Por muchos universos cinematográficos de DC que se hayan producido, la división animada de la compañía lleva años estrenando películas sin mucho ruido pero de una calidad, en general, superior a sus homólogos en carne y hueso. Tenemos toda una saga dedicada a la Liga de la Justicia o, entre otros, varias adaptaciones de cómics del hombre murciélago. Como Knightfall 1, primera entrega de una trilogía que busca adaptar el cómic de La caída del murciélago.
Siguiendo el guión de los veinticinco primeros números de la saga, Knightfall (así se llama el subtítulo de esta primera parte porque a lo que vamos a asistir es a eso, a la caída de Batman) se centra en Bane, un hombre nacido en una dura prisión que sobrevive a base de una férrea determinación y que acaba siendo sujeto a un experimento que le convierte en una bestia física.
Tras conseguir fugarse de la prisión, decide liberar a todos los presos de Arkham para lanzar a Batman a una persecución sin freno que no le permita descansar y así poder derrotarle. A diferencia de otros villanos, Bane, con su asombrosa inteligencia, ha conseguido deducir lo que otros no han podido: que Batman es Bruce Wayne.
Siendo inferior a otras grandes historias de Batman, como Año uno, Batman: Drácula o El largo Halloween, Knightfall es puro cómic de superhéroes de los noventa. Tras el enorme éxito de La muerte de Superman, decidieron hacer lo mismo con Batman, enfrentándole a un villano inédito e imposible de derrotar en primera instancia.
Así, la película tiene un aire fatalista desde sus primeras escenas. Bruce Wayne no es el mismo desde la marcha de Dick Grayson y, sobre todo, la muerte de Jason Todd a manos del Joker. Su desesperación por encontrar a un sustituto le ha llevado hasta Timothy Drake, el tercer Robin, pero las pérdidas anteriores le han hecho mella.
Es curioso el aspecto que han escogido para este Batman animado. Con esas orejas puntiagudas tan largas que desafían la ley de la gravedad y su capa con hombreras puntiagudas para más un murciélago a lo Kelley Jones (lo dicho, el autor de la magistral saga Batman: Drácula) parece un héroe demacrado que anticipa su triste final.

Por otro lado, sus continuos enfrentamientos con distintos villanos menores de su universo le acaban frustrando, volviendo más violento y desechando la ayuda de sus principales apoyos. Lo que le dejará a merced de un villano que, con la sustancia dopante que se administra, lo quintuplica en tamaño. La animación es tremendamente exagerada. Y lo digo para bien.
Eso sí, Knightfall forma parte de una trilogía proyectada y esta película dura poco más de una hora. Lo que quiere decir que, pese al intento de adaptarlo fielmente, Knightfall va demasiado rápido. Todos los personajes salvo Batman, alguien con quien ya estamos muy familiarizados, están superficialmente desarrollados. Incluso no queda muy claro la capacidad intelectual de Bane, primando su fuerza física, o el motivo de porqué quiere acabar con Batman.
En este sentido, me quedo con la primera parte de El caballero oscuro: La leyenda renace, aunque eso no quita que Knightfall sea muy entretenida. Y lo es porque no se corta en la violencia (de hecho, se muestra más sangre que en el cómic) y porque el ritmo es endiablado. Tanto que, como he dicho, se pasa superficialmente por casi todos los personajes.

Tal vez el caso más destacado sea el de Jean Paul Valley, Azrael, un personaje clave en esta historia. Un hombre atormentado por sus instintos más enraizados que acaba siendo acogido por el propio Batman. Lástima que no se le dé mucha importancia a esta historia, aunque se intuye que tendremos más noticias suyas en las siguientes películas.
En definitiva, Knightfall es una digna y entretenida adaptación de la primera parte de La caída del murciélago. No es una película destinada a dejar poso, sino un bestial ejemplo de como la animación permite contar historias de superhéroes sin límites físicos y, por supuesto, de censura.
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