Crítica de Errementari: El herrero y el diablo

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Dentro de las grandes obras de terror de cualquier medio, una parte no desdeñable suele estar basada en historias ya presentes en el folclore, modernizándolas a través de una dirección o una prosa más contemporánea. Autores como Adam Nevill han hecho del folk horror su vehículo para contar grotescos cuentos modernos, y leyendas modernas como Slenderman inspiran webseries y películas de irregular calidad. Japón y Estados Unidos son especialmente proclives a este recurso, con cintas como El gato negro basadas en historias centenarias y con una gran cantidad de películas inspiradas en leyendas urbanas sobre extraterrestres o en teorías de la conspiración. Explotar un miedo preexistente en la sociedad facilita no solo una buena taquilla, sino que asegura una conexión emocional con el espectador. También, claro está, supone que las expectativas son más altas que en aquellas ocasiones en las que se presenta una idea original.

En el caso de Errementari: El herrero y el diablo, su guionista y director Paul Urkijo Alijo se basa en una leyenda vasca sobre un herrero que consiguió atrapar a un demonio, bastante desconocida en el resto de España. Expande una idea muy sencilla hasta dar con una obra de artesanía más que solvente, en la que el terror y la comedia negra se dan de la mano para formar un cóctel endiabladamente divertido… nunca mejor dicho.

Rencillas de pueblo

La acción se sitúa en un pueblecito vasco unos años después de la Primera Guerra Carlista. Seguimos los pasos de un funcionario del Gobierno que busca a Patxi, un herrero que combatió en la contienda y del que se cuentan todo tipo de estrafalarios rumores. Vive completamente recluido, a las afueras de la aldea, y a los niños se les ordena que no se acerquen a la herrería. Cuando el forastero pregunta por él, se encuentra con respuestas esquivas y, sobre todo, con las reticencias y temores de los vecinos.

La otra protagonista, una niña huérfana, sabe que sucede algo raro, y por eso visita el hogar de este ermitaño sin preocuparse por el peligro. Al entrar en la casa donde se oculta el herrero, contempla algo terrible: en una jaula se encuentra un ser de color rojo, con pezuñas y rabo, por no hablar de sus dos enormes cuernos. Se trata de un diablo que vino a recoger el alma de Patxi pero que ha sido encerrado por él. La llegada del forastero podría suponer su ocasión perfecta para liberarse…

Un clásico cuento de terror

El largometraje, rodado en euskera, ha sido concebido como una actualización de este anciano cuento, y por eso cuenta con elementos tremendamente arquetípicos, adaptando tal cual del imaginario popular las versiones que nos ofrece del diablo y del Infierno. No estamos ante un demonio moderno como el de El exorcista ni ante un Satán cargado de simbología como el de La pasión de Cristo, sino ante un monstruo de leyendas deliciosamente clásico cuyos frustrados intentos de acabar con el herrero provocan horror y carcajadas a partes iguales. El personaje de Sartael, absoluta estrella de la película, es tan perverso como cabe esperar, pero llegamos a encariñarnos con él.

En cuanto a la acción narrativa, Errementari destaca por mostrar un retrato bastante efectivo de la España rural del siglo XIX, todavía atrasada y cainita en ciertos aspectos, pero admirable en otros. Así, personajes que parecen antipáticos al principio de la cinta acaban revelándose como humanos con sus defectos pero que acaban haciendo lo correcto cuando acecha la tragedia. En este sentido, frente a los grupos de adolescentes clónicos de ciertos subgéneros del terror moderno, resulta refrescante poder disfrutar de un elenco de personajes tan bien construido.

El tono de este trabajo oscila entre la comedia y el terror más puro, que se hace prevalente a partir de cierto giro inesperado de los acontecimientos. Algunas de las imágenes que emplea el cineasta son perturbadoras hasta el extremo, pero también consigue mantener un tono desenfadado digno de un Peter Jackson o un Sam Raimi en sus inicios. El explosivo final supone el colofón perfecto para este entretenido viaje que aguantará bien el paso del tiempo.

Conclusión

Errementari: El herrero y el diablo, disponible en el catálogo de Netflix, es una joya desconocida que se estrenó en su día sin demasiada repercusión pero a la que merece la pena darle una segunda oportunidad. Cuenta una pequeña y truculenta historia local y, frente a las agotadas franquicias del horror, ofrece un disfrute tan clásico y universal que resulta novedoso, con una estética única. No tiene nada que envidiar a productos más reconocidos como The Ritual, por lo que deseamos que sus responsables vuelvan a deleitarnos con alguna nueva obra tan lograda como esta.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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