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Te encontraré (Netflix). El truco de magia de Harlan Coben que ya no sorprende a nadie

Dicen que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe y, con la última producción de misterio de Netflix, el cántaro ha saltado en mil pedazos. La plataforma de streaming acaba de estrenar a nivel global Te encontraré (I Will Find You), la enésima miniserie basada en una novela del rey del bestseller Harlan Coben.

Para esta ocasión, la maquinaria ha tirado la casa por la ventana mudando sus escenarios por primera vez a los Estados Unidos y reclutando a un reparto con un perfil bastante más alto del habitual, liderado por Sam Worthington y la flamante ganadora del Emmy, Britt Lower (Separación).

La premisa, como es costumbre en estas adaptaciones, arranca con un gancho de esos que te clavan al sofá durante los primeros minutos: David Burroughs cumple cadena perpetua en una prisión de alta seguridad acusado del peor crimen imaginable: el brutal asesinato de su propio hijo de dos años.

Cinco años después de aquella pesadilla, su excuñada se planta en la sala de visitas con una fotografía actual donde se ve a un niño idéntico en un parque de atracciones. A partir de ahí, el protagonista no tiene otra opción que orquestar una huida carcelaria desesperada, convertirse en fugitivo del FBI y emprender una carrera contrarreloj para descubrir la verdad.

A simple vista, un caramelito para los devoradores de thrillers de investigación criminal. Sin embargo, una vez traspasado ese arranque imponente y con la perspectiva que da haber visto cómo se desarrollan sus ocho episodios, la realidad es muy distinta. Nos encontramos ante otra historia más cortada exactamente por el mismo patrón de siempre y donde ya nada nos sorprende, por muy inverosímil que sea.

Un arranque magnético empañado por la fórmula del ‘cascoporro’

Tengo que decir que los primeros minutos de la serie tienen una energía y una intriga que te atrapan al segundo esperando conocer más de esta historia. La desesperación de un padre que se sabe inocente y la locura de una fuga imprevista prometen un viaje de suspense psicológico de primer nivel. El problema es que el envoltorio dura muy poco.

te encontraré

Conforme avanza el metraje, la miniserie cae en esa manía tan típica de las producciones contemporáneas de suspense (sobre todo las basadas en las novelas de este prolífero autor norteamericano): ametrallar al espectador con giros de guion inverosímiles, revelaciones a contrarreloj e información a cascoporro.

Esta acumulación desmedida de pistas falsas, personajes que entran y salen sin justificación y secretos familiares sacados de la manga no es casual. Es un truco de ilusionista barato diseñado para que la trama se mueva tan rápido que no te dé tiempo a pararte a pensar. Es el clásico ‘mira mi mano derecha mientras escondo el truco con la izquierda’.

Pero cuando intentas encajar las piezas de forma madura, te das cuenta de que te están vendiendo la moto. La historia está plagada de agujeros de guion gigantescos que pasan casi inadvertidos por ese ritmo frenético, pero que terminan por destrozar cualquier atisbo de verosimilitud.

Un reparto estelar atrapado en un laberinto de absurdos

Es una auténtica pena ver el despliegue de talento que se ha desperdiciado en este engranaje tan rutinario. Sam Worthington encarna a este héroe a la fuerza con su habitual solvencia física y esa mirada de sufrimiento contenido que tan bien se le da, pero su personaje se ve obligado a tomar decisiones tan absurdas para mantener vivo el misterio que es imposible empatizar con su odisea.

A su lado, Britt Lower intenta aportar dignidad a una cuñada que parece saber más de lo que dice, pero cuyo peso dramático se diluye en un mar de subtramas innecesarias.

Incluso los secundarios de lujo, como Milo Ventimiglia o Madeleine Stowe (haciendo de una madre que parece más joven que su hijo, tenía que decirlo), se sienten desaprovechados, reducidos a meros peones mecánicos que aparecen en pantalla exclusivamente para soltar un monólogo explicativo que enrede un poco más la madeja antes de cada corte.

Al carecer de personajes de ‘carne y hueso’ con los que conectar emocionalmente, el espectador se evade por completo, transformando lo que debería ser un viaje angustioso en una experiencia fría y predecible; imposible no fijarse entonces en lo absurdo de su guion, y en la manía de liarlo todo de forma retorcida y sin sentido.

Te encontraré: La repetición de la ‘plantilla Netflix’

El verdadero pecado de Te encontraré es la repetición de recursos. Lo que hace unos años podía resultar fresco o adictivo en adaptaciones previas del autor, hoy se siente como una plantilla sobre la que sobreescribir otra historia diferente, pero con el mismo esquema. Una plantilla quemada por la saturación y que ya no sorprende a nadie.

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La puesta en escena es elegante, la fotografía cumple con los estándares de calidad industrial a los que nos tienen acostumbrados y los finales en alto (cliffhangers) están colocados matemáticamente al final de cada episodio. Pero todo se siente artificial, carente de alma y de una vacuidad narrativa pasmosa.

Los actores solo dicen sus frases y a otra cosa. Todo es acelerado porque lo que importa es que el espectador no tenga tiempo de pensar si lo que ve está bien o no; solo hay que conseguir que los giros hagan su trabajo para que siga mirando desde el sofá.

Cuando una fórmula se repite tanto sin aportar un solo matiz nuevo, el misterio deja de ser misterio para convertirse en un trámite aburrido. El desenlace, lejos de resultar impactante o catártico, llega precedido de tanto embrollo innecesario que se recibe con una mezcla de indiferencia y alivio por haber terminado el visionado.

Veredicto final: ¿Merece la pena buscar respuestas en esta serie?

Solo si eres un fan incondicional de este tipo de tramas, e incluso así, no te aseguro que no acabes dejándola a la mitad. Te encontraré es el ejemplo perfecto de cómo una premisa potente y un gran reparto pueden naufragar por culpa de un guion tramposo que confunde la complejidad con el amontonamiento de absurdos.

Si buscas un entretenimiento ligero que olvidar a los cinco minutos de encenderse las luces de los créditos, quizás le encuentres el punto, pero si valoras un thriller con poso, coherencia y respeto por la inteligencia del espectador, es mejor que pases de largo. El cántaro se ha roto y no pueden vendernos la moto porque ya no arranca.

Un saludo, y sed felices.

Lucia Hernández
Lucia Hernández
Aprendiz de todo lo que llame mi atención.
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