Shinsengumi: Los Lobos de Mibu y la cultura popular

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Existen eventos históricos, personajes y mitos que van siendo perpetrados a través del tiempo, son cosas que no mueren cuando ellas mismas han “finalizado” debido a grandes sucesos que han acontecido detrás o que han marcado un periodo histórico. Éstos hechos no sólo no mueren con el tiempo sino que vuelven una y otra vez, son recordados, unas veces como ejemplo a seguir y otras como todo lo contrario.

Hace poco escribí un par de artículos sobre la realidad histórica detrás del manga japonés Rurouni Kenshin (pincha aquí), aprovechando el tirón de las películas recién estrenadas. Mi compañero Raúl Sánchez me sugirió hacer uno más específico acerca de la facción del shinsengumi, y de las razones por las cuales aún en la actualidad su fama es tal que se siguen creando productos sobre ellos y sus integrantes. Y como me encanta hablar del tema, hoy vamos a tratar de ahondar en ésa cuestión.
El shinsengumi y su origen.
Isami Kondo.

El shinsengumi, como ya se dijo, se trata de una fuerza gubernamental que nació durante el periodo tardío del Bakumatsu en respuesta a la creciente rebelión social generada por los imperialistas y el ascenso del Ishin Shishi. La razón de ser del escuadrón era, básicamente, proteger al gobierno del bakufu (shogunato) y eliminar cualquier disidencia que pudiera existir ante el mismo, así como imponer la ley proclamada por éste.

El shinsengumi tiene su origen en el Roshigumi, fundado por Hachiro Kiyokawa en el 1863. Se trataba de un nutrido grupo de más de 230 ronin (samurái sin señor) que se hacían llamar los guardianes de Kyoto. Entre ellos ya se encontraban famosos espadachines como Isami Kondo, Toshizo Hijikata, Serizamo Kawa o Souji Okita. Éste grupo, con la financiación del gobierno Tokugawa, proclamaba ser el defensor del shogunato, así como una respuesta militar a las potencias venidas del oeste. La realidad de éste objetivo no queda muy clara en la historia, ya que al parecer el grupo se formó secretamente para favorecer a los intereses imperialistas.
Toshizo Hijikata.

Fue por ésto que varios miembros de la facción, 13 en total, acabaron desertando del roshigumi, entre ellos Kondo y Serizawa, una vez éste grupo llegó a Kyoto. Los intereses de éstos samurái estaban con el shogunato y así lo proclamaron, sin embargo el gobierno no quedó muy convencido e introdujo espías entre las filas de Kondo para asegurar su fidelidad. El grupo de Kondo fue el que posteriormente se engrosaría hasta formar el shinsengumi, un término cuya traducción es “nuevo escuadrón“. Éste dispondría de tres facciones separadas en diez divisiones, cada una liderada por un capitán.

Las normas del shinsengumi eran muy estrictas, y todas se afianzaban notablemente al Bushido, el código de honor del samurai. Entre ellas se encontraban:

1. Cumplir siempre con el código del samurai (bushido).
2. Prohibido abandonar el Shinsengumi.
3. Prohibido aceptar dinero o ahorrar para asuntos propios.
4. Prohibido inmiscuirse en asuntos de otros.
5. Prohibido pelear por causas personales o enzarzarse en peleas.
6. Prohibido permitir al enemigo huir con vida del combate.
7. Prohibido huir de la batalla aunque caiga el propio comandante: Lucha hasta la muerte o la victoria.

La infracción a cualquiera de éstas normas estaba castigada con el seppuku (el suicidio honorífico), y el comandante Kondo era especialmente estricto con ésto. Tanto fue así que se le llegó a llamar el “demonio” Kondo.
La opinión popular de la época.
Los capitanes del Shinsengumi, según Rurouni Kenshin

El grupo se asentó en la aldea de Mibu, y aunque al principio se les llamó “ronin de Mibu” (miburo), pronto su fama se enturbió y fueron apodados “lobos de Mibu“. ¿Por qué fue así? Hay que tener en cuenta que los shinsengumi servían a los intereses del shogunato, un gobierno que en el periodo tardío del Bakumatsu había adquirido muy mala fama entre la sociedad y había perdido gran apoyo entre la gente, debido a sus últimas políticas gubernamentales, especialmente ante la obligada apertura con occidente por la llegada del comodoro Perry. Además, era una época de creciente represión y, además, existía el factor añadido del ensalzamiento de los valores imperialistas, que proclamaban la igualdad entre las clases, lo que empeoraba aún más su imagen. La realidad es que la mayor parte de la población era campesina o comerciante, por lo que en muchos casos ésta política simpatizaba con la plebe.

Sin embargo, otros eventos como los “sucesos del Ikedaya” (Ikedaya Jiken) en 1864  hicieron aumentar su fama, lo que les valió un importante engrosamiento en sus líneas y una mejora sustancial de la opinión social con respecto al escuadrón, ya que por aquel entonces corría el peligro de diluirse. El Ikedaya Jiken consistió en una reunión de los imperiales en la famosa posada Ikedaya (punto de reunión actual, por cierto, al que acuden numerosos turistas en Kyoto), en la cual la facción planeaba prender la ciudad entera, con la consecuente muerte de muchos inocentes, y así asestar un fuerte – y excesivamente sangriento – golpe al gobierno. La reunión fue intervenida por los shinsengumi, que acabaron con la vida de muchos imperiales y arrestaron a otros tantos.
Conclusión: Fama consecuente y actualidad.
Carátula de “Shinsengumi” (1969)

La realidad es que el shinsengumi fue el último y más importante grupo de samuráis de la historia del Japón, así como el más poderoso, contando entre sus filas con algunos de los más diestros espadachines de todos los tiempos. Aunque criticados, también fueron muy respetados y valorados por su sentido del deber y del honor independientemente de su afiliación política.

Tras la Guerra de Boshin y la posterior disolución del shinsengumi (tanto por guerras internas entre sus miembros como por el advenimiento del emperador), el nuevo gobierno Meiji trató de “demonizar” a éste notable grupo de samurái entre muchos otros, pues una de las ideas de restauración de la nueva era consistía en eliminar y sofocar los grandes vestigios y la popularidad de la casta samurái para “occidentalizar” el país y disolver todo aquello que les hiciera parecer anticuados o, incluso, bárbaros. 

Por tanto, por aquel entonces se les tildó de “perros del gobierno” aunque siempre fueran leales a su propósito, al código del honor, la defensa de Kyoto y de sus gentes y del propio shogunato (fuera o no ésta la alternativa más saludable para el país). Pese a dichos esfuerzos la figura del shinsengumi perduró y sigue siendo venerada en la actualidad. A sus componentes se les tiene por héroes y no por villanos, por grandes guerreros y espadachines y no por maleantes.

Se han creado series de animación (Samurai Deeper Kyo, Hakuouki), películas (si el tema os interesa, desde aquí os recomiendo la fantástica “Mibu Gishi Den”La Espada del Samurai en España- de Yojiro Takita o la mítica “Shinsengumi” del año 69 interpretada por Toshiro Mifune en el papel de Kondo), series de televisión como la de la NHK, figuras de acción, ilustraciones y un interminable etc. de productos y merchandising al respecto.

En definitiva, la fama del shinsengumi se debe a algo muy importante: honor, deber y habilidad, que son heredados, indefectiblemente, a través de años de devoción por su deber, y por supuesto, de la cultura popular.

¡Un saludo!



el autor

Soy gran aficionado a los cómics, la música y los videojuegos, artista marcial y viajero incansable. Participo activamente en blogs de diversas índoles y trabajo puntualmente en temas de diseño gráfico.

3 comentarios

  1. Twiggy_Cruz el

    Excelente información, gracias por tu tiempo.
    La espada del Samurai…Excelente película, buenísima.

    Saludos.

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