Watamote, la serie que te hará desear no haber nacido

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Hola, queridos lectores. Hoy quiero hablaros de una serie peculiar, única en su género: hacértelo pasar mal. Watashi ga Motenai no wa Dou Kangaetemo Omaera ga Warui!, nombre impronunciable y que todo el mundo resume a un simple Watamote se trata de una serie sólo comparable a la terriblemente genial Prison School sobre los sentimientos que te hace sentir, sobre la que por cierto tenéis varias entradas en la web, ésta la última.

Os preguntaréis, me supongo, qué es aquello que hace de esta serie una experiencia tan peculiarmente terrible, y quizá algunos hayáis pensado que si es comparable a Prison School será porque es primaria, explícita, desagradable, de mal gusto, incómoda, los personajes son patéticos y pusilánimes, tú te ríes de ellos y de sus situaciones y te sientes mal por no poder parar de mirar todo ese revoltijo que sabes que no debería gustarte, que está mal. Bueno, pues en lo absoluto. El gran y único talento de Watamote es hacerte sentir algo a lo que yo no soy especialmente propensa y que sin embargo es de las peores cosas que puedes llegar a sentir: vergüenza ajena. Pero de verdad, no sois conscientes de hasta qué punto. Mientras que en el caso de Prison School lo que sientes es más bien horror y desprecio por sus personajes, a los que a su vez tienes cariño por lo anormales que son, en este caso tenemos sólo a una protagonista que es lo suficientemente cercana, “normal”, como para poder sentirte identificada con ella, la consigues encajar en un cuadro de la realidad. Y esta chica lo hace absolutamente todo mal. Pero todo. 

La cosa empieza así: Tomoko es una chica de secundaria la mar de rarita, friki, salida como el pico de una mesa y llena de fetiches, obsesiones y prejuicios extraños. Digamos que es el tipo de persona ideal para acabar como una hikikomori. Pero mientras que ellos son más normales y más discretos, propensos a encerrarse en sí mismos, Tomoko es adolescente y tiene un objetivo: volverse la más popular del curso y conseguir novio. Esto, por supuesto, desemboca en absolutamente todas las situaciones patéticas, vergonzantes e incómodas posibles, y no sabes cómo, ella sólo es capaz de empeorarlas. Así que mientras te tapas la cara durante absolutamente todo el capítulo para no mirar lo que está haciendo, al mismo tiempo lo miras de reojillo y te sientes francamente mal por ella y sobre todo por ti, por que tú te estás riendo y lo estás disfrutando. Estás mirando cara a cara a tu peor lado y enfrentándote a tus propios demonios, que por mucho que te empeñes, siempre son tú.

Os pondré un ejemplo: como todo el mundo, Tomoko quiere sentirse querida, apreciada, y especialmente en su caso, deseada. Vamos; que quiere novio y tener relaciones sexuales, pero hasta puntos enfermizos y con los que ya espero que poca gente suscriba. En vista de eso, por ejemplo en determinada ocasión, y en los abarrotados vagones de metro de Japón, nota algo duro y cilíndrico entre sus piernas, presionándole la falda del uniforme. Al principio Tomoko se asusta, y piensa, debido a que en Japón es relativamente común en los metros, que están abusando sexualmente de ella, pero como si de un resorte se tratase, al escuchar la palabra “sexualmente” en sus pensamientos, su actitud cambia repentinamente hacia un gozo y una alegría inmensa de que estén abusando sexualmente de ella, que acaba por desembocar en deseo de que lo hagan y comienza a montarse sus producciones de Hollywood. Pero cuando llega determinada parada de metro, la verdad sale a luz: una chica que hace kendo se había descuidado y dejado su espada de madera horizontalmente, cosa por la que se disculpa con Tomoko.

Bueno, como podréis comprender, cuando una ve esto, por ejemplo, porque esta clase de situaciones se repiten continuamente, no puede evitar sentir varios sentimientos primarios siendo el más intenso una profundísima vergüenza ajena y seguido por lástima, desprecio y finalmente risa. Pero lo cierto es que al final lo único que sientes por Tomoko es desesperación y la máxima urgencia de meterse en la pantalla, enseñarle a vestirse y a actuar en sociedad, de ser su amiga y de impedir, por tu salud mental, que siga haciendo el ridículo sin límites, sin pausas. Y ojo cuidado, porque encima la serie son una especie de sketches que duran 10 minutos, y al no haber historia lineal se pueden concentrar lo que quieran en esas situaciones.

Si tienes el valor de ver esta serie, querido lector, de verdad te lo recomiendo porque es una experiencia que jamás habrás experimentado en un anime, por lo menos de los que yo sepa, y a la vez te sentirás culpable de estar disfrutando de, literalmente, las desgracias de una pobre chica que sólo quiere ser popular.

Un saludo y sed felices.



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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