Crítica de The Frankenstein Chronicles: Eddard Stark persigue a un asesino en el Londres del siglo XIX.

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Dentro del catálogo que encontramos en la omnipresente Netflix no solo contamos con las películas y series de producción propia, si no también con otras opciones “forasteras”. Una de estas series es The Frankestein Chronicles, producida por ITV encore en el Reino Unido, y que se estrenó en 2015.

Con un título horrible, innecesario por revelar una parte fundamental del argumento antes de que lleguemos a él, la serie nos sitúa en pleno Londres decimonónico. El inspector John Marlott investiga la aparición de un cadáver formado por miembros de múltiples niños… ¿Os suena de algo?

The Frankestein Chronicles no es una nueva reinvención de la inmortal novela de Mary Shelley, una historia muy desvirtuada por las conocidas adaptaciones cinematográficas. La escritora concibió una historia sobre la responsabilidad de la ciencia o la importancia de la identidad personal ejemplificada en una criatura amorfa y antinatural. Aunque es un libro más profundo que Drácula, otro referente de la literatura de terror, el resultado cinematográfico ha sido el mismo: simplificación de la historia para potenciar el efecto aterrador del monstruo. En este sentido, es de valorar el lirismo que aportó el director James Whale a las versiones clásicas del personaje durante los años 30, pero la cuestión es que se considera a Frankenstein una novela de monstruos cuando va mucho más allá del mero terror.

La serie no ahonda en ninguno de estos aspectos, pero ofrece un punto de vista más realista de la conocida historia, con investigación criminal de por medio. Es perfecta para los amantes de las intrigas victorianas, a lo Jekyll y Hyde o Jack el destripador. Es el Londres de la niebla, de las diferencias de clases sociales, de los debates acalorados en la Cámara de los Lores y en las tabernas del Támesis. Por supuesto, también es el Londres de los ladrones de cadáveres y las catacumbas. El guión no funciona mal pese a la abundancia de clichés: niños mendigos a lo Oliver Twist, conspiraciones gubernamentales, cirujanos jugando a ser Dios, detective contra la sociedad y algún que otro toque sobrenatural harán las delicias de los que disfruten con este tipo de historias.

Sin duda, lo mejor de The Frankenstein chronicles es su magnífica ambientación. Se siente el perenne barro en los pies, la niebla acariciándote el rostro y la humedad cargando sobre la espalda. Además, la trama se enmarca dentro de un contexto histórico creíble: la aprobación de la Ley de Anatomía, por la cual los cirujanos “legales” podrán tener vía libre para diseccionar cadáveres, lo que acabaría con el negocio de los saqueadores de tumbas, que tienen gran importancia en la serie y en otras películas como la interesante El ladrón de cadáveres de Robert Wise, futuro director de West Side Story o Star Trek.

El reparto está configurado por rostros habituales de la televisión británica, pero el protagonismo recae sobre el archiconocido Sean Bean, actor que ha interpretado a Boromir y Eddard Stark en Juego de Tronos. Bean hace suyo al personaje, el más desarrollado con diferencia. Un policía atormentado (y con razón) que no cejará en su empeño por descubrir al autor de los asesinatos. Al actor se les da cada vez mejor los papeles lacónicos. Si os estáis preguntando si (como siempre) acaba perdiendo la vida, es algo que debéis descubrir por vosotros mismos.

Como he dicho antes, el guión está resuelto con oficio, al contrario que el ritmo de la serie. En su seis capítulos encontramos desde episodios donde la acción se precipita de forma vertiginosa hasta otros donde el tono es mucho más reposado. Un tempo más coherente hubiera mejorado la sensación general de la serie, que ha sido renovada para una segunda temporada. Lo que sí es cierto es que el giro final es muy acertado y no lo ves venir. Al menos un servidor no se lo esperaba.

En definitiva, The Frankestein Chronicles no es la serie del año, ni lo pretende. No busca dejar huella en el espectador, pero sí que este pase un buen rato de intriga gótica victoriana. Es una serie absorbente para los fans de Stevenson, Shelley, Stoker, Dickens y, en general, de todos los autores británicos decimonónicos. Pese a algunos defectos reseñables, como el ritmo, algunas soluciones de guión o el horrible título, es una serie entretenida para una tarde de domingo lluviosa.

Un saludo y sed felices!

el autor

Médico en los meses más oscuros de mi vida . Bajo la tenue luz del flexo, busco reafirmar mis conocimientos sin despreciar las cosas que me hacen feliz.

6 comentarios

      • En general me ha gustado. Como bien dices la buena ambientación es su punto fuerte. La falta de emoción el débil. Y algún secundario, que vaya por dios, aqui el sempiterno compañero afroamericano metido políticamente, está mas fuera de lugar que nunca. El final?….se ve a la legua, y deja abierto otro camino diferente a seguir. Veremos pues….
        PD: Mi nota, 6 sobre 10.

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