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Análisis de Outlander. Temporada 8. Episodio 3

Con su tercer episodio, titulado Abies Fraseri, continuamos analizando la octava y última temporada de Outlander, serie de Starz que, creada por Ronald D. Moore y basada en la exitosa saga de novelas de Diana Gabaldon, es emitida para España por Movistar+ y para América Latina por Disney+.

Hola otra vez, forasteros y viajeros del tiempo. Bienvenidos sean una vez más a compartir otro análisis de un episodio de Outlander, en este caso el tercero de esta octava y última temporada. Una entrega que, como la que abriera la misma, vuelve a tener demasiadas tramas superpuestas (claro indicador de que nos hallamos en cuenta regresiva y hay aún mucho de los libros por adaptar) y se advierte prisa por contar demasiado en poco tiempo, además de traernos el capítulo algunas revelaciones que no sorprenden y otras que sí, pero rozan el surrealismo.

Pasemos pues sin más a ver qué ha ocurrido, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí los análisis previos de Outlander y aquí los de su precuela Outlander: Sangre de mi Sangre.

La Carta de la Discordia

En Fraser´s Ridge, Brianna anda de compras por el mercado local junto a Frances cuando alguien la llama de la oficina de correos y, al quedar sola, la niña es abordada por dos sujetos con aspecto de oficiales británicos a cuyos avances responde con agresividad. En tal situación la encuentra Brianna al regresar mientras comprueba que los hombres han venido a ver a Cunningham y le va con el cuento a su padre…

Enterado, Claire, hace una visita a Cunningham para expresarle su preocupación al respecto y este le dice que solo vinieron a traerle algunas pertenencias de su fallecido hijo, entre ellas una pistola que tiene allí expuesta. Le asegura que lo más probable es que no vuelvan a andar por allí.

Desde Savannah, le ha llegado a Claire una carta de John Grey diciendo que William está allí con él y que le gustaría que Brianna fuera a visitarle para hacer un retrato. En cuanto se lo menciona a Jamie, este monta en cólera y se planta en la negativa, aunque está claro que lo que más le irrita es que Claire siga manteniendo correspondencia con John.

Brianna y Roger, no obstante, y ante la eventualidad de que, según el libro de Frank Randall, habrá pronto una batalla en las cercanías, le llevan un plan para aprovechar la invitación oficial e introducirse en la ciudad a fin de aprovisionarse de armas que comprarán con “el oro del francés”. John se niega tajantemente, pero Claire le replica que han ido a verle en busca de bendición y aprobación, no de permiso.

La situación reactiva resquemores del pasado. Brianna, al enterarse de parte de Claire de toda la historia con John y que incluso su madre tuvo relaciones con él, lo toma a risa (demasiado) y casi como confidencia entre mujeres, aunque no lo sea. Divertida, pregunta si deberá llamarlo “papá” cuando lo vea, lo cual, desde luego, no haría mínima gracia a Jamie. No sé por qué tanta súbita complicidad en reírse de él, pero en fin…

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Por lo pronto, Jamie parece volver a ser aquel montañés de la primera temporada y la carta despierta rencores ocultos pero no olvidados, particularmente en relación con lo que Claire hizo mientras creyó que él estaba muerto…

Ella le echa en cara que no puede sacar a John de su vida aunque quiera ni tampoco descargar en su hija y yerno el odio que por él guarda. Jamie dice que no puede perdonar y Claire le pregunta qué hubiera pasado de no contarle nada, pero esa apelación a la propia honestidad no parece conformarlo y sí, en cambio, el que tengan sexo un momento después. Bien sabemos que pueden estar tristes, deprimidos o enfadados, pero siempre, siempre, siempre, solucionan todo con sexo. Y cuando ella le pregunta si eso le ayudó a olvidar, él responde que lo hace cada vez que la toca…

Soldaditos y Escarabajos

William ha regresado a Savannah tras su paso por el campamento británico y transmite a John sus dudas sobre la muerte de Ben, que este no comparte y mucho menos cuando el único argumento es que entre las restituidas pertenencias no estaba el soldadito que le obsequiara y del cual, dice, nunca se hubiera desprendido. Recién me entero que no estaba (¿quedó tan claro en el episodio anterior?) pero, más allá de eso, convengamos en que, como fundamento, no suena muy sólido. Eso sí: todo indica que para esta altura el soldadito es el McGuffin de la temporada.

Por otra parte, John le comenta de un próximo agasajo oficial en el que estará presente el general Leslie, quien tuvo a su mando a Ben y podría despejar sus dudas al respecto. William lo acusa de usar eso como excusa para reinsertarlo en los círculos sociales de los que ha renegado, pero John objeta que, en todo caso y de ser así, cada uno obtendrá lo que busca…

La oferta deja pensando a William que, mientras tanto, decide ir a ver a Amaranthus para llevarle las pertenencias de Ben. No sé por qué, si tiene tantas dudas sobre la muerte de su primo, está tan seguro de que la muchacha es su viuda como dice ser, pero ya para esta altura es evidente que está prendado de ella y que la joven da impresión de ser honesta y hasta quizás algo cándida. ¿Será así?…

La atracción mutua vuelve a despertar, pero hay algo de confusión en William cuando, al verla abrir los cajones para acomodar las pertenencias de Ben, descubre con sorpresa el tan mentado soldadito y, al mostrar él interés, acaba la joven volviéndolo a guardar en el cajón y cambiando tema de conversación…

Le obsequia un chaleco bordado con motivos de hojas y escarabajos que en su momento hiciera para Ben. Imposible una señal más fuerte de que está queriendo cambiar un clavo por otro… o de que lo está manipulando como quizás haya también hecho con su fallecido esposo. No lo sabemos, pero esta chica es rara…

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Por lo pronto, el chaleco recibe elogios cuando él lo lleva puesto a la fiesta y dice incluso que fue hecho por su “prima”, con lo cual da a entender que ya considera a Amaranthus parte de la familia. No sé: hay algo de incestuoso en todo esto, pero bueno, tampoco debería para esta altura sorprendernos en Outlander…

Consigue hablar con Leslie, quien, tras expresarle sus condolencias por la muerte de su primo, ,manifiesta que nunca vio el cuerpo, sino que se enteró del deceso a a través del informe que le dieron. Con el médico del campamento, ya son dos los que no vieron a Ben muerto y las dudas de William aumentan…

Mientras tanto, y para su sorpresa, John se encuentra con Percy o, como lo llama él, “Perseverance”, lo cual cuadra perfecto a sus cargosas intenciones para con él y al hecho de que siga obstinado en la búsqueda de Fergus, pues le pide datos acerca de tal Claudel Fraser, del cual sabe que tendría a su cargo una imprenta y a quien relaciona inevitablemente con Jamie. John esquiva tanto el acoso por debajo de la mesa como el brindarle información y dice que, después de todo, Fraser es un apellido bastante común. No obstante, deja alguna puerta abierta si Percy lo ayuda a encontrar al capitán Richardson.

Regresado de la fiesta, William se reencuentra con Amaranthus y la anoticia de la buena recepción del chaleco. Cuando le pregunta por el sentido de los escarabajos, ella le cuenta que su padre fue naturalista y su abuelo botánico, lo cual explica su nombre (por la planta a la que se suele llamar amaranta o maranta).  Mientras hablan algo sobre Hércules que no entendí, ella le desliza su dedo índice sobre el pecho y va repasando los nombres científicos de los distintos insectos bordados; no sé si será muy romántico, pero antes de llegar al último se están besando…

Doble Parto y Milagro

Volvemos a Fraser´s Ridge, donde Jamie sigue preocupado por el libro de Randall y preguntándose acerca de su destino. La propia Claire desliza que quizás su exesposo podría haber buscado simplemente torturarla psicológicamente con un dato falso a sabiendas de que ella leería también el libro. Y cuando Jamie se pregunta si alguien puede ser tan cruel o sentir tanto odio, surge la comparación inevitable con sus propios sentimientos hacia John. Touché…

Una niña negra cae en busca de Claire pidiendo asistencia para su madre, a punto de dar a luz. Al ver a la mujer, Claire comprueba que espera mellizos y, mientras atiende el parto, aparece montado en ira el esposo (según entendí un exesclavo liberto) queriendo suspender todo y vociferando que no confía en los blancos. Jamie consigue a duras penas calmarlo mientras Claire asiste el nacimiento de uno de los bebés, pero se le complica con el segundo, que viene en sentido invertido…

Logra hacerlo salir, pero cuando intenta reanimarlo, su tristeza evidencia que ya nada puede hacer. En el momento surrealista del capítulo, se le cruzan una luz azul y un recuerdo del maestro Raymond diciéndole que ella tiene justamente una en torno a su cuerpo. De repente, el niño empieza a llorar…

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Tanto Claire como Jamie están confundidos por lo ocurrido: él dice haberle visto en sus ojos esa expresión que ya le conoce cuando no hay nada que hacer. Ella no tiene explicación y le comenta lo de la luz azul diciéndole que tuvo la misma sensación cuando nació Faith. En un fugaz flashback, se le cruza aquella mujer cherokee que, en la cuarta temporada, le dijera que iba a alcanzar la sabiduría ancestral cuando su cabello tuviera el color de la nieve. Le pregunta entonces a Jamie de qué color lo tiene y él responde que lo tiene «de todos los colores de la Tierra«, pero en torno a su rostro es «el de la luna”…

Mosquetes y más Cartas

Jamie hace partícipe a Frances del cairn, un ritual funerario cuyos orígenes se hunden en la prehistoria escocesa. Llevándola al montículo preparado a tal efecto, le entrega una piedra plana (juro que en un momento pensé que era un teléfono móvil) para que la coloque allí y se comunique con su querida y fallecida hermana Jane. La niña cumple el rito, pero el momento emotivo se ve interrumpido al sonar disparos en las cercanías…

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Pidiendo a Fanny que permanezca allí, Jamie va a ver y encuentra a Cleveland, que acaba, según dice, de abatir a dos contrabandistas. El hecho de que se halle en sus tierras y de que siga practicando justicia al modo propio pone furioso a Jamie, pero su discurso reprobatorio se diluye un poco cuando Frances, que ha decidido desobedecerle, llega al lugar y reconoce a los caídos como los hombres malvados que la molestaron en el pueblo, lo cual dibuja una sonrisa de satisfacción en el rostro de Cleveland…

Este se apronta pues a marcharse tras apropiarse del cargamento de mosquetes que los británicos llevaban consigo, pero se detiene al ver a Jamie extraer una carta de la bota de uno de ellos. Intrigado, quiere saber qué ha encontrado, pero el escocés le conmina a terminar de largarse, lo cual Cleveland acepta al hallarse en sus tierras.

Jamie va a ver a Cunningham y le anoticia de la muerte de los dos oficiales. El hombre dice lamentarlo, pero desliga cualquier relación con ellos, aunque la cosa cambia cuando Jamie le lee la carta, supuestamente dirigida a él por parte de un tío de Salisbury, y en la cual le habla de “abies fraseri”, lo que Cunningham define como un abeto de madera muy apreciada que crece en las cimas de las colinas. Pero Jamie reconoce mensajes en código y, más aún, al encontrar otra nota más dentro de la pistola que le dejaron los oficiales ahora fallecidos.

Acorralado, Cunningham admite estar trabajando para la Corona en el reclutamiento de milicianos. Solo un triunfo británico, dice, acabará imponiendo la paz y permitirá incluso que Fraser´s Ridge se mantenga como la comunidad que quiere Jamie. Este dice que no lo permitirá, pero Cunningham lo pone al tanto de que ya son muchos los que se le han sumado e incluso le insta a hacerlo él también.

Jamie, obviamente, da media vuelta y se marcha mientras en sus oídos suena en off la voz de Frank Randall anunciándole un final que se avizora cada vez más próximo…

Balance del Episodio

Después de las buenas sensaciones que me había dejado el anterior y mis ilusorias esperanzas de que la temporada comenzara a tomar otro rumbo, el episodio que nos ocupa es un claro retroceso. Volvemos al apretujamiento del primero, con varias tramas metidas a presión y con calzador, supongo que por el apuro de cumplir con los libros y, muy especialmente, llenar los huecos que han ido quedando al adaptarlos.

Celebro, eso sí (contrariamente a lo que ocurre con muchos fans), el regreso de un Jamie más creíblemente humano y, sobre todo, muy escocés, al punto que la propia Claire lo define como “ un escocés testarudo” en uno de los pocos momentos que me hizo soltar una sonrisa en lo que llevamos de temporada.  Sus ataques de celos y las dificultades para perdonar, sumado a cierto carácter tóxico que en los últimos tiempos suele no permitírsele a los “héroes” de las historias, le acercan mucho más al Jamie de las primeras temporadas contra de la versión absurdamente medida, correcta y moderada que nos quisieron vender luego.

Pero lo que es un despropósito absoluto es toda esa cuestión metafísica-espiritual de la luz azul, pues me molesta mucho cuando una propuesta que se basa en esencia en un único detalle fantástico (en este caso las piedras y los viajes en el tiempo), alrededor del cual construye una historia más o menos realista, termina metiendo como deus ex machina un nuevo detalle fantástico no previsto que, supongo, estará en los libros, pero ello no lo hace menos forzado. Ahora resulta que Claire no solo es una gran doctora, sino que además, y como si fuera el mismísmo Jesús, es también capaz de volver a la vida a los muertos…

Un aditamento, desde luego, por completo innecesario y que, según entiendo, viene a cumplir la función de terminar explicando qué pasó con Faith y por qué (tal como voy suponiendo) terminaremos enterándonos que está viva más allá de la historia que contó el traficante al que Claire diera muerte.

La idea, interpreto, es que nunca fue mentira que la niña naciese muerta, pero lo que nunca supimos es que la luz azul de Claire la revivió y, a partir de ese momento, habría que preguntarle al maestro Raymond si queremos saber cuál fue el derrotero de Faith de allí en más y por qué se la quitó a su madre sin decir palabra.

En cuanto a la trama de William, no sé ustedes, pero yo no confío en la supuesta candidez de Amaranthus (de hecho no me fiaría nunca de alguien que se llame así). Llama la atención su poco duelo: no es que se la vea tan triste por la reciente muerte de su esposo y vaya que le ha llevado poco tiempo volver a enamorarse y besar a alguien…

Es extraño además el modo en que volvió a guardar el soldadito de plomo y desvió con rapidez el tema de conversación. No entiendo por qué William no desconfía de ella cuando sí lo había hecho en un principio, pero bueno, uno de los más antiguos y repetidos lugares comunes dice que el amor es ciego…

Se supo por fin la verdad sobre Cunningham que, sin grandes sorpresas, termina por ser la que Jamie sospechaba y la que todos suponíamos. El dilema, claro, lo tiene ahora justamente Jamie, pues si el hombre está reclutando milicianos entre los propios lugareños, podría ponérselos en contra si intentara detenerlo o expulsarlo de Fraser´s Ridge.

Y lo de la voz de Frank Randall en off es un buen detalle ya que, aun cuando se supone que Jamie nunca la escuchó, tiene lógica que para él suene como la de Black Jack y no es, como la luz azul, un elemento fantástico que se adosa a la historia, sino más bien un karma o trauma que se nos presenta con la suficiente ambigüedad como para que no sepamos si es una voz real o Jamie la imagina

En fin, se nos ha ido ya el tercer episodio y ello nos coloca un poco más cerca del final de la serie, lo cual se advierte en la cantidad de tramas que juegan a la vez y es de temer que ello se incremente de aquí en más. Por lo pronto, veremos hacia dónde evolucionan algunas de las cuestiones planteadas en el capítulo, aunque se me ocurre que no va a haber demasiados giros sorprendentes, sino que todo irá más o menos por donde vamos suponiendo…

Les espero para analizar el cuarto episodio. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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