Análisis del Ministerio del tiempo.Temporada 3. Capítulo 10: Refugiados en el tiempo

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Y pasa otra semana más, y con ella sale otro capítulo de El Ministerio del tiempo, una de las mejores (sino la mejor) series con las que España cuenta, y a la que no se le hace el caso ni el aprecio que se le debería.

Análisis de capítulos anteriores

En este capítulo vemos una vez más cómo los distintos puntos de la historia cuentan con subtramas enmarañadas que se unen para dar lugar a un final que sintetiza todo. No sé porqué habrá sido esta vez, pero este capítulo lo he encontrado algo aburrido comparado a los anteriores y sobre todo repetitivo, muy repetitivo. En el Ministerio siempre se recurre a las mismas bromas, a las mismas situaciones, a unas tramas que se resuelven de forma muy similar y quizá acaben agotando un rato. En ésta ocasión este fallo se ha juntado con un capítulo muy caótico, en que no ha habido ninguna clase de orden ni jerarquía que condujese el arco central. ¿No estaba Lola con la patrulla? Helena anda ahí por medio mientras Marta se recupera, a la vez que Salvador ayuda a los refugiados, a la vez que se pide ayuda a Felipe III a la vez que el Ángel exterminador y los Hijos de Padilla hacen de las suyas por separado a la vez que Pacino y Alonso ayudan a Simón Bolívar. ¿Se entiende a lo que me refiero? no se han centrado en nada, han hecho “cosas”, al tuntún, sin orden ni concierto. 

Lo mismo sucede con los personajes, de los cuales creo que no ha tenido desarrollo ninguno, sobre todo de los más interesantes. Salvador y su oscuro velo no aparecen, para ser sustituido por chistes sobre Chiquito de la calzada y un cuidado y bondad inusual en un personaje que se supone debe ser duro y desalmado en pos de mantener el orden, un personaje que poco a poco se va rompiendo. Por otro lado Alonso, que parece tener las cosas más claras que nunca, o esa impresión ha dado, con que el deber de un soldado va más allá de sus principios, de forma que ¿ya ha contestado a su debate interno, tan fácil ha sido? espero que no. En cuanto a Lola, Helena, Pacino e Irene pues ahí andan, como si fuesen monigotes con el decorado. Quizá la excepción haya sido Ernesto, en el que durante un segundo se ha visto un vestigio de su oscuro y secreto pasado, con una malicia inusual en su comentario a Salvador. Aun con todo, se agradece el soplo de aire fresco que Velázquez representa, su característico egocentrismo, pesadez, perfeccionismo y cabezonería es un algo que siempre consigue hacerte sonreír.

También se han permitido fallos como tener a un Simón Bolívar que habla con un acento diferente al de joven. Yo no es por ser quisquillosa, pero es que era Venezolano desde que nació. Éstos son fallos en los que hago hincapié especialmente, porque es precisamente uno de los puntos fuertes de la serie, su ambientación y rigor histórico. Sin embargo, y salvo eso, creo que el Ministerio ha conservado la pulcritud por la que se caracteriza, permitiéndonos conocer figuras históricas desconocidas hasta ahora por mí como son Manuela Sáenz, pareja de Simón Bolívar tras la muerte de María Teresa Rodríguez del Toro o Rafael Urdaneta, último presidente de la Gran Colombia.

Pero el capítulo también ha tenido sus puntos interesantes. ¿No os parece que se han cogido momentos históricos o conflictos muy actuales? Vale que se haya hecho en otras ocasiones, pero en éste caso me ha parecido exagerado. La independencia de España y los refugiados, con representantes de todas las opiniones, extrañamente y a pesar del pasar del tiempo muy actuales. Éste ha sido quizás el punto más interesante del capítulo, pero para disgusto mío apenas han profundizado en los que fueron los moriscos en España y se han centrado más en representarlos simplemente como desplazados.

Me pregunto si este bajón de calidad de la serie se trata de un episodio transitorio, cosa que me cuesta creer viendo lo que se avecina con el Ángel exterminador en el ministerio, o si es algo que se va a mantener, que creo que tampoco. Que Netflix te de los medios para hacer una serie visualmente atractiva con tiros, explosiones o una ambientación muy buena no significa que se pueda bajar la calidad de los guiones, cosa que tengo la esperanza haya sido un caso aparte. Sería una pena echar a perder una serie que ha dado tantos buenos capítulos a costa de intentar hacer las cosas excesivamente rápido y sin centrarse en nada en concreto para contentar a sus seguidores.

el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

2 comentarios

  1. andres dominguez el

    Muy acertado análisis. En lo que se refiere al presupuesto mas alto de esta temporada, solo decir que para mí la serie lamentablemente tiene más presupuesto pero menos alma.

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