Se estrenó la tercera temporada de The Walking Dead: Dead City y analizamos los dos primeros episodios cuyos títulos son Costa da Morte (sí, en gallego) y La Ofrenda. Creada por David Zabel, la serie spin-off que sigue en la Europa postapocalíptica a Daryl Dixon y Carol Peletier tiene ahora como escenario a España y puede ser vista en AMC+.
Hola otra vez, caminantes y sobrevivientes. Quizás antes de lo que pensábamos (o será que las plataformas nos han acostumbrado este último tiempo a prolongadas pausas entre temporadas) nos encontramos otra vez analizando un episodio de The Walking Dead: Daryl Dixon o, mejor dicho, dos.
Pido al respecto disculpas por no hacerlo por separado, pero créanme que se hace muy difícil encontrar tiempo cuando se están cubriendo tantas series (echen un vistazo a la web si cren que miento) y lamentableemente no pude la semana pasada llegar con el análisis del primero, así que aquí van dos y lo importante es que estamos de vuelta con la más europea de las series de la franquicia, de la cual habíamos adelantado en nuestro último análisis que tendría un corto paso por Inglaterra para llegar finalmente a España.
Advierto que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA e invito, si lo desean, a echar ojo a nuestros análisis previos, ya sea de esta o de las demás series de la franquicia.
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El Juego del Calamar
Habíamos dejado a Daryl y Carol por última vez cruzando el Eurotúnel desde Francia hacia Inglaterra y, en efecto, les vemos ahora caminar por tierra inglesa mientras se sorprenden de la ausencia tanto de sobrevivientes como de caminantes. Ya están entrando en Londres (lo cual significa que han caminado bastante) y la ciudad luce igual de desolada que todo lo demás, con las hiedras enseñoreándose del Big Ben o del Puente de Londres mientras en las calles no se ve un alma y un cartel advierte cuidarse del calamar.

Pero no todo es lo que parece y en el momento más inesperado, caminantes empiezan a surgir de entre la vegetación, como también de las clásicas cabinas telefónicas o los característicos autobuses. Pronto Daryl y Carol se hallan rodeados sin posibilidad de escapar hacia adelante o hacia atrás. Se desembarazan de los que pueden, pero son demasiados y el panorama se ve complicado hasta que logran refugiarse en un antiguo edificio.
En uno de los apartamentos, alguien que ha decidido ahorcarse pende zombificado de la soga y, por alguna razón y después de quizás años allí, se cae en el preciso momento en que ellos llegan. Tampoco es que sea el único zombie en el lugar, por lo que Carol y Kane deben dar cuenta de toda una familia antes de apoderarse por default del apartamento.
Dos días después de su llegada, oyen ruidos en el balcón y se encuentran con el único sobreviviente que ven desde que pisaran suelo inglés. De hecho, él se define a sí mismo como “el último británico en la isla”, lo cual no nos consta, pero así lo afirma y es un personaje bastante particular como no podía ser de otra forma con el tiempo que debe llevar en soledad.
Su nombre es Julian Chamberlain (Stephen Merchant) y bromea con que nada tiene que ver con aquel primer ministro británico cuya torpeza facilitó la expansión de la Alemania nazi y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Les cuenta que “el calamar” es la forma local (es decir para esa altura solo suya) de referirse a los caminantes y que se desprende de una conocida rima cockney. No entendí mucho, pero la cosa es que traban amistad con él y así les pone al tanto de que tiene un barco, lo cual genera de parte de Daryl un interés poco sutil.
Buscando animarle con que en América hay más sobrevivientes, logran convencerle de que les lleve a través del Atlántico después de mentir cierta experiencia en navegación que no tienen. El hombre queda en encontrarlos al otro día a las diez de la mañana y cuando Daryl pregunta cómo demonios sabrán la hora, les dice que simplemente la sabrán. Con puntualidad británica, toca a esa hora las campanas que desvían a la marea zombie y de esa forma pueden salir del edificio y llegar hasta el Támesis, donde se halla amarrada su embarcación.
Julian es afecto a decir cosas obvias, como que el Támesis es un río o que la popa es la parte trasera del barco, y no parece además muy ducho en navegación transoceánica, aunque después de un corto momento de angustia por no saber dónde están, consigue determinar que llevan buen rumbo y van en viaje hacia Norteamérica, cuyas costas podrían tocar en un plazo que podría mediar entre once y diecisiete días, lo cual provoca la felicidad de la pareja.
Náufragos
Pero una tormenta viene a complicarlo todo. La vela se atora al tratar Daryl de plegarla y Julian se golpea la cabeza contra un mástil al intentar ayudarlo. No estando él pues en condiciones, la pareja tiene que hacerse cargo del timón, pero las condiciones del mar no ayudan y acaban naufragando en una playa que no conocen, pero que definitivamente no es Maine, Toto…
Carol se ha golpeado también la cabeza y está algo afiebrada, por lo que le cuesta fijar la visión. Cuando cree haber encontrado a Julian mirando el mar, resulta que este ya está convertido en caminante y no tienen más remedio que acabar con él y verle tristemente flotar en las aguas al despedirlo.
Recorriendo el lugar a los fines de hallar alguna referencia sobre dónde se hallan, un cartel en las cercanías que hace referencia a la Costa de la Muerte les pone al tanto de que están en España y más concretamente en Galicia, lo cual viene a significar que se han desviado bastante del rumbo que llevaban.

En la noche, Daryl descubre que el origen de la fiebre de Carol es una fea herida que se le ha infectado en la espalda, la cual busca cauterizar con whisky antes de extraerle los fragmentos de metal que la atormentan. Y si la herida de Carol no fuera ya suficiente problema, misteriosos jinetes munidos de antorchas y luciendo astadas osamentas a modo de máscaras se hacen presentes en el lugar para saquear y destruir el barco mientras Daryl mira la escena oculto y cubriendo la boca a Carol para que no les delate en su delirio febril.
En procura de alimento, sale al otro día a cazar un conejo y se cruza con un vehículo en el cual viajan hombres armados, de los cuales se oculta. Al regresar junto a Carol, se preocupa al no encontrarla y, cuando finalmente lo hace, esta se halla junto al río espiando con mirada de ensoñación a una joven pareja que se besa. Daryl, en cambio, fija su atención en las cosas que llevan consigo
La romántica escena, de todos modos, se interrumpe cuando, desde la ubicación privilegiada en que ambos se hallan, ven cómo un grupo de hombres, a los que Daryl reconoce de inmediato como los que viera instantes antes, se abalanzan contra la pareja con malas intenciones. Echando pues mano de su ballesta, da cuenta de todos menos de uno, que alcanza a escapar.
Al acercarse a los jóvenes, se enteran que sus nombres son Roberto (Hugo Arbués) y Justina (Candela Saitta), además de que, muy convenientemente) vienen huyendo de algo que aparentemente temen. Daryl les dice que necesitan medicamentos para la herida de Carol, pero eso les implica volver atrás y definitivamente Roberto no quiere aunque, un poco por la fuerza y otro poco por una mejor predisposición de parte de Justina (en definitiva les acaban de salvar la vida), terminan aceptando.
La Ofrenda
Llegan entonces a una comunidad ficticia llamada Solaz del Mar, a cuya entrada les recibe una muchacha llamada Paz (Alexandra Masangkay), la cual, desde su caballo, les pregunta con desconfianza quiénes son pero, al ver a Roberto y Justina con aparente sorpresa de que hayan regresado, termina pidiéndole a un tal Gustavo (Pedro Bachura) que les franquee la puerta.

Se trata de un pueblo bien tradicional (la localización es en Sepúlveda, aunque la ficción lo ubique en Galicia), del cual pronto se les presenta su alcalde, un tal Federico de Rivera (Óscar Jaenada), que les da la bienvenida pero por otra parte, siendo tío de Justina, regaña a la joven pareja por haberles tenido preocupados toda la noche y desaparecer justo un día antes de “la Ofrenda”.
En el lugar tienen medicamentos y Daryl obtiene de parte de Federico permiso para pasar la noche y partir al otro día. El padre de Roberto les presta su casa y los afiches en las paredes lo sindican claramente como fanático del western spaghetti: “un filme terrible, pero encantador” dice a propósito de Adiós Gringo, título bastante del que Carol nunca habrá oído hablar, pero que no puede seguramente evitar relacionar con la presencia allí de ella y Daryl.
Con el día siguiente, ven arribar un convoy al que todos allí identifican como procedente del Alcázar. Según les ponen al tanto, ese sitio representa el último vestigio de la Corona española y al frente de la comitiva hay un tal Guillermo Torres (Gonzalo Bouza), al cual se refieren como próximo rey y que ha venido además acompañado de una joven muchacha llamada Elena (Greta Fernández) que, según dicen, será su reina.
La razón de su presencia allí es proveerles de armas, alimentos y medicamentos pero también, en compensación o tributo, venir a llevarse a una de las muchachas del pueblo, con lo que entendemos la razón por la que huían Roberto y Justina. El ritual, que se celebra cada año, tiene reminiscencias bastante feudales y parece alguna variante del derecho de pernada, aunque más definitivo ya que, por lo que se sabe, de las muchachas elegidas por el tal Guillermo nada vuelve a saberse.
El modo de seleccionar la chica es, por otra parte, de lo más insólito, pues consiste en una carrera de cerdos en la cual cada uno de los mismos lleva atado el nombre de una de las candidatas. Realizada la misma y leído el nombre que lleva el cerdo ganador, la muchacha termina en este caso siendo una tal Alba (Hada Nieto), lo cual significa un gran alivio para Roberto y Justina, pero no tanto para Alba y su madre. Daryl ironiza tristemente con que “parece que esta vez hemos esquivado la bala”.
Por la noche hay celebración con características semejantes a las Fallas valencianas, aunque el propio Federico dice que allí no hay solo gallegos sino refugiados y sobrevivientes de todas las regiones de España, un crisol cultural del cual se jacta y que, según él, resume a una España “impulsiva, violenta y caótica, pero culta y orgullosa” que alguna vez, recuerda, dominó el mundo.
En un lugar apartado, Paz y Elena, quienes se habían intercambiado miradas sugerentes durante el día, se encuentran en intimidad y resulta que tenían una relación desde antes, al parecer trunca desde el día en que la segunda se convirtiera en “la ofrenda”. Daryl, que siempre tiene platea preferencial para todo, las observa desde la distancia y, desde luego, es el único…
Durante la cena de agasajo a Torres, Carol (a quien sabemos que toda separación de madre e hija afecta muy personalmente) tiene la mala idea de cuestionar la costumbre de la ofrenda diciendo que no siempre las tradiciones son necesariamente buenas, lo cual genera un momento de tensión que alcanza su punto álgido cuando la madre de Federico se le acerca para increparle que gracias a esa costumbre que tanto critica es que han logrado mantener viva su comunidad y si conoce una forma mejor, pues que simplemente se la diga.
Carol se llama entonces a silencio, pero la tensión no acaba porque por allí anda el sobreviviente del grupo armado que el día anterior se les cruzara en el río y que, entre un grupo de matones, señala a Daryl reconociéndole. Este se oculta pues entre las callejas mientras ellos le buscan y, haciéndose de un machete, sale de la oscuridad cual Jason Voorhees para dar cuenta de cada uno de ellos hasta que solo queda el que le delató pidiendo clemencia mientras cuelga de la muralla. ¿Tendrá piedad Daryl? No, qué va… es Daryl. Simplemente le corta los muñones haciéndole caer sobre los caminantes que pululan abajo. Y se queda mirando un rato, encima…
Balance de los dos Primeros Episodios
No se puede negar que la tercera temporada ha comenzado entretenida, aunque también algo inconexa con respecto a la anterior y, paradójicamente, repitiendo algunos de sus errores. La sensación es casi como que Daryl y Carol jamás hubiesen pasado por Francia, sino que estuviéramos asistiendo a un tour europeo con tramas autoconclusivas para cada país a visitar.
Inglaterra, por ejemplo, fue un fiasco. Habíamos adelantado que el paso por allí sería corto, pero nunca imaginamos que tanto. Y por más impacientes que estuviéramos de ver la acción trasladada a España y felices de que finalmente así sea, también es cierto que Londres quedó tan desaprovechado como Julian, un personaje que pintaba interesante, pero que en consonancia con el estilo de la serie, se encargaron una vez más de despachar apenas presentarlo.
Y nos quedan, desde luego, montones de preguntas de ese paso por tierras británicas. ¿Por qué murieron allí todos y por qué se concentraban todos los zombies en un único barrio londinense? ¿Por Julian quizás? Y de ser así, ¿cómo se mantuvo vivo? ¿Era realmente el último británico? Todo eso quedará sin respuesta…
Lo de España se perfila para durar bastante más y muy probablemente toda la temporada, algo que ya sabíamos considerando que se ha estado en el último tiempo rodando por varias localizaciones del país. Creo que nunca la franquicia se vio tan luminosa y con tonos tan claros, en abierta contraposición con la lobreguez de los escenarios franceses o la New York de The Walking Dead: Dead City.
La apertura, que esta vez viene con guitarra y palmas, nos pone en clima de inicio y las referencias al western spaghetti (cuyas películas se filmaban mayormente en España) no solo son deliciosamente nostálgicas sino que además parecen anunciar el tono general de una temporada que pinta para tributo al género.
Desde ya que pueden hacer chirriar ciertos estereotipos de la hispanidad, pero no fue diferente en Francia ni tampoco en Inglaterra, al menos durante nuestro fugaz paso por allí. Pero por suerte, eso sí, la mezcla de diferentes tradiciones (gallegas y valencianas, por ejemplo) cobra sentido de acuerdo a la explicación dada por Federico y podríamos incluso seguir viendo otras…
¿No suena tentador un un encierro de caminantes en modo San Fermín? ¿O una tomatina buñolera en que el rojo no permita diferenciar sobrevivientes de caminantes o si dicho color procede de los tomates o de la sangre? Madre mía, ahora que lo pienso, da para mucho y ojalá lo sepan aprovechar: sería divertido…
La trama, por lo menos hasta aquí, se ve demasiado unívoca y lineal. Cuando no está en pantalla Daryl, está Carol o bien los dos. Ello ayuda a potenciar la extraordinaria química que consiguen Norman Reedus y Melissa McBride, aunque no estaría mal que la cosa se fuera complejizando un poco. No es necesario, por ejemplo, que Daryl esté siempre en el lugar justo para ver todo: alguna vez podría sorprenderse. De cualquier manera, celebramos la vuelta de ese Daryl puro hielo y capaz de cortarle los muñones a su enemigo de turno para dejarlo caer sobre una turba zombie…
Y si hablamos de actores, qué bueno ver en la franquicia a Óscar Jaenada, cuyo personaje aún no terminamos de definir si es villano o no. La impresión es que lo será más bien el tal Guillermo Torres y no estoy tan convencido de que, como dijo Daryl, se haya esquivado la bala. Se me ocurre que de algún modo acabará echando el ojo sobre Justina. Y si hablamos de villanos, ojo que aún hay que ver de qué la van los misteriosos jinetes de osamenta si, como presumo, vuelven a aparecer.

Y saludable es que hayan echado mano de un elenco español en su casi totalidad, creo que con la única excepción de Candela Saitta, que es argentina. Ello ayuda a dar credibilidad, aunque sigue siendo sorprendente cómo Daryl y Carol tienen siempre la suerte de encontrar gente que hable inglés vayan donde vayan.
En definitiva, no ha sido un mal comienzo si hacemos un balance, aunque el segundo episodio fue claramente superior al primero. España da un tono especial a la serie y a la franquicia, lo cual no está dicho desde un patriotismo exasperante y rayano en el chauvinismo (quien escribe, de hecho, no es español) sino por todo lo que la rica cultura y los paisajes hispánicos ofrecen como marco en cuanto a las posibilidades que abre a la franquicia (hasta donde sé, se ha filmado también en Sevilla, Zaragoza y Madrid).
Lo que esperamos es que no quede todo esto completamente olvidado con la próxima temporada en aras de una nueva trama autoconclusiva en la próxima parada del tour europeo. El “fantasma” de Isabelle fue prácticamente el responsable de que Daryl no muriera dentro del túnel y ahora ella ya está casi olvidada. Laurent y Nash partieron en vuelo con destino a América: ¿lograron llegar?
Ojalá en algún momento tengamos esa respuesta. Mientras tanto, les espero para analizar el tercer episodio. Hasta entonces y sean felices…




Es muy cutre un pueblo de Galicia, que se ve a leguas que no lo es .las fallas alli jajaaj .la vaquera de Barcelona todo muy cutre el guion malo malo ,lo mismo de siempre daryl haciendo amigos muy flojo todo a pesar de ser mi pareja favorita de walking dead es la peor serie en Francia Inglaterra y de momento España
La tercera temporada la subieron por Amazon ?
Hola Marcela. Sí y no. Porque la temporada es exclusiva de AMC+, al cual se puede acceder desde Prime Video pero, según tengo entendido, implica una suscripción aparte, como una especie de plus dentro de la suscripción. Un saludo y ojalá puedas verla de alguna forma…
Hola Juan: gracias por comentar! En el artículo digo justamente que hay cosas que pueden hacer chirriar en la supuesta representación de la hispanidad. De todas formas, lo de las Fallas es lo único que fue precisamente justificado desde el argumento, pues Federico explica durante la cena de agasajo que Solaz del Mar no es un pueblo de gallegos, sino un crisol de sobrevivientes de toda España, lo cual le daría sentido: no está mal que al menos se hayan esforzado en explicar por qué hay Fallas en Galicia.
De cualquier forma, coincido en que hay muchos detalles flojos que continúan los que ya traía la segunda temporada. Un saludo y muchas gracias por el aporte!