Octodad: el videojuego que nos enseña cómo es ser padre (o no)

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Para entender de donde viene el videojuego del que vamos a hablar, Octodad: Dadliest Catch (2014), debemos ponernos en situación. El mundo ha cambiado. Lo noto en el aire. Lo noto en el agua. Lo noto en las camisetas de Batman que llevan incluso las niñas. Hace tiempo, en los 90,  las cosas como el libro de El Señor de los Anillos eran algo desconocido para el gran público. Algo así como si te pones a hablar hoy de películas de filósofos metafísicos noruegos. Las películas de superhéroes eran algo escaso, lejano y a veces muy muy vergonzante (ver el tráiler de la película del Capitán América noventero más abajo). Era más o menos normal que “los juegos de rol” fueran asociados a satanismo, orgías en masa y simpatía por no bajar la tapa del váter tras hacer pis. Y, sobre todo, había una escasez del género femenino en el frikismo realmente triste y empobrecedora.

Con decir que los mangas de amoríos que empezaban a llegar a España los compraban sus únicos lectores: chicos jóvenes. Bueno, los comprábamos. Sí, yo me leí, como casi todos, I´s de Masakazu Katsura, con la esperanza de que Ichitaka Seto superara su timidez de una maldita vez y le dijera a la tímida y virginal Iori Yoshizuki que a ver si al menos se daban un beso en la mejilla. Que angustia de páginas y páginas con él fantaseando eróticamente con ella para luego caer en el patetismo más absoluto cuando la tenía delante. Aunque, haciéndonos los listos un poco, aquello era síntoma de algo: había una escasez desoladora de mujeres en todo “lo friki”.

Un día hablaremos de ello con gran Gloria.

Era complicado en aquellos círculos de hamburguesas, figuritas, endogamia, cómics y mucho rencor hacia el mundo ver alguna, eso es verdad. Muchos nos preguntábamos no si alguna vez tendríamos novia sino si alguna vez hablaríamos 15 minutos seguidos con una chica. En los 90 había gente que no era así, claro, pero el perfil del que hablamos era vergonzosamente común. Yo estaba ahí, vaya. Cuando pido abrazos en otros post que escribo no es casualidad, Pueblo. Vale, vale, ya está bien, lo he superado.

Internet, las películas de El Señor de los Anillos o de superhéroes, los videojuegos que empiezan a gustarle a las chicas o la exposición a la vida real si quieres comer han hecho que todo aquello cambie. La mayoría, con los años, conseguimos superar los miedos, empezar a hablar con mujeres más de 10 minutos e, incluso, relacionarnos de modo afectivo-sexual con alguna. Cuánta gloria. Uno nunca sabe cuanto de todo esto se debe a un proceso de maduración y superación personal o a que las cosas simplemente cambian sin que tú hagas nada. Pero qué más da, hemos vencido, ya parecemos normales.

La siguiente fase, amigos, es la reproducción. Yo ya sé que muchos sois jóvenes, de los de verdad, no de los de “tiene 40, es joven“. Pensad algo: toda esa sabiduría que acumuláis tras horas de ver la hierba crecer viendo The Walking Dead o en las doscientas veces que habéis visto cómo Marvel ha conseguido parecer estar dirigida por monos borrachos debe ser transmitida. Son datos que ocultan alguna lección útil para la vida (o no) y que alguien debe poseer cuando muráis, seáis uno con la Fuerza y os paséis la eternidad siendo fantasmas acompañados de marionetas verdes que hablan al revés y de niñatos que necesitan disciplina inglesa.

Madre mía, qué bien nos lo vamos a pasar

Si pensáis en dar el paso hay que entrenar mentalmente para ello. Lo mejor no es hablar con vuestros padres, abuelos o tíos, que igual os largan un rollo peor que el que ya os he puesto yo. Eso de hablar con familiares o amigos es muy siglo XIX. Yo os recomiendo sacar conclusiones decisivas de vuestras vidas en base a un juego: Octodad, Dadliest Catch. Está en PC, está en consolas, está en móviles.

Octodad, el protagonista, es un pulpo. Está a punto de casarse con una mujer humana, tiene dos hijos humanos. Viven la típica vida idealizada de la clase media estadounidense: el chalet con su jardín, los vestidos, la estética, etc. Nadie parece darse cuenta de que es un pulpo, pero…es que es un pulpo con traje y corbata. Nuestra tarea empieza en su misma boda con su esposa, cuando tengamos que ponernos el traje de novio y llegar a la ceremonia.

Ahí empieza el horror…aunque nadie sospeche nada, como dice su canción.

Uno intenta moverse con los tentáculos, pero es un horror. Empezamos tirar cosas con los tentáculos, que son dificilísimos de controlar. Cada paso que damos vamos rompiendo cosas, vertiéndonos por los sitios, no sabiendo cómo la gente no se da cuenta del horror que estamos desatando a nuestro atroz paso. Llegamos a la ceremonia dios sabe cómo y poniendo el anillo sin que nadie se de cuenta de nada.

Y es el principio.

El juego se basará en el hecho surrealista de que casi nadie parece darse cuenta de que somos un pulpo, que todo lo tiramos por todos los lados, de que estamos siempre al límite. Hay algunos personajes que sí parece que pueden darse cuenta de lo que somos en realidad, pero son pocos: un cocinero lunático que quiere cocinarnos y aparece cuando menos te lo esperas, científicos expertos en animales marinos (¡es necesario ser un científico para darse cuenta!). Tendremos que ir de compras, que colocar cosas en casa, hacernos el café o llevar a los niños a una exposición marina. Si haces demasiadas barbaries la gente se dará cuenta de que…eres un pulpo. Aunque tienes que hacer MUCHAS. El atropellamiento continuo, el control del personaje deliberadamente complicado, el no saber muchas veces cómo hacer las cosas, el descubrimiento casi de casualidad de las cosas, la sensación de estar sobrepasado continuamente, la cómica extrañeza del que casi nadie se de cuenta de lo obvio respecto a ti, todo confluye: el videojuego es un entrenamiento mental para cuando tengas descendencia. En la propia secuencia inicial del juego, tras la boda, continuamos con una caída de los cielos (frikis) a la realidad. Toda una metáfora de lo que te espera. También en el juego.

Y, al final, da igual tu interior presuntamente raro, único o demás. Da igual que muchas de las cosas no sepas cómo afrontarlas o lo inmensamente torpe que te sientas siendo padre, marido, esposa o demás. Te pones, las cosas salen, la gente de tu alrededor no cree que las hagas tan mal ni que todo sea tan desastroso, ven que te manejas mucho mejor de lo que tú has estado sintiendo. Siempre hay gente, los menos, que intentarán atacar a ese punto débil que tanto te preocupa, pero, la verdad, por muy pulpo o friki que seas eso no es lo que te define. Es lo que haces para que todo salga bien, que es más de lo que crees. Es difícil aprender esto siendo padre, y más con lo inmensamente cansado que es y con lo fácil que es hacerte daño a ti mismo con cosas sin importancia. Ser padre es inmensamente bonito. Pero cansado. Pero bonito. Pero cansado. Etc.

Comprad el juego. Jugadlo. Hablad con vuestros padres y abuelos. Tened hijos. Esas colecciones de libros de Tolkien o esas de DVD´s de Star Trek no se van a quitar el polvo solas.

Sed felices.

el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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