‘The Horror Country’ era uno de esos cómics que esperaba y que deseaba tanto que estaba el primero en mi lista para Los Reyes Magos. Como fan de las teorías conspiranóicas y todo lo que hay alrededor de la temática del misterio, esta obra no podía faltar en mi biblioteca. Por desgracia, ha sido la mayor decepción que he sufrido últimamente, sobre todo por las expectativas que tenía en ‘THC’.
A pesar de la trayectoria de Salvador Larroca y el inmenso bagaje de Elena Merino y Manuel Carballal en lo que se refiere a periodismo de investigación y de ufología, algo que podía (y debía) asegurar una propuesta interesante y bien plasmada, ‘THC’ falla en los dos pilares fundamentales del noveno arte: la narrativa visual y el guion.

La sinopsis oficial de ‘The Horror Country’ es sencilla:
«La agencia de detectives THC es de las más prestigiosas del mundo, resolviendo asesinatos desde su lujosa base de operaciones, hasta que se topan con los ovnis.
Siguiendo el caso del asesinato de una espía española en 1975, Stone, Manny y Sheep se encontrarán en medio de una conspiración con tintes alienígenas que les llevará a recorrer todo el mundo… y a enfadar a más de una agencia de inteligencia.”
Antes de entrar a valorar el guion, que es lo que más palabras se va a llevar, quiero empezar por el trabajo de Salvador Larroca. El valenciano es un veterano, nadie puede negarlo, pero en esta obra lleva al extremo el uso excesivo de referencias fotográficas. Arturo Pérez Reverte, Iker Jiménez, etc. han sido tan realistamente plasmados que entramos en el territorio de ‘El valle Inquietante’, eso acaba siendo perturbador y en ocasiones saca al lector de la historia.
Sinceramente, me he encontrado con un apartado visual que me ha recordado a finales de los 90 y comienzos de los 2000 con aquellos cómics como ‘The Darkness’, ‘Witchblade’ que buscaban que cada viñeta fuese susceptible de ser un fondo de escritorio o un póster. Al tener ese estilo acaban siendo muy estáticos y en los momentos en los que hace falta mucho dinamismo acaba pasando factura.
El tamaño del cómic ayuda mucho a que el dibujo destaque y se crean imágenes que son espectaculares porque sí y no acaban ayudando a la trama. Guion y dibujo parecen ir por caminos muy diferentes.

Si el dibujo peca de lo mencionado, el guion peca de expositivo hasta niveles de encontrar un poco de viñeta entre los bocadillos de texto. Se nota demasiado que Carballal tiene mucha información que compartir, pero ha olvidado que un cómic requiere conflicto y acción, no solo datos.
La estructura de la historia es, en esencia, una peregrinación por diferentes personajes en diferentes lugares del mundo. La trama no avanza a través de la investigación activa o de descubrimientos orgánicos, sino que se reduce a los protagonistas yendo de persona en persona para que estas suelten su monólogo de turno. Es un desfile de informantes cuya única función es ser altavoces de teorías de la conspiración o datos históricos sobre el fenómeno OVNI.
En lugar de vivir el misterio, me he sentido como un estudiante asistiendo a una serie de conferencias sobre el fenómeno OVNI. El guion es una excusa para que Carballal vuelque todo su excelso conocimiento, el problema es que estamos ante un cómic, no ante un podcast o un documental.
Para los que amamos el tema OVNI, misterios y conspiraciones esto ha sido una decepción en toda regla. Este género vive de la atmósfera, del suspense y de lo desconocido, lugares en los que ‘Expediente X’ sabía moverse con inteligencia. Es cierto que Mulder solía soltar sus monólogos para explicar su punto de vista a Scully, pero eran mucho más entretenidos y orgánicos que lo leído en ‘The Horror Country’.
Más allá de eso, el guion cae en situaciones que son irreales, como lo difícil que ha sido meter a Manny inconsciente en el avión, en lugar de despertarlo antes y evitar ese problema.

El trío protagonista no acaba de calar por la construcción de personajes tan poco cuidada y en la que se gastado poca tinta. Tanto es así que la muerte de alguien importante para Stone, se cuenta durante un entrenamiento de artes marciales en el que la importancia la tiene el propio combate.
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Conclusión
‘The Horror Country’ es un cómic con unas ilustraciones espectaculares que se ha olvidado que tenía algo que contar y cuando lo recuerda, lo hace de forma atropellada y con monólogos que parecen sacado de una enciclopedia.
Una caterva de rostros inquietantes viajando por paisajes exóticos que, lejos de sumergirnos en el misterio, nos resultan meros ‘checkpoints’ por los que toda historia de la conspiración tiene que pasar.
Dejando a un lado el apartado visual, más o menos acertado, el guion es torpe y repleto de conveniencias para avanzar hasta la conclusión, porque la historia es entretenida y tenía potencial para ser interesante, pero acaba perdida entre los muchos errores que tiene el argumento.
Este es el primero tomo y la historia será continuada en un segundo, que espero que mejore en lo que a narrativa se refiere.
Eso, sí, al final de este tendremos un epilogo protagonizado por michis que ha sido divertido.
Estoy ante una de las opiniones que más me ha dolido escribir, por las ganas que tenía que me gustase ‘The Horror Country’, por ser una temática que me encanta, por estar un equipo creativo español detrás de él y por haber sido autopublicada. Una pena.
Un saludo y sed felices.



