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¿Quién mató al turista de la bañera? ‘Si es martes, es asesinato’ el puzle perfecto para tu fin de semana

A todos nos pasa. Abres tu plataforma de streaming favorita un domingo por la tarde, te pones a hacer scroll infinito y, de repente, te das cuenta de que llevas meses ignorando una de esas joyas que se estrenaron haciendo ruido pero que, con el ritmo frenético de la televisión actual, han quedado sepultadas por nuevos lanzamientos.

Eso es exactamente lo que le está pasando a muchos con Si es martes, es asesinato, la comedia negra de misterio de Disney+ que llegó hace unos meses para demostrar que el producto nacional no tiene nada que envidiarle a las grandes superproducciones norteamericanas del género whodunit.

La fórmula del misterio clásico con detectives aficionados se traslada a las decadentes y hermosas calles de Lisboa en una propuesta de siete episodios que te va a atrapar desde el primer minuto. ¿La premisa? Un grupo de turistas españoles viaja en un tour organizado a Portugal. Lo que prometía ser una semana de fotos en el tranvía y pasteles de Belém se tuerce drásticamente cuando, a la mañana siguiente de llegar, uno de los viajeros aparece muerto en la bañera de un hotel bastante cochambroso.

A partir de ahí, la policía local quiere dar carpetazo rápido, pero cuatro de los turistas deciden que es el momento de poner en práctica todo lo aprendido en sus lecturas. ¿El principal problema? Que todas las pistas apuntan a que el asesino viaja con ellos en el mismo autobús.


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Si es martes, es asesinato: un homenaje inteligente al misterio clásico (sin oler a naftalina)

Detrás de este proyecto se encuentra la mente de Carlos Vila, a quien muchos recordaréis por ser el creador de Los misterios de Laura. Vila sabe perfectamente cómo funciona el engranaje de un buen misterio de ‘habitación cerrada’. Sin embargo, lo mejor de Si es martes, es asesinato es que huye del tono solemne y oscuro de los thrillers nórdicos actuales para abrazar el espíritu de Agatha Christie desde una perspectiva moderna, desenfadada y muy nuestra.

La serie juega constantemente con los tropos del género; los protagonistas no son profesionales, meten la pata, se meten en líos con las autoridades locales y sospechan de todo el mundo basándose en teorías delirantes sacadas de sus libros favoritos. Este enfoque hace que el espectador juegue a la vez que ellos, intentando encajar las piezas de un puzle que está deliciosamente bien diseñado.

Si es martes, es asesinato

Lo verdaderamente brillante de este homenaje es cómo la narrativa consigue desmitificar la figura del detective infalible. Aquí no hay mentes privilegiadas ni lupas analizando huellas dactilares con precisión científica; lo que hay es pura intuición caótica, discusiones absurdas a bordo de un autobús de línea y una obsesión enfermiza por aplicar la lógica de los libros de bolsillo a crímenes del mundo real.

La serie se ríe con mucho cariño de nosotros mismos, los devoradores de novela negra, atrapando al espectador en un juego de espejos donde el verdadero placer no es solo descubrir la identidad del culpable, sino ver cómo este grupo de aficionados estropea la investigación oficial una y otra vez con sus disparatadas deducciones.

El costumbrismo español como motor de la comedia

Hacer una buena comedia de misterio es jodido. Si te pasas con los chistes, rompes la tensión; si te pones demasiado dramático, aburres. La serie encuentra su equilibrio perfecto en el retrato de sus personajes. Cualquiera que haya viajado alguna vez en un circuito organizado reconocerá al instante la fauna que puebla este autocar: tensiones ocultas, falsas apariencias, matrimonios al borde del colapso y dinámicas incómodas entre desconocidos que se ven obligados a compartir mesa y mantel.

El guion aprovecha esta convivencia forzada para desplegar un humor negro brillante que no busca la carcajada fácil e histriónica, sino la sonrisa cómplice ante situaciones ridículas. Ver a este grupo intentar disimular sus secretos mutuos mientras visitan los monumentos más turísticos de Lisboa es una delicia.

Ese costumbrismo tan nuestro funciona como el verdadero pegamento de la historia porque humaniza el crimen. Las miserias cotidianas de los personajes, la envidia por el buffet del hotel, las quejas por las cuestas de la ciudad o las discusiones por el asiento del autobús, se entrelazan de forma magistral con la gravedad de tener a un asesino a menos de dos asientos de distancia.

Este choque constante entre lo extraordinario del asesinato y lo mundano de un viaje del IMSERSO, o un tour de bajo coste, genera una atmósfera única, donde la tensión se corta con un cuchillo pero siempre con espacio para el chascarrillo y la ironía castiza.

Un reparto coral que funciona como un reloj suizo

Una serie de estas características se cae con todo el equipo si el espectador no compra a los sospechosos. Por suerte, el casting es impecable. Contar con nombres de la talla de Inma Cuesta, Álex García o la inmensa Ana Wagener es jugar sobre seguro. Consiguen dotar a sus personajes de una tridimensionalidad fantástica: bajo la superficie de turistas corrientes se esconden capas de secretos, mentiras y pasados cruzados que se van desvelando con cuentagotas, haciendo que tus sospechas cambien de bando al final de cada episodio.

Si es martes es asesinato

Mención especial merece la química del grupo de ‘detectives improvisados’, que consiguen que te importen sus motivaciones personales tanto o más que el propio caso del asesinato. El acierto del elenco radica en que ninguno de ellos intenta eclipsar al resto, permitiendo que la trama funcione como una coreografía perfecta donde el sospechoso de hace diez minutos se convierte en la víctima o en el aliado más inesperado del siguiente bloque.

Los actores entienden a la perfección el tono de la serie, moviéndose con una soltura envidiable entre el patetismo cómico de verse atrapados en una investigación ilegal y el terror genuino de saber que cualquiera de sus compañeros de viaje podría silenciarlos para siempre. Es ese delicado equilibrio interpretativo el que eleva la producción y nos regala algunos de los mejores duelos dialécticos de la temporada televisiva.

¿Vale la pena el viaje?

Rotundamente sí. Si es martes, es asesinato destaca por méritos propios en el saturado catálogo actual. Es una serie fresca, muy bien dirigida por Salvador Calvo y Abigail Schaaff, que aprovecha visualmente la luz y los rincones de Lisboa para alejarse de los platós oscuros tradicionales. Con un ritmo ágil y unos giros de guion colocados con precisión quirúrgica, cumple de sobra con el objetivo principal de cualquier buen whodunit: mantenerte enganchado teorizando con quién es el culpable hasta el último maldito segundo. Si aún la tienes pendiente, hazte un favor, prepara las palomitas y dale una oportunidad el próximo fin de semana.

Darle una oportunidad a esta ficción es también premiar una forma de hacer televisión que no necesita de fuegos artificiales ni de presupuestos milmillonarios para ofrecer un entretenimiento de primerísima calidad. En una época donde los algoritmos nos bombardean con historias idénticas cortadas por el mismo patrón, se agradece una propuesta con sabor local que respete la inteligencia del público y ofrezca un misterio redondo, cerrado y sumamente gratificante.

Así que ya lo sabes: aparca los prejuicios, súbete a este autobús turístico maldito y déjate llevar por una de las intrigas más divertidas y adictivas del año.

Lucia Hernández
Lucia Hernández
Aprendiz de todo lo que llame mi atención.
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