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Análisis de Star Trek: Strange New Worlds. Temporada 4. Episodio 7

Continuamos analizando la cuarta temporada de la serie Star Trek: Strange New Worlds y nos toca hoy su séptimo episodio titulado Como Cronitones en el Reloj de Arena.  Creada por Akiva Goldsman, Alex Kurtzman y Jenny Lumet, la serie puede ser viste en España a través de Skyshowtime y en América Latina por Paramount+.

Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Aquí otra vez para analizar un nuevo episodio de Star Trek: Strange New Worlds, que sigue jugando con distintos géneros y, después de haber pasado en esta cuarta temporada por el terror, el noir o o las marionetas, le llega impensadamente en este séptimo episodio el turno al culebrón, folletín o telenovela, como se lo quiera llamar.

En efecto, se trata de un capítulo construido sobre esa estructura y, para no traicionar el espíritu de la franquicia, recurre una vez más a una excusa de ciencia ficción que la justifique. Podía a priori pensarse que ello nos daría un episodio ligero y divertido como Accidente de Transporte Nivel Cinco y en parte es así, pues confieso que me he reído mucho al ver a nuestros personajes envueltos en las exageraciones melodramáticas propias del género. Pero a la vez es muy emocional y pega muy hondo.

Basta pues de introducción y pasemos a analizarlo, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer en nuestra web los análisis previos, tanto de esta como de otras series y películas de nuestra querida franquicia que ayer, precisamente, cumplió sesenta años. ¿Cómo? ¿Que no han leído todavía mi artículo publicado ayer sobre la serie original? Espero que subsanen esa falta pronto o podría terminarse una amistad…

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De Telenovela

Esta vez no hay bitácora inicial. Pike despierta en la enfermería con la cabeza vendada y siendo puesto al tanto por M´Benga y Chapel de que ha sufrido un accidente en la lanzadera. No tiene recuerdos de las últimas dos semanas por estar sufriendo lo que el jefe médico, tristemente, llama amnesia cósmica, lo cual hace que lo derive a hablar con la doctora Chivers, terapeuta de la nave.

Pero sobre la camilla contigua yace Spock, de quien le informan que la ha llevado aún peor y necesita un trasplante de corazón vivo, lo que sea que eso signifique. Y si todo ello no fuera ya de por sí raro, tanto M´Benga como Chapel hablan de modo melodramático y con largas pausas, como si estuvieran precisamente en una telenovela.

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Pike se anoticia finalmente de lo que está pasando al encontrarse con Trelane, el histriónico y rocambolesco personaje al que no veíamos desde aquel segundo episodio de la tercera temporada (aquí análisis de un servidor) y que vuelve a ser interpretado por Rhys Darby.

Al igual que entonces, no es designado por el nombre que le conocemos de la serie original, pero hay un leve amago cuando alcanza a decir “soy Tre…” antes de ser interrumpido por Pike. Y lo que ha hecho es someter a toda la tripulación de la Enterprise a un guion suyo como parte de un examen o tesis, con la que pretende demostrar que el explorar el espacio no deja a los humanos tiempo para hacer lo propio con sus emociones y conflictos internos.

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Pero, por alguna razón, Pike no se ve envuelto en su trama y se mueve más bien fuera de ella, lo que descoloca a Trelane, que le llama a asumir de un modo más dócil la historia que él ha escrito. Y los detalles melodramáticos siguen cayendo: M´Benga le diagnostica a Ortegas demencia espacial y Uhura se aparece a Pike con un examen de ADN que muestra que es hija suya, mientras que los padres que perdió a los dieciséis años eran en realidad adoptivos y no biológicos, como siempre creyó.

Pike, que sabe la verdad, intenta convencerla de que nada de eso es cierto, sino que están todos inmersos en una gran novela escrita por una entidad omnipotente, pero solo sirve para que ella, profundamente dolida, rompa en llanto por considerar que está buscando excusas para rehuir su paternidad.

La Verdad Emocional

A todo esto, La’an se ofrece a buscarle el donante a Spock y lo encuentra en su hermano Sybok, que resulta ser su gemelo y es también, por lo tanto, interpretado por Ethan Peck. Este, al ser por ella capturado, le cuestiona querer salvar a su hermano cuando puede encontrar en él mismo la parte humana y emocional que no halló en Spock.

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Se genera un momento de atracción mutua y una encrucijada ante la cual La’an está a punto de sucumbir, pero acaba juntando fuerzas y haciendo lo que en definitiva ha ido a hacer: conseguir un corazón para salvar justamente la vida de Spock.

Pike va a ver a la doctora Chivers y resulta que quien la interpreta es Deidre Hall, emulando el papel de Marlena Evans que interpretó por cinco décadas en el culebrón americano Days of our Lives. Él insiste en no tener problema alguno, sino que lo tienen los demás ante la ficción creada por la entidad, pero ella le invita a dejarse llevar por sus emociones. “La búsqueda de la verdad científica y la verdad emocional son lo mismo – le dice –; solo hay que saber verlas”.

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Entetanto, M´Benga no confía en sus habilidades para realizar el difícil trasplante de corazón, ahora que La’an le ha traído a Sybok. Ella le anima, no obstante, a hacerlo, y las cosas salen mal al ser el órgano vital rechazado por Spock.

Pike, por su parte y para su sorpresa, se encuentra con Juliet (Anna Mirodin), la ficticia hija adolescente que tuviera con Marie Batel en aquel gran what if que, en el último episodio de la temporada anterior (aquí análisis), nos mostrara la vida familiar que nunca tuvieron juntos, pero que podrían haber tenido.

Mientras Trelane, bajo los ojos de la profesora que lo evalúa, se pregunta quién diablos es Juliet por no formar parte de su guion, Pike no sale de su consternación y le pregunta a la muchacha cómo es posible que la vea y la sienta tan real cuando nunca existió, a lo que ella responde que si bien pertenece a una historia que no sucedió, sí sucedió para él y ello la hace real, pues las emociones siempre lo son aunque las personas no lo sean.

Conmovido, él teme olvidar su rostro o su voz, pero Juliet le dice que podrá olvidar detalles, pero no el sentimiento ni la emoción compartidos. Visiblemente emocionada, la profesora de Trelane le da a este un aprobado con un ocho y reconoce que la historia por él escrita le ha hecho ver que las “hormigas” (por los humanos) son finalmente más complejas e interesantes de lo que pensaba.

El guion concluye y todo vuelve a la normalidad. Ya no hay Juliet ni Sybok y cuando La’an le cuenta a Spock de su experiencia con su gemelo, este le dice que su hermano está en prisión y que no es gemelo, lo cual bien sabemos. Al borde de las lágrimas, ella se despide por enésima vez en lo que se siente cada vez más como una gradual (y necesaria) salida de la serie.

Pike vuelve a hablar con Chivers y se quiebra ante el luto y la pérdida de saber que ya no volvéra a saber de Marie, pero tampoco de Juliet, una hija a la que ama, pero que no existe en su mundo. “Cuando perdemos a alguien – dice Chivers –, no solo perdemos a esa persona, sino el futuro que podríamos haber tenido con ella”. Pero, al igual que antes la muchacha, le insiste en que lo que sintió fue real y eso ya no puede olvidarse…

Y después de las consabidas lágrimas, los créditos finales vuelven a sacarnos una sonrisa con una glamorosa y cursi presentación del elenco coronada por el título Días de la Enterprise y, por último, los avisos comerciales presentados por Trelane…

Balance del Episodio

Hay entregas de SNW que nos mueven a la risa y otras a lágrimas. Lo particular de esta es que tuvo las dos cosas. Habrá quien pueda cuestionarle el no decidirse a ser comedia o drama, pero en mi opinión personal se han sabido llevar ambos géneros con el suficiente equilibrio como para que cada uno tenga sus momentos sin opacar ninguno al otro ni pisarse entre sí.

Nos hemos acostumbrado tanto a que la serie juegue con los géneros que estoy seguro de no ser el único que lo pasa especulando acerca de cuál les queda aún por visitar o con qué nos vayan a sorprender la próxima semana. Pero, para ser honesto, ni por asomo imaginaba una confluencia como la que hemos visto entre el mundo trekkie y el de las telenovelas.

Y al igual que a las marionetas se les encontró la excusa argumental de un accidente con el transportador para que hicieran presencia dos entregas atrás, esta vez se buscó una bien afín a la franquicia desde el momento en que el responsable de todo es Trelane, el proto-Q al que vimos hace casi seis décadas en la serie original y con el cual volvimos a encontranos en la tercera temporada de la que nos ocupa para descubrir que estaba emparentado filialmente con Q.

De hecho, la profesora que le termina dando el aprobado viste un atuendo casi idéntico al que este luciera cuando le viéramos por primera vez en Encuentro en Fairpoint, piloto que diera inicio a Star Trek: The Next Generation.

Los recursos telenovelescos me han hecho por momentos desternillar: el tono melodramático, los diálogos sobreactuados, las largas pausas para crear suspenso, la iluminación exagerada y los repetidos primeros planos con los clásicos zooms sobre el rostro, sin olvidar tópicos y lugares comunes como la amnesia, el hermano gemelo o la hija encontrada. Todo remite a culebrón…

Y la presencia de Deidre Hall termina de contribuir a ello y quizás requiere una explicación, porque la actriz es muy conocida en Estados Unidos, pero casi nada en España o Latinoamérica. La telenovela Days of our Lives, de hecho, jamás fue emitida en español o para medios hispanoparlantes, ni siquiera subtitulada. Pero allí ha sido un éxito arrasador que se emitió desde 1965 hasta 2022, convirtiéndose prácticamente para el público en paradigma del género.

Pero lo particular del episodio que nos ocupa es que se ha valido del recurso al culebrón para traer a colación los sentimientos, resultándonos la historia de Pike tan desgarradora como su llanto en el final (qué actuación la de Anson Mount, por favor). Y en algún punto nos identifica. Todos tenemos algún ser querido que ya no está y del cual tememos olvidar su voz…

En este caso, además, se trata de alguien a quien él reconoce y ama a partir de algo nunca ocurrido. “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, dice Joaquín Sabina y creo que aplica perfecto a este episodio.

Y no es tampoco que sea completa novedad en la franquicia. Ya TNG nos había presentado en el magnífico y premiado episodio La Luz Interior (05×25) a Picard viviendo una completa historia alternativa, incluso con una familia, para despertar en el puente de la Enterprise y ser anoticiado de que solo habían pasado veinticinco minutos.

En la misma serie hemos visto también el episodio Amigos por Correspondencia (02×15), en que Data entablaba amistad casual por radio con una niña de una civilización pre-warp a la que después, para respetar la Primera Directiva, había que borrarle sus recuerdos, incluyéndolo a él.

También podemos citar en la serie Star Trek: Voyager el episodio Vida Real (03×22), en que el Doctor, a los fines de experimentar lo que era tener una familia, se hacía una holográfica para sí mismo y terminaba descubriendo que la vida real no es tal si no incluye sufrimiento y pérdida.

Y, por supuesto, el antecedente más directo, y antes mencionado, el de Pike y Batel compartiendo juntos una vida ficticia en el último capítulo de la temporada anterior, lo que nos lleva directamente a este.

La idea final es que las emociones son, en definitiva, lo que da realidad a nuestras vivencias. No importa que Juliet nunca haya existido o que pertenezca a una línea alternativa, porque lo que sintió Pike con ella fue totalmente real.

Y ese mismo pensamiento se puede llevar a aquellos casos en que terminamos empatizando con personajes de ficción: yo extrañé mucho a Frodo y Sam cuando cerré El Señor de los Anillos; y por mucho que se me diga que son ficticios, para mí existieron… y existen. Un sentimiento que, supongo, se hará extensivo a muchos lectores de esa obra literaria o de tantas otras que han sabido crearnos un vínculo especial con quienes las habitaban…

Una vez más, no se puede decir que haya sido un episodio perfecto. No he acabado de entender por qué Pike no se ve afectado por el “hechizo” de Trelane ni tampoco del todo la subtrama de La’an o los sentimientos que la atraviesan. Lo que está claro es que se está despidiendo en cada entrega…

Eso sí: todos sabíamos que Sybok no es gemelo de Spock porque lo hemos visto en Star Trek V: La Última Frontera (1989). ¿Habrá sido esto un aviso de su inminente aparición en la serie? Ya habíamos tenido, por cierto, un breve atisbo en la primera temporada aunque no hayamos visto su rostro.

Pero más allá de las pegas que se le puedan poner, ha sido un muy buen episodio que no solo me ha conmovido, sino hecho pensar en mis propias pérdidas y el lugar que ocupan en mi memoria; quizás a ustedes también. La docente evaluadora le puso a Trelane un ocho aprobado y creo que es la nota que le doy al capítulo.

Hasta el próximo y sean felices. Larga vida y prosperidad… (y no olviden leer mi artículo de la serie original!!!)

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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6 COMENTARIOS

  1. Buen episodio, de nuevo relax después del de hace dos semanas. Mi duda es aunque aqui lo tomen a broma, en la cronología de Star Trek: ¿que se sabe de Sybok? ¿se vio en la serie ciasica o solo en Star Trek V?

    • Hola Joseluis: gracias por comentar como siempre. No, Sybok no apareció jamás en la serie clásica y de allí que muchos fans se molestaran cuando fue introducido en Star Trek V siendo que nunca se lo había mencionado antes. Y tuvimos un leve destello de él en la primera temporada de SNW pero, como aquí, no vimos su rostro. Se me ocurre que en algún momento lo mostrarán antes de que finalice la serie.
      Gracias una vez más. Larga vida y prosperidad!

    • Hola Dani: gracias por comentar! Jaja, hay que tomarlos como lo que son: capítulos divertidos. Y ojo, no es tan fácil actuar así si estás acostumbrado a actuar bien. Un saludo! Larga vida y prosperidad!

  2. En casa le dicen «La rosa de Guadalupe del espacio» a esta serie Trek. Por supuesto que es en tono de broma porque aquí cada cual tiene sus gustos – algunos compartidos y otros no, como en este caso – pero no pude evitar soltar alguna que otra risa en la primera mitad del capítulo y hacia el final soltar alguna lágrima al empatizar con la increíble actuación de Anson Mount. Algo así no me sucedía desde los noventas. Desde aquel episodio donde Picard añadiría para siempre en su estante esa flauta que todo trekkie conoce.
    Y pensar que llegué aquí por casualidad y ahora tengo la necesidad de leer todas las reseñas, para con ello afirmar que ST SNW es, para mí, una de las dos mejores series scfi fi de este siglo junto a Battlestar Galáctica.
    Larga vida y prosperidad.

    • Hola Falken: gracias por comentar y bienvenido pues seas si has llegado aquí por casualidad. Yo también me emociono mucho con esta serie. También la pongo entre las mejores de sci fi de este siglo, no sé si entre las dos pero sí entre las cinco, lo mismo que Battlestar Galactica. El resto se completa con The Expanse, Westworld y Firefly, pero bueno, desde ya que son opiniones y no es que andemos tan lejos. Y aquel episodio de TNG sigue siendo al día de hoy una gloria que emociona con solo recordarlo…
      Muy agradecido por el aporte. Larga vida y prosperidad…

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