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Análisis de The Walking Dead: World Beyond. Temporada 2. Episodio 10. Final de la Serie

Y llegamos finalmente al último episodio de The Walking Dead: World Beyond que, inesperadamente, ha terminado siendo la serie que nos reveló el origen de los zombies. Analizamos la entrega final y lo que nos ha dejado en general.

Bienvenidos a un nuevo análisis de The Walking Dead: World Beyond, en este caso el último, pues, tal como fuera anunciado desde un principio, serían solo dos temporadas. ¿Y quién iba a esperar que esta propuesta casi silenciosa dentro de la franquicia sería la que nos iba a revelar el tan mentado origen de los muertos vivientes?

Por cierto, tampoco es la única revelación en un episodio con una primera mitad floja y una segunda brillante, cuyo título es La Última Luz.  Pasemos ya mismo a analizarlo sin dejar de advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA.

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Análisis de Fear the Walking Dead, aquí.

Una Puerta y un Cerrojo

El episodio comienza retrotrayéndonos dos meses atrás hasta aquel Día del Monumento en que el cuarteto adolescente partiera del Campus a través de una puerta oculta que el padre de Elton utilizaba para salir a fumar. Apenas un cerrojo separa ambos mundos: detalle excelente de tan pueril.

Entre comentarios sobre el saco de pana de Elton y la gran llave inglesa de Silas, se preguntan si lograrán recorrer a pie los mil setecientos kilómetros, a la vez que se comprometen a cuidarse mutuamente las espaldas hasta lo último. Antes de trasponer la puerta, Elton les recuerda que hay que buscar evitar a los vacíos antes que enfrentarlos.

Al volver al presente, contrariamente, les vemos destrozando cabezas para abrirse camino entre una marea de zombies.

En el campamento de la RCM, Jadis da órdenes de desplazar vehículos de tierra y helicópteros para dar con los científicos y transportar el gas que piensan utilizar en Portland. También ordena interferir las comunicaciones de los rebeldes aun al costo de interrumpir las propias.

En la estación de erradicación nos encontramos nuevamente con Jennifer y Dennis, quien no ha muerto aun cuando, al final de la entrega anterior, las lágrimas de ella permitieran suponerlo (dije que podía estar vivo: reclamo ese punto, je).

Él dice que todavía podrían tener una vida juntos en algún paraje apartado en las montañas; ella no lo ve fácil cuando están a punto de arrasar con las instalaciones de la RCM y exponer ante gobierno y prensa lo que los militares han estado haciendo: me pregunto cómo funcionará la prensa en ese mundo…

Los que se quedan

Felix ha alcanzado a Leo y los suyos, que están con el problema del camión, pero también lo hacen los hombres de Jadis y ello deviene en ocultamiento y tiroteo. Inesperadamente, reciben el apoyo de Will, ausente en el episodio anterior.

Haciendo de señuelo, Felix corre a través de los bosques para hacer ir tras él a su antagonista, el teniente Frank Newton.

El lugar está atestado de zombies y ello lleva a que, al momento de producirse el enfrentamiento entre ambos, ya no hay balas, por lo que, en combate medieval, utilizan las lanzas como garrotes.

En una escena muy gore, Felix termina ensartando a Newton con la suya y dejando sus intestinos al aire: festín zombie… El resto de los hombres son abatidos por Leo y Will. En esta serie, cada efectivo de casco y uniforme es poco menos que un muñeco de trapo.

Los jóvenes han logrado llegar hasta la estación de erradicación con los medicamentos que Dennis necesita. El problema es que la inhibición de las comunicaciones dispuesta por Jadis afecta también los controladores remotos para detonar los explosivos y se requieren por lo menos cinco kilómetros de distancia segura al momento de hacerlos estallar. Jennifer se ofrece a quedarse y comienza su camino hacia la inmolación redentora que aventuré un par de análisis atrás (reclamo otro punto, gracias).

La sorpresa (o no) es que Silas decide también quedarse: sus códigos son inquebrantables y ahora Dennis es su amigo. La despedida con el resto es muy emotiva y se alegra de que ahora tiene, al menos, alguien de quien despedirse. Elton le recuerda que ya se encontraron dos veces y volverán a hacerlo, en tanto que Iris (el adiós más intenso) le agradece por haberla acompañado y haber bailado con ella.

Jennifer pide a Dennis y Silas que vayan por un temporizador a un refugio de armas cercano, pero es una excusa para sacarlos de allí, pues sabe que su destino propio ya está escrito.

Contra Reloj

Jadis se enfurece al enterarse que los explosivos C-4 utilizados en los túneles se corresponden con los de la estación de erradicación: la traición, entonces, salió de allí y, encima, es donde tienen almacenado el gas. Trasladándose al lugar en helicóptero, envía a sus hombres a revisar la zona mientras ella, confirmando las peores sospechas, descubre el jeep con el cual Jennifer se largara en la entrega anterior.

Mientras inspecciona un galpón, Jennifer la sorprende y la despoja de su arma al golpearla con una de las lanzas para matar zombies. No entiendo por qué no la mata directamente como a uno, pero la chance la tiene ahora. Error… le pasa su lanza a Jadis y toma otra para que el duelo sea justo: dos combates medievales con menos de cinco minutos de diferencia. No sé de dónde sacó tanto código quien disparó a Percy, asesinó a su tío e inculpó a Silas…

El enfrentamiento tiene más de drama que de lucha: al estilo de las viejas películas de capa y espada de los cuarenta, hablan y debaten todo el tiempo. Jennifer le recrimina que tenían que salvar a la humanidad en lugar de mascrarla y Jadis le responde que no había alternativa. Lo más revelador, sin embargo, es cuando le dice que tuvo que entregar a alguien valioso para entrar a la RCM. Sin nombrar a Rick, remarca que era un sujeto A, pero lo clasificó como B para que sobreviviera y no terminase en los laboratorios. “Se lo debía”, dice…

Entre golpe y golpe, Jadis saca a traición un cuchillo y ensarta a Jennifer. Una vieja regla dice que el bueno es tan bueno que no mata al malo, pero el malo es tan malo que, aun así, mata al bueno. Y queda un cliché más: contar el plan mientras se agoniza.

En efecto, cuando Jadis le pregunta a Jennifer si quiere que la remate o la deje morir sola, esta le habla del reloj de su padre que, según dice, es lo único que le quedó de él y lo que los volverá a unir. Jadis nota la marca del reloj ausente en su muñeca y echa a correr, pues queda claro que ha hecho un temporizador casero con el mismo.

¿Y para qué ponerla al tanto en lugar de dejar que vuele por los aires o se asfixie en una nube de gases? Jennifer es torpe hasta en su muerte: tres veces le salvó la vida a Jadis…

Por un Amigo

Iris, Hope y Elton intentan abrirse paso por entre la marea de zombies para alejarse de las inminentes explosiones. Está complicado, pero aparece en escena un jeep e Indira barre a los caminantes desde una ametralladora fija: nada mal siendo artista. Una explosión y un hongo verde a lo lejos revelan que Jennifer lo ha logrado…

Los disparos atraen más zombies y Asha les insta a subirse al vehículo mientras les ofrece máscaras antigás. Impactante: fuera de todo cálculo (o por lo menos del mío), un caminante se abalanza sobre Hope y, trágicamente, muerde a Elton en el antebrazo cuando intenta protegerla…

Silas y Dennis, en tanto, han llegado al refugio y hallado armas de fuego, pero, contrariamente a lo dicho por Jennifer, ningún temporizador. Dennis, cuya herida está cada vez peor a pesar de los antibióticos, se da cuenta que simplemente los envió allí para alejarlos de su inminente final.

El lugar está siendo rodeado por militares y sabedor de su destino, pide a Silas que le dispare para convencerlos de que está de su lado: sabe que va a morir de todos modos, pero Silas podría tener todavía una vida por delante si le ven como un héroe; solo le pide que nunca olvide que no es uno de ellos. A pesar de sus resistencias y, entre lágrimas, Silas no tiene más remedio que meterle una bala en la cabeza. Vaya: este arco sí que ha sido intenso; quizás lo mejor del episodio.

Ya detenido e interrogado por Jadis, relata que Dennis le tenía por rehén. Ella no parece muy convencida, pero a la vez siente admiración por lo que ha hecho: se advierte de su parte un extraño cariño que me recuerda al de Negan por Carl en la serie principal. Y reflota aquello de que podría ser un buen soldado: pensé que había perdido ya ese punto en el episodio anterior, pero no: a Silas, finalmente, le espera un futuro en el ejército. ¿Terminará jugando como factor corrosivo desde adentro? Es posible, pero ya no en esta serie…

Fuertes y Débiles

Volvemos a ver a Kublek, perdida la mirada y sentada en un banco. Jadis le expresa sus condolencias por lo de su hija y remarca que quisieron capturarla viva, pero no les dejó alternativa. Ahora es Kublek quien no parece convencida.

La cuestión es que, finalmente, no nos privaron del encuentro que yo venía pidiendo y veo que no me equivoqué (perdón: hoy estoy algo presuntuoso), pues el duelo actoral que entregan está entre lo mejor del episodio y de la temporada. Kublek se culpa por haber hecho cosas monstruosas y quizás en vano, pues probablemente no fuera posible edificar una nueva civilización.

Jadis le replica que hay que evitar que los fuertes se vuelvan débiles, lo cual le estaría ocurriendo. Mientras se acercan guardias, le anuncia que será detenida por traición en espera de un juicio: entre las acusaciones se incluyen encubrir a su hija, proteger al Perímetro y no haber actuado a tiempo contra los Bennett.

Kublek le dice que el general Beale pedirá su cabeza y Jadis replica que fue él quien ordenó el arresto. Cruce de lujo: vi la escena dos veces; junto con las dos de Silas, rescatan al episodio del mar de clichés en que se venía hundiendo.

Quiénes somos

Iris irá a Portland mientras su padre, con la custodia de Felix y Will, permanerá con los científicos en busca de la cura. Elton, que ha vuelto en sí, está dispuesto a acompañarla junto a Asha. Gran noticia que viva, aunque quede manco. Fue uno de los personajes queribles en esta historia que es justo sea cerrada por una de sus reflexiones: un mónologo en off de los que tanto extrañé en esta temporada. Vuelve sobre los endlings (pensaba que lo habían olvidado) y cuenta que, después de haber creído que eran la última generación o la primera de un mundo nuevo, entiende que en realidad están continuando a quienes les precedieron.

Mientras el trío avanza a campo traviesa, desfilan imágenes que nos muestran a Hope ayudando a su padre con las investigaciones, a Felix y Will compartiendo una vida o a Silas con uniforme de soldado. Elton concluye en que no hay forma de saber cuánto mundo habrá por delante, pero lo importante es seguir existiendo a cada momento. En la imagen final, volvemos a aquel día de la partida en que, al momento de abrir la puerta, le oímos decir: “veamos quiénes somos”. Bello y emotivo final: los últimos veinte minutos salvaron el episodio y, quizás, la serie.

El Comienzo de Todo

Pero hay más: tenemos escena post-créditos y bombazo: por fin tenemos noticias de cómo comenzó todo. En un laboratorio de biomedicina con largas señales de abandono, una mujer conecta un ordenador y aparece en pantalla el doctor Edwin Jenner (Noah Emmerich), aquel investigador del Centro Médico de Atlanta que alguna vez recibiera a Rick y los suyos para hablarles de sus fallidos intentos por hallar una cura al virus zombie. Al parecer, mantenía contacto con la mujer y se ponían mutuamente al tanto de sus progresos.

Un sujeto armado con pinta de activista irrumpe en el lugar. Mientras la apunta, hablan en francés y ello nos ubica geográficamente. Le pregunta si era uno de ellos; ella responde afirmativamente y reconoce haber estado huyendo el último tiempo.

Consultada sobre por qué regresó, manifiesta haber tenido esperanzas de reencontrar al resto de los científicos que, según se desprende de las palabras de él, han empeorado las cosas al tratar de arreglarlas. En otras palabras, el virus salió de allí y si queda alguna duda, un graffiti sobre una cañería reza: “los muertos nacieron aquí”.

Él le dispara por la espalda y se marcha, pero tras unos instantes el cuerpo se reanima y la novedad es que se mueve rápido y parece tener más fuerza que los zombies que conocemos. ¿Han creado por accidente una nueva cepa? ¿Se cierne sobre la humanidad una pesadilla peor?

Balance Final de la Serie

Bien: hablemos primero del episodio que acabamos de ver. Sensaciones encontradas: hasta la mitad pensé que naufragaba e incluso tenía chances de arruinar una serie que venía muy bien en las entregas anteriores. Las resoluciones de los conflictos entre Felix y Newton, así como entre Jadis y Jennifer, han estado algo pobres y cargadas de clichés. Así y todo, la segunda de ambas nos dejó alguna perla, como lo de que Jadis clasificó a Rick como sujeto B para salvarlo.

Hay algo allí que no se termina de ver y, por cierto, ya no podremos verlo en esta serie. Lo mismo la identidad del general Beale, por la cual venía esperando y me quedo con una cierta desilusión. Pero se me ocurre que si ese secreto se mantiene tan celosamente guardado, es porque se trata de una revelación que excede a esta serie y afecta a toda la franquicia. Habrá que estar atentos por otros frentes…

Del mismo modo, nos puede producir un cierto desencanto que el grupo acabe fragmentado pero creo que ello es perfectamente coherente con el tono general (más sombrío y triste) que la serie venía mostrando desde la primera temporada: un final rosa no hubiera cuajado por ningún lado…

Tres arcos salvaron el episodio sobre el cierre y ayudaron a que me quede con una grata impresión final: Silas matando a Dennis por pedido de este; una vez más Silas encarándose con Jadis y, por último, ese impresionante duelo actoral entre Julia Ormond y Pollyanna McIntosh.

Y sumemos la reveladora escena final, que nos aportó importante información para las otras dos series o las películas que sobrevengan, pues ni siquiera los cómics nos sirven allí como referencia: Robert Kirkman nunca había explicado demasiado el origen del problema.

No es que nos sorprenda tanto: de algún modo era un secreto a voces que el virus había sido generado por nosotros mismos, pero ahora nos queda confirmado y nos anoticiamos de que fue en Francia: buen punto que no haya sido China, je…

La sensación es que, buscando la cura, la hicieron peor. Y ese final con la doctora convertida en zombie rápido nos deja pensando que quizás aún no la hayamos visto. Esa escena post-créditos eleva a The Walking Dead: World Beyond de “cenicienta” a parte importante de la franquicia.

Voy a extrañar a algunos de los personajes. Silas (Hal Cumpston) me despertó mucha empatía y estoy seguro de que lo volveremos a ver, aunque no sé en dónde. También sería una pena que se perdiera Elton (Nicolas Cantu); espero que no. En cuanto a las dos muchachas han ido perdiendo algo de peso en esta segunda temporada, especialmente Iris, que se fue desdibujando con el agregado de que Aliyah Royale es, actoralmente, la más floja del cuarteto adolescente. Aun así, fue emotiva la despedida entre las dos hermanas, en que recuerdan haberse dicho que “juntas podrían salvar al mundo” para ahora reformularlo con que también pueden hacerlo separadas.

Con sus vaivenes, The Walking Dead: World Beyond ha terminado siendo una buena serie que ayuda a entender mucho del universo de la franquicia. Quizás, a la vista del final, podamos preguntarnos si no merecía más que las dos temporadas originalmente pautadas, sobre todo por la cantidad de puertas abiertas que ha dejado, pero entiendo que la idea es que las mismas sean exploradas en otras propuestas. De momento, se lleva un aprobado… y el final me emocionó: no es poco.

Gracias por haberme acompañado en todos estos análisis y les invito a comentar sus impresiones, pues no lo han hecho demasiado y me gustaría conocerlas. Será hasta cualquier momento: que estén bien y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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