Cuando queda una sola entrega para cerrar la sexta temporada, analizamos el nuevo episodio de Outlander, cuyo título es Palos y Piedras. La serie, creada por Ronald D. Moore sobre la exitosa saga de Diana Gabaldon, se emite por Starz, pudiendo ser vista en España por Movistar+ y en América Latina por Star+.
Bienvenidos nuevamente, forasteros y viajeros del tiempo, para analizar un nuevo episodio de Outlander mientras se siguen abriendo subtramas que nos llenan de dudas para el final de temporada en la medida en que no se terminan de resolver las anteriores.
Hay bastante para contar y analizar, así que salgamos al ruedo no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis anteriores.
Desconfianza
Antes del tema de apertura, un flashback nos trae a Malva dando una encendida diatriba en la que acusa a Jamie de haberla utilizado y a Claire de ser el diablo: no es novedad su obsesión con el príncipe de las tinieblas, pero el momento sirve para dimensionar qué efecto pueda haber tenido su asesinato entre los residentes de Fraser´s Ridge.
Salimos del flashback y la vemos aún yacer degollada sobre la hierba mientras Claire, ahora con Jamie presente, relata a sus desconsolados padre y hermano el momento del macabro hallazgo.
En rigor de verdad, quien luce desconsolado es Allan, que es pura desconfianza y mira a Claire de manera acusatoria y con evidente recelo ante su versión de los hechos.
Más interesante es la reacción del siempre imprevisible Tom: en un primer momento, parece seguir la misma línea al referirse al cuchillo que Claire tiene en su poder mientras ella se defiende con que es de jardinería; instantes después desvía el tema hacia el entierro y, sin lágrima alguna (hasta con una ligera sonrisa), propone sepultar a su hija en los bosques ya que siendo, como dice, una “zorra”, no puede ser llevada a camposanto.

Jamie, siempre correcto a más no poder bajo su ceño fruncido, se opone tajantemente y considera que tanto la joven como el bebé merecen servicio religioso y correspondiente funeral. ¿Se preocuparían ustedes tanto por el descanso final de quien les endilgó un embarazo y les incriminó falsamente? Yo tampoco…
El Camino de Dios
Las sospechas y miradas de soslayo hacia los Fraser están a la orden del día e, incluso, acusaciones directas por parte de Hiram Crombie y Obadiah Henderson: no sé si son los más indicados… Ello plantea la necesidad de resolver el misterio cuanto antes y encontrar al asesino. Me encanta el humor de Roger que, en tan dramática situación, es capaz de decir que necesitan a Perry Mason y hasta lo cita mientras Ian, obviamente, pregunta quién es. Jamie encarga a su sobrino ponerse con los gemelos Beardsley a la caza de datos, pero cuando va a buscarlos, no los encuentra.
Roger, por otra parte, está cada vez más convencido de su vocación sacerdotal y quiere saber qué se necesita para ser ordenado: Brianna lo comprende, pero teme que ello pudiese afectar la vida familiar. Él intenta convencerla con lo maravilloso que sería bautizar a su propio hijo y ella queda en considerarlo hasta que este llegue. Por otra parte, es católica y se pregunta qué tanto pueda aceptarla la congregación, a lo que él, en un giro poco adecuado a un ministro de Dios, responde “que se vayan al infierno”: brillante…

Maneras Misteriosas
Ian parece abrigar alguna sospecha sobre los Beardsley a raíz de su llamativa ausencia, pero al hablar con Lizzie, esta le pone al tanto de la verdadera razón: está encinta de uno de ambos, aunque no sabe de cuál porque ha estado con los dos. Más tarde, hablando con Claire, la joven hace un minucioso relato pornosoft de la experiencia ménage-a- trois mientras Claire le dice que no está mal que se hayan divertido pero, en tácita analogía consigo misma, le preocupa una eventual lapidación de parte de la comunidad.
Menos contemplativa es, claro, la reacción de Jamie, quien sigue siendo un hombre del siglo XVIII (por fin algo de gris en su personaje) y le impone casarse con uno de los dos. Lizzie manifiesta no poder elegir a uno porque ama a ambos y hasta los ve como una misma alma con dos cuerpos (algo de razón tiene porque son interpretados por un mismo actor).
Pero el concepto de poliamor no parece entrar en la mentalidad de un escocés dieciochesco, así que Jamie somete el asunto al azar de elegir pajitas. El que tenga la más larga se queda con ella (en algún punto, tiene sentido), mientras que el otro deberá poner sus pies en polvorosa y abandonar Fraser´s Ridge, cosa que Lizzie, obviamente, no entiende.
El beneficiado del azar termina siendo Keziah, pero Lizzie, a escondidas, hace su propia jugada en la noche y acude a Roger para que la case con Josiah. Alentado por Brianna, este accede y se le ve emocionado por ser su primera boda aunque, claro, no sabe del matrimonio que, con Keziah, le ha impuesto Jamie. Cuando se entera al otro día, bromea con que es una trinidad no tan santa y que “el Señor obra de maneras misteriosas”: sigue sumando puntos…
Egoísmo y Culpa
Las cosas están complicadas para Claire y el funeral es un momento tenso: Allan prácticamente le arranca de sus brazos el ataúd del bebé cuando pretende transportarlo y la escena en que madre e hijo son enterrados juntos es muy impactante: no me consta que en el siglo XVIII se pusiera a bebés nonatos en cajones de pino como cualquier otro difunto, pero convengamos en que, en este caso, las circunstancias eran especiales.

Claire sabe que le caerá la condena social y, de hecho, ya lo está haciendo; Jamie busca tranquilizarla citando sus propias palabras (que a su vez citan a Robert Bloch, nacido mucho después): “Palos y piedras podrán romper mis huesos, pero las palabras jamás herirme”.
Sin embargo, lo que angustia a Claire no es solo la condena popular sino también la suya propia: no está segura de ser inocente y sus experiencias con el éter le crean dudas; de hecho, tiene recuerdos de haber confrontado con Malva en una de las visiones y teme que pueda haber sido real. Continúa, por cierto, refugiándose en el éter mientras el “fantasma” de Lionel Brown se le aparece todo el tiempo acusándola de asesina.
Pronto tiene, no obstante, un testimonio que le lleva algo de tranquilidad y es el de Lizzie, cuando le dice que fue ella quien golpeó su puerta aquel día en que, recién anoticiada de su embarazo, quería verla. El alivio de saber que no es una asesina es momentáneo, pues, de modo más indirecto, sus actos y decisiones podrían a la larga haber llevado a la muerte de Malva: Lionel, para esta altura la voz de su conciencia, también se lo achaca.
En una de esas conversaciones imaginarias la encuentra Jamie y, en un momento actoral de los mejores de Caitriona Balfe a lo largo de la serie, Claire manifiesta sentirse culpable por todo lo sucedido desde el día mismo en que atravesó las piedras y fue a parar al pasado: no sé por qué, ya que no lo hizo intencionalmente; en todo caso, podría replantearse su decisión de permanecer con Jamie y no regresar a su tiempo, allá por el final de la primera temporada.
Ella considera que cada desgracia ocurrida, desde los abusos de Jonathan Randall hasta el ataque contra Brianna, pasando por los infortunios sufridos por Roger, fue causada por su propio egoísmo de querer estar junto a Jamie. Él la consuela diciendo que también debería ser juzgado por egoísmo, pues ella lo sacó de la oscuridad y desde ese momento también él hizo todo para estar a su lado. Claire, algo más tranquila con su conciencia, le dice que volvería a hacer todo lo mismo, pero la escena romántica se interrumpe por el sonido de cascos de caballos.
Lo primero que pensé es que fuerzas británicas venían a buscar a Jamie por conspirador, pero, en cambio, se trata de los Brown, de quienes venía yo diciendo en análisis previos que me intranquilizaba su ausencia: ya están de vuelta y, en su función de consejo de seguridad del rey, vienen para arrestar a Claire por el asesinato de Malva Christie…

Balance del Episodio
Ha sido una entrega de ritmo más pausado que las que veníamos viendo. Aun cuando el cliffhanger con la siniestra muerte de Malva parecía anunciar adrenalina, no hemos, paradójicamente, avanzado demasiado sobre la resolución del asesinato, en tanto que la trama del poliamor ha operado como factor de distracción: ya veremos si de manera intencional o no…
De hecho, ya desde hace un par de episodios parecieran estar contando una historia distinta de la del inicio de temporada y no hemos tenido en este, por ejemplo, noticias del silbador ni de la revolución (solo una fugaz referencia de Roger): si consideramos que queda solo un episodio para cerrar la temporada, difícil es pensar que vayan a cerrar la mayoría de las subtramas si no avanzamos demasiado en la resolución de al menos una.
Con respecto al asesinato de Malva, Lizzie parecería haberse convertido en sospechosa ahora que sabemos que estuvo ese día golpeando a la puerta de Claire, pero creo que, justamente, la obviedad la descarta y no tendría por qué haberle contado nada a Claire, quien, recordemos, ese día vio a Malva desde su ventana. ¿Se encontraron las muchachas? ¿Sabía Malva del embarazo de Lizzie y la historia de poliamor? La preñez de ambas es, por cierto, una coincidencia sugerente, pero no se ve un nexo lógico si es que lo hay…
Pero no podemos dejar de pensar en el cada vez más intrigante Tom: imposible no sospechar de un padre que no derrama una sola lágrima al ver degollada a una hija a la que, además, define como “zorra”. Y ya van, además, dos episodios en que no sabemos nada de Amy, de quien no creo que nos hayan mostrado su obsesión por Roger porque sí ni tampoco que, de la noche a la mañana, se haya olvidado de él: cuesta, claro, imaginar un móvil para asesinar a Malva, pero también aquí hay nexos que no conocemos.
Ian, además, ha descubierto el cuerpo del devorador de pecados con la terrible novedad de que le faltan dedos, lo que Brianna, inevitablemente, asoció con el hechizo de amor cuyos vestigios hallaran junto al río. Creo que en general todos hemos dado por sentado que el mismo había sido practicado por Malva, sobre todo tras verla cercenar dedos del difunto, pero cabe la posibilidad de que fueran hechos desligados o que no estuviese sola en el asunto.
Por lo pronto, hemos disfrutado de un gran momento actoral de Caitríona Balfe y de volver a ver en Jamie algunos de los matices que hacían interesante al personaje que, más allá de su impoluta corrección, nos recordó por momentos a aquel escocés tosco y simplote de las dos primeras temporadas.
Y, por supuesto, vuelvo a insistir, Roger se sigue confirmando como un gran personaje: sus conversaciones sobre religión con Brianna han sido de lo mejor del episodio, lo mismo que sus inefables momentos de humor con Perry Mason, la trinidad no tan santa y el “que se vayan al infierno”. No suelo reírme con Outlander, pero esta vez lo he hecho tres veces y en todas estuvo él.
Otro punto para destacar es el muy logrado montaje de los hermanos Beardsley en la escena de boda en los establos ya que, insisto, ambos son interpretados por un mismo actor (Paul Gorman). En cambio, no me convence mucho la escena nocturna en casa de Roger, donde aparecen todo el tiempo separados de un modo algo artificial.
A pesar del ya mencionado ritmo más pausado, ha sido una entrega que nos ha mantenido expectantes con la sensación de que algo fuerte estaba siempre por pasar.
El problema, claro, es que ya estamos sobre el final de la temporada y hay episodios completos en los cuales pareciera difuminarse el norte de la misma, algo que estaba bien claro allá por la segunda, cuando trama histórica, intriga política, melodrama familiar y romance marchaban a la par. Ahora pareciera que cuando uno de ellos se destaca, los otros se pierden y, por ese camino, veo difícil que el episodio de cierre nos resuelva todas las subtramas de esta temporada, ni tan siquiera la mayoría.
A ver qué tan cierto es. Hasta entonces y sean felices…



