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Las 5 mejores películas sobre Frankenstein

Durante el verano de 1816 – conocido como el «año sin verano» por los efectos climáticos adversos causados un año antes por la erupción del volcán Tambora (Indonesia) -, un particular grupo de aristócratas ingleses pasaba sus días de vacaciones en la elegante mansión Villa Deodati cerca de Ginebra (Suiza). El célebre escritor Lord Byron, su médico y secretario John Polidori, el poeta Percy B. Shelley, su amante del momento Mary Godwin y la hermanastra de esta, Claire Clairmont.

Confinados por la lluvia, durante una noche de tertulia, Byron propuso el estimulante pasatiempo de que cada uno de ellos escribiese una historia de terror. Este juego dio a luz dos obras maestras del género: El vampiro de John Polidori -antecedente de Drácula– y la que hoy nos atañe, Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary -en aquel momento Goldwin- Shelley, que tan solo tenía diecinueve años y era la primera vez que se enfrentaba al desafío de la creación literaria. En 1818 publicó la historia como novela pero sin su nombre, y sería en 1931 cuando la obra definitiva, que ha llegado a nuestro tiempo, vería la luz.

Quizás haya sido el influjo de la filosofía gracias a su padre William Godwin, reputado pensador que organizaba tertulias intelectuales en su casa a la que su hija asistía; o su incesante curiosidad acerca de la vida y la muerte, o el gusto por el terror gótico y la fascinación por los avances científicos de la época, en particular los ligados a la electricidad –Luigi Galvani, padre del galvanismo, consiguió mover las patas de una rana mediante descargas eléctricas-; así como una pesadilla que tuvo sobre un hombre que cobraba vida por obra de un motor poderoso; como fuese, allí estaban los elementos que estimularían la creación de tan compleja obra.

La novela trata sobre un científico suizo, el Doctor Victor Frankenstein y cómo, tras asistir a varias clases de un profesor que explica los nuevos avances científicos en la universidad, decide ir más allá desafiando los límites de la vida y la muerte. Tras estudiar detalladamente la anatomía animal y humana, descubre la manera de insuflar vida en un cuerpo inerte, por lo que arma uno con distintas partes de cadáveres robados y pone en práctica su experimento. Al ver que el monstruo cobra vida, Frankenstein huye horrorizado para descubrir, en su regreso, que la creación se ha marchado.

Esta original historia que versa sobre el hombre que juega a ser Dios, la soledad, la hostilidad del ser humano, el conocimiento empírico y la brecha entre creador y creado -totalmente visionaria respecto a las nuevas tecnologías-, ha dado lugar dos siglos después -uno desde que se inventó el cine- a decenas de adaptaciones cinematográficas de toda clase. Desde su primera versión, un cortometraje de diez minutos en cine mudo, Frankenstein (1910, J. Searle Dawley); hasta la nueva película de Guillermo del Toro con Jacob Elordi como la criatura y Oscar Isaac como el doctor Frankenstein (2025); pasando por versiones japonesas –Frankenstein Conquers the World (1965)-, españolas –La maldición de Frankenstein (1972)-, mexicanas –Santo y Blue Demon contra Frankenstein (1973)- u holandesas –Frankenstein´s Army (2013)-.

Después de una rica introducción sobre los orígenes de la criatura y para abrir apetito con el estreno de la versión de Del Toro, voy a repasar brevemente las cinco mejores y más importantes adaptaciones que se han llevado a la gran pantalla de la historia de Mary Shelley en orden cronológico.

Aquí el artículo que escribí sobre las 6 mejores películas de Drácula. 

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1. El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931) de James Whale

El doctor Frankenstein es la primera película sonora que adaptó la obra de Mary Shelley, aunque en realidad no se basa directamente en la novela sino en la obra de teatro homónima de Peggy Welbing estrenada en 1927. Tras el éxito de Drácula (1931) de Tod Browning -también basada en una obra teatral-, Universal Studios decidió seguir llevando a la pantalla versiones cinematográficas de conocidos relatos de terror, y Frankenstein fue la segunda.

Antes de la versión definitiva, el productor del estudio Carl Laemmle Jr. dio el visto bueno para rodar una versión de prueba -la secuencia de «la creación»- con Bela Lugosi como la criatura y guion de Robert Florey y Garrett Fort -guionista de Drácula-, dirigida por el mismo Florey. Finalmente, Laemmle cedió la dirección al incipiente realizador británico James Whale, que sustituyó a Lugosi al no considerarlo apto para el papel -hay fuentes que mencionan que el propio actor lo rechazó al verse irreconocible- por un mítico Boris Karloff que había cautivado al director con su pequeño papel en la película de Howard Hawks El código penal (1931).

No obstante, sin ser la definitiva, la protoversión de Florey instaló algunos de los elementos esenciales para la película de Whale como la criatura muda o el desenlace en el molino en llamas. El director inglés, que había firmado un contrato de cinco años con Universal tras su ópera prima Journey´s End (1930), dirigió un auténtico éxito para la taquilla afianzando su relación con la productora. El doctor Frankenstein recaudó cinco millones de dólares -hasta 12 apuntan fuentes- con un presupuesto de 291 mil, por lo que Laemmle se animó a producir una secuela: La novia de Frankenstein (1935), en la que Whale tuvo total libertad.

La «primera gran película de Frankenstein» sintetiza la complejidad existencial que propone Shelley en apenas una hora de duración, valiéndose de una sólida puesta en escena de aroma expresionista -Whale vio algunas películas alemanas de la vanguardia para tomar inspiración-. Aunque dista mucho en algunos aspectos de la novela original (principalmente en una conclusión en la que, en vez de el monstruo doblegar a su creador, perece sufriendo fruto de una sociedad enferma que demoniza lo que no comprende), reúne a la perfección sus conceptos clave como el aprendizaje del bien y el mal, la hipocresía burguesa o la crueldad humana; por mucho que en esta versión se intente hacer empatizar con el doctor.

Los magníficos decorados y nivel de detalle en la creación de la atmósfera son un gran acierto que impulsa el éxito de la película, pues en su línea casi expresionista el entorno y su planificación juegan un papel fundamental para introducir a la pesadilla del mad doctor Frankenstein. En definitiva, El doctor Frankenstein es la película sobre la novela de Shelley que más importancia ha tenido, estableciendo en el imaginario colectivo la imagen de una de las criaturas más queridas del cine fantástico que sería tomada como referencia -el particular maquillaje- a lo largo de la historia.

La secuencia del ahogamiento de la niña y, sobre todo su anterior imagen del monstruo, la pequeña y las flores a orillas del estanque, es una de esas fotografías que encierra en sí misma todo lo que el cine significa, tal y como reflejaría Víctor Erice en su obra maestra El espíritu de la colmena (1973). Como dato curioso que Universal remediaría en la secuela, ¡se les olvidó mencionar en los créditos a Mary Shelley!

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2. La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935) de James Whale

En 1935, y pese a los éxitos anteriores de la compañía, Universal se encontraba en apuros económicos, y Carl Laemmle Junior anunció que solo producirían siete películas ese año. Entre ellas destacaba la continuación de la exitosa El doctor Frankenstein, para la que el productor quería al director alemán Kurt Neumann, pero James Whale se impuso y Laemmle le permitió dirigirla a él debido al éxito de su predecesora.

Después de una serie de tratamientos de guion ridículos por parte de guionistas com L. G. Blechman o Philip MacDonald, John L. Balderston -quien había llevado al teatro la novela en 1931- y el dramaturgo William Hurlbut escribieron la versión que serviría de base para la película, aunque finalmente el guion definitivo fuera una reescritura exhaustiva a manos del propio Whale junto a Hurlbut. A pesar de las enormes trabas de censura de la Administración del Código de Producción encabezada por el periodista católico Joseph Breen, La novia de Frankenstein, rodada en cuarenta y seis días con 400 mil dólares de presupuesto; pudo ver la luz.

La novia de Frankenstein arranca con el insólito y mítico prólogo que sitúa en la escena a Lord Byron (Gavin Gordon), Percy Shelley (Douglas Walton) y Mary Shelley (Elsa Lanchester) teniendo una conversación sobre la historia narrada en la anterior película y la necesidad de una continuación, por lo que la escritora se dispone a contarles la acción que transcurrirá durante la siguiente hora de película, que sitúa a la criatura en el momento exacto en que terminó la de 1931: la criatura se descubre viva bajo el molino en llamas.

A partir de aquí, el argumento se desarrolla con una fidelidad a la novela de Shelley casi mayor que su propia adaptación directa pese a ser una invención de Universal.

Whale reúne en esta secuela algunos de los elementos de la novela original como el pasaje del anciano ciego en la casa del bosque y sus enseñanzas, así como la pastora, a la que salva de ahogarse en un posible aprendizaje respecto a la niña ahogada en la anterior. En general, establece un arco de aprendizaje del entorno y la condición humana mucho más profundo que el que pudiera apuntar con El doctor Frankenstein. Así como enfrenta a Henry Frankenstein a su versión más oscura, el estupendo doctor Pretorious (Ernest Thesiger), obcecado en construir la versión femenina de la criatura, una novia para ella.

La escena en que el mad doctor expone a un espantado Henry sus homúnculos, escenificados vía admirables efectos especiales, es sublime. Frankenstein se topa por primera vez con una mente mucho más «perturbada» que la suya.

La conclusión del relato, en el que Frankenstein aprende incluso a hablar, lleva a la creación -mediante el mismo método que utilizaron con el masculino, incluso mejor escenificado- de «la novia». Una imagen mítica pese a solo aparecer unos minutos en pantalla la de la criatura interpretada por Elsa Lanchester -misma que encarnaba a Mary Shelley en el prólogo- con el pelo negro y una franja blanca por la electricidad. El giro de los acontecimientos llega cuando al ver al ser protagonista no puede hacer otra cosa que gritar y apartar la mirada por su fealdad. Curiosamente en ella reside una belleza, quizá relativa a la feminidad, que es inalcanzable para el monstruo.

Como indica acertadamente José María Latorre: «esta es una historia de perdedores».

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3. La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957) de Terence Fisher

La productora británica fundada en 1934 Hammer Films, produjo en 1955 la película de ciencia ficción y terror El experimento del doctor Quatermass, que se convirtió en su mayor éxito hasta el momento. Anthony Hinds -hijo de William Hinds, cofundador de la compañía- junto al guionista Jimmy Sangster, impulsados por el abrumador triunfo de la cinta de género y su pasión por la literatura gótica inglesa, decidieron llevar a la gran pantalla su propia versión de la novela de Mary Shelley. El productor afirmó que sería una versión mucho más truculenta que cualquiera de las producidas por Universal.

La Hammer debía al director británico Terence Fisher la dirección de una película por contrato, por lo que asumió el puesto con gusto. Poco después fueron contratados los dos actores principales: Christopher Lee -la criatura- y Peter Cushing -Victor Frankenstein-, pasando a convertirse en dos leyendas del cine fantástico e inseparables de las producciones de la Hammer.

El guion fue escrito en primera instancia por los americanos Milton Subotsky y Max J. Rosenberg, pero Hinds lo consideró un fiasco por aburrido y demasiado similar a la obra original de la Universal, razón por la cual el propio Jimmy Sangster se encargaría de escribirlo. Como dato curioso, Subotsky y Rosenberg fundarían a mediados de los 60 Amicus Productions que, con títulos como El asilo del terror (1972) o Doctor Terror (1965), se convirtieron en la principal competencia de Hammer Films. Incluso compartían actores y equipo técnico. Pareciera una venganza por la desestimación de su guion para Frankenstein.

La maldición de Frankenstein se convirtió en la primera película de terror a color del cine británico y reunió a los técnicos e intérpretes que formarían equipo durante los años de éxito de Hammer Films, asentada en el cine de terror y fantástico desde el absoluto triunfo internacional de la cinta.

Una de las variaciones más vistosas -aunque no fundamentales- respecto a las películas de Universal fue el cambio de maquillaje de la criatura. Aunque los derechos de la novela estaban libres, a la hora de producir la película tuvieron cierta presión legal por parte de la productora estadounidense en relación al maquillaje original de Jack Pierce, por lo que Philip Leackey -hay fuentes que mencionan a Roy Ashton- diseñó el que acabaría viendo la luz y que, curiosamente, se asemeja más al planteado por Shelley que el de Universal.

El mayor acierto de la cinta de Fisher es la absoluta transformación de la narración respecto a las anteriores versiones mediante la focalización en el doctor Victor Frankenstein. La película comienza con la visita de un sacerdote al científico que, encarcelado por asesinato, se dispone a narrarle cómo ha llegado hasta ahí. Un enorme flashback atraviesa la pantalla para exponer todos los pasos que, incluso desde su niñez, llevaron al doctor a construir la criatura y acabar en prisión. El cinismo de Sangster a la pluma se hace visible al enfrentar al cuestionable Victor contra la figura de la Iglesia, y por ende la moral social absoluta.

Quizá la línea argumental más interesante e importante del filme es la relación y/o enfrentamiento entre el doctor y su maestro desde infante Paul Krempe (Robert Urquhart), pues ambos luchan tratando de vencer a la muerte pero divergen en determinado punto moral destruyendo la gran amistad que venía construyéndose durante la película. Fruto de la brecha de clase, cada uno observa el resultado del experimento desde un prisma diferente: mientras que Krempe cree estar a punto de descubrir una fórmula para acabar con el dolor y la muerte en el mundo, el mad doctor no contempla sino una manera de demostrar su valía y poder.

Una sutil y punzante crítica sobre la hipocresía burguesa apuntalada por un Technicolor brillante que hace más vívida y voraz la película.

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4. El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, 1974) de Mel Brooks

A principios de los años 70, durante el rodaje de Sillas de montar calientes (1974), su director Mel Brooks se enteró de la idea de un guion que el actor protagonista Gene Wilder tenía en mente y estaba escribiendo. Se trataba de una revisión de la historia de Frankenstein en la que un científico descendiente del doctor no cree en las tonterías de su pariente sobre revivir muertos, pero la locura es algo de familia y algo hará que despierte en él tarde o temprano. A Brooks le fascinó la idea y más aún que su amigo quisiera que la escribiera junto a él y la dirigiera.

Noche tras noche desde entonces, al terminar las sesiones de montaje de su película, los cineastas se encerraban en la habitación del hotel a ver las películas de Universal sobre Frankenstein y completar la escritura de su obra.

Una vez el guion estuvo terminado, Gene Wilder, Mel Brooks y el productor Michael Gruskoff se dirigieron a las oficinas de Columbia Pictures para vender un proyecto presupuestado en dos millones. La negociación fue bien hasta que mencionaron la intención de filmar la película en blanco y negro para captar el aroma de las cintas homenajeadas de los años 30. Después del fracaso en Columbia, el ejecutivo de Twentieth Century Fox Alan Ladd Jr. -que era amigo de Mike, e hijo del actor Alan Laddaccedió a financiar con 2,4 millones de dólares su película en blanco y negro.

El jovencito Frankenstein ocupa un puesto en este artículo de manera un poco extraña, no sé si advenediza, puesto que no se trata de una fiel adaptación ni mucho menos de la novela de Mary Shelley. Es más bien una sátira con todas las letras sobre las películas de terror de la Universal y, especialmente, las dirigidas por James Whale sobre la criatura. Pero tuvo un gran impacto y hoy es considerada una de las grandes comedias de la historia del cine, así que creo que merece estar aquí.

La idea paródica y el absoluto ingenio humorístico de Brooks y Wilder dan lugar a una serie de momentos memorables y, sobre todo, unos personajes extravagantes y magníficos. El jorobado Igor (Marty Feldman), el mad doctor «Fronkonsteen» (el propio Gene Wilder), el inspector alemán chiflado Kemp (Kenneth Mars) o la maravillosa criatura con descomunal miembro viril (Peter Boyle) -un gag recurrido en la segunda mitad, que en ocasiones se siente demasiado vulgar-. ¡Incluso un cameo del gran Gene Hackman como el ciego de la cabaña!

El impacto cómico de momentos concretos se siente mayor que el conjunto de la cinta. Una secuencia magnífica es la de la criatura y la niña de las flores, en la que se juega un inteligentísimo homenaje a El doctor Frankenstein (1931) cuando, pensando en qué más arrojar al agua que pueda flotar, el monstruo mira a cámara y un corte nos lleva a otra escena, pues ya sabemos lo que va a suceder. La escenografía y el laboratorio reciclado de las películas de Whale que el equipo de la película recuperó del garaje de Kenneth Strickfaden -diseñador de los escenarios originales de Universal- hacen que la cinta se desenvuelva en un ambiente pesadillesco al tiempo que divertido.

El jovencito Frankenstein se estrenó estratégicamente unos meses después del absoluto éxito de Sillas de montar calientes y se convirtió en el segundo triunfo en taquilla de Mel Brooks ese año. Además, ayudó a encumbrar a la Fox, que dio luz verde a centenares de películas a raíz de esta. el jovencito frankenstein cosas felices

5. Frankenstein de Mary Shelley (Mary Shelley´s Frankenstein, 1994) de Kenneth Branagh

El éxito, dos años antes, de Drácula de Bram Stoker (1992), adaptación de la conocida obra literaria a manos de Francis Ford Coppola, llevó al director italoamericano a querer explotar su potencial y adoptó el rol de productor para llevar a la gran pantalla otro de los grandes mitos de la literatura fantástica: Frankenstein. Por aquel entonces, Kenneth Branagh, joven británico con una amplia formación en el teatro, había filmado cuatro películas en cinco años -Enrique V (1989), Morir todavía (1991), Los amigos de Peter (1992) y Mucho ruido y pocas nueces (1993)- y contaba con gran respaldo del público y crítica. Llegaron a compararle con Orson Welles por su audacia y desempeño a tan pronta edad.

La productora TriStar Pictures, a través de Coppola, escogió a Branagh para dirigir la adaptación de la novela de Mary Shelley y armó el reparto de unos intérpretes inigualables: Robert De Niro como la criatura, Helena Bonham Carter como Elizabeth Lavenza, John Cleese como Doctor Waldman, Ian Holm como el Baron Alphonse y el propio Branagh como Victor Frankenstein.

Se ha hablado mucho sobre la traición a Bram Stoker por parte de Coppola y el guionista James V. Hart al inundar su adaptación de un romanticismo exacerbado. En esta segunda parte del díptico, los guionistas Frank Darabont y Steph Lady conservan el tono de la novela original y, sobre todo, el interesantísimo duelo entre racionalismo ilustrado y romanticismo. Branagh establece un imaginario particularísimo a través de una cuidada puesta en escena en que todo se siente exuberante y exaltado, incluso excesivo; llevando al público a una división generalizada de opiniones. O la amas o la odias. Yo no mantengo ninguna de las dos posiciones.

«Frankenstein de Mary Shelley es, en definitiva, cine literario» apuntan Fernández Valentí y Antonio José Navarro en Frankenstein: el mito de la vida artificial (2000), pues la versión de Kenneth Branagh atiende, más que a la construcción de una cinta fantástica y terrorífica como lo fueran las de Universal y Hammer, a la transcripción más fidedigna del romanticismo implícito de la obra de Shelley.

El actor y director británico, un hombre de teatro habituado a filmar obras de Shakespeare, utiliza su conocimiento artístico mixto para dotar de una importancia superior a la escenografía e interpretaciones del elenco y confiere a la narración una atmósfera de irrealidad bastante acorde al relato. Los personajes llegan incluso a narrar en voz alta sus pensamientos. Una suerte de teatro fílmico que, no obstante, no se siente fuera de lugar. El resultado fue un moderado fracaso en taquilla, aunque en cierta forma sirvió para revitalizar el mito de Frankenstein, que llevaba un par de décadas -desde las películas de la Hammer- de capa caída.

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Si has llegado hasta aquí, espero que disfrutes de la última versión de la criatura en la gran pantalla: Frankenstein (2025) de Guillermo del Toro; o que veas o vuelvas a ver las míticas películas de las que he hablado en este artículo. ¡Larga vida a Frankenstein!

Gracias por leerme e ¡id al cine!

Sed felices. 


Bibliografía:

  1. Memba, J. (2004). El cine de terror de la Universal. T & B Editores.

  2. Valentí, T. F., & Navarro, A. J. (2000). Frankenstein: el mito de la vida artificial. Nuer Ediciones.

  3. Payán, M. J. (2006). Diccionario ilustrado del cine de terror. Ohara Pub.

  4. Queralt, M. P. (2024, 11 marzo). Frankenstein, 1816: el año que nació un monstruo. Historia National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/frankenstein-1816-ano-que-nacio-monstruo_11248

  5. Angelica.Perez, & Angelica.Perez. (2018, 15 enero). Cómo Frankenstein surgió de la vida de Mary Shelley. Noticias de la Universidad de Playa Ancha. https://www.upla.cl/noticias/2018/01/13/como-frankenstein-surgio-de-la-vida-de-mary-shelley/

  6. Manguel, A. (2006). La novia de Frankenstein. Gedisa Editorial.

  7. Corral, J. M. (2003b). Hammer: la casa del terror. CALAMAR EDICIONES.

  8. Gutiérrez, P. (2004). Terence Fisher. Quatermass6. Antología del cine fantástico británico.
  9. Jfadelucas. (2015, 17 enero). Frankenstein de Mary Shelley, 20 años de un delirio incomprendido – Culturamas. Culturamas. https://www.culturamas.es/2015/01/17/frankenstein-de-mary-shelley-20-anos-de-un-delirio-incomprendido/

  10. Cultura, C. (2023, 17 marzo). Así rodó Mel Brooks ‘El jovencito Frankenstein’, con poco dinero y muchos pañuelos en la boca para no reírse. elconfidencial.com. https://www.elconfidencial.com/cultura/2023-03-17/el-jovencito-frankestein_3594305/

 

 

Darío Serrano Gómez
Darío Serrano Gómez
Apasionado del cine en constante aprendizaje. Me gusta ver películas y escribir sobre ellas.
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