Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso.
Hoy vamos a hablar de una película española, por lo que, como debe ser en estos casos, pido perdón. De todos es sabido que las películas españolas forman parte de algo llamado «españoladas«, en las que sólo caben travestis, prostitutas y la Guerra Civil. Lo sabemos todos. Si alguna vez te hacen una pregunta de «Pero usted…¿podría decirme cuatro o cinco películas de la Guerra Civil con prostitutas y travestis que se hayan hecho en España el año pasado?» y no sabes qué decir recuerda decir siempre YO NO VEO CINE ESPAÑOL. Así, gritando. Da igual que en los últimos años tengamos películas de Unamuno, de Ramón Mercader, del Grupo 7, o películas carcelarias respetables, adaptaciones fantásticas de Blancanieves muy superiores a las paridas en Hollywood o una de las mejores películas de psicópatas que se han hecho, da igual. Todo son putas y guerra civil. Te puedes tragar el enésimo intento de Adam Sandler de parecer un actor pero ni de coña te ves la película del Grupo 7 o Celda 211. Por ello, perdón por hablar de una película española.
Una de las cosas en las que se ha destacado en este país en cuanto a cine es en las películas de miedo. No es una cosa reciente: Chicho Ibáñez Serrador hizo un peliculón escandaloso llamado «¿Quién puede matar a un niño?» a mediados de los 70, película que despertaría la admiración de muchos directores estadounidenses como Eli Roth, director de Hostel. Pero la acumulación de éxitos internacionales a finales de los 90 y principios de siglo como Los Otros, El Orfanato o REC hicieron a bastantes preguntarse si había un estilo español de contar películas de miedo. Sí, tal y como sabemos que puede haber un Horror Japonés. Era curioso, de todos modos, que los éxitos españoles en el género del nuevo siglo, quitando REC, no eran culturalmente muy ajenos al público anglosajón. REC era un caso aparte: los edificios, los vecinos, las formas de expresarse. Todo olía inconfundiblemente a España.
Además de Amenábar y Guillermo del Toro, otros dos responsables son Jaume Balagueró y Paco Plaza, creadores de REC. Jaume Balagueró hizo en solitario «Mientras duermes«, que es la mejor representación de un psicópata que yo he visto en cine. Nada de poner en pantalla a un señor culto, superinteligente y seductor, no: puso en pantalla a un lerdo, un personaje tremendamente gris pero que quiere que una vecina de la escalera en la que trabaja de conserje deje de sonreír cuando sale por las mañanas de casa. Nada más. Sus planes son chapuceros, más de un vecino no le traga y, en fin, es un psicópata vergonzosamente real. Hay concesiones a lo artístico para que la película sea entretenida, claro, pero la idea general es la correcta, cosa que en demasiadas producciones estadounidenses es justo al revés. Paco Plaza acaba de estrenar Verónica, película ambientada en la Vallecas de los años 90, banda sonora con canciones de Héroes del Silencio e inspirada en un caso de posesión de la época. Bueno, realmente en varios, como recuerda el director.
La película como tal es muy correcta. No tiene ningún error grave, cumple lo que uno tiene expectativa de ir a ver: una película de miedo de posesiones. No comete errores y es disfrutable. Es complicado creer que pueda ser un clásico del género pero no defraudará a nadie. A veces las cosas no son horribles u obras maestras, a veces son buenos productos sin más. Creo que estamos en ese caso.
Se ha publicitado mucho su ambientación noventera y vallecana. Vallecas es el imaginario colectivo español el caso de un barrio de Madrid prototípicamente pobre, bruto, izquierdista y orgulloso. Algo sé, una de mis abuelas vivió allí en esa época. Es cierto que la ambientación está logradísima, desde las bicicletas, las ropas, los coches, las pandillas de quinquis, los anuncios de la televisión, etc. Podría pensarse que toda esta nostalgia noventera, a la que podría sumarse la también publicitada aparición de las canciones de Héroes del Silencio, es un gancho fácil para toda una generación. Pero Paco Plaza ha huído de regodearse en lo fácil en ese punto, y todo eso es simplemente lo que rodea la historia, es sutil y nada tramposo. No es un ejercicio de «pongo cosas de los 90, venid a verla y os sentís jóvenes de nuevo«. Está muy bien conseguido, salvo algún detalle menor (el peinado de la protagonista no es muy de finales de los 80-principios de los 90, es más actual que otra cosa: en esa época arrasaban los flequillos), pero son cosas insignificantes.
https://www.youtube.com/watch?v=M5yXEjp_I4s
Como ha recordado el director, Verónica trata de la adolescencia. La etapa en que empieza a haber una falta de comunicación con los padres, en los que notas que están pasando cosas en ti que no habías sentido hasta ahora. Las confusiones, los cabreos con amigos o amigas por celos de la manera más tonta, las expectativas de los adultos que empiezan a ser diferentes a las nuevas expectativas tuyas…y la soledad que uno siente, la sensación de que nadie en el mundo le comprende a uno. Estás en el centro de todo y nadie te comprende. Todo eso Paco Plaza lo ha metido en la protagonista de la historia, que tiene 15 años y no ha tenido la regla aún. Una protagonista que, en palabras de la actriz, Sandra Escacena (que tiene 16 años), parece casi igual de agobiada en su vida diaria que en los momentos sobrenaturales. Al fin y al cabo, la protagonista tiene que cuidar de sus tres hermanos menores, bañarles, organizarlos para irse al colegio, etc: su madre está trabajando todo el día en el bar. Ella no puede irse a fiestas, su amiga viene a su casa, pero ella está siempre con sus hermanos. No hay tregua que sí hay en otras películas entre momentos de sustos y momentos relajados: la película es opresiva en todo momento, no lo es menos cuando vemos el día a día de Verónica.
Toda esa tensión, ese agobio, esa camisa de fuerza diaria, sólo tiene un escape: los momentos en que ya sola escucha en su cama canciones de Héroes del Silencio, del disco Senderos de Traición (1990), que encajan como un guante en el momento exacto de la película. Siempre hubo, con Héroes del Silencio, quien decía que sus canciones no tenían demasiado sentido, pero Paco Plaza ha sabido encajar su sentido en las fases de la adolescencia y en las posesiones, todo a la vez. La elección no puede ser mejor: el director dijo que Héroes del Silencio habían tenido proyección internacional pero eran inequívocamente españoles. Está claro que él, recreando ambientes españoles en sus películas pero no siendo autista ni cultural ni cinematográficamente, tiene la misma intención.
Dentro de esa misma intención, en la película aparecen referencias y escenas en la televisión de «¿Quién puede matar a un niño?», de la que hemos hablado antes. Incluso su música aparece en un momento especialmente bien escogido en la película, con niños de por medio. Es un reconocido homenaje a una película injustamente dada de lado, pero que, como tantas cosas en las película, no se mete en medio de las cosas para molestar, acompaña sin molestar a quien no conozca la referencia. Los niños trabajan admirablemente bien, con lo complicado que es eso. No sólo es que actúen bien, es que se expresan de verdad como niños. El nivel de actuación general es bueno, pero los niños son estupendos. Cuantas veces hemos visto en series españolas niños insoportables por cómo les pintan y los diálogos que les ponen. Esta película es la demostración de que se pueden hacer las cosas mucho mejor. Ser niño no es ser un adulto pequeño idiota y repelente. Incluso cuando queremos poner un niño repelente.
La película, contándonos la adolescencia, su soledad, las nuevas emociones que nadie entiende, todo a través de una posesión relacionada con la güija (cuyo uso fue una moda muy de los años 90: ¿qué niño o adolescente no lo hizo alguna vez?), transcurre con una ambientación logradísima y buenas actuaciones en un entorno familiar de clase media-baja española. La cercanía cultural ayuda a que la tensión sea mayor. Se pueden hacer estas cosas sin brasear a nadie con «lo nuestro«, es perfectamente entendible para cualquiera pero más comprensible si vives en España. Y qué bien le sienta el rock a una película de miedo, por cierto.
Sed felices.




Enhorabuena por tu crítica. La ambientación desprende veracidad, teniendo en cuenta que no conocí aquellos principios de los 90. Por lo demás, la película de terror es normalita, muy atada a las convenciones del género. Da la sensación de que podría haber sido mucho más. Un saludo!
Estoy de acuerdo con tu critica de Veronica, que acabo de ver. Me ha parecido una excelente pelicula, si fuera americana sería de Oscar, no me extranaría.
En cuanto al cine español lo hay malo, bueno y regular, como el de cualquier país. Y aquí tenemos grandes cineastas: directores/as, actores, tecnicos, etc., asi que no entiendo ese «antichovinismo» con nuestro cine… si ademas ya muchas peliculas son co-producciones.
Asi que habria que pedir perdon por ir a ver malas películas, que las hay en todos los países.
Y eso se evita con críticas acertadas como las tuyas. Viva el buen cine y un cordial saludo.
Acabo de verla con mi hijo adolescente (16) y nos encantó por muchas razones: lo honesta que es, porque es terror español (lejos de chorradas y efectuamos) , por la protagonista (enorme) y, sobre todo por los niños (inmensos). Enhorabuena.