InicioanimeScumbag loser, de Mikoto Yamaguchi. Los olores asquerosos y maravillosos del manga.

Scumbag loser, de Mikoto Yamaguchi. Los olores asquerosos y maravillosos del manga.

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Ya hemos hablado mucho en este sacrosanto sitio de Japón. Ese sitio que mucha gente inteligente tiene en lo más alto de la civilización humana gracias al manga, el anime y los videojuegos. Y también ese sitio que otra mucha gente inteligente tiene como sitio de raritos precisamente por su manga o sus videojuegos. Que existe un sector de la población occidental que acepta sin críticas todo lo que viene de Japón es un hecho, como lo es que existe otro sector que casi ni considera a los videojuegos japoneses videojuegos de verdad. Desde este humilde pero pretencioso blog no queremos hacer apología de la bobada aquella de “en el centro está la virtud” ni en promover ideológicamente la moderación: aquí todos somos extremistas. También somos burgueses y nos gusta vivir bien, claro. Somos partidarios de que el Pueblo, al que tanto amamos, empiece la Revolución por sí mismo con nuestros consejos apoyándoles. Ánimo con los antidisturbios. Ánimo. Nosotros lo analizamos desde casa.

Desde aquí soñamos con ser los próximos Marinetti o Hobsbawn, y con ese empeño de servicio de formación para el Pueblo no podemos sino recomendar algo que es espantoso para los odiadores de lo japonés y maravilloso para los admiradores acríticos de lo nipón. Es la síntesis hegeliana de lo japonés, amado Pueblo. Ya podéis ir diciéndolo en Tinder a vuestros acosados favoritos: ¡voy a contarte la síntesis hegeliana de lo japonés!. Éxito garantizado (es decir, igual a cero: garantizado que te bloquea).

Se trata de Scumbag loser (Saiteihen no Otoko), manga de Mikoto Yamaguchi que Ivrea está publicando en 3 tomos formato B6 en España desde Septiembre de 2018. Pongamos la sinopsis que puede uno encontrar en la contraportada del primer tomo tal cual:

Masahiko Murai es un chaval de 16 años al que todo el mundo en su clase considera un perdedor. Es obeso, poco agraciado, no tiene novia y además tiene una especie de fetiche que consiste en oler todo lo que tiene a su alrededor. Si pertenece a chicas, mejor que mejor. Un día, viendo que su humillación no va a hacer más que crecer, se inventa una novia ficticia que está más buena que el pan para que en su clase lo vean de otra manera.
Su sorpresa es mayúscula cuando esa chica de la que les había enseñado una foto, Haruka Misuzawa, aparece en su clase como nueva estudiante y empieza a salir con él. El hecho de por sí ya es extraño, sin embargo, hay algo todavía peor: esa chica murió hace cinco años…

La propia portada o la sinopsis nos llevarán, casi seguro, a una idea equivocada. Yo la tenía. Es decir: esto es un manga erótico-festivo en el que todo es un rebozarnos por el patetismo del protagonista, a lo Prison School, pero con toques de misterio y algo de suspense. Aprovechamos el espacio que no siguen dejando para decir: viva Prison School, viva y bravo. Necesitamos más Prison School para ser felices. Viva la vicepresidenta y viva el director. Pero no, estimado Pueblo. La portada y la contraportada engañan totalmente. Ya las primeras páginas te avisan: aquello no tiene chistes. Aquello es una cuesta abajo, que empieza siendo muy ligera y conforme pasas páginas sin darte cuenta se ha convertido en una caída libre a un precipicio. A uno de horror, de asco, de repugnancia y de odio a uno mismo.

La esencia de la psicología del protagonista

Puede uno ver ciertas influencias del gran Junji Ito (del que hemos hablado varias veces por aquí: 1 y 2) en el dibujo, en la narración de ciertas partes e incluso en aquello en lo que Ito es un maestro: transmitir miedo a través de deformaciones físicas en las caras y cuerpos de las personas. Me temo que el autor de Scumbag Loser no es tan magistral ni tiene ese mismo talento, aunque, como decimos tiene sus dejes más que evidentes. Podemos decir que el dibujo es claramente correcto sin grandes alardes, prescinde por lo general de los detalles y trata de no liarse demasiado con las perspectivas, por más que juegue con ellas para reflejar la sumisión o humillación bastante. Hay que reconocerle algún mérito en cierta página doble de prácticamente el final del tomo, que el que la lea no se la quitará de la cabeza por lo inesperada e impactante que es.

Si por algo destaca la historia del tomo es por donde ataca el tema del miedo. Hay algo evidentemente sobrenatural en el ambiente de la historia, pero está todo inteligentemente muy dosificado. Apenas se muestra nada verdaderamente sangriento o violento. Incluso esas escenas suelen ser puestas sólo parcialmente o estar en segundo plano, jugando más con la imaginación de lo horrible que está pasando más que mostrarlo.

Pero el fuerte de la historia es otro. Es meterse en algo muy original y pocas veces visto: el sentimiento de sentirse un mierda y actuar como tal. La constatación de que tu vida es una mierda y que a la primera que tengas un mínimo de poder o capacidad de cambiar las cosas lo vas a aprovechar para vengarte, para ser igual que los que te han jodido la vida o incluso peor que ellos. La idea de que toda esa caída al abismo moral es totalmente consciente y que toda excusa al respecto es para quien sea tan inocente para creérsela. El recorrido del protagonista lleva en poco tiempo a decisiones terribles y muy desagradables desde el punto de vista emocional y de la autoestima. Y es totalmente comprensible. Todos hemos sido miserables más de una vez con gente normal o incluso con gente que nos ha querido. Desde esa conciencia del apestoso olor que dejan las decisiones que hacen daño a personas que nos han querido es posible entender los olores que tanto obsesionan al protagonista. El autor lo tiene claro: el poder no cambia a nadie, sólo saca lo que antes estaba dentro del individuo. Toda la miseria moral que sólo torturaba al individuo puede salir hacia los demás si empieza a tener poder, pasando a torturar a más gente.

Es sorprendente cómo la simpleza del dibujo contrasta con sentimientos y pensamientos pegajosos y desagradables que revolotean y salen como si nada al leer el manga. No es exactamente terror o inquietud, por más que el manga vaya de eso. Es la incomodidad de ser consciente de la parte de ti que hay que te asquea y que el autor saca a pasear por las páginas con toda la naturalidad, pero visualmente de forma sutil.

Soy consciente que alguien que ha hecho algo tan turbador, excesivo, cercano al mito de la snuff movies y gore como Dead Tube (aquí en 15 minutos tenéis el principio) hay que vigilarle, sobre todo por su tendencia a liarse con las tramas tirando a largas y a no saber finalizar las historias (aún recuerdo el cacao maravillao de cierto arco en una isla de Dead Tube y su final que no se creía nadie). Es posible que las tramas de japonesas de terror no deban durar demasiado para ser eficaces, pero en este caso hablamos de sólo tres tomos. Vemos qué tal. Mientras tanto, comprar y leed este primer tomo, Pueblo, pues en él está la síntesis de todo lo asombroso y también asqueroso/turbador de la cultura pop japonesa.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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