Dos años después de su titubeante final, volvemos a Poniente y al universo ideado por la mente maestra de George R. R. Martin. En un mundo dominado por Netflix, el fenómeno televisivo (junto a Perdidos) del siglo XXI fue la fantasía épica con dejes de telenovela familiar Juego de Tronos. Ahora es el turno de La Casa del Dragón, precuela centrada en los Targaryen.
Análisis de los capítulos de La casa del dragón.
Análisis de los capítulos de Juego de Tronos.
Análisis de los capítulos de El caballero de los siete reinos
Tras dos episodios marcados por la rápida sucesión de acontecimientos, tocaba echar el freno y regresar a la narrativa que, no olvidemos, hizo grande a Juego de Tronos. Que la batalla del Aguasnegras o la de los Bastardos son espectaculares, pero lo que convirtió a la serie en fenómeno fue la intriga palaciega pura y dura.
El tercer capítulo de La casa del dragón se titula Rhaenyra triunfante, pura ironía que retrata que para mandar no solo hace falta voluntad, sangre y dragones, sino algo más. Algo de lo que Rhaenyra, de momento, carece.
El inicio no puede ser más desconcertante. Ormund Hightower, interpretado por el imponente James Norton, se rinde abiertamente ante Daemon y le entrega al pequeño de los hijos de Alicent, Daeron, que también tiene un dragón. Ya no hay Verdes a los que derrotar. Solo queda gobernar sobre las cenizas.
Rhaenyra se encuentra un Desembarco del rey empobrecido por la falta de dinero en las Arcas, saqueadas por los Hightower. Apenas se puede mantener a la corte, que ha requisado todos los alimentos y han dejado a la plebe sin nada que echarse a la boca.
Ante esta escasez, Rhaenyra se pasa todo el episodio intentando encontrar su sitio entre la incertidumbre de unos habitantes que han vivido bajo el gobierno de los Verde y la certeza de sus aliados de que debe recompensarles por lo que han sacrificado al seguir su causa.
Y, por lo que vemos, se equivoca en ambos frentes.

Por un lado, sus prisas por coronarse le llevan a enemistarse con la Fe de los Siete, la principal religión de Poniente pese a que las creencias de los Targaryen sean distintas. Los dragones pudieron arrasar con muchas cosas, pero no con las creencias de los conquistados.
Por otro lado, se enfrenta a la baja nobleza requisando sus posesiones al restregarles que acapararon con todos los alimentos dejando a la plebe sin alimentos. Lógicamente, esto le hace convertirse en una heroína para el pueblo llano, pero la cantidad de enemigos que se ha ganado en la Corte es para mirárselo.
En lo que respecta a sus aliados, de mal en peor. Por la muerte de Jace decide apartar a su consejo de Rocadragón. Daemon le exige que utilice el poder de los dragones para someter a todos. Gobernar por miedo, no por respeto. Rhaenyra desoye invocando la figura de su padre. Daemon (no olvidemos que es su tío y, por tanto, hermano del difunto rey) señala la innegable verdad de la debilidad de un hombre que no fue capaz ni de montar a un dragón ni de atar en corto a su propia familia.
Además, a Daemon no le gusta nada la relación que se está gestando entre una Rhaenyra a la que considera (consideramos) manipulable con Mysaria.
Pero aquí no queda la cosa. Tras quedar Marcaderiva reducida a cenizas y haber perdido a la mitad de su familia, Corlys Velaryon, Mano del rey, le pide a Rhaenyra que legitime a sus hijos Alyn y Addam. Ella se niega, desencadenando la explosiva ira de su aliado más importante. Veremos las consecuencias.
No obstante, y aunque pase más desapercibido, es preocupante lo mucho que Rhaenyra subestima a sus tres jinetes bastardos. A ninguno le da lo que realmente pide, y un cambio de bando de estos hombres podría decantar la guerra hacia otro lado. Ulf no ha recibido las tierras que esperaba. Hugh no puede ver cumplido su deseo de reunirse con su familia y Addam no es reconocido como un legítimo Velaryon.

Antes he dicho que un cambio de bando de estos jinetes podría decantar la guerra. Sí, los Negros han conseguido Desembarco del rey, pero no se sabe nada de Aemond, el más peligroso miembro de los Verdes, y Ormund Hightower ha engañado a Rhaenyra por partida doble, entregando a un falso Daeron y conquistando Ladera, el puerto más importante cerca de Desembarco del rey y leal a los Negros.
Atacar Ladera implicaría arrasar a la población que le ha sido leal.
Ante esta tesitura, queda por ver cómo reaccionará Rhaenyra. Mi sensación es que nada de lo que haga en relación a esta villa saldrá bien y los Verdes resurgirán. No hay que olvidar que la familia de Hugh Martillo está, precisamente, en dicha ciudad. Huele a cambio de bando.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



