Ya resta un único episodio para el final de esta tercera temporada de The Walking Dead: Dead City y, eventualmente, de la serie. El séptimo y penúltimo, que hoy nos toca, lleva por título Reloj de Arena e introduce un giro especial al convertir inesperadamente en villano a uno de los personajes de la temporada que mejor nos venía cayendo. Creada por Eli Jorné, la serie es emitida por AMC+.
Hola otra vez, caminantes y sobrevivientes. Aquí una vez más para analizar otro episodio de The Walking Dead: Dead City que, en sorprendente coincidencia con el último que me ha tocado analizar de Star Trek: Strange New Worlds (la otra serie semanal que estoy cubriendo en este momento) hace referencia en su título a un reloj de arena.
Y no parece casual la referencia si tenemos en cuenta que estamos ya contando los minutos que nos quedan (un único capítulo) mientras nos preguntamos si será el final de la temporada o de toda la serie. A juzgar por lo que dejan entrever los avances, parece más lo segundo que lo primero.
Este penúltimo episodio viene lleno de adrenalina y redefine algunas cosas con un giro quizás demasiado abrupto en relación a uno de los personajes. Pero pasemos mejor a ver qué ha ocurrido, no sin antes recordar que pueden en esta web leer los análisis previos, tanto de esta como de las demás series de la franquicia.
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Lo que pasó con Dillard
Después de que Hershel les cayera al resto con la noticia de que Negan había matado a Fabian (lo cual vimos) y cortado la cara a Dillard (lo cual no vimos), regresamos un poco hacia atrás en el tiempo y vemos precisamente a Negan en el bar justo después de meterle el tiro en la cabeza a Fabian y de que Renata partiera en busca de ayuda.
A pesar de la advertencia en contrario, Dillard entra y se encuentra con la escena, pero no queda tan consternado al ver a Fabian en el piso sin vida como al ver a uno de sus caminantes con la cabeza atravesada por una bala. Le pregunta a Negan si fue él y este responde afirmativamente, pero no pierde tiempo en explicarle que fue un accidente y, en cambio, le impele a salir ya mismo por hallarse ya cerca de su límite.
Lejos de hacerle caso, Dillard saca un cuchillo y ello termina con la paciencia de Negan que, dejándolo ya sin mascotas, dispara al único caminante que le queda. Anonadado, Dillard echa a correr pero, antes de ir en busca del resto, se mete al cuarto de baño y, en una de las escenas más gore vistas en primer plano en la franquicia, se rebana con el cuchillo mientras profiere un alarido de dolor y la sangre le corre rostro abajo…
Treinta y Cinco Minutos
Anoticiada Maggie de los sucesos, no puede dar crédito y menos aun cuando Renata la pone al tanto de que ya antes Negan había matado a la Dama. Lo que menos encaja es el ataque a Dillard, pero los diecisiete puntos que Luis ha debido suturar en su rostro parecen confirmarlo como cierto.
Hay debate: Renata considera que Negan ya ha tenido suficiente oportunidad para demostrar que no es una bestia salvaje; la realidad, según ella, es que sí lo es y no queda por lo tanto más alternativa que capturarlo vivo o muerto. Maggie le recuerda que en la comunidad no matan y, antes de llevar a cabo cualquier acción violenta, pide la posibilidad de hablar con él.
Instantes después, Luis se la encuentra en los pasillos y le hace entrega del reloj de Glenn que ella perdió después del temblor y que, para emoción de ella, logró finalmente encontrar tras varios días de paciente búsqueda entre escombros.

Sacando a relucir sus días de policía, Dillan se ofrece a ponerse al frente de un operativo para cercar el bar con el mismo escuadrón de marginales que intervino en la cacería de zombies del Empire State. Renata se lo concede, pero también da tiempo a Maggie hasta el mediodía para entrar a hablar con Negan, advirtiéndole que abrirán fuego cumplido ese plazo: tiene treinta y cinco minutos…
Cóctel de Savannah
Maggie ingresa pues al bar y encuentra a Negan bebiendo. Al verla, le pregunta de qué lado está. Ella manifiesta no querer que lo maten y, mostrándole las esposas que ha traído, le invita a entregarse por las buenas. Pero Negan nada quiere saber ya con ningún tipo de cárcel, así que solo atina a sonreír tristemente y desliza su arma hacia Maggie para que le dispare: si va a morir, que sea por ella. Maggie se la devuelve y queda claro que ni él se entregará ni ella lo matará…
Consultado sobre la muerte de Fabian, Negan dice a Maggie que lo hizo para protegerla, pues quería matarla, y lo mismo cuando le pregunta si fue ese también el caso de la Dama. Pero cuando ella le indaga acerca de Dillard, él no sabe de qué le habla y queda en evidencia que el muy psicópata mintió…
Viendo Maggie que ya no podrá convencerlo de salir por las buenas, le invita a probar un cóctel de Georgia llamado Savannah Snowstorm, el cual ella misma prepara agregándole a escondidas algún sedante o somnífero que, interpreto, ha tomado del hospital. Pero Negan no es tonto: en Savannah nunca nieva (“snowstorm”: tormenta de nieve) y ya sabe que ella planea ponerlo a dormir y sacarlo a rastras.
Estado Policial
A todo esto, ya son las doce y afuera se está agotando la paciencia, especialmente la de Dillard. Renata espera hasta último momento para saber si hay noticias de Maggie, pero ya empieza a descartar que siga viva y está a punto de dar la orden de proceder.
Luis busca hacerla entrar en razón y ella se ve retrotraída al día en que el Croata y los suyos arrasaron el refugio, hecho por el cual siempre se culpó de no haber sabido hacerle frente. Él le insiste en que no matar es un valor fundamental de la comunidad y , de hecho, fue ella quien lo convención de no matar al Croata. Le pide que vea nuevamente la luz, como aquel día…

Surte efecto: después de descargar su tensión destrozando a puntapiés la cabeza de un caminante cuyos restos se remueven entre la basura, Renata prefiere llamar a Negan a dialogar, invitándole a aceptar las mismas reglas que el resto y, si no le gustan, proponer nuevas en lugar de desafiarlas.
Dillard no da crédito a lo que oye y pretende ingresar por cuenta propia. Renata le recuerda que es ella quien está a cargo y él replica que si así fuera no podría evitar lo que sigue, tras lo cual le dispara en pleno pecho. Luis intenta intervenir, pero Dillard lo duerme de un culatazo en la nuca e insta a viva voz al incrédulo Hershel de que se largue…
Desde adentro del bar, han visto todo. Presa del estupor por el disparo contra Renata y temiendo por Hershel, Maggie amaga salir, pero Negan la frena argumentando con razón que, para ayudarlo, tiene que estar viva. Convertido en líder de hecho del grupo de asalto, Dillard da inicio a las acciones, pero los primeros que intentan entrar son recibidos a tiros y bombas Molotov (???).
Ya para cuando la segunda tanda consigue entrar, Maggie y Negan logran ocultarse entre los restos de caminantes con que Dillard alimenta a sus gusanos de la cadena alimenticia y, una vez que ven el camino libre, escapan por lo alto del edificio, aunque se complica saltar a la calle sin romperse los huesos…
Por suerte para ellos (demasiada) aparece en ese momento Hershel al comando de un camión que se ha robado del refugio, por lo que pueden saltar sobre la caja cerrada del mismo y escapar bajo el fuego de los atancantes que, afortunadamente, son tan tontos que no disparan a las ruedas ni al conductor.

Dillard, a todo esto, saca a relucir gorra, chaqueta, cinturón y placa de los tiempos en que era policía y, presumiendo de su nuevo rol de liderazgo, invade el refugio con su banda y, tras mentir que Renata está bien y a salvo, pone al mismo prácticamente bajo estado de sitio y obliga a los residentes del edificio a encerrarse en sus departamentos, además de apropiarse de sus raciones de víveres.
Con un patrullero que no sé de dónde ha sacado, pero que luce sorprendentemente bien, sale a las calles e intenta convencer por altavoz a Maggie de que entregue a Negan y le da plazo hasta la caída de la noche bajo amenaza de que comenzará a matar gente del refugio si no lo hace…
Balance del Episodio
Ya nos queda un solo capítulo por delante y la verdad es que no lo parece, pues el que hemos visto no ha tenido ni de cerca características de penúltimo. Más bien da impresión de mostrarnos el nacimiento de un villano de esos de los que todavía tienen por delante varias entregas, pero habida cuenta de lo poco que han durado los que esta temporada fueron apareciendo, no es de extrañar que el de Dillard sea también el caso.
Vaya que fue el suyo un giro no esperado y, a decir verdad, tampoco del todo convincente, especialmente por lo abrupto e instantáneo. La de Dillard no ha sido una evolución, sino una transformación drástica y, aun cuando podamos aceptar que haya enloquecido después de que Negan acabara con sus mascotas, no termina de cerrar que pasase de la noche a la mañana a ser calculador y maquiavélico en lugar de timorato y emocional, como era. Se puede entender que un mal día te vuelva loco, pero no inteligente…
Más allá de eso, su giro nos produce algo de pena y hasta de duelo por el personaje que perdimos. A mí, por lo menos, me caía bien y lo he manifestado en más de una ocasión. Nunca pensé que acabaría convirtiéndose en el villano final de la serie ni tampoco lo quería ver en ese rol pero, bueno, es lo que tocó y habrá que ver a qué conduce esta dictadura policial que ha instalado. Hay que decir, eso sí, que Jimmi Simpson es un actor tan versátil que está igual de magnífico en esta caracterización que en la otra, a pesar de lo opuestas.

La escena en que se cortó el rostro fue de lo más terrible que he visto, así como impactante y por demás inesperado el disparo a Renata. Aun así, me atrevo a una pregunta que no veo a nadie hacerse por las redes sociales y es si Renata está realmente muerta. La imagen en que Dillard la encadena a la parrilla de un auto me deja, por un lado, pensando por qué no volvió como zombie cuando el disparo no fue en la cabeza sino en el pecho y, por otro, para qué diablos él la inmoviliza si está muerta. Vamos a suponer que para convertirla en metano…
Siguiendo con Dillard, no se explica por qué no mata a Luis ni a Hershel. En el primer caso, puede presumirse que es porque no sobran médicos y, por lo tanto, lo necesitan, aunque una vez más estaríamos suponiendo y no sé si es la idea; en el segundo, directamente no hay explicación. De todas formas, lo bueno de que haya dejado ir a Hershel es que al menos sirvió para que, por una vez en toda la serie, el muchacho hiciera algo bien.
Eso sí: que llegase con el camión en el momento justo fue demasiado casual y, con respecto a la batalla del bar, no entendí bien lo de las molotov que, hasta donde sé, no pueden emularse poniendo simplemente una mecha en la botella de cualquier bebida alcohólica, por alta que sea la gradación. Pero si nos ponemos detallistas, corremos peligro de olvidar que estamos viendo The Walking Dead.
Lo más interesante, una vez más, fue la dinámica entre Maggie y Negan que, después de todo, es la que más importa en la serie. La conversación del bar, puntualmente, sirvió para que nos preguntásemos hasta qué punto las circunstancias nos cambian y si todavía se puede seguir cambiando. E inevitablemente hizo que el capítulo anterior, en principio desconectado de todo, pasara a tener sentido.
La pregunta, desde luego, es si todavía se puede seguir cambiando, especialmente en el caso de Negan. O si ese final al que en algún momento del episodio pareció entregarse, era para él su redención: algo así como morir salvando la vida de la esposa de aquel al que asesinó. Un sacrificio personal que, a sus ojos, lo redimiría de tanto mal que ha hecho y del cual no estoy aún tan seguro de que esté libre. ¿Será suficiente? No digo para Maggiel, sino para nosotros…
Habrá que ver a qué conduce todo eso en el próximo capítulo y si de verdad es el último. Hay señales de que sí, pero la falta de confirmación, para esta altura, sorprende. Mientras tanto, podemos decir que este ha sido en el balance un episodio correcto y muy intenso, pero no tanto como uno esperaría a uno del desenlace.
Lo que es seguro es que el próximo es el último de la temporada y no hace falta decir que les espero aquí para analizarlo. Hasta entonces y sean felices…



