Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a “El cómic de la semana”. Hoy destacamos La trilogía de Contrato con Dios de Will Eisner. Al final del artículo tendréis la portada y el enlace.
La trilogía de Contrato con Dios de Will Eisner
Hay cómics que te entretienen. Hay cómics que te flipan. Y luego está la trilogía de Contrato con Dios de Will Eisner, que directamente te mira a los ojos y te dice: “mira, chaval, la vida es esto y no siempre es bonita”.
Y claro, vienes con la mentalidad de “me voy a leer un cómic tranquilito”, y lo que te llevas es una experiencia que te deja un poco tocado. Tampoco roto del todo, pero sí como cuando sales de ver una peli muy buena y necesitas diez minutos en silencio para recomponerte.
Norma ha recuperado ahora este mastodonte en un pack con los tres tomos con más de 550 páginas en blanco y negro que básicamente son historia viva del cómic.

Esto no es un cómic. Es el momento en que todo cambió
Vamos a decirlo claro, aquí nació eso que hoy llamamos “novela gráfica”. Y no como etiqueta de marketing para que no te dé vergüenza leer cómics en el metro. No. Aquí nació de verdad.
En 1978, Eisner decidió contar historias adultas, con problemas reales, con personajes que no llevaban capa ni máscara. Y lo llamó novela gráfica porque quería que se tomara en serio. Y claro, le salió esto.
Una obra que no va de salvar el mundo, sino de sobrevivir en él. Que no habla de héroes, sino de gente normal intentando no venirse abajo. Que no te da respuestas, pero te deja preguntas que te acompañan bastante rato.
Dropsie Avenue, el barrio donde pasa la vida (y todo lo demás)
Las tres partes que componen la trilogía son Contrato con Dios, Ansia de vivir y Avenida Dropsie y giran alrededor de un mismo escenario, un barrio ficticio del Bronx.
Y lo fascinante es que ese barrio se convierte en protagonista.
En la primera obra ves historias concretas, humanas, muchas veces duras. De hecho, la historia principal nace del dolor personal de Eisner tras la muerte de su hija, y eso se nota. No es impostado. No es drama barato. Es real.
En la segunda vuelves al mismo lugar, pero con otras vidas, otros conflictos, como si el barrio respirara por sí mismo.
Y en la tercera ya no hablamos de personas concretas, sino del propio barrio como entidad. Lo ves crecer, cambiar, degradarse, evolucionar, como si fuera un ser vivo con mala suerte.

Lo incómodo. Aquí no hay escape
Esto es importante decirlo, porque alguien tiene que hacerlo, este cómic no es para todos los públicos ni para aquellos que buscan un final feliz.
Aquí no vienes a desconectar. Vienes a enfrentarte a temas como la fe, la frustración, la pobreza, el paso del tiempo o la injusticia. Cosas ligeritas, vamos.
Pero lo curioso es que, aun siendo duro, no es deprimente. Porque también hay humanidad, pequeños momentos de luz, gente intentando salir adelante como puede.
Es como la vida misma, pero sin filtros de Instagram.
Eisner dibujando como si estuviera contando secretos
El dibujo aquí no busca lucirse. No hay poses épicas ni splash pages para colgar en la pared. Lo que hay es narrativa pura.
Cada viñeta está pensada para contar algo. Para transmitir emoción. Para hacerte sentir incómodo o cercano, según toque. Y lo hace con una naturalidad insultante.
Porque parece fácil, hasta que te das cuenta de que no lo es en absoluto.
Un clásico que perdura (y eso es buena señal)
Que esto se siga leyendo hoy y siga funcionando dice mucho. Muchísimo.
Porque no depende de modas, ni de referencias pop, ni de giros locos de guion. Depende de algo mucho más complicado, entender a las personas.
Y ahí, Eisner juega en otra liga. Eisner tiene un don, por eso es un grande.
La conclusión es que esto hay que leerlo, aunque no te apetezca.

Contrato con Dios y otras historias de los tenements
Eisner presenta cuatro historias sobre la vida en la avenida Dropsie, un barrio del Bronx, en Nueva York. La historia que da título a la obra fue la forma en la que el autor procesó la muerte de su hija Alice, de dieciséis años.
Ansia de vivir
Revisitamos el vecindario de la avenida Dropsie para conocer más historias cuotidianas de sus habitantes y, quizás, encontrarle sentido a la vida.
Avenida Dropsie
Un barrio, como una persona, crece, evoluciona, madura, e incluso muere. A través de las historias de sus habitantes, veremos los cambios que sufre la avenida Dropsie durante más de un siglo.

Un saludo y sed felices



