Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.
Dentro de poco estrenarán la película de Deadpool (Masacre) (aunque nosotros ya la hemos visto, cuánta gloria). Hasta hace dos días nadie lo conocía, y es normal: es un personaje muy muy secundario de Marvel, conocido por la gente que lee cómics de superhéroes (es decir, dos y el del tambor). Su más o menos reciente videojuego también ha hecho por hacerle algo más conocido, pero vamos, poco más.
A pesar de todas las reivindicaciones del cómic o el videojuego como formas de cultura alternativas a la televisión o el cine (medios identificados con los abuelos, con el debate de Nixon y Kennedy, etc) la verdad es que los videojuegos más exitosos aspiran a ser películas. La última revolución del cómic de superhéroes fue con Authority, cuya premisa principal fue…que el cómic de superhéroes debían funcionar narrativamente como una superproducción de Hollywood. El cine y en concreto Hollywood son invencibles a día de hoy. Y va a ser así un tiempo. Los que han hecho publicidad para la película de la que hablamos lo han entendido bien: hay muchos anuncios del protagonista parodiando cosas, riéndose de ellas, ridiculizando todo. La gente que no le conoce del cómic ve que es un gamberro, grosero y que hace chistes de miembros viriles (o aspirantes de viriles). Con eso más o menos tenemos público asegurado, pero como aquí aspiramos a la erudición de lo friki vamos a repasar de donde se han sacado a Deadpool (Masacre) los de Hollywood.
Alguno diréis: «vaya introducciones más largas haces, Raúl«. «Raúl, eres un brasas«. «Deja de intentar abrazar a todo el mundo con cara de necesitar cariño, Raúl«. A las dos primeras diré que puede que el próximo artículo todo sea introducción. A la tercera que sí, que más abrazos. Ya estoy mejor. Sigamos.
Los chicos de Akira Comic lo han resumido muy bien en cuatro viñetas que han puesto en su muro de Facebook. Esto está bien para la gente que lee esto en el bus, esperando a alguien o quiere dejar de leer rápido. La vida es mucho más que leer, pervertidos:
Con esto ya da para ir dando lecciones a los compañeros de trabajo/amigos que no han leído un cómic (o general, cualquier cosa) en su vida. Pero vamos a desarrollar un poco los conceptos.
Después de la que suele decirse la mejor década de superhéroes, la de los años 80, vinieron los 90. El relato habitual suele ser que los 90 fueron un montón de cosas terribles una detrás de otra, lo cual no es cierto. Pero fue malo. Muy malo. El post sobre qué pasó en los 80 y si los 90 superheróicos fueron tan malos da para un libro. Pero de momento lo dejaremos resumido: los famosos Watchmen, V de Vendetta y, en general, los cómics de Frank Miller o se interpretaron mal o quizás demasiado bien (es otro tema para otro día). La cuestión es que todo el mundo quería copiar los golpes que rompían huesos, la suciedad, la falta de luz (ríete tú de la llamada «pobreza energética» en la España del siglo XXI…¡ya la vivían los cómics de EEUU en los 90!), la ausencia total de humor, los personajes acartonados que no reían así los amenazases con tener que cenar con Bustamente y Paula Echevarría. Casi todos los cómics de superhéroes se llenaron de macarras, gente ultraviolenta y dibujos sacados del sueño de un mono loco. Y de historias espantosas, a las que no se dedicaba ni el más pequeño mimo.
En ese contexto de ultraviolencia por ultraviolencia nació Masacre. En principio era un personaje algo soso, simplemente un mercenario que hablaba mucho, mucho, mucho mientras peleaba y contaba chistes malísimos. Era claramente una mezcla, como bien aparece arriba en la tira, de Spiderman (los chistes malos al pelear, su patetismo personal), Lobezno (su poder de curación, su rudeza) y Deathstroke de DC (la estética general, el ser un mercenario).

Su conversión en otra cosa, en un personaje al que querer, se da con su propia miniserie. En España fue publicada por Panini y todavía se puede encontrar. Es lo mejor que uno puede leer si no conoce al personaje y quiere echarle un ojo. No hace falta leer nada antes: yo empecé por aquí y me enteré bien. Aunque, bueno, no hay mucho de lo que enterarse. Aquí la tenéis:

Joe Kelly y Ed McGuinness hacen un cómic en el que el protagonista no es superhéroe. Es un mercenario que, claro, mata a sus objetivos, disfruta machacando culos, le encanta cortar cosas y emborracharse. Es soez, maleducado y hace chistes hirientes hasta el delirio. No para de hablar. Su objetivo es ganar mucho dinero y molar mucho. No para de hablar. Su único poder es un poder de regeneración parecido al de Lobezno. No para de hablar. ¿Hemos comentado que no deja de hablar en ningún momento?
La gran gracia del personaje, un tipo amoral con amigos como Bullseye (sí, el psicópata enemigo de Daredevil), es el descacharrante sentido del humor y el absurdo de esta primera etapa que recopiló Panini (y que vuelve a salir a la venta este mes). Constantes pullas a todo el mundo casi viñeta a viñeta, ridiculizaciones a superhéroes, a películas, a iconos pop. Más de una y más de dos «rupturas de la cuarta pared», que es ni más ni menos que Masacre aparece como consciente de ser un personaje de cómic y actúa en consecuencia. La pareja Joe Kelly y Ed McGuinness consigue sacarnos casi una sonrisa en cada página con su humor chusco, maleducado y terriblemente incorrecto más de una vez. Algo así como South Park, pero en el Universo Marvel. Todo eso hizo que algunas de sus viñetas se convirtieran en memes interneteros.

¿Era todo esto una crítica a la situación del resto de cómics de superhéroes? Nunca lo he tenido claro. Masacre era, como Lobo en DC, la exageración hasta el límite de lo que estaba pasando: armas grandes, tramas surrealistas, músculos dibujados en sitios que no deberían existir, violencia por la violencia, diálogos lapidarios para tapar la poca imaginación y trabajo que se daba a los guiones…Lobo era todo eso hecho a propósito, como cachondeo de lo que pasaba. Chiste, por cierto, que demasiados no pillaron y se lo compraban tomándoselo en serio. Es triste cuando la ironía no funciona y consigue el efecto opuesto al que uno pretende.
En el primer tomo del que hablamos, Masacre se las ve con Hulk, con Daredevil, con algún personaje patético que se han inventado como supervillano (aquí casi todo lo inventado para el personaje es ridículo o hace mofa de algo) para acabar con el mejor cómic de Masacre: un viaje al pasado en el que sustituye a Spiderman en uno de sus cómics clásicos de Stan Lee. El dibujo, normalmente casi caricaturesco sacado de los dibujos de la Warner, aquí parece volver a los años 60-70.

Es impagable cuando se hace pasar por Peter Parker y conoce a Gwen, a Harry Osborn o a su padre, el que será el Duende Verde. Pero la guinda es su pelea contra Kraven, al que no deja de insultar de modo retorcidamente ingenioso en cada viñeta. Es la mejor etapa del personaje, la verdad.

Aunque ha tenido momentos aislados de gloria y momentos graciosos (todas las imágenes de este post son de otros cómics que no están en el tomo), lo mejor lo tenéis en estos primeros números del tomo que comento arriba. Hay demasiado cómic regulero del personaje, sobre todo cuando tratan de darle tramas trascendentes o serias, resultando en churros que apenas tienen algo potable. Hay que decir que es muy difícil hacer reír, y hacer reír muchas veces es complicadísimo. Un personaje de esta naturaleza burlona y bestia siempre tendrá problemas de continuidad en la calidad. Yo me reí en otra historia posterior en la que se encuentra con Lobezno y el cómic empieza siendo una parodia de la manera de narrar de Claremont, aprovechando para reírnos un poco de Lobezno (que nunca está mal).
Pero en fin, que nadie espere el cómic de su vida, ni siquiera uno bueno. Masacre no suele tener buenos cómics, aunque nos regale alguna página divertida de vez en cuando. Y no es un superhéroe. Y ni falta que le hace.
Sed felices.



