Hay cómics que se leen y se disfrutan por el dibujo y hay otros (los menos) que se degustan como una buena charla larga después de cenar. Green Manor pertenece claramente a este segundo grupo. Abrir este tomo es como entrar en un club inglés de finales del siglo XIX, sentarte en un sillón de cuero algo ajado con una copa de buen brandy en la mano y escuchar a un grupo de caballeros hablar de asesinatos con la misma naturalidad con la que otros comentarían el tiempo o las noticias.
Y sí, suena tan perversamente atractivo como lo es en la práctica. Esta premisa tan interesante corre a cargo de Fabien Vehlmann al guion y Denis Bodart al dibujo, y fue publicada en Francia por Dupuis entre 2001 y 2005. A España llegó en 2011 de la mano de Dibbuks pero esa edición es imposible de encontrar hoy en día. Así que es muy buena noticia que Nuevo Nueve se haya decidió a recuperar esta gran obra para los desafortunados que no la teníamos en nuestras estanterías.
El resumen de la editorial es el siguiente: A primera vista, el muy selecto club Green Manor se parece a cualquier otro club inglés. Sin embargo, detrás de sus espesas paredes, en sus mullidos sillones, se esconde la mayor pandilla de estafadores, canallas y asesinos que la Reina Victoria ha conocido jamás. Dieciocho historietas criminales. Es el regalo que os hacemos con Green Manor, en esta nueva versión con dos historietas nuevas. Los caballeros del club se reúnen regularmente para desvelar los secretos que guardan callados y los misterios que han oído en la calle en una especie de competición sórdida y retorcida. Especialistas en el arte de cometer un crimen con estilo en el macabro Londres del final del siglo XIX sin que te pillen. Los guiones unen el ingenio de Conan Doyle a la tensión misteriosa de Poe.

La premisa es sencilla y muy eficaz: un exclusivo club londinense, el Green Manor, sirve de punto de partida para una antología de relatos criminales ambientados en la Inglaterra victoriana. Historias cortas, autoconclusivas, unidas por un mismo espacio y una idea común: el crimen entendido casi como un arte, como un juego intelectual entre aristócratas aburridos y moralmente podridos.
Guion: ingenio, mala leche y relojería narrativa
Vehlmann demuestra en Green Manor por qué es uno de los grandes guionistas del cómic franco-belga contemporáneo. Cada historia funciona como un pequeño mecanismo de precisión: planteamiento sugerente, desarrollo medido y remate final con giro, a menudo cruel, irónico o directamente cínico. No todas las historias tienen el mismo impacto —es inevitable en cualquier antología—, pero el nivel medio es sorprendentemente alto.

Hay ecos clarísimos de Conan Doyle, Agatha Christie o Edgar Allan Poe, no solo en la ambientación, sino en la forma de plantear los enigmas y en ese gusto por el desafío intelectual al lector. Lo interesante es que Green Manor no busca realismo ni denuncia social: busca entretenimiento elegante, con un humor negro muy británico (aunque venga de autores belgas) y una mala uva constante hacia la hipocresía de las clases altas. Es como escuchar a alguien contar un crimen horrible… con una sonrisa educada.
Dibujo: elegancia clásica sin alardes
El trabajo de Denis Bodart es clave para que todo esto funcione. Su dibujo es claramente clásico, de línea limpia y narrativa muy clara, sin excesos formales ni experimentos gratuitos. Puede parecer sencillo a primera vista, pero es un dibujo muy consciente de lo que cuenta: personajes expresivos, gestos bien medidos y una ambientación victoriana que se siente sólida y creíble.

Especialmente destacable es el uso del color, que refuerza esa sensación de época: tonos apagados, interiores cálidos, calles londinenses sombrías. Bodart no busca deslumbrar viñeta a viñeta, sino crear una atmósfera constante y lo consigue. Es el tipo de dibujo que quizá no te haga parar en cada página para admirarla, pero que hace que la lectura fluya con una naturalidad envidiable.
Una antología que se lee como una serie de acertijos
Cada historia suele partir de una pregunta, un reto o una situación aparentemente imposible: asesinatos sin asesino, muertes anunciadas con antelación, venganzas retorcidas… El placer de la lectura está tanto en el “qué” como en el “cómo”. Como lector, uno entra en ese juego casi sin darse cuenta, intentando adelantarse al final y sabiendo —porque el propio cómic te lo enseña— que casi siempre te va a ganar la partida.
Eso sí, Green Manor pide un lector concreto: alguien que disfrute de historias cortas, del relato de misterio clásico y de un ritmo pausado pero constante. No es un cómic de acción ni uno para leer con prisas. Es más bien como una caja de bombones: mejor ir de uno en uno.

La edición de Nuevo Nueve: un integral muy cuidado
Nuevo Nueve reedita Green Manor en un tomo integral en cartoné, con 192 páginas a color y formato 19 x 27 cm, recopilando los tres volúmenes originales franceses y añadiendo dos historietas nuevas respecto a ediciones anteriores. La edición es sobria y elegante, muy en consonancia con el contenido: buen papel, impresión nítida y una presentación que encaja perfectamente con ese aire de “libro antiguo de club privado”. No se mantiene la portada de la edición antigua, que tenía justamente efecto de libro antiguo, pero a cambio tenemos una cubierta granulada con brillo que luce espectacular. Como extra se incluye un interesante cuaderno gráfico con varios bocetos. El precio de venta es de 30 euros.
Conclusión: un clásico moderno que envejece de maravilla
Green Manor es uno de esos cómics que no necesitan reinventar nada para funcionar. Su fuerza está en la solidez del guion, la coherencia estética y el placer puro de contar buenas historias. No todas las historietas brillan igual, pero el conjunto tiene una personalidad tan marcada que compensa con creces cualquier pequeño altibajo.
Al tratarse de historias cortas sin ninguna conexión entre sí, el lector que busque una lectura profunda que vaya haciendo crecer la narración página a página puede quedar un poco decepcionado. Por el contrario, estamos ante una lectura perfecta para degustar poco a poco, como si se viera una serie semanal de esas con capítulos autoconclusivos.
Si te gustan el misterio clásico, el humor negro elegante y el cómic europeo bien hecho, este tomo es una apuesta segurísima. Una lectura deliciosa, retorcida y muy civilizada… como todo buen crimen cometido con estilo



