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‘Lanterns’. Episodio 8 [FINAL DE TEMPORADA] | La serie que sacrificó a su mayor leyenda por el camino más cruel

Se acabó ‘Lanterns’ y tengo que reconocer que no ha sido del gusto de todos los espectadores. Por muy buena historia que tenga una serie basada en superhéroes, si tratas de alejarte demasiado del folclore de ese personaje, puede herir a cierto tipo de fandom: ¿Cómo concilias el desenlace de un misterio íntimo con las colosales expectativas de ese fandom comiquero?

El octavo y último episodio de ‘Lanterns’ se encuentra exactamente en esa encrucijada. Lejos de ceder a la tentación de un tercer acto lleno de pirotecnia cósmica, Damon Lindelof, Chris Mundy, Tom King y HBO han muerto con las botas puestas, aferrándose a su premisa original: un drama criminal duro, terrenal y centrado en rasgos muy humanos. El problema es que, en esa misma contención y en la radicalidad de sus decisiones, la serie nos deja un desenlace tan valiente como controvertido.

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En lo estrictamente dramático, el guion cierra sus tramas sin temblarle el pulso. Que la sheriff Kerry fuera quien apretó el gatillo contra Hal Jordan para proteger a Noah no pilla a nadie por sorpresa, pero el mérito está en cómo se ejecuta esa muerte. El verdadero hallazgo temático reside en la naturaleza de Noah como Manhunter. Su lucha interior nos va recordar a otras cintas y series en las que el personaje debe luchar contra su demonio interior o dejarse llevar. Un simple adolescente aterrorizado por su propio destino y desesperado por tener una vida normal.

La tragedia final de ‘Lanterns’ no se decide con anillos de poder, sino con el pánico irracional de una madre capaz de destruir al hombre que ama por salvar a su hijo.

Donde este episodio final abre una brecha difícil de digerir para el lector veterano de DC es en su trato al canon. El destino de Hal Jordan es, sin paños calientes, desolador. Tras una vida de servicio, su caída en desgracia y una década entre rejas, el Green Lantern por excelencia para toda una generación encuentra su final quemado vivo por sus vecinos y rematado por la mujer que amaba. Sin épica, sin sacrificio heroico, sin redención. La muerte de un paria.

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La despedida de su eco holográfico echa el cerrojo definitivo con demasiada frialdad. Da la sensación de que los guionistas tenían tanta prisa por pasar página y pasar el relevo generacional que han optado por demoler el mito desde los cimientos. Es una apuesta arriesgada, sí, pero deja una pregunta incómoda en el aire: ¿De verdad hacía falta despojar a Hal Jordan de toda dignidad para hacer brillar a John Stewart?

Por suerte, la construcción de John Stewart ha sido mejor tratada, sostiene el peso del episodio y se convierte en su mayor triunfo. Stewart rompe por fin las cadenas del soldado obediente que acata órdenes de Los Guardianes sin rechistar para erigirse en un protector por derecho propio de La Tierra.  Ya no lleva el anillo por designio de Oa o por la voluntad de sus padres, sino por convicción personal.

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EN CF: EL RESTO DE CAPÍTULOS DE ‘LANTERNS’


Sin embargo, todo lo que el episodio gana en escritura de personaje lo pierde en ciertos momentos de CGI que no acaban de funcionar. El primer vuelo de John, llamado a ser el clímax catártico de la temporada, resulta artificial, anticlimático y visualmente pobre. Solo ha faltado ver los cables de los que colgaba Aaron Pierre.

‘Lanterns’ se despide atando sus cabos con oficio y entregándonos a un John Stewart imponente, listo para ser uno de los grandes en el nuevo mapa de DC, pero castigar con tanta crueldad el legado de Hal Jordan, nos deja un epílogo demasiado contenido y agridulce. Un cierre inteligente sobre el papel, pero al que le ha faltado corazón, músculo visual y un poco de esa magia comiquera para terminar de ser redondo.

Aquí os dejo el tráiler de ‘Lanterns’ de HBO:

Un saludo y sed felices.

Juanma Martín
Juanma Martín
Amante de DC desde que ví Batman de Tim Burton en la gran pantalla. Crecí con los vídeos Beta y VHS y visitando casi a diario unos lugares extintos llamados videoclubs. Seguidor acérrimo de las tardes de sofá y series, del cine y del "buen" cine más aun. Jugador de rol desde los 14 años y jugador de videojuegos desde los 20. Muy cliché durante gran parte de mi vida.
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