Continuamos analizando la segunda temporada de Outlander: Sangre de mi Sangre, en esta oportunidad con su tercer episodio titulado Los Conejos no nadan. Creada por Matthew Roberts y basada en los personajes creados por la escritora Diana Gabaldon, la serie de Starz puede ser vista en España por Movistar+ y en Latinoamérica por Disney+.
Hola otra vez, forasteros y viajeros del tiempo. De nuevo aquí para analizar otro capítulo de Outlander: Sangre de mi Sangre, hoy el tercero de esta segunda temporada. Habíamos especulado con que esta entrega pudiera quizás traernos la revuelta jacobita ya devenida en batalla o bien el reencuentro entre Henry y Julia; ambas cosas siguen sin embargo en suspenso y, de hecho, no hemos tenido noticias de Henry en un episodio que ha transcurrido básicamente en los dos castillos y, en menor medida, en el campamento de combate.
Pero dejémonos de prólogo y pasemos a ver qué ha ocurrido, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos de Outlander: Sangre de mi Sangre y aquí los de su ya concluida serie madre Outlander.
Visita Inesperada
Comenzamos con los preparativos para la batalla, que muestran a los Mackenzie y los Fraser marchando juntos hacia la misma. En Leoch, mientras tanto, Maura está fastidiosa: se queja de los murciélagos y de que al lugar le falta refinamiento. Discute con Ellen y hay chicanas cruzadas al especular qué obra de Shakespeare calzaría mejor a la trama que están viviendo: si La Fierecilla Domada, como dice Maura, o Macbeth, como le replica Ellen.
Colum, a su vez, sigue resentido con esta última por su plantón matrimonial y haber, según él, tradicionado al clan. La cosa se pone álgida y en un momento Ellen se retira, justo antes de que el ujier del castillo anuncie la llegada de James MacKinney (Ryan Fletcher), de quien nada sabíamos desde que en la primera temporada perdiera la competencia por el liderazgo.
Colum se muestra sorprendido de que no se halle en el campo de batalla, pero está claro que el recién llegado no viene con buenas intenciones cuando lo hace con una compañía de seis hombres y uno de ellos acuchilla fría y gratuitamente al ujier ante la atónita mirada de los presentes. Un consternado Colum le recrimina si así cumple su juramento de lealtad, a lo que MacKinney responde que ha venido a tomar posesión de lo que es suyo, es decir el castillo…
Ellen, oculta, ve con horror toda la escena mientras un flashback nos lleva a los tiempos de infancia en que jugaba al escondite con sus hermanos y siempre la terminaban encontrando, lo que su padre Jacobo el Rojo adjudicaba a que hacía lo que ellos esperaban al ocultarse en los lugares donde ellos presumirían más fácilmente que se encontraba.
Haciendo analogía con un zorro, le decía que el mismo nunca buscaría un conejo en un lago porque los conejos no nadan, forma de graficarle que debe siempre hacer lo que sus perseguidores menos esperan. Ello, además de enseñarle a usar el arco…
Noticia Inesperada
En Leathers, Lord Lovat requiere en sus aposentos a Julia y esta dice estar en su período menstrual, pero Davina le recuerda que ya es la segunda vez que echa mano de esa excusa en el mismo mes. No tiene, por lo tanto, más remedio que ir a su habitación y encontrarse con la desagradable vista de Seema (Lauren McQueen) practicando al viejo sexo oral. Julia amaga irse, pero este la conmina a quedarse para observar y aprender cómo satisfacer debidamente a un hombre.
Terminado, por suerte en off, el momento trío, Seema está bañando a Julia y surge por casualidad el tema de Henry, con quien la criada confiesa haber tenido una relación de meses cuando él creía que su esposa había muerto.
La noticia deja, desde luego, estupefacta a Julia, que en privado pide luego a Lovat que envíe de regreso a Seema con los Grant argumentando que su presencia hace que no pueda sacarse de la cabeza los malos momentos que le tocó vivir con estos últimos. Él ni siquiera lo considera: dice que ella está allí como parte de un trato y hasta ahora la muchacha lo viene dejando muy conforme, de lo cual ya hemos tomado sobrado conocimiento.

Seema, a hurtadillas, escucha todo y, con pesar, se lo comenta luego a Julia. Esta vuelve a esgrimir la excusa de su trauma con los Grant, pero la criada le dice que jamás hará nada en su contra y sí en cambio lo mejor para cuidar a ella y a su bebé. Julia termina aceptando, no se sabe si por convicción o porque no le queda otra…
Conspiración de Mujeres
En Leoch, MacKinney intenta sin éxito captar a quienes servían a los Mackenzie, pero tanto Ned como la señora Fitzgibbons se niegan a hacerlo y esta última recibe incluso un cobarde golpe en el estómago. Al preguntársele por qué no está con los jacobitas, MacKinney se mofa diciendo que estos marchan hacia una trampa y una derrota segura, pues Lovat juega en realidad para la Corona…
Presume, por otra parte, de que ahora el castillo es suyo, pero al ser anoticiado por Colum del acuerdo con Ellen y serle el mismo confirmado por Ned, quiere ya mismo que le traigan la escritura y a ella para que firme la entrega. Colum, sin embargo, manifiesta no saber por dónde anda su hermana, que siempre ha sido muy especial e independiente.
MacKinney golpea a Colum y asegura que sus hombres encontrarán a Ellen y se terminará casando con ella. Desde el piso, Colum le dice que hay alguien que no lo permitirá y vendrá al castillo para matarlo apenas intente ponerle un dedo encima.
Con respecto a las mujeres, MacKinney dispone su encierro, pero cuando uno de sus hombres las está llevando, es ensartado por una flecha disparada por Ellen, que así consigue liberar a todas y ocultarse con ellas en la capilla. Busca convencerlas de que pueden por su cuenta liberar juntas el castillo al contar a su favor con el elemento sorpresa de que los usurpadores no esperan nada de su parte. Encuentra adhesión en el resto, pero Maura parece renuente…

Conejos que nadan
A todo esto, MacKinney ha enviado a sus esbirros a recorrer el castillo en procura de dar caza a Ellen, pero la cosa termina al revés. Uno es encerrado por Ellen tras una cancela y entregado a los perros en escena que remite a Juego de Tronos, pero no quiero decir mucho por si no han visto la serie: en todo caso es el noveno episodio de la sexta temporada (aquí nuestro análisis). Otros dos la persiguen hasta el campanario y son muertos por ella tras provocar una desbandada de murciélagos haciendo tañer las campanas.
Usando a Janet Mackenzie como señuelo, el resto son atraídos a la capilla, pero el grupo de mujeres les arroja encima un cortinado y dan cuenta de ellos a cuchilladas. Lamentablemente, la jugada no sale gratis: Janet es fatalmente herida y muere en brazos de Ellen, quien le confiesa a su hermana que siempre la ha admirado y, antes de que expire definitivamente, la pone al tanto de que está embarazada y llamára al bebé Janet en caso de ser niña. Como sabemos que será..
La escena termina de convencer a Maura, quien dice que la cosa ha llegado demasiado lejos y prefiere arriesgarse con los MacKinney antes que morir junto a ellas. No se entiende por qué Ellen la deja ir tan libremente más allá del dolor por su reciente pérdida, pero la cuestión es que cuando Maura llega al salón del castillo sorprendiendo a MacKinney, no se rinde sin embargo sumisamente como cabía esperar, sino que le enrostra su apellido y amenaza con la furia de los Grant si no la libera.
En ese momento, aparece Ellen arco en mano junto al resto de las mujeres y MacKinney toma a Maura como rehén poniéndole un cuchillo al cuello. Es, por cierto, el peor rehén que podía elegir, pues a Ellen poco le importa la suerte de su cuñada después de que manifestara antes querer traicionarla. Pero Colum aprovecha la distracción para enterrar un cuchillo en la espalda de MacKinney, que suelta a Maura y recibe el flechazo fatal de Ellen que, antes de que muera, le dice que los conejos sí nadan…

Maura le pregunta si verdaderamente iba a dispararle y Ellen dice que sí, pero Ned la pone a esta última al tanto de que su cuñada no la traicionó, sino que le plantó cara a MacKinney. Ellen parece perdonarla, pero no tanto a Colum, a quien echa en cara haber mandado matar a Brian. Hay, sin embargo, una cuestión más urgente que cualquier pelea interna y es lo que llegó a decir MacKinney acerca de que Dougal y Brian van hacia una trampa: deben ponerles sobre aviso lo antes posible…
En efecto, en el campamento y luego de algunas escaramuzas, vemos que Lovat ha tomado la decisión de dividir la fuerza en dos columnas, lo cual no gusta ni un poco a Brian, que se lo recrimina sin resultado alguno. Por otra parte, su padre se muestra de un inusual buen humor que le sorprende tanto a él como a Murtagh: tanta y tan súbita amabilidad no parece presagiar nada bueno…

En Leoch, entretanto, lo último que vemos antes de los créditos finales es a Ellen y Grace partir al raudo galope a fin de llegar a tiempo para advertir a Brian de la infame traición de Lovat…
Balance del Episodio
La ausencia de los mayoría de los hombres en Leoch ha servido de excusa para que pudiéramos ver una entrega de empoderamiento femenino al tener las mujeres que recuperar el castillo, así como también para presentarnos a Ellen en un nuevo y flamante rol de líder, pues ya no le basta con su habilidad para gestionar acuerdos, sino que ahora es también mujer de armas tomar y casi princesa amazona.
Ojo, no me convence mucho en ese rol y antes de que se apuren a calificarme de lo que no soy, aclaro que no lo digo porque sea mujer sino porque no hemos conocido en el personaje una evolución que llevase tan claramente a ello…
De pronto la vemos lucir extraordinarias habilidades con arcos, cuchillos o espadas, pero no es que la serie nos hubiese previamente mostrado señales claras de que las tenía. Además, a Harriet Slater, que como actriz es bastante limitada, no termina de calzarle el traje de heroína de acción: no es Linda Hamilton, Sigourney Weaver, Kate Beckinsale ni Charlize Theron (nombres que cito para que no me tilden de machista).
Pero la súbita explosión de Ellen no es lo único que no vimos venir: también me sorprendió el súbito papel paternal y comprensivo de Jacobo el Rojo en los flashbacks. Verle animar a la pequeña Ellen a no ser predecible ni dejarse atrapar por los varones haciendo lo que, como mujer, esperan de ella, se contradice en buena medida con el perfil que le conociéramos al personaje en la primera temporada, cuando, por el contrario, la menospreciaba justamente por serlo. De cualquier forma, me gustó lo del conejo como analogía de los estereotipos…
James MacKinney también salió de la nada. Su reaparición, desde ya, sirvió para llevar tensión a Leoch y queda claro que aprovechó que los hombres estaban ausentes para tomar por la fuerza lo que creía corresponderle, pero no lo habíamos visto más desde la primera temporada y hubiera sido bueno que nos prepararan algo más para reencontrarlo.
Algo similar ocurre con la muerte de Janet, de la cual no se puede negar que fue un momento emotivo, pero lo hubiera sido mucho más de haber conocido al personaje en mayor medida de lo que en capítulos previos hemos hecho. Las muertes cobran especial significado cuando tenemos un vínculo empático con quien muere y, lamentablemente, no es lo que aquí ha ocurrido. Conmovedor, de todas formas, el guiño de Ellen al decir que llamará Janet a su hija, referencia directa a la hermana mayor de Jamie.
Mas allá de todo eso, hay que decir que la trama de Leoch tuvo una buena dosis de suspenso que la hizo entretenida, aun cuando hayamos tenido que suspender un poco nuestra incredulidad ante el comportamiento algo idiota de los hombres de MacKinney o lo inverosímil de que no encuentren más fácil a Ellen en un castillo que no debe ser tan grande.
La de Leathers ocupó menos minutos, pero introdujo un nuevo elemento de tensión al enterarse Julia de la relación que Henry tuvo con Seema. En lo personal, había supuesto que lo haría antes, pero ese detalle del pasado de Henry terminó prácticamente olvidado en la primera temporada y estaba obvio que iba a reaparecer en algún momento.
Habrá que ver cómo sigue la cosa y, sobre todo, qué ocurrirá cuando llegue Henry, pues la noticia pone una piedra de conflicto en la relación de la pareja, aunque ya sabemos que es bastante común que los personajes del mundo Outlander busquen consuelo en amantes cuando sus esposos o esposas no dan señales de vida. Y que a la larga todo se perdona…
La batalla, en tanto, sigue esperando, aunque ya hemos tenido algunas pequeñas escaramuzas. Intriga, eso sí, saber si Ellen y Grace llegarán a tiempo para advertir de la traición de Lovat. Habida cuenta de que sabemos el resultado final, cabe la posibilidad de que no lo hagan, pues de lo contrario, estarían cambiando la historia. Más posible, creo, es que lleguen a salvar la vida de Brian y quizás también la de Dougal (Ellen se lo prometió a Maura), pero no a alterar el rumbo general de los acontecimientos.
En fin, una vez más un episodio entretenido, más allá de algunas incongruencias con la primera temporada o de que algunas cosas parezcan salir casi de la nada sin haber tenido el desarrollo previo que merecían.
Y un detalle: la canción de tono tradicional que acompaña los créditos finales está compuesta por Bear McCreary e interpretada por un ensamble vocal femenino a cargo de cuatro actrices de la serie, entre ellas la propia Harriet Slater. A mí me encantó, así que se las dejo abajo y les invito para analizar el próximo episodio.
Hasta entonces y sean felices…



