo director del instituto es un reprimido sexual tanto o más que los alumnos. La serie utiliza esto como herramienta de crítica directa hacia el sistema y se toma la molestia de recordarlo cada vez que este personaje pronuncia cualquier frase, porque en su mayoría son deplorables y lascivas pero se tratan como cualquier discurso épico o trascendental en el anime: con un zoom a primer plano y un efecto de sonido rimbombante.

En este plano grandilocuente, el director llora tras enterrar su colección de fotos calientes. Se vanagloria su actitud.

Una de las cosas que más se han criticado de la serie es la enorme cantidad de ecchi o material sexual que contiene. En cada plano, en cada toma, da igual cómo, cuándo y dónde sea, hay una pierna, una teta, un pezón o unas bragas. En muchas ocasiones el ángulo desde donde el que se realizan los planos es ridículo, incoherente y no concuerda con la narración. Esto sucede porque se sacrifica toda la secuencia y la continuidad narrativa para que aparezca un mínimo de carne en la pantalla, lo cual se repite una y otra vez, a lo largo de toda la serie. Además, no es un ecchi normal, sugerente y picarón, no, es grotesco, desagradable, repugnante y repulsivo. ¿Por qué sucede esto? El equipo intenta transmitirnos un mensaje casi a gritos: ¡ESTO ES LO QUE VIVIMOS LOS JAPONESES CADA VEZ QUE SALIMOS A LA CALLE!

En este plano se presenta un ángulo incoherente solo para colocarte debajo de la falda.

El manga de Akira Hiramoto es una crítica brutal hacia la concepción moralista e hipócrita que los japoneses tienen con respecto al sexo. Es una obra necesariamente polémica, porque es la única forma de llamar la atención al respecto y conseguir que la gente se cuestione todo esto, y debata y opine, algo en lo que los nipones tampoco destacan excesivamente.

Mi recomendación. No es una obra para todos los públicos. Es muy desagradable y obscena, pero tiene una doble lectura muy interesante que si se logra encontrar, otorga un enorme valor tanto a las páginas de su manga como a su anime.



el autor

Filólogo y friki. Defensor a ultranza del videojuego como arte. Adoro Japón con todo lo que ello implica y mi nombre es una falta de ortografía con más sentido de lo que parece.

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