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La ley de Lidia Poet (T3): ¿El gran cierre que esperábamos o un adiós agridulce?

Netflix acaba de estrenar la tercera y última temporada de La ley de Lidia Poet. Seis episodios que prometen poner punto final a la historia de la primera abogada de Italia. Y, como era de esperar, las redes sociales ya están ardiendo. Hay quienes la han devorado en una tarde y quienes, todavía, se preguntan si esta serie es realmente una lección de historia o, simplemente, un escaparate de moda con crímenes de fondo.

De nuevo, esta intrépida abogada, se va a ver envuelta en casos de asesinatos de lo más variopintos que tendrá que resolver en el trascurso de cada episodio. Y como el eje que une los seis episodios, tendremos un caso que toca de forma personal a Lidia.

La ley de Lidia Poet: Más allá de los vestidos (que, seamos sinceros, son otro nivel)

No podemos empezar a hablar de esta temporada sin mencionar lo obvio: el estilismo. Lidia Poet es la Emily Cooper (Emily en Paris) del Turín del siglo XIX. Si hay algo en lo que todo el mundo está de acuerdo (foros, hilos de Reddit y comentarios en Instagram) es que el diseño de vestuario de esta serie es, probablemente, el mejor que hemos visto en una producción italiana reciente. Los vestidos, los sombreros y hasta esos lunares decorativos en la mirada de Lidia (Matilda De Angelis) son ya un icono.

Pero aquí surge la gran duda que muchos se plantean en voz baja: ¿es suficiente con que se vea tan bien? Para algunos espectadores, la serie se ha convertido en un placer culpable donde la trama criminal pasa a un segundo plano.

Es muy fácil dejarse llevar por la atmósfera de un Turín del siglo XIX recreado con tanto cuidado, pero no podemos mirar hacia otro lado cuando vemos ese colador donde la historia queda en un segundo plano porque lo importante es el envoltorio en el que nos venden la serie; y lo cierto, es que este es cuanto menos llamativo y atractivo a la vista. ¿Qué más da que se pierda un poco de rigor histórico por el camino? ¿o no…?

La ley de Lidia Poet

¿Lidia Poët o una Indiana Jones con abogacía?

Otro punto que ha generado debate es la evolución de la propia Lidia. En esta tercera temporada, el personaje se enfrenta a desafíos que, siendo honestos, rozan lo inverosímil. Mientras algunos aplauden que sea una mujer adelantada a su tiempo que desafía todas las normas de una sociedad patriarcal haciéndolo con una determinación que inspira, otros no pueden evitar torcer el gesto ante situaciones que parecen sacadas de una película de aventuras más que de un drama jurídico.

¿Os ha pasado que, mientras veis a Lidia resolviendo casos complejos casi por arte de magia, sentís que se pierde un poco la esencia de la mujer real, de carne y hueso, que tuvo que luchar contra un sistema legal que la rechazaba por ser mujer? Es una línea muy fina la que separa el homenaje feminista del «entretenimiento palomitero». La serie se mueve ahí, en el alambre, y esa es precisamente la razón por la que nos gusta tanto debatir sobre ella.

El drama romántico: ¿Con quién se queda Lidia?

No puedo dejar pasar el tema estrella de las discusiones en redes: los amores de Lidia. Si algo ha mantenido a la audiencia pegada a la pantalla (y a veces un poco frustrada) es la tensión no resuelta con el fiscal Fourneau (Gianmarco Saurino) y la relación de ‘ahora si, ahora no’ con Jacopo (Eduardo Scarpetta), que siendo sincera con vosotros, a mi me aburre muchísimo ya. Sin embargo, cuando ambos se ponen a investigar codo con codo, como compañeros, la serie gana mucho.

La ley de Lidia Poet

Se nota que es el cierre de la historia, y aunque no voy a soltar ningún spoiler sobre el veredicto final, sí os diré que los guionistas han decidido cerrar esa parte de la serie de una forma que hará que más de uno tenga sentimientos encontrados. Hay un «amor suave», como dicen algunos fans, que equilibra esa frialdad de los casos criminales. ¿Será el desenlace que todos deseábamos o nos dejará con ganas de más? Eso lo tendréis que juzgar vosotros, que como he dicho en el párrafo anterior, esa parte a mi me aburre.

Mi veredicto: ¿Vale la pena darle al play?

A pesar de las críticas sobre el lenguaje excesivamente moderno o esa sensación de que, a veces, los personajes actúan como si vivieran en 2026 y no en 1880, La ley de Lidia Poet sigue teniendo algo que engancha. Es una serie que no pretende ser una lección de historia académica, sino un producto de entretenimiento que sabe perfectamente lo que el público quiere: una heroína con estilo, misterios que resolver y un toque de romance.

Personalmente, creo que esta tercera temporada es un cierre digno. Si entras en ella buscando rigor histórico absoluto, quizás te lleves una decepción. Pero si lo que quieres es disfrutar de una producción impecable, con interpretaciones que mantienen el pulso y una protagonista carismática que no pide permiso para ser quien es, entonces no te la puedes perder.

Es la serie ideal para un maratón de fin de semana, de esas que, aunque sepas que tiene sus fallos, no puedes dejar de mirar hasta que descubres cómo cierra el último juicio. Al final, ¿no se trata de eso el entretenimiento? Y lo cierto es que por ese lado, La ley de Lidia Poet cumple con creces.

Sed felices.

Lucia Hernández
Lucia Hernández
Aprendiz de todo lo que llame mi atención.
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