Análisis de Fear the walking dead. Temporada 4. Capítulo 5

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El episodio más romántico de toda la serie

De no ser porque sonaría estúpidamente trillado, este capítulo debería llamarse “El amor en los tiempos de los zombis”. Porque de eso trata, de manera íntegra. Todo el capítulo, de principio a fin, sin flashbacks, se centra en dos únicos personajes: John Dorie y Naomi (único nombre y sin apellidos). Me suena terriblemente sospechoso a una concesión de los productores de FTWD hacia Jenna Elfman, quizá como parte de los términos de su contratación en la zaga de los muertos ambulantes, que, admitidlo, se sale por completo de las series y filmes en los que ella ha participado. Bueno, sorprendeos (o no), que el capítulo 4×06 también gira en torno a Naomi y sus peripecias, y nos revelan más de su historia. Que nos la quieren hacer entrañable y de las favoritas. A ver cómo les va con eso. Por el momento, el maquillaje propio del apocalipsis no nos deja apreciar su bello rostro, a excepción de algunos momentos en la cabaña de Dorie, exacta y más precisamente, cuando se sienta junto al vaquero en el sofá a ver ¿¡televisión!?. Bueno, veamos los puntos sobresalientes del 4×05. Si aún no lo habéis visto, deteneos aquí.

Podéis leer todos los análisis de Fear the Walking dead en este enlace.

Miren lo que trajo la corriente

El capítulo 4×05 juega nuevamente con la temporalidad. Nos regresa unos cuantos meses o semanas, no se especifica el tiempo transcurrido, antes de la aparición de Morgan en la serie. Es decir, nos muestra la época en que John Dorie llevaba una “vida normal” en su casa, una cabaña al estilo “La casita en la pradera” (“La familia Ingalls” le decían en otras latitudes), sin ninguna complicación. Vivía solo. Y feliz. Que ya es demasiado decir en este universo. Su casita estaba construida a la orilla de un río, así que tenía agua y alimentos acuáticos en abundancia. Cómo sabéis los zombis no pescan, así que Dorie tenía todo el equipo, completo, para dedicarse a la pesca y mantenerse en buenas condiciones (¡hasta un buen corte de pelo tiene!). Eventualmente sube a su canoa y rema río arriba, hasta llegar a un pequeño puente, lugar de desembarco e ingreso a un poblado que al parecer se ha salvado del saqueo y el pillaje. El buen Dorie es tan educado que cada vez que toma algo de alguna tienda, apunta en una hoja las cosas que tomó, da las gracias y desea un buen día. Así de buen tío es. El único problema es que los zombis disfrutan dejándose llevar por la corriente río abajo, hasta llegar a las proximidades de la cabaña del vaquero, en donde se apean y tratan de hacer un asalto anfibio. Dorie ha tenido la precaución de excavar un foso en el suelo, que corta el camino a los zombis y les hace caer en él, donde son cristianamente lobotomizados (si me entendéis). Sólo un tablón al estilo puente levadizo conecta la cabaña con el río. Así que Dorie, entre partidas solitarias de Scrabble, llenar la cisterna con agua, pescar y freír peces, hacer palomitas de maíz y ver televisión (películas, claro, pero de dónde proviene la energía eléctrica es algo que no explican), ¡ah! y un ritual que lo vemos practicar varias veces, consistente en limpiar un par de revólveres en forma meticulosa, que luego guarda con devoción en una caja, debe ocuparse cada tanto en salir a las proximidades de la ribera y matar cuatro o cinco muertos. Es en una de esas salidas rutinarias cuando encuentra, inconsciente y semi ahogada mujer, que ¡Milagro!, no se ha convertido en zombi. Rescatarla y llevarla al interior de la cabaña es cuestión de segundos para el gratamente sorprendido John Dorie.

When Dorie met Naomi

Una vez en la seguridad de la cabaña, Dorie revisa sus brazos, cuello y tórax en busca de mordidas de zombi, y no encuentra ninguna, pero si un corte profundo que está a punto de infectarse en su abdomen. Por el momento sólo limpia la herida y la cubre con tela. Las horas de sueño la reaniman y por fin despierta, sobresaltada al encontrarse en el interior de la cabaña. En el transcurso del capítulo no nos explicarán cómo llegó al río en aquellas tristes condiciones, a pesar de las preguntas que Dorie continuamente le hace. Al final del capítulo, terminaremos conociendo más al vaquero que a la desconocida. Dorie trata de tranquilizarla y finalmente la herida en su abdomen la distrae. Se da cuenta que el desconocido la ha cuidado bien. En pocos minutos abre alguna posibilidad de establecer un puente de confianza, cuando le da indicaciones a Dorie sobre como suturar la herida. El, por las indicaciones precisas que ella le da, adivina que es enfermera o médico, algo que ella no niega ni afirma. Cuando el se presenta como John Dorie, ella no se presenta, así que el no tiene otra opción que decir “Tienes cara de Laura… te llamaré Laura”. Y ella nuevamente no le responde.  Vamos, que os deis cuenta de que el se abre con la facilidad de un libro y ella se mantiene hermética. Así es como Dorie conoce a “Laura”.

Esos pequeños detalles que hacen una vida

No es posible decir con exactitud cuántos días permanece “Laura” en la cabaña de Dorie, pero con el paso del tiempo, ella se va dando cuenta de que es un buen tipo. El acondiciona el dormitorio y coloca una simple cortina frente a la cama, para que ella tenga toda la privacidad que necesita y se traslada al sofá. Le enseña a pescar; la lleva al pueblo, donde ella se apropia de un bolso que atiborra con cinta adhesiva y artículos de primeros auxilios; por las noches juegan Scrabble y ven televisión, pero él percibe que ella está ansiosa por marcharse. Sólo una cosa le confiesa ella, como muestra de apertura: ha perdido una hija por culpa de los zombis. Una mañana él le advierte que si va a salir a caminar por los matorrales detrás de la casa que lleve un calzado a prueba de serpientes, y le proporciona un par de botas, que le deja en el dintel de la puerta, pero ella no las usa. Para él se convierte en una señal de que ella no pretende quedarse por mucho tiempo. Cada vez que entra o sale de la casa encuentra las botas allí donde él las ha dejado. Dorie comienza a sentir los dolores del amor no correspondido. Con más frecuencia se sienta afuera de la cabaña y limpia con más ahínco el par de revólveres, sin ánimos de entrar a la casa en donde ella día a día se recupera cada vez más.

Los zombis rompen la tensión entre Dorie y “Laura”

Cierta mañana Dorie advierte que los zombis están apareciendo con mayor frecuencia en las aguas del río. Decide hacer una exploración río arriba, y “Laura” lo acompaña. El lleva el par de revólveres. Tomad nota que esto es importante. Descubren que el alambrado que aísla al pequeño puente en el pueblo se ha roto y por allí caen los muertos caminantes. Un vehículo volcado en medio del río parece ser el causante del daño en el puente, y Dorie le pregunta a “Laura” si fue así como ella llegó a quedar inconciente en las aguas. Ella no responde, pero es obvio que Dorie tiene razón. El alambrado estaba bien antes de que ella apareciera, y su aparición coincidió con la del vehículo volcado en el río. Además, el hecho de que ella se haya ofrecido a colaborar en la reparación del puente muestra cierto grado de culpa. Entre los dos atraviesan un vehículo en el puente para impedir que los zombis caigan cuales sacos a través del alambrado roto, pero en medio de aquella operación son rodeados por los muertos que deambulan por allí, y “Laura” apremia a Dorie para que use sus armas. “No, le contesta él, las armas sólo empeoran todo”, y se defiende con un rudimentario cuchillo. Al final logran salir del apuro y regresan a casa. Por la noche ella lo cuestiona. ¿Por qué cuidar con tanto esmero esas armas si no las usa cuando se necesitan? Al final el cuenta sus motivaciones. Antes del colapso de la sociedad, era policía. En sus tiempos libres trabajaba como vaquero de entretenimiento familiar. Pero cierta vez le tocó cubrir un atraco. Llegó al lugar y quiso contemporizar con el asaltante. Viendo que no podía convencerlo de entregarse le dispara a la pierna, sólo para herirlo levemente. Pero el atracador se mueve y la bala perfora una arteria vital. El tipo se desangra en cuestión de minutos y muere. Sin embargo, lo que mas le molesta a Dorie es que después de aquello se haya convertido en un héroe local. Decide retirarse y no volver a usar armas, y por eso cree que éstas sólo empeoran todo. Sin embargo, en pocos minutos tendrá que tragarse sus palabras, porque en el puente se ha reunido una gran cantidad de zombis y logran mover el vehículo, volviendo a despejar el camino hacia el río. Una horda se dirige directamente a la cabaña y Dorie y “Laura” deben salir a defender el foso. Rápidamente son superados en número y “Laura” cae al foso infestado de muertos caminantes, prácticamente sin esperanzas de poder sobrevivir. En ese momento aparece Dorie con sus armas. El amor le ha hecho superar el trauma experimentado, y casi sin apuntar despacha a todos los zombis, rescatando íntegra a su amada.

Y una vez lograda la sanación, la sanadora se va

Dorie ha logrado superar brillantemente el trauma que le impedía empuñar y usar un arma. Ahora hasta le da una “Laura” y junto con el obsequio viene la confesión. Declara que no importa si ella se quedará o se irá, pero el debe decirle que la ama, y que espera que se quede. Ella lo besa y pasan la noche juntos. Al día siguiente el se despierta en la cama, solo. Se levanta y sale al porche. Las botas ya no están y “Laura” ha dejado en su lugar sus viejos zapatos deportivos. Además, ella a usado las fichas de Scrabble para dejarle un breve adiós. Para él es imposible ya quedarse en la casa, nuevamente solo.

Así que se marcha. Se lleva las fichas que ella tocó y sale en su búsqueda. Por eso le vemos tan ansioso en el capítulo 4×01 de hablar con quien sea y preguntar por “Laura”. Locura total, pues nadie más que él la llama con ese nombre. Esta es la historia que Dorie le cuenta a Morgan, antes de decidir que si, siempre si, volviendo al presente, van a ir tras de Alicia, Luciana y Víctor, para ver en que termina la confrontación con los buitres. Por supuesto que la motivación única de Dorie es que ya tiene la certeza de que “Laura” es la misma Naomi que ha vivido en el estadio, y debe averiguar si realmente murió en el incendio del complejo deportivo.

El capítulo siguiente tampoco despejará esa incógnita aún.



el autor

Ex colaborador de Las cosas que nos hacen felices al que agradecemos su tiempo y su aportación. Muchas gracias.

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