Análisis de Predicador. Temporada 3. Capítulo 10. Final de Temporada

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Bienvenidos, fieles seguidores del final nuclear. Lo sé, lo sé, merezco la ira del mesías (de cualquiera de ellos) por no haber escrito este análisis a tiempo. Os lo compensaré con creces, lo prometo. Tanto, que no me voy a enrollar, y os voy a dar directamente el análisis del último capítulo de la tercera temporada de Predicador. Como siempre, tenéis en este enlace todos los análisis anteriores. Y ahora, observemos la luz celestial del final de temporada descendiendo sobre nosotros.

Más el viajero que huye…

Este ha sido, con diferencia uno de los mejores momentos de Predicador. Innecesario para hacer avanzar la trama, si. Pero brillante. Ese joven Jesse Custer, vigilado por Dios y Satán, sabiendo que se mueve entre la frágil línea que los separa ambos. Demasiado malo para ser un Custer, demasiado bueno para ser un L’Angelle. Y después de todo, de todos los años, de todos los malos ratos, vuelve al lugar que le corresponde a hacer lo que debe. Devolviendo el color a lo que era gris, y con una determinación que no se sabe muy bien si siempre ha tenido, o alguien le ha dado.

Con Génesis de su parte, Jesse Custer está preparado para enfrentarse a su pasado y todos los que lo conforman. Podría haberse cargado a Jody, pero todos sabemos que el ego es el lastre del Predicador, y quiere acabar con él con sus propias manos. Y lo consigue. Con dos palabras Jody muere. “Estoy orgulloso”. Porque puede que Jody matara a su padre, pero, en parte, también lo fue. Su padre en la violencia, la muerte y el dolor. Elementos en los que Jesse se siente cómodo. He de decir, que es una acierto la forma de matar a T.C. Han sabido construir ese personaje tan típico de Predicador, que ni es bueno ni malo ni todo lo contrario, y todos lo amamos. Y al final, es él mismo es que decide morir. T.C. sabe que, como Jesse, es a la vez puro y maligno. Y que no hay lugar para él fuera de Angelville. Lloré al verlo sonreír por última vez.

Como no, se resuelve todo a hostias, y me encanta

El último cabo suelto de Jesse es matar a su abuela. Pero el nuevo trato de esta con Satán dice que si Jesse la mata, ella irá al cielo, y el alma de su nieto la sustituirá en los dominios del fuego. Pero ¿Y si Jesse no la mata? Así es. Sin almas que absorber, destruidas por su propia mano y la voluntad de Génesis, Madame L’Angelle morirá de forma natural. Y entonces… Bueno, todos queríamos ver morir a la vieja bruja a manos de Jesse, y el Preciador no está aquí para negarnos eso ¿Verdad?

De santos, demonios y nazis

En la autopista al infierno, las cosas se han puesto feas para… Bueno, para todos. El Santo de los Muertos y el Ángel de la Muerte luchan contra un grupo de nazis, mientras en el autobús, Tulip y Eugene se pelean con Hitler y los suyos por salir con vida. Tras la acción caótica y descarnada que caracteriza la serie, la escena presenta a Tulip atrapado por la parca, y a un Eugene tenso por la situación, siendo atacados por el cañón de un tanque disparado por el Pistolero. Si os soy sincera, por mucho que me gusten las formas del Ángel de la muerte, no acabo de pillar muy bien el fondo del personaje. Y tampoco se muy bien a que atenerme con el Pistolero. ¿A quien sirve? ¿Que piensa? Un par de personajes algo desaprovechados. Por suerte, Dios aún tiene algo que decir en todo esto.

Caminos separados…

Dios advierte a Tulip sobre el peligro de Cassidy, y le permite marchar con una condición: Jesse Custer no puede encontrarle nunca, para que Génesis no interfiera con el plan Divino. El caso es que la forma de plantearlo tiene sentido, pero, si Dios no es más que un capullo ¿Que más da si sus planes se van al traste? El Pistolero se carga al Ángel del Infierno, y decide llevar a Eugene y a Hitler de vuelta al infierno.

Pero no creáis que eso es todo. Porque en un giro inesperado de los acontecimientos, el Pistolero se carga a Satán. Si, lo mata. Las normas han cambiado, y ahora empieza el roadtrip que os prometí, donde Euegene y el Santo van a buscar al Predicador, mientras en el infierno Hitler se sienta en el trono.

El Unicornio o la luz

En la guarida de los pringados, Eccarius aun tiene una propuesta para un agonizante Cassidy: unirse a ellos, o arder por la luz del sol, fumar la pipa de la paz (literalmente y en forma de unicornio) o morir. Y Cassidy elige el unicornio, la vida y la sangre humana. Así que el Rey Pringado solicita un nuevo adepto a su rebaño, y la dulce y sospechosa ancianita se ofrece voluntaria, y allá que van los vampiros a cenarsela. Mis diceces (mis miles, en realidad) a la musiquilla a lo Harry Potter que se oye por detrás en el momento en el que Cassidy y Eccarius se acercan a Miss Rossen.

El adiós del Rey Pringado

Por supuesto, Cass lo tenía todo preparado. Él mismo convirtió a todos tras hacerles ver que Eccarius los estaba matando. Y así, devorado por sus discípulos Eccarius, El Rey Pringado, ve su fin, mientras Cassidy vuelve a su triste y solitaria existencia… rodeado de vampiros pringados. Cass está a punto de correr a los brazos de Tulip cuando esta le llama, pero Hoover aparece en escena. Y con él, los miembros del Grial dispuestos a destruir a los neofitos, y llevarse a Jesse.

Herr Starr elimina a Hoover y retiene a Cassidy, mientras Tulip y Jesse se encaminan a por él, sin saber que Starr ha decidido, para satisfacción, retomar su papel de villano, y terminar con el mundo. Sí. Así si.

Ahora sí, Herr Starr. Ahora sí

La opinión de Sofía

La mejor temporada, para mí. Divertida, rápida y con una dinámica entre el trío protagonista. Por supuesto, ha tenido sus puntos flojos, y, como siempre, dejan muchos cabos por atar. Pero ¿No amamos Predicador por eso? ahora solo queda especular, si llegamos a tener una cuarta temporada, que ocurrirá en ella. Porque a día de hoy, la serie sigue en el limbo de las renovaciones.

Lo echo de menos

Mientras esperamos noticias, solo deciros que si viene una cuarta, será épica, y la tendréis aquí, como siempre. Mientras tanto, yo vuelvo a mi celda del infierno, a limpiar mis pistolas y esperar al Predicador. Hasta entonces… sed felices. 



el autor

En mis ratos libres soy la Chica Ardilla

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