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Análisis de Sé lo que hicisteis el Último Verano. Temporada 1. Episodio 7

Nueva entrega de Sé lo que hicisteis el Último Verano y, por lo tanto, nuevo análisis semanal. La serie, creada por Sara Goodman y basada en la novela de Lois Duncan, se emite por Prime Video.

Bienvenidos a un nuevo análisis de Sé lo que hicisteis el Último Verano, hoy para analizar el séptimo episodio de esta primera temporada cuyo título, que recién cobra sentido hacia el final, es Si solo los Perros pudieran hablar.

No ha habido nuevos asesinatos en esta entrega (parecieran alternarse), aunque sí algunos hechos muy escabrosos y relaciones que aún no terminan por verse del todo claras mientras una falsa paz parece haber llegado a la pequeña localidad de Wai Huna. Hay, además, mucho erotismo para fanservice y, ahora sí, Hawái para turistas a granel.

Pasemos a analizar el episodio, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA, ni dejar de recordarles que pueden echar ojo aquí a nuestros análisis anteriores.

Néctar Sagrado

La primera escena nos muestra cómo un machete secciona un panal de abejas para dejar caer miel sobre el cuerpo sin vida de Lennon: es la sustancia viscosa que vimos al cierre de la entrega anterior, a la que la voz en off de Clara llama néctar sagrado.

sé lo qué hicisteis el último verano

Mientras unta el cuerpo con lésbica y necrofílica dedicación, explica que el mismo es necesario para que la profecía se cumpla y la joven pueda entrar al más allá perfecta y libre de impurezas. Luego le introduce por la oreja una de las arañitas comedoras de cerebros a la que espanta con fuego para que vaya hacia el interior: según dice, ello limpia la mente y libera al cuerpo de todo dolor y culpa.

Volvemos al presente y vemos otra vez a Clara entrando en la cueva con el cuerpo inerte de Riley, mientras anuncia que está subiendo la marea a un Dylan que no se sabe si mira dolido, incrédulo o furioso: quizá las tres cosas. Lo cierto es que después veremos a Clara limpiando el machete en el mar.

Llamado Telefónico y Operativo Policial

Margot y Alison discuten acerca del asesino. La primera insiste en sospechar de Dylan, no solo por su misteriosa y repentina ausencia sino también porque le gustan las cabras y, según dice, “las cabras tienen ojos diabólicos”(sic). La segunda, en cambio, mantiene que la asesina es Clara, a lo que Margot le replica echándole en cara que solo defiende a Dylan por el “sexo vergonzoso” (sic) que han tenido (no olvidemos que sigue creyendo que Alison es Lennon).

 

Un momento de tensión se genera cuando le suena el móvil a Alison y cabe la posibilidad de que sea Dylan: ella echa una mirada y una sombra cubre su rostro, aunque descarta el llamado sin agregar ni explicar mucho.

Luego, ya en soledad, llama por su cuenta y nos enteramos que quien lo hizo antes era su madre, la cual, obviamente, cree que es Lennon. Manifiesta haberlo hecho porque ella antes la había estado queriendo contactar; con tono frío y cortante le dice que no vuelva a hacerlo porque no quiere saber nada con ella. Una voz infantil de fondo revela que tiene un hijo, lo cual impacta claramente en Alison.

No pudiendo contenerse, esta pone al tanto a Margot de que su madre nunca se suicidó, sino que sigue viva y en pareja con el tal Fred Philips que fuera padrino de la boda y a quien viéramos en aquella fotografía del episodio anterior. Margot quiere llevar el caso a la policía porque es ilegal fingir la propia muerte, pero a Alison no le gusta la idea y, de hecho, carga con idéntico pecado.

Mientras tanto, la comunidad está sacudida por los asesinatos y amenaza con una cruzada popular para cazar a la bruja (licencia mía en este caso). Lyla intenta calmarlos con que están tras la pista de Clara y que posiblemente esta tenga como rehén a Riley, de quien, claro, desconocen aún su muerte. Hablando luego en privado con Bruce, muestra culpa por no haber actuado en consonancia cuando Courtney fuera a pedirle por su hija. Él también parece sentirse culpable de no haberla ayudado, aunque se lo ve más interesado en su café y sus sandwiches.

Alison, que sabe de la cueva y de que Dylan ha visto a Clara allí , habla con su padre y este, finalmente, llama a la policía para decirles que sabe de un lugar en que podría estar la asesina.

Lyla dirige un operativo que encuentra los restos del ritual del néctar y un par de cuerpos embadurnados: uno es el de Riley que, en escalofriante imagen, luce como una estatua de mascarón de proa; el otro el de la propia Clara, de quien se dice que se autoasfixió con miel.

Dylan, en tanto, reaparece en casa de Margot y reconoce haber estado en la cueva cuando Clara trajo el cuerpo. No se sabe si está turbado o si oculta algo y su rostro no deja entrever mucho porque Ezekiel Goodman parece competir con Bill Heck (Bruce) para ver quién actúa peor (pierde claramente).

De Duelo

Ahora que la comunidad está convencida de que la asesina ya no existe, se celebra un funeral conjunto para todas las víctimas. Momento surrealista: Margot le deja como recuerdo a Johnny un ticket para Ariana Grande diciendo que fue su primer concierto juntos; Alison agrega que “todos los futbolistas son un poco gays” (sic).

Lyla se sigue culpando (y con razón) por no haber escuchado a Courtney, mientras Bruce, con llamativa naturalidad, replica que Clara venía tramando sus crímenes desde hacía veinticinco años. A ella no le termina, sin embargo, de cuajar el asesinato de su ayudante Doug, quien ni siquiera sospechaba de Clara.

Dylan se lamenta por no haber sido mejor amigo para Riley y, siempre enigmático, afirma que quienes han partido ya no sienten dolor y son libres: un discurso que lo acerca bastante a Clara y su culto.

Aloha

Tres semanas después, Alison, Margot y Dylan se reencuentran en un festival hawaiano y si yo me quejaba de que faltaban elementos que nos hicieran sentir en Hawái, aquí nos bombardean con todos los estereotipos juntos: ukelele, collar de flores, hula y aloha. Gracias: tampoco pedía tanto.

Margot viene de un centro de rehabilitación por el mukbang pero parece que no por drogas: se la ve convidando alegremente pastillas de éxtasis mientras Dylan inhala algo que, según dice, es recetado, en tanto que alecciona a una niña acerca de la importancia de las abejas.

Lyla, en pleno orgasmo con Bruce dentro de un baño químico (no lo recomiendo), no se entera de nada. La sensación es que la paz regresó a la comunidad: repito, sensación.

Margot, sin embargo, nunca ha dejado de desconfiar de Dylan y vive un momento de tensión cuando este se sumerge con Alison en las aguas del mar y tardan en reaparecer, escena nocturna de playa con reminisicencias de Tiburón. De hecho, a ellos dos se los ve cada vez más íntimos y terminan con escena de videoclip erótico-soft cuando él la lleva a casa y, tras amagar con irse, se le termina metiendo por una ventana.

El problema es que Alison se termina sincerando y le cuenta a Dylan quién es. Si esperaba que reaccionara bien por haber tenido finalmente sexo con la muchacha de la cual estaba enamorado, es más bien lo contrario: se enfada de que ella le haya mentido durante tanto tiempo y lo haya hecho sentir culpable de lo ocurrido; tampoco puede ya verla como la Alison que conocía.

Ella le repregunta quién es él, a lo que responde que es alguien que jamás quiso ser. Alison quiere saber qué pasó con Clara en la cueva, pero él se marcha. El contrapunto actoral es brutal: lo de Madison Iseman es magnífico; lo de él da vergüenza ajena y la coincidencia de apellido con la showrunner no deja de ser sugerente.

Visitante Nocturno

Lyla quiere llevar su relación con Bruce a un plano más formal e incluso le pide un diamante. Él no se muestra muy interesado y, muy convenientemente, se marcha al recibir un llamado telefónico que le sirve como pretexto. Momentos después se encuentra con su ex esposa, la madre de las gemelas, a quien por fin le vemos el rostro: ella le recrimina que debió decirle de la muerte de su hija y él que no debería mostrarse cuando se supone que está muerta.

Mientras tanto, un sujeto desconocido y encapuchado irrumpe en casa de Margot y, cuando ella está buscando a su perro, la estrella contra un cristal que atraviesa por completo y queda hospitalizada. A su madre, sin embargo, le dice que se ha tropezado con el perro.

Alison, conmocionada, va a visitarla y Margot le cuenta la verdad, reavivando la idea de que quizás Clara no fuera la asesina: “si solo los perros pudieran hablar” se lamenta, en relación a que su mascota pueda quizás ser el único testigo que haya visto el rostro del agresor.

La escena termina volviéndose íntima, con lo cual Alison parece cada vez más empecinada en apoderarse de la vida de Lennon e incluso de sus afectos. En un momento de la noche, sin embargo, Margot le toca las cicatrices de la ingle y menciona que son idénticas a las de su hermana. El rostro de Alison revela que está dudando si cometer un nuevo sincericidio y, habida cuenta de lo ocurrido con Dylan, me da la sensación de que esta vez se mantendrá en silencio.

Balance del Episodio

Como dijimos al principio, fue una entrega sin asesinatos, aunque lo de Clara (paradójicamente) se ve muy turbio y no entra ni con calzador lo de la autoasfixia con miel. Que Dylan oculta mucho es algo que ya es harto evidente, tanto que sería demasiado obvio que él fuera el asesino o el agresor de Margot: a propósito y quienquiera haya sido, ¿por qué no la mató? En cuanto a Alison, recién desconfió de Dylan cuando él se vistió y se marchó intempestivamente de la habitación: punto en contra para ella, no así para el excelente trabajo de Madison Iseman.

Lo que es un milagro absoluto es que Lyla siga al frente de la policía local: ¿ni siquiera fue capaz de preguntarle nada a Bruce sobre por qué sabía lo de la cueva? ¿Ni una sospecha siquiera? Pues ahora resulta también que los jóvenes se pasan drogas a la luz del día mientras ella tiene sexo en el baño químico.

Por cierto, la cantidad de escenas eróticas o semi-eróticas empieza a agobiar: cuatro en este episodio y algunas con bastante morbo.  ¿Lesbianismo y necrofilia en una misma escena?  Ni Pasolini se atrevió a tanto…

El enigma de las muertes sigue sin resolverse y si en algo tiene razón Lyla es en que la de Doug no cuaja en absoluto. Hay una historia de relaciones entre Bruce, su ex esposa, Lennon, Dylan, Clara y el tal Philips que, de momento, no acaba por revelarse en sus detalles; y allí, seguramente, reside la explicación del enigma.

También cabe la posibilidad de que haya más de un asesino o que el agresor de Margot sea otra persona enteramente diferente. Por cierto, la capucha sobre su cabeza me hizo, por primera vez, remitir a la película de 1997 (¿veremos más adelante el gancho de carnicero?). Lo que está claro (valga la redundancia) es que Clara no se suicidó.

La historia, en definitiva, logra todavía mantener el interés y si hay que destacar algo es que, más allá de clichés y situaciones estereotipadas, no aburre: punto más que hace innecesaria la carga erótica.

Veremos qué nos depara el próximo episodio y si nos enteramos de algo más: estoy seguro que sí. Y si se sigue cumpliendo la regla de la alternancia, probablemente alguien muera.

Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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