Con un primer episodio cargado (quizás demasiado) de revelaciones y reencuentros, se largó la octava y última temporada de Outlander, serie de Starz que, creada por Ronald D. Moore y basada en la exitosa saga de novelas de Diana Gabaldon, es emitida para España por Movistar+ y para América Latina por Disney+.
Hola otra vez, forasteros y viajeros del tiempo. Después de haber transitado en el medio la precuela Outlander: Sangre de mi Sangre (de la cual pueden leer aquí los análisis de un servidor), aquí estamos para analizar la octava temporada de Outlander, cuyo primer episodio se titula El Alma de un Rebelde.
Una temporada que, recordemos, es la que da cierre a la serie después de casi doce años de que se emitiera su piloto y que, para bien o para mal, tiene menos episodios que la anterior (diez) y no viene dividida en dos partes como ocurriera con la misma. Y un episodio, quizás como consecuencia de ello, demasiado cargado de información…
Pero pasemos mejor ya mismo a ver qué ha ocurrido en este inicio de temporada no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis anteriores…
Preguntas sin Respuestas
Habíamos quedado al final de la temporada anterior con Claire (Caitríona Balfe) y Jamie (Sam Heughan) enterándose que su hija Faith podría llegar a estar viva. Pero la alegría por la noticia dura poco, pues al ubicar al traficante que en su momento entregara a Frances y Jane a un burdel en forma de pago, este cuenta descaradamente que degolló al capitán del barco, padre de las niñas, y arrojó por la borda a su esposa al intentar protegerlas, presuntamente Faith.
Lo cuenta con total desvergüenza creyendo que Jamie es alguien interesado por entrar al negocio, pero Claire no puede soportarlo e, incumpliendo la palabra dada a su esposo de no intervenir, le entierra un cuchillo entre las costillas retorciéndolo con saña hasta darle, todo ello mientras Jamie se encarga de su socio, hasta el momento mero espectador.
El desaliento se apodera de ambos. Claire no siente ningún arrepentimiento por haber matado al traficante, salvo por no haberlo hecho sufrir lo suficiente, y se pregunta qué vida habrá llevado Faith o si habrá muerto sin que nadie que la amara o pensando que había sido abandonada. Jamie la consuela con que al menos llegó a tener una familia que la quisiera y una parte de ella, de todas formas, les ha llegado a través de Frances, lo cual no puede ser sino una bendición.
Pero la pregunta que más se hace Claire es por qué le quitaron su hija al nacer y si el Maestro Raymond habrá tenido que ver con el hecho. Una pregunta que, de momento y quizás por algún tiempo, seguirá sin respuesta…

Santuario
Estamos en 1779, tres años después de la independencia norteamericana. No todo el territorio está sin embargo en manos del ejército continental, pues hay sitios aún bajo control británico como Savannah, en Georgia, que es hasta donde precisamente la pareja se ha llegado en busca de datos sobre el paradero de Faith para encontrarse, como hemos dicho, con la peor noticia.
Pero las coincidencias hacen que allí también se halle Fergus (César Domboy), a quien Jamie está feliz de volver a ver y que tiene otra vez una imprenta, aunque manifiesta verse ahora obligado a mostrar una mayor imparcialidad o incluso simpatía por los británicos llegado el caso. Jamie, sin embargo y con sorprendente facilidad, encuentra tras las tablas publicaciones de tono sedicioso y revolucionario. Teme que los británicos no tengan piedad de Fergus si lo descubren y este replica que procurará entonces que no lo hagan…
Pero Savannah parece una especie de santuario para los británicos y todos están allí, incluso Lord John Grey (David Berry) y un alcoholizado William (Charles Vandervaart), traído por un casaca roja a casa del anterior a fin de que confirme si es realmente el noveno conde de Ellesmere, como dice.
Luce abandonado y devastado, principalmente por la muerte de Jane, a quien no pudo proteger. Ha renunciado al ejército e ido tras el capitán Richardson, pero sin éxito. Y, para hacer todavía más desolador el panorama, se entera de parte de John que su primo Benjamin ha fallecido como víctima de un brote de tifus mientras estaba prisionero, dejando detrás de sí un bebé llamado Trevor, que se encuentra allí llevado por la viuda Amaranthus (Carla Woodcock).
William manifiesta sorpresa de que Ben estuviera casado o tuviera un hijo y desconfía de la presunta viuda, a la que califica sin filtro como “maldita mujer” oportunista sin saber que se halla allí oyendo todo. Ofendida y tras soltarle en la cara unas cuantas cosas, da media vuelta y se marcha. Arrepentido, él va luego a pedirle disculpas y pareciera nacer entre ambos alguna conexión que habrá que ver adónde lleva…

Libros del Futuro
Vueltos Claire y Jamie a Fraser´s Ridge, se reencuentran allí con Ian (John Bell) y Rachel (Izzy Meikle-Small), que espera un niño. El momento es desde ya muy emotivo y encima Ian es tan bueno y perfecto que no solo ha hecho una casa para su propia familia, sino también una para sus tíos, con amplias habitaciones e incluyendo una para la pequeña Frances (Florrie May Wilkinson). Con sobrinos así, quién necesita hijos…
Por otra parte, hay ahora en Fraser´s Ridge un puesto comercial, a cargo de un tal Mr. Crombey (Antony Byrne) y de su socio Charles Cunningham (Kieran Bew), militar inglés retirado que dice haber combatido en Saratoga, lo que significa que él y Jaime han estado allí en bandos enfrentados. Tiene ahora un discurso antibélico y culpa a la guerra de todos los males, pero algo en él no termina de convencer a Jamie, que no parece creer su supuesta “conversión”.
Los reencuentros continúan y se aparecen también Brianna y Roger (Sophie Skelton y Richard Rankin), acompañados obviamente de sus hijos Jeremiah (Matthew Adair) y Mandy (Rosa Morris), nieta a la cual los esposos Fraser recién conocen.

Si con el anterior reencuentro había emoción, este directamente desborda y es lógico, pues ni Claire ni Jamie tenían idea de que los jóvenes esposos anduvieran de paseo por el siglo XVIII. Surge alguna referencia a Rob Cameron y Jamie cae en la cuenta de que debería esconder el oro, pero no se habla mucho más de él.
Un incidente se produce cuando la señora Cunningham, enviada por su hijo Charles, se llega a la casa para llevar a Claire corteza de quina que esta ha solicitado. En la puerta tiene un choque con Mandy, a la cual trata muy mal y la niña no se queda atrás al compararla con la Bruja Malvada del Oeste, lo cual le vale una bofetada antes de que la anciana se marche escupiendo menciones al infierno.
Por otra parte, los visitantes del siglo XX han traído libros como obsequios sin que parezca importarles demasiado si eso genera algún desbarajuste en el tiempo. Claire recibe la decimotercera edición del Manual Merck de Medicina para actualizar sus conocimientos y Jamie un ejemplar de El Señor de los Anillos que, interpreto, debe ser una edición con los tres libros compendiados ya que no se lee subtítulo alguno en la cubierta. Pregunta si Frodo Baggins es un galés…

Pero hay algo más y es un libro que, como el capítulo, se titula El Alma de un Rebelde. Un estudio histórico sobre las raíces escocesas de la independencia americana escrito nada menos que por Frank Randall, de quien Claire nunca supo que lo hubiera terminado. Brianna dice que intentó leerlo, pero no consiguió pasar de la primera página.
Cuando Jamie se pone a leerlo, le produce incomodidad la fotografía que aparece en la solapa, pues cae en la cuenta de que Claire jamás le dijo lo mucho que su esposo se parecía al infame “Black Jack”. Ella se justifica en que en aquel momento solo hubiera generado intranquilidad y nunca se dio después la situación para hablarlo.
Él pregunta pues si se puede confiar y Claire responde que es un historiador y no tiene por qué fraguar los datos. En concreto, lo que preocupa a Jamie es que ha encontrado en el libro catorce referencias a su persona y, según dice, morirá el año próximo en la batalla de Kings Mountain…
Balance del Episodio
No sé si será que esta última temporada tiene menos episodios o que aún quede en los libros demasiado material que hay que meter con calzador, pero la sensación es que, para ser un primer capítulo, ha habido demasiada información. Así, algunos momentos terminan careciendo del valor emotivo que podrían en otro contexto haber tenido, ya que se suceden vertiginosamente y de tal modo que cada uno va opacando al anterior sin alcanzar ninguno de ellos el desarrollo que nos haría sentir emocionalmente comprometidos…
Es muy fuerte, por ejemplo, que los Fraser se enteren que su hija está muerta cuando se acababan de enterar hacía poco que estaba viva, pero ni ellos (que por cierto se cargaron dos asesinatos y no parece ser siquiera anécdota) ni nosotros tenemos tiempo de asimilarlo, porque ya enseguida tenemos el reencuentro con Fergus y, poco después, con Ian y Rachel, que a su vez se diluye con la llegada de Brianna y los suyos. Por momentos, la sensación es de estar viendo un episodio final y no uno de inicio de temporada.
Quizás en otro contexto, y con más capítulos, se hubiera podido dedicar uno a cada una de esas situaciones, pero aquí queda todo demasiado apretujado mientras que, de manera paradójica y por contraste, el contexto histórico (quizás considerado superfluo para cerrar satisfactoriamente la historia) sigue tan difuso y carente de desarrollo como en los últimos episodios de la temporada anterior. De hecho, y a riesgo de ser cargoso, me sigue sorprendiendo la despreocupada tranquilidad con que se mueven todos en un escenario que debería ser de conflicto.
¿Nadie busca a Jamie, por ejemplo? ¿Cómo puede con tanta facilidad entrar y salir de una población controlada por británicos? Ni qué hablar de William, que abandonó el ejército del mismo modo que si hubiera dejado un trabajo como mozo en la cuadra. ¿Nadie lo busca? ¿Nadie sospecha? ¿Tan fácil se podía en esa época salir del ejército británico y andar moviéndose a las anchas por las colonias? Dificil creerlo…
Como difícil es también creer ese cliffhanger final que nos anuncia la muerte de Jamie para el próximo año. Es como el antiguo cuento de Pedro y el lobo, donde el problema no era solo que el pastorcito mintiera sistemáticamente, sino que además contaba siempre la misma mentira…
¿Hasta cuándo seguirán las muertes falsas o falsamente anunciadas? Ya tuvimos una de Jamie en Culloden, otra a futuro en un incendio junto a Claire y una más en un supuesto naufragio. ¿Alguien puede pues realmente creer que la serie vaya a terminar con Jamie muriendo en King´s Mountain? Ignoro si todas esas falsas muertes están también en los libros, pero la repetición tan sistemática de ese recurso narrativo cansa y produce hartazgo, además de revelar poca imaginación. Acaba siendo como un chiste que deja de ser gracioso la segunda vez que se lo cuenta…
Y tampoco me creo del todo que Faith esté muerta. Ya dice bastante el hecho de que solo sepamos de ello por el testimonio de un traficante, pero además, y si atendemos bien a sus palabras, nunca dijo haberla matado, sino que la echó por la borda. Distinto era el cantar si decía haberla degollado, como se jactó de hacer con el esposo…
Por último, la irresponsabilidad de Brianna y Roger sigue a la orden del día, sobre todo por lo poco que parecen pensar en posibles catástrofes relacionadas con el tiempo. Traerle a Claire un manual de medicina del siglo XX no parece gran idea, como tampoco obsequiar a Jamie un ejemplar de El Señor de los Anillos que podría perfectamente algún día ser encontrado por alguien que lo copie textualmente y publique, quizás un siglo y medio antes que Tolkien…
En fin, la octava temporada de Outlander se ha largado y repite muchos de los problemas de agotamiento que venían arrastrando las anteriores y, muy especialmente, la séptima. Y este episodio con el cual se abre no solo repite recursos ya utilizados hasta el hastío, sino que además apretuja todo como si hubiera prisa por contar el final.
Aun así, y quizás pecando de ingenuo, intento conservar la esperanza de que los nueve episodios que restan para terminar la serie nos tengan reservada siquiera alguna sorpresa que, al menos de momento, no se ve…
Les espero para analizar el próximo. Hasta entonces y sean felices…



