The Witcher y la historia de tu sexualidad

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Ya tendremos tiempo, que nadie tema, para hablar del videojuego de rol más grande que ha parido madre en mucho tiempo, The Witcher 3. Además creo que hablaremos de él varios de los que perpetramos este blog. Todo lo que pudiera decir sería poco, pero eso será más adelante. En apariencia todo es lucha contra monstruos, subidas de nivel, escenas erótico-festivas, gráficos bonitos, coñas sobre Juego de Tronos y etc. Pero desde este sitio hemos visto algo más: la saga de videojuegos de The Witcher tiene un mensaje oculto a través de sus mecánicas de juego. Los polacos creadores de estas maravillas del ocio electrónico están mandando mensajes a nuestro subconsciente. Y a nosotros nos hace muy felices hacer explícito lo implícito. O, como diría mi abuela, “¿peo qué quiés decir?”.

En The Witcher 1 todo era un despiporre. Es seguramente en el juego de rol en el que más se podía realizar el acto sexual de follar. Y más fácilmente. Como la vida es así de difícil y los creadores del juego estaban empezando no había mucho dinero para grandes espectáculos. Total, que cada vez que convencíamos a una mujer (o nos convencían ellas, más bien) de tener conocimiento carnal en vez del acto en sí veíamos en pantalla una carta de la protagonista en erótica postura. No era nada porno, a lo más aparecía desnuda. Estaba claro que había pasado, claro. Elfas, princesas, campesinas, brujas: Geralt podía, si queríamos, convertirse en un Julio Iglesias de la vida. Es decir, que los creadores del juego acertaron totalmente. Daba igual que el juego fuera divertidísimo, que la ambientación fuera diferente a lo habitual (Tolkien) o que las que cosas que hiciéramos al fin tuvieran consecuencias palpables. Los foros de Internet se llenaban de gente preguntando por cómo conseguir “todas las cartas” (=”todas las cartas de mujeres que no existen pero desnudas“). En este punto hay que romper una lanza por el adorador de Onán que es el friki medio y decir que lo sencillo hubiera sido meterse en páginas porno y se acabó. Pero no, se quería conquistar, recibir amor, sentirse conquistador. Había algo entre bello y patético en toda esa cruzada por conseguir todas las cartas, existiendo las páginas porno o, en serio, mujeres de verdad.  En resumen, The Witcher 1 es la representación simbólica de la sexualidad en la adolescencia.

En The Witcher 2 mejoramos cosas. El éxito de la primera parte hizo que tuvieran más medios y mejoraron todo gráficamente una barbaridad. Más y mejor de casi todo…pero en el tema erótico-festivo la cosa se redujo mucho. Muchísimo. De a saber cuantas bellas muchachas pasaban por las manos del protagonista la cosa se redujo a menos de los dedos de una mano. Pasamos del “todo nos vale” adolescente, etapa caracterizada popularmente como de desmadre, por una mayor calidad. Maduración, en suma. Menos mujeres, pero escenas cinemáticas de verdad, románticas y todo. Que no parezca que sólo nos interesa el coito, que también tenemos nuestra alma sensible: canciones lentitas, miraditas, abrazos. Sólo nos faltan poemas de Pablo Neruda. Hemos progresado: ya hemos pasado de la efervescencia adolescente a la búsqueda de la mejor opción más propia de la madurez, con la habitual e inevitable idealización de la persona amada. Los creadores polacos lo habían vuelto a hacer. Y para los menos convencidos de que menos es más teníamos también lo suyo.

Y, para finalizar, The Witcher 3. Esperado con una expectación increíble. De ser algo desconocido en la primera parte a ser un protagonista del mercado de videojuegos en la tercera. Es todo lo que alguien que le guste el rol ama y quiere. El combate es divertido. Hay carreras de caballo. Hay un juego de cartas parecido a “las Magic“. Hay mil cosas por explorar y descubrir. Hay un mundo gigantesco que no sé cuantas horas puede llevar descubrir. Cada misión, por pequeña que sea, esta cuidada, tiene un caracter especial y en muchas hay un negrísimo sentido del humor. Hay parodias/homenajes a Juego de Tronos, a Nietzsche, etc. La trama es fantástica. Sólo el Barón Sanguinario, un secundario, tiene más personalidad y es más interesante que todos los personajes de todos los Elder Scrolls juntos. En lo que nos toca, The Witcher 3 tiene quizás algo más de escenas amorosas que la segunda parte, de la misma o más calidad. Eso sí, aquí el enfoque es algo menos romántico y más de aquí te pillo y aquí te mato. Es decir, habla ni más ni menos de la vida amorosa una vez uno abandona la juventud y entra en esa época de parejas de toda la vida que se divorcian. Esa en la que los recién solteros no sabe por donde salen el resto de solteros disponibles y en principio uno está muy magullado sentimentalmente como para ponerse a tener otra pareja estable. Las cosas son más hedonistas, se aguanta menos del otro y, en palabras de Houllebecq, uno corre el riesgo de que tanto vagabundeo sexual le deje la capacidad de amar de una fregona vieja y se termine quedando uno solo. En el juego es sospechosamente fácil caer en esto mismo: es trabajosamente cansado conseguir todos los pasos previos para poder tener ayuntamiento carnal. Matar montones de monstruos, bucear por un canal pútrido para coger un paquete que se le ha perdido a otra, recorrer medio mundo buscando a alguien: con todos estos prerequisitos para hacer el amor es normal que haya tan pocos niños en el juego. No parece que tengan un sistema de pensiones  por lo que puede verse (que es la mayor partida de gasto por ejemplo en España), así que supongo que es un sistema económicamente sostenible a poco que recauden impuestos. Además, para ahondar más en el patetismo de la vida sexual en la madurez media-tardía, el juego se ríe de nosotros como queramos actuar como un actor porno en una película porno. Si en condiciones normales ciertas proezas sexuales son rarísimas de poder hacerse a determinadas edades lo son aún más. Es, digámoslo, una bofetada a las fantasías pajilleras de todo el público potencial de juego. A determinadas alturas de la vida hay que ser fiel y comprometerse. Muy bien por los creadores del juego. Así sí.

En resumen, The Witcher es una saga de videojuegos que nos habla de muchas cosas, pero en el trasfondo está la enseñanza de la evolución sentimental y sexual de toda una generación masculina. Que nadie se extrañe si en los foros los primeros días la gente llenaba todo con preguntas sobre a cuantas se podía calzar en el juego. La vida es así, no la he inventado yo. Ojalá hubieran puesto la canción “Jardín Prohibido” en alguna parte del juego. Ojalá. A ver si en el cuarto.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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