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Las 6 mejores películas sobre Drácula

La figura del vampiro, tan asentada en el imaginario colectivo en la actualidad, llegó a la novela en el siglo XIX con El vampiro (1819) de John Polidori que, junto a la posterior Carmilla (1872) de Sheridan Le Fanu, servirían como antecedentes de la obra maestra literaria Drácula (1897) de Bram Stoker, aún vigente como una de las novelas de terror más trascendentes -o la que más- y la más importante en ámbito del vampirismo, que toma como inspiración para su personaje central Vlad el Empalador -o Vlad Drácula-, príncipe de la región rumana de Valaquia en el siglo XV recordado por ejecutar mediante el empalamiento a unas 100.000 personas durante su gobierno de tan solo siete años.

Las adaptaciones al cine del oscuro conde de Transilvania se cuentan por decenas, desde Drakula halála (1921) —versión húngara anterior a la de Murnau perdida en la actualidad— hasta la más reciente Nosferatu (2024) de Robert Eggers, pasando por toda clase países: Pakistán, México, España, Japón, etc.; y directores: Dario Argento, Robert Siodmak, Jesús Franco o Mel Brooks . Casi todos los años sigue versionándose de una u otra forma la novela original de Stoker, reafirmando una y otra vez al vampiro Drácula como uno de los personajes de ficción más importantes y conocidos de la Historia.

Para celebrar el estreno de Drácula (2025), la nueva versión a cargo del conocido realizador francés Luc Besson, voy a hacer un breve repaso de las seis adaptaciones cinematográficas más importantes —y seguramente mejores— que se han hecho de Drácula (1897) en un periodo de más de cien años.

Aquí nuestro top de las 20 mejores películas de vampiros.

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1. Nosferatu (Nosferatu — Eine Symphonie des Grauens, 1922) de F.W. Murnau

Es de sobra conocida la historia de la considerada primera adaptación al cine de la novela de Bram Stoker y cumbre del expresionismo alemán. El cofundador de la productora Prana Film, Albin Grau, conocido además por su faceta ocultista, propuso al cineasta en boga Friedrich Wihelm Murnau filmar Nosferatu —con guion de Henrik Galeen— en la que sería su décima película. El resto es historia.

Por no poseer los derechos de la novela de Stoker sus artífices titularon la obra como Nosferatu —una palabra impactante que, aunque su origen en el folklore rumano parece incierto, viene a ser un sinónimo de vampiro—, en un truco que les costó caro pues la viuda del novelista les demandó y las copias de la cinta tuvieron que ser destruidas. La suerte quiso que algunas de ellas, distribuidas antes del veredicto fuera del país, fuesen guardadas bajo llave hasta la muerte de la mujer. Nosferatu estuvo a punto de perderse.

La leyenda de esta película no es ni de lejos equiparable por alguna de las que siguen en el artículo, pues además de la cuestión legal se llegó a pensar que el actor que daba vida al Conde Orlok, Max Schreck, era un vampiro real por su extraña forma de comportarse y no salir del personaje en ningún momento —la película La sombra del vampiro (2000, Merhige) relata estos hechos con John Malcovich como Murnau y Willem Dafoe como Schreck—. Pero eso es otra historia. Lo que importa es que Nosferatu es considerada una imprescindible en la historia del cine y sigue manteniendo su valor después de más de un siglo. Es impresionante como la película sintetiza a la perfección la historia de la novela, y como Murnau consigue capturar algunas imágenes que aún hoy consiguen conmocionar por su fuerza, como ese contrapicado del antagonista en el barco, la procesión de ataudes que parece una pintura grotesca en sí o la sombra del mal, tan propia del expresionismo, que sublima la presencia angustiante del despiadado vampiro.

Aquí nuestra crítica de Nosferatu (1922). 

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2. Drácula (Dracula, 1931) de Tod Browning

Menos de diez años después del estreno de Nosferatu llegaba a los cines Drácula, que adapta la obra de teatro homónima de 1924 de Hamilton Deane y John L. Balderston, a su vez basada en la novela de Stoker. Es la primera versión sonora de la historia del Conde y supuso un auténtico éxito en taquilla para su productora y distribuidora Universal Studios, tanto que decidió seguir adaptando relatos de terror cultivando así algunos de sus mayores éxitos: El doctor Frankenstein (1931), El hombre invisible (1933) o La novia de Frankenstein (1935).

El intérprete estadounidense Lon Chaney («El hombre de las mil caras»), que por aquel entonces había protagonizado hasta diez obras de Tod Browning (Garras humanas, Fuera de la ley), entre otros éxitos (El fantasma de la ópera), era el indicado para encarnar al malévolo conde Drácula, no obstante, apenas un mes antes de comenzar la producción, el actor falleció a causa de unas hemorragias bronquiales. El fatal destino quiso que Bela Lugosi terminase siendo el Drácula de Browning. Un actor austro-húngaro que había interpretado en muchas ocasiones al personaje en el teatro y conquistaba a su público con su peculiar acento europeo. En ese momento, Lugosi no sabía que pasaría a ser, probablemente, el vampiro más recordado del cine.

La película de Browning dista de la calidad de la anterior obra de Murnau, a pesar de haber pasado a la historia por construir ese paradigma del vampiro elegante y aristócrata en el cine, tan lejano realmente de la condición más vetusta y ajada que Stoker confirió a su personaje. Drácula transcurre casi al completo en interiores y sufre el mal del teatro filmado, tanto por su puesta en escena como por la histriónica interpretación de un Lugosi demasiado encorsetado en los modelos de representación teatrales. El director estadounidense odió la película cuando la vio terminada, el intervencionismo de la productora le jugó una mala pasada: Browning no tuvo absoluto control sobre la producción y hubo otras personas operando en las distintas facetas de la misma, que terminaron por trastocar la idea inicial de la obra. Hay quienes sostienen que la versión hispanohablante rodada en los mismos sets durante la noche —practica habitual entonces— dirigida por George Melford y protagonizada por el español Carlos Villarías es mejor que la estadounidense.

Aún así, Drácula no es una mala película, tiene algunas ideas de dirección interesantes, la presentación del conde es mítica y, a pesar de haber envejecido mal, sigue siendo una leyenda. Además, sin su existencia Ed Wood (1994, Tim Burton) no sería tan buena.

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3. Drácula (Dracula, 1958) de Terence Fisher

En los años 50, la modesta productora británica Hammer Films encontró un filón en el cine fantástico con su estreno de El experimento del Dr. Quatermass (1955), a la que siguió una nueva versión de la ya adaptada obra de Mary Shelley La maldición de Frankenstein (1957). En este punto, ya se empezaba a tener en mayor consideración a la empresa británica, al tiempo que un sector del público criticaba su excesiva violencia. En 1958, con un exiguo presupuesto de 81.000 libras, el estudio dio a luz a su propia película sobre el Conde Drácula que haría pasar a la historia la imagen del vampiro interpretado por Christopher Lee.

Existe un gran contraste entre el Drácula (1931) de Browning y el de Fisher, son como dos polos opuestos, pues si el primero es en un blanco y negro sepulcral, donde la violencia se intuye y Lugosi declama en constante teatralidad; el versionado en Reino Unido emana color haciendo de la fotografía a cargo de Jack Asher una de sus mayores virtudes, la violencia y sangre son vistosas y Lee guarda silencio casi toda la película para remarcar el salvajismo de un ser sin escrúpulos ni lenguaje al margen del mal. Si Browning era un maestro en las situaciones implícitas, Fisher planteará su estilo de manera sumamente explícita (Gómez, s.f.).

Asimismo, el reducido presupuesto de que disponían, supuso una necesidad de síntesis absoluta de la obra, por lo que el encargado del guion Jimmy Sangster escribió una historia mucho más condensada que la original con unas transformaciones argumentales muy positivas pero completamente novedosas. La película de Fisher se configura en un principio desde la venganza, pues es Jonathan Harker el que se adentra en el castillo del Conde como bibliotecario a sueldo con la intención premeditada de acabar con él. Una vez su empresa fracasa, el testigo protagónico recae en Van Helsing -un Peter Cushing en estado de gracia-, que buscará por todos los medios poner fin al mal.

Un estallido de colores vivos -el rojo predomina- inunda la pantalla sustituyendo la frialdad del Browning predecesor, y el truculento barroco doblega al goticismo asociado al Conde con anterioridad. La impecable realización de Terence Fisher armoniza todos los elementos existentes y consigue ocultar las carencias presupuestarias incluso volviéndolas una virtud para su planificación y composición, en un ejercicio de dirección que da sentido al término lenguaje cinematográfico. Drácula (1958) es posiblemente la mejor película a color -¡y qué color!- sobre el vampiro, que se sirve de algunos juegos de luces y sombras expresionistas, apuntala el drama con la maravillosa banda sonora de James Bernard y construye un villano de personalidad única y arrolladora que quedaría grabado en los anales de la historia del cine.

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4. Nosferatu, vampiro de la noche (Nosferatu: Phantom der Nacht, 1979) de Werner Herzog

57 años después de Nosferatu (1922), el osado director alemán Werner Herzog (Aguirre, la cólera de Dios) se atrevió a homenajear la que para él era la mejor película de la historia de su país. Herzog sentía su obra como una especie de tributo a las generaciones alemanas de antes del Reich y a ese cine patrio expresionista que era su raíz artística.

En aquellos años setenta finales los derechos de la novela de Stoker habían expirado, por lo que, a pesar de titular la película en honor a Murnau, Herzog pudo utilizar en ella los nombres originales. De esta manera, Klaus Kinski, que ya había trabajado con su compatriota en dos ocasiones, encarnó a uno de los Dráculas con más presencia jamás hechos pese a su escasa aparición en pantalla. Bruno Gantz, que pese a ser su novena película había trabajado ya con Rohmer, Wenders, W. Petersen y F. J. Schaffner, daba vida al protagonista Jonathan Harker. Y, para cerrar el magnífico trío actoral, Isabelle Adjani, recordada sobre todo por la posterior La posesión (1981, Zulawski) aunque antes del 79 ya aparecía en películas de Truffaut y Polanski, encarnaba al personaje femenino Lucy Harker, en una especie de fusión entre las originales Lucy Westenra y Mina Harker.

Un ambiente funesto colma la película en todo su desarrollo, especialmente durante su tercer acto. Y es que, si algo es la cinta de Herzog, es tenebrosa, oscura y gótica a más no poder. Es posiblemente la más terrorífica y fatalista pues, mientras en el resto de adaptaciones se pone fin al mal, el alemán concluye con Jonathan vampirizado y un plano suyo a caballo por el desierto camino a tierras ignotas. El mal se extiende sin remedio.

Ratas, ataúdes, bailes desquiciados… Elementos que denotan una oscuridad que acecha la ciudad a partir de la segunda mitad de la película y que cristaliza a la perfección en un diálogo imposible de borrar de mi memoria en una de las últimas secuencias del filme, que corrobora la irrefrenabilidad del mal vampírico. Refiriéndose a Van Helsing, un hombre dice a otro: «Arrestad a este hombre». A lo que el otro contesta: «Yo no puedo». Dice el primero: «Que lo haga la policía». «No hay policía». Con indignación contesta el otro: «Pues llevadlo al calabozo». Para concluir: «No hay quién lo vigile». Una conversación escalofriante que basta para describir la inhumana situación en que se hallan.

El goticismo y escalofriante ambiente tan característicos de Nosferatu, vampiro de la noche, recuerdan en gran medida -y por trazar paralelismos referenciales que siempre vienen bien- al videojuego Bloodborne, cuya descripción de Wikipedia dice así: «El videojuego sigue las acciones del personaje del jugador, el Cazador, a través de Yharnam, una ciudad ficticia de estilo victoriano, cuyos habitantes han sido afectados con una enfermedad de transmisión sanguínea anormal». Me encanta pensar que Hidetaka Miyazaki ha visto la película de Herzog.

Aquí nuestra crítica de Nosferatu, vampiro de la noche (1979). 

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5Drácula de Bram Stoker (Bram Stoker´s Dracula, 1992) de Francis Ford Coppola

A pesar de ser un cineasta de alto nivel por sus galardonadas películas de El Padrino Apocalypse Now (1979), Francis Ford Coppola no tenía el respaldo absoluto de los estudios a principios de los años 90, después de las complicaciones económicas durante sus últimos rodajes –El Padrino. Parte III (1990) o Apocalypse Now-, por lo que la figura de la por aquel entonces estrella juvenil Winona Ryder fue fundamental para levantar la que sería su próxima película, una vez que Columbia vio su entusiasmo por el guion que había escrito James V. Hart para una nueva adaptación de la historia del Conde Drácula. También fue crucial la actriz para las elecciones de casting de Keanu Reeves como Jonathan Harker y, sobre todo, Gary Oldman como Drácula, papel que le haría un nombre en Hollywood y entre el público, ya que hasta aquel entonces no era demasiado conocido.

Para evitar problemas que no podía repetir y de los que había salido bastante escaldado en anteriores rodajes, Coppola puso todo su empeño en cumplir con los cuarenta millones de dólares de presupuesto establecido y rodó gran parte en estudio para tener mayor control. El resultado fue un apabullante éxito de taquilla -llegando a recaudar 215 millones, cerca de su película más taquillera El Padrino (1972) con 243- y tres premios Oscar de cuatro nominaciones, hitos que volvieron a impulsar la carrera y prestigio del cineasta estadounidense.

En cuanto a la película, ha sido muy comentada desde su estreno porque bajo la fidelidad con que se intentó vender desde su propio título, se esconde una absoluta transformación en el tono e intenciones de su desarrollo argumental. La heroicidad masculina y horror gótico, se ven opacados por un inusitado melodrama romántico entre el Conde y Mina Murray -«he cruzado océanos de tiempo para encontrarte»-, que puede recordar en parte por la tensión sexual y atracción a la relación de Ellen Hutter y el Conde Orlok en el Nosferatu (2024) de Robert Eggers que comentaré a continuación. Por eso, Drácula de Bram Stoker es más bien una película sobre desamor o amor reprimido, narrada de forma lineal con flashbacks y voz en off para enfatizar ese deseo irresoluto que atraviesa el tiempo tal y como la célebre frase del Conde apunta. Pues Drácula busca a una amada que perdió siglos atrás y ahora encuentra reencarnada en la apuesta Mina.

A un lado el conocido argumento, la cinta destaca por una maravillosa realización y fotografía y, sobre todo, un presupuesto que por primera vez permitía desarrollar la historia con la solidez y extensión que merecía la obra de Stoker. Por mucha critica que pudiese acarrear por cuestiones ya mentadas, sin duda esta versión es la más conocida a nivel popular y posiblemente la culpable de que la fiebre cinematográfica del vampiro rumano se haya disparado hasta el día de hoy. De hecho, este artículo está orientado al próximo estreno de la adaptación de Luc Besson, pero este año se esperan hasta otras tres películas sobre Drácula de distintas cinematografías: Abraham´s Boys: A Dracula Story de Natasha Kermani, Dracula de Radu Jude y The Death of Dracula -remake de la cinta húngara desaparecida y mencionada en la introducción Drakula halála (1921)-.

Aquí nuestra crítica de Drácula de Bram Stoker (1992). 

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6. Nosferatu (Nosferatu, 2024) de Robert Eggers

Robert Eggers, una de las principales figuras del ambiguamente llamado «terror elevado» contemporáneo, era gran admirador de la novela de Stoker desde pequeño y ya en sus inicios cinematográficos quiso adaptarla a su manera. En 2015 llegó a sus manos la oportunidad de escribir y dirigir una nueva versión y, aunque trabajó mucho en ello, no se sentía preparado para llevar a cabo un proyecto de tal magnitud como segunda obra en su fimografía -tras La bruja (2015)-.  Una vez consolidado en la industria y público tras tres enormes películas del género como son La bruja, El faro (2019) y El hombre del norte (2021) -quizá esta es la que más se sale de él, pero no pierde la incesante atmósfera y salvaje que caracteriza a Eggers-, obtuvo la luz verde para ello y se vio preparado por primera vez.

Rodada en Rumanía, República Checa y Alemania a principios de 2023, la última película del estadounidense se posiciona como la tercera narración directa de la historia de Nosferatu en el cine, y sorprende por su capacidad de innovar y hacer propia una obra tan trillada como la del Conde Drácula. Es imposible no quedarse boquiabierto ante la imponente estética fotográfica y composición que lleva a cabo Eggers, con una planificación milimétrica del detalle visual. La secuencia de la llegada al castillo de Thomas Hutter con la aparición del carro maldito en medio del bosque es para enmarcar. Stendhal absoluto. El tono y ambientación, tan opresivos como atrapantes, lo son aquí todo; sumergen al espectador en un estado de fascinación y pesadilla raramente alcanzable en lo cinematográfico. Robert Eggers siempre sabe lo que hace.

Entrando en comparaciones inevitables, uno de los cambios más notables y cuestionados, que sin embargo a mí me resulta atrevidísimo y eficaz, es la transformación del personaje del Conde respecto a las anteriores versiones. Es cierto que hay una clara diferencia entre Drácula y Orlok, uno caballeroso y elegante a primera vista, y el otro repulsivo y terrorífico; pero lo que el nuevo Nosferatu practica es algo inaudito hasta la película de Eggers desde su propia apariencia: un ser de gran estatura, con un bigote poblado -en homenaje al Vlad el Empalador- y ropas ajadas, que parece más sobrenatural que nunca. Siempre presente de una forma u otra, con una voz imponente que hace retumbar las vísceras de cualquiera, el Orlok de Bill Skarsgard es uno de los villanos de todas las adaptaciones de Stoker más tenebrosos y tremendamente perturbadores. Aún más voraz en sus deseos carnales por poseer a la joven Ellen, de una manera que puede recordar ligeramente al romántico tratamiento de Coppola, si este tendiese más hacia un erotismo insano.

Puede que el mayor mal de la película sea que, precisamente a causa de su mayor virtud estética y atmosférica, el aspecto humano quede algo insustancial. Los personajes no brillan por su profundidad ni carisma. No se produce efecto empático, ni siquiera en momentos como la teatral y exageradísima declamación de Lily-Rose Depp -Ellen Hutter-. Amén de este impedimento, el Nosferatu de Eggers no defraudó ni un pelo. Bueno, hubo a mucha gente que sí, pero a mí desde luego que no. Otra enorme película para su, de momento, escueta colección.

Aquí nuestra crítica de Nosferatu (2024). 

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Existen otras muchas películas que adaptan la obra de Bram Stoker, pero creo que ninguna como estas seis que he repasado, aunque, claro está, siempre se puede diferir. Lo que está más claro aún es que el listón quedó excesivamente alto con la película de Robert Eggers el pasado 2024. ¡Habrá que ver si Besson da la talla!

Muchas gracias por leerme e ¡id al cine!

Sed felices.


Bibliografía:

  1. De la Información de Literatura y Cine Es Codirector del Festival de Cine Cinexcusa Comunicador Social y Periodista de la Universidad Surcolombiana, L. M. R. L. y. C. E. W. (2022, 29 julio). «Nosferatu»: cien años de la película que abrió las puertas del terror en el cine con Drácula – WMagazín. WMagazín. https://wmagazin.com/relatos/nosferatu-cien-anos-de-la-pelicula-que-abrio-las-puertas-del-terror-en-el-cine-con-dracula/#aaanosferatu-de-murnau-y-el-nacimiento-del-cine-de-terror
  2. Drácula (1931) | Historias del celuloide. (s. f.). https://historiasdelceluloide.elcomercio.es/2015/03/dracula-1931.html
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  4. Torres, F. R., & Torres, F. R. (2024, 19 febrero). El mejor remake de la historia del cine de terror cumple 45 años: 5 razones para verlo. Cinemanía. https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/nosferatu-remake-werner-herzog-analisis-5212436/
  5. Gallego, P. (2022, 10 abril). Qué ver en Filmin: «Nosferatu, vampiro de la noche», Werner Herzog realiza una magistral. . . Espinof. https://www.espinof.com/criticas/que-ver-filmin-nosferatu-vampiro-noche-werner-herzog-realiza-magistral-reinterpretacion-clasico-vampirico
  6. Explicación del final de Nosferatu, Vampiro de la Noche. (s/f). Abandomoviez.net; AbandoMoviez. Recuperado el 25 de septiembre de 2025, de https://www.abandomoviez.net/reportaje.php?id_reportaje=2868&pag=1
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  10. Frisach, E. N. (s. f.). Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992). El Antepenúltimo Mohicano. https://www.elantepenultimomohicano.com/2020/09/dracula-de-bram-stoker-1992.html

Darío Serrano Gómez
Darío Serrano Gómez
Apasionado del cine en constante aprendizaje. Me gusta ver películas y escribir sobre ellas.
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