Iniciosci-fiLa tapa del obseso"Soy leyenda", de Richard Matheson

“Soy leyenda”, de Richard Matheson

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Es difícil ponerte a hablar de uno de tus libros preferidos. “Soy leyenda” de Richard Matheson lo es en mi caso. Richard Matheson es uno de los autores clásicos de la ciencia-ficción y el terror, es el inspirador de la mítica La Noche de los Muertos Vivientes (el director, George A. Romero, aseguró que su película era algo así como una precuela de la novela de Matheson), que es el creador de otras cosas como “El increíble hombre menguante” y etc.

El libro cuenta la historia de Robert Neville, un simple obrero que es el último superviviente humano de la Tierra. Durante el día repara su casa convertida en un fortín, durante la noche se resguarda en ella protegiéndose de los ataques del resto de lo que antes eran humanos y ahora son…vampiros. En este punto uno puede pensar: pero si eso lo hemos visto mil veces. Pero no: la esencia de la historia no es un simple espectáculo de supervivencia, arreglar maderas y pegar escopetazos. Hay mucho más. Lo más importante no es eso, de hecho.

Es un libro al fin y al cabo de los años 50 de pasado siglo. Es tirando a corto. Sin artificios literarios ni muchas trampas en el argumento. Pero sobre todo es un producto de la época de la Guerra Fría, esa época en la que demasiados vieron como inevitable el fin de la Humanidad bajo una lluvia de bombas atómicas. El miedo era muy real, se mascaba a diario. Richard Matheson no se limitó a hacer un libro de andanzas del último hombre que sobrevivió, se centró en lo menos espectacular pero más terrible: los sentimientos y pensamientos del que sobrevive. Del último que sobrevive.

Richard Matheson

El protagonista es vergonzosamente patético en sus pensamientos. Se deprime con pequeños detalles que no parecen importantes, pero que en su solitario mundo representan una montaña. Tiene días de querer estar borracho y pasar de todo. Hay días de enfado y de melancolía. Hay atisbos de esperanza y errores muy humanos. Aparecen momentos que no suelen aparecer en las novelas, películas o series sobre el apocalipsis: el tema del deseo sexual. Las vampiras le provocan desde fuera de su fortaleza y el protagonista lo pasa mal. El horror, en definitiva, no es sólo una lucha en la que pierdes los puntos de vida y se acaba la partida. Es todo el tiempo masticando mentalmente tu situación, la ausencia de futuro, el encontrar un sentido a algo que no lo tiene, la imposibilidad de asumir una situación tan terrible. La angustia y el horror siempre son mentales. Demasiadas veces hemos visto cosas basadas en un apocalipsis en el que todo es un “corre, Lola, corre”. Es un agobio breve y rápido, sea cual sea el final. Es el día a día tedioso el que angustia, el que marca, el que cala hondo.

Podríamos pensar que el libro es una especie de relato intimista de los sentimientos del último humano vivo, pero siendo bueno en eso va más allá. A pesar de, como dije, lo corto que es el libro (yo me lo he releído en cuatro o cinco días) y el lenguaje tan poco denso que utiliza transmite algo que es difícil que asumir. El título del libro hace referencia al último pensamiento del protagonista, que nos lleva a una percepción del mundo terriblemente pesimista.

El centro de las cosas, la normalidad, no tiene que ver con la bondad o la maldad. No eres normal por ser buena persona: eres normal porque hay mucha más gente como tú. En el momento en que hay cada vez menos gente como tú dejas de ser normal y empiezas a ser algo raro. Por mucho que tú creas que lo normal eres tú. La normalidad es una idea de cantidad y no es un asunto moral. Y es la normalidad la que parte el bacalao, la que hace y deshace leyes, la que decide por la vida de todos los demás. Y si tiene que defenderse de lo anormal (precisamente para conservar su estatus de normalidad) lo hará.

Es muy complicado asumir uno mismo esta terrible verdad. Lo es porque todos tendemos a pensar en nosotros mismos como el protagonista de nuestro propio relato. Relato en el que encarnamos el papel del bien y lo normal, relato en el que adjudicamos etiquetas a la gente en función de su normalidad o su bondad. Es inevitable. Richard Matheson abrió una puerta que solemos tener cerrada. A veces los demás no son el monstruo. A veces, sin que lo sepas porque crees ser el centro de las cosas, el monstruo eres tú. Y eres el monstruo no por la moralidad de tus actos sino por ser de los últimos o el último que es así.  Crees que ellos son los monstruos, pero eres tú el que vives mentalmente en un mundo que ya no existe, un mundo en el que la gente como tú eráis la mayoría, la normalidad. Pero no te has dado cuenta todavía. Casi siempre es tarde. Casi siempre la nueva normalidad se nos lleva por delante.

Neville, el protagonista, sí lo entiende al final. Sabe que él es leyenda.

Sed felices.

P.D.: Lo mejor que yo he leído sobre el libro es éste texto de mi amigo Santiago. Leedle. Es largo pero merece la pena. Y leed el libro, auténticos creyentes.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

2 COMENTARIOS

    • Normal que te haga llorar: asumir lo que asume el protagonista es realmente duro y terrible. No es tanto lo que va a pasarle sino lo que implica el nuevo mundo.

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