InicioSeriesAnálisis de Tales of the Walking Dead. Temporada 1. Episodio 5

Análisis de Tales of the Walking Dead. Temporada 1. Episodio 5

Nos queda solo un episodio para cerrar esta primera temporada de Tales of the Walking Dead y la verdad es que esta quinta entrega, cuyo título es Davon, mantiene el buen nivel de las dos anteriores además de ser muy perturbadora en su planteo. Creada por Scott M. Gimple y Channing Powell, la serie de AMC ofrece una mirada distinta dentro de la franquicia al apelar a un formato antológico y autoconclusivo.

Si algo viene demostrando Tales of the Walking Dead es intención de no solo contar en cada episodio historias diferentes sino también de plasmar propuestas estéticas y narrativas igualmente diferentes. Y así como dijimos que el anterior había sido el de corte más filosófico, este fue sin dudas el más terrorífico. Suena redundante decir eso para una serie y una franquicia que en definitiva responden al género, pero se trata verdaderamente de una historia de terror dentro de otra y no casualmente ubicada en Maine, donde transcurren la gran mayoría de las historias de Stephen King, para esta altura referente obligado de la cultura popular.

Pasemos ya mismo entonces a analizar este quinto episodio no sin dejar de advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni de recordarles que pueden echar ojo a nuestros análisis previos tanto de esta como de las otras series de la franquicia…

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Davon

La historia comienza con un hombre llamado Davon (Jessie T. Usher), que en plena noche despierta en un bosque atacado por un caminante. Por fortuna, la boca de este se ve bastante cerrada y como si estuviera soldada, así que logra sacárselo de encima, pero tampoco tanto, porque… están esposados.

Lo primero que habremos pensado muchos es que se trata de un policía al que el apocalipsis ha sorprendido llevando a un detenido (¡ey, no es mala idea para algún episodio!), pero ya sabremos que la realidad es otra, aunque nos llevará su tiempo porque durante buena parte del episodio no tenemos idea de qué está pasando y a decir verdad Davon tampoco: casi una versión siniestra de Resacón en Las Vegas...

Él tiene un ojo enrojecido y una fea contusión en la cabeza. El caminante al que está atado, en tanto, es mujer y, de modo extraño, pareciera estar plenamente consciente y hablarle o, al menos, emitir sonidos que podrían ser interpretados de tal modo, pero básicamente le acusa de asesino. Y no solo ella: pronto el lugar se llena de gente con antorchas que, con idéntica acusación, le andan a la caza en una escena que remite a tanta persecución de monstruo vista en el cine…

Los flashbacks van reconstruyendo la historia de Davon no solo para nosotros sino también para él. Nos enteramos que va camino de Montreal y ha perdido una pierna (lleva una ortopédica) cuando, de paso por Maine, es atendido y auxiliado por dos hermanas que hablan intercalando palabras en francés y que, según le ponen al tanto, forman parte de una comunidad cerrada de tal ascendencia que reivindica como suya la zona antes de que los británicos se la quitaran, situación que Davon reconoce como “familiar”.

Sus nombres son Amanda (Embeth Davidtz) y Nora (Loan Chabanol): la primera de ellas tiene un niño pequeño llamado Garen y la segunda, con quien Davon comienza a desarrollar una relación especial, uno adolescente llamado Arnaud (Gage Munroe) ambos primos serán claves en la historia.

Pero cuando Davon sale de los flashbacks y regresa al presente, se encuentra amarrado contra un poste ante una comunidad que ha decidido su linchamiento y le exige decir el paradero de los “niños desaparecidos”, uno de los cuales es precisamente Garen.

Davon no sabe de qué hablan y su estado de conmoción tampoco le permite recordar mucho, apenas imágenes aisladas o insistentes frases sueltas, algunas en francés como “je verrai” (veré) y otras en inglés, como “sometimes murder is mercy” (a veces el asesinato es misericordia). Con su sentencia ya escrita, lo introducen en un vehículo que comienza a ser aplastado por una grúa mientras a su cabeza siguen acudiendo recuerdos que van rearmando las piezas y grita desesperado al recordar que Garen está vivo…

Se genera una disputa interna entre los miembros de la comunidad. Mientras Nora y algunos otros quieren detener la ejecución, el resto considera que Davon solo intenta ganar tiempo. La cosa termina en lucha abierta y la confusión es aprovechada por él para huir mientras los flashbacks nos llevan a una habitación con niños esposados pero ya muertos, a excepción de uno que es justamente Garen, al cual Davon libera.

Quien lo tiene cautivo es su primo Arnaud que, al igual que su madre Amanda, recita la cantinela sobre el asesinato como acto de piedad: matar a los niños para que no tengan que sufrir el destino que el apocalipsis zombie les depara. Y no es solo Arnaud: la propia Amanda es parte de tal atrocidad y descubre a Davon al momento de liberar a su sobrino, que huye por las escaleras.

Sale a correr tras él y Davon tras ella, logrando colocarle el mismo juego de esposas que le quitara a Garen y así quedan unidos hasta que, forcejeando, ambos caen y ella da con su rostro contra un recipiente con ácido: el caminante del principio era entonces Amanda y ahora entendemos el porqué de su aspecto y de las esposas. No encaja mucho que hablara o fuera consciente, pero ello pareciera ser más alucinación de Davon que realidad.

Je Verrai

Al llegar Arnaud y encontrarse con su madre muerta, golpea a Davon con un bate de béisbol y así se explican tanto su ojo rojo como su confusión posterior. En la única zona oscura del episodio, no se entiende por qué no acaba de rematarlo: quizás lo creyó ya muerto o lo dejó a merced de Amanda para cuando reanimase. Por lo pronto, en la siguiente escena y en otro momento muy Stephen King, vemos a un Davon maltrecho que pide ayuda mientras carga en brazos el cuerpo de Amanda a través del bosque (muy fácil de relacionar con Cementerio Viviente).

Vuelto al presente, le vemos dirigirse a la casa en que tenían cautivos a los niños y encontrarse con Arnaud que, recitando siempre su siniestra apología del “asesinato piadoso”, le amenaza con un cuchillo. Davon, con el mismo bate con que fuera golpeado, logra reducirlo y desarmarlo mientras se encuentra con el siniestro espectáculo de una fosa con niños convertidos en caminantes.

Pronto comienzan a llegar el resto de los parroquianos que siguen con la intención de ajusticiarlo, pero por fortuna para Davon, el pequeño Garen, que acaba de reencontrarse con su madre, lo reconoce como su salvador y, en cambio, delata a Arnaud como autor de los secuestros y asesinatos.

Davon recrimina a todos por haber estado a punto de ejecutarlo cuando era inocente y sin darle chance de demostrarlo: les arenga acerca de que aún hay vida y esperanza. Parecieran tocados, pero es una sensación fugaz: lo que ha cambiado es el destinatario del odio general y no el concepto, pues acaba linchado Arnaud que, en escalofriante escena, es arrojado a la fosa de los niños zombies para que den cuenta de él.

Mientras Nora queda abrazada a su hijo, Davon se marcha y su rostro lo dice todo: posiblemente la humanidad ya no tenga arreglo. “Je verrai”, dice como sentencia final…

Balance del Episodio

Vaya: hemos visto una gran entrega y da pena que solo quede una porque la serie se ha ido poniendo intersante con cada episodio y, a la larga, pareciera que los dos primeros fueran los más flojos en el balance.

La forma de narración de este es claramente diferente a los anteriores, ya que se ha elegido el camino de la deconstrucción a partir de los retazos sueltos e inconexos que se nos presentan al principio. La estética de los flashbacks ha estado también muy interesante, con escenas cortadas como “mal editadas” y cámara en movimiento de estilo deliberadamente amateur: una gran representación de lo que pasa a Davon por su cabeza y sus problemas para reconstruir lo sucedido.

Por cierto, gran trabajo de Jessie T. Usher, quien en los últimos tiempos ha sido conocido por un personaje enteramente diferente como el velocista A-Train en The Boys. El resto están correctos, aunque a mi gusto algo sobreactuado Gage Munroe (Nobody, The Shack, Hotel Transylvania) que no termina de dar con el perfil psicópata de Arnaud.

El método de la deconstrucción nos lleva a pensar en un whodunit, pero es bastante más que eso: el episodio acaba por ser una reflexión acerca de la humanidad misma, la justicia rápida o los linchamientos populares. Por horrendos que sean los crímenes de Arnaud, la comunidad no se ve muy distinta al momento de castigarlo y, a la larga, cargan con su mismo discurso del asesinato como misericordia.

Es un episodio, además, lleno de referencias, como las ya mencionadas a Stephen King y a Maine, pero también las hay a la franquicia misma, pues todo bate nos hace remitir a Negan en TWD y más aún cuando, en una escena de roles cambiados, Davon lo sostiene ante un Arnaud arrodillado y suplicante. Hay, por otra parte, una atmósfera muy reminiscente de los filmes o series de M. Night Shyamalan, no solo porque por algún rato no tenemos idea de qué está pasando sino porque, además, la comunidad, aislada, autónoma y con sus propios criterios de justicia, retrotrae a El Bosque o a Wayward Pines.

En definitiva, me ha parecido un gran episodio: me gustaría conocer vuestra opinión. Quedamos, a la espera del de cierre de temporada que, se me ocurre, tendrá algún impacto muy especial: ya veremos qué nos tienen preparado. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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