No puedo decir otra cosa que no sean elogios para estos dos grandes del cómic: Alan Moore y J.H. Williams III. Creo que deberían ser estudiados en los colegios como referente cultural del Noveno Arte. De Alan Moore no necesitamos presentación porque en mi opinión estamos ante el guionista de cómics más importante e influyente de la historia del género. Los más noveles no conocerán a Williams III ya que no se dedica a dibujar músculos ni poses, pero si dibuja cómics de verdad, cómics que narran, que innovan, cómics en definitiva que transfieren el medio.
Promethea libro dos es un mero espectáculo visual y narrativo
Promethea libro dos (de tres) continúa la senda abierta en el primer tomo cuyo artículo puedes leer aquí. Y es que ya no estamos ante un cómic que pueda tener ciertas referencias del cómic americano de superhéroes, sino a uno autónomo en el que Alan Moore hace lo que se la antoja sin atarse a ninguna referencia anterior. Los diálogos fluidos y compactos dirigen al lector por la historia principal, que no olvidemos empezó en el tomo anterior y que lamentablemente acabará en el tercero. El cómic que hoy presentamos es un nexo entre el inicio de la saga y su final apoteósico del último estallido de imaginación. A veces nos podemos confundir entre una miriada de imágenes y bocadillos aunque realmente lo que nos puede pasar es que no estemos acostumbrados a un tebeo con la riqueza visual como Promethea. Los autores juegan con el medio y le dan la vuelta de tal manera que nos resulte fantástico, diferente, ajeno a todo lo que hemos visto antes y lo que leemos actualmente. La página que aquí abajo os reproduzco es un mero ejemplo (de cientos, y digo bien cientos) de lo que vas a poder leer en el cómic.

Seguir innovando
Lo mejor de Promethea es que Alan Moore y J.H. Williams III siguen innovando. La historia sigue dando vueltas a si misma y avanzando al mismo tiempo y nunca deja de reinventarse a si misma. Es como si los autores se cansaran de seguir el camino y se fueran a otro cada vez que la fórmula parece agotarse. Y así parece que estamos en continuo movimiento y las historias y los dibujos fluctúan sobre las páginas.
Las referencias culturales parecen no acabar nunca y podemos ver múltiples homenajes tanto en portadas como en páginas interiores. Realmente no tengo una bola mágica para saber si todas ellas son idea de Moore o también cuenta con la aportación de Williams III, pero lo que si puedo decir es que están plasmadas de forma magistral. Aún me cuesta entender como este dibujante no es más reconocido mundialmente. Quizás su estilo no es el que de destila en una sociedad tan visual pero su narración y composición de las páginas es brutal, rompedora, desgarradora. Un autor de sobresaliente que en Promethea sigue jugando con un estilo muy personal.
¿Me gustará?
Me gustaría responder que si, pero lamentablemente si eres un lector nuevo te va a costar digerir la trama y la composición de las páginas. Promethea no está creada para todos los públicos, sino para lectores ávidos y con cierta cultura en el Noveno Arte. Esto no significa que tiene que gustarte si eres veterano en estas lides o al revés, no tiene porque no gustarte si eres un recién llegado. Lo que si que puedo asegurar es que vas a quitarte el sombrero ante la complejidad de la obra en los dos aspectos que definen el cómic: guión y dibujo. Ante eso no hay duda. No hay sospecha en la implicación de los autores en esta obra de notable factura que como ya hicimos en el anterior tomo, recomendamos encarecidamente
Dejamos aquí el enlace directo con el cómic en ECC Ediciones.

Poco a poco, se desvelan las claves de la odisea que afronta Sophie Bangs, destinada a asumir el legado de Promethea. En este segundo tomo —también repleto de extras—, Alan Moore y J.H. Williams III continúan explorando todos los recursos que proporciona el medio, poniéndolos al servicio de una historia mágica.
Solo Alan Moore (Watchmen,V de vendetta) y J.H. Williams III (Sandman: Obertura) podían crear esta epopeya fantástica sobre la encarnación viva de la imaginación: una Promethea que —como esta obra maestra— “si no existiera, habría que inventarla”.
Un saludo y sed felices.



