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Crítica de la segunda temporada de Hijack. Cuando el metro descarrila, pero aun así nos agarra por los hombros

La segunda temporada de Hijack llega con una misión delicada: repetir el impacto de un thriller en tiempo real sin simplemente “copiar y pegar” la fórmula del secuestro aéreo. Y, para sorpresa agradable, lo consigue. No sin matices y sin llegar a las cotas de calidad de la primera temporada, pero lo consigue.

Si en 2023 la tensión nacía de un vuelo secuestrado, ahora nos subimos a un tren subterráneo de Berlín tomado como rehén, con un dispositivo explosivo listo para detonar bajo condiciones aún poco claras. Todo ello en una tanda de 8 episodios de más o menos una hora de duración que ya podemos ver en su totalidad en Apple TV+.

Crítica de Hijack temporada 1 (Secuestro en el Aire)

Si algo caracteriza a Hijack como producto televisivo es esa habilidad para convertir un espacio cerrado —primero un avión, ahora el metro de Berlín— en una especie de laboratorio emocional donde cada personaje es una pieza de un mecanismo que podría fallar en cualquier segundo. Pero esta segunda temporada se enfrenta al reto que suelen tener todas las secuelas: justificar su propia existencia. Y ahí es donde la serie empieza a pisar terreno resbaladizo.

sam

La temporada se abre con un Sam Nelson (Idris Elba) tocado, más humano, más quebrado, sin la seguridad férrea que lo definía antes. Es mucho más vulnerable, desgastado, un reflejo cansado de su yo anterior. Y ese desgaste contagia toda la serie, para bien y para mal.

El nuevo tablero: Berlín bajo tierra

La decisión de trasladar la acción del cielo a los túneles del metro berlinés es un movimiento atrevido… quizá demasiado atrevido. Visualmente funciona: la dirección vuelve a apostar por los espacios estrechos y la vigilancia constante, generando tensión por proximidad más que por espectacularidad.

sam metro

Pero, como decía aquel profesor de física que todos tuvimos, no siempre cambiar de escenario arregla la ecuación. Aquí el problema es otro y que ya vimos (varias veces) en la Jungla de Cristal: la credibilidad. La serie intenta justificar de todas las maneras posibles que Sam Nelson, igual que le pasara a John McClane, vuelva a caer en una situación desesperada, en este caso un secuestro. Es necesario ofrecer algo nuevo. Así que ahora Sam Nelson es (a priori) el secuestrador, un giro que lleva la serie a una nueva dimensión pero que roza lo inverosímil a pesar de las excusas argumentales que vamos a ir viendo a lo largo de la historia.

Al principio del relato es necesario que el espectador deje de lado todo lo que conocía de Sam, haciendo que la conexión emocional que ya teníamos con el personaje caiga en saco roto. Además, hay otro problema. Muchas circunstancias personales de los personajes han cambiado en el tiempo trascurrido entre la primera y la segunda temporada. Y son cosas muy importantes que la serie no se molesta en explicar demasiado, haciendo que el espectador se sienta perdido.

mujer

Así que la narración pierde parte de la tensión que se iba acumulando in crescendo marca de la primera temporada en aras de sostener esta nueva identidad de su protagonista. Esto hace que queriendo ser más compleja Hijack acabe perdiendo cohesión y ese ritmo endiablado que nos conquistó en el pasado. Se nota cierto desequilibrio entre la trama principal y las secundarias, que más que servir de apoyo, a veces lo que hacen es enredar la historia más de la cuenta.

Un reparto secundario que salva los muebles

Idris Elba vuelve a ser el gran pilar de la serie dando todo su carisma a un atribulado Sam Nelson, pero esta nueva temporada introduce figuras como Clara (Lisa Vicari), Otto (Christian Näthe) o Peter Faber (Toby Jones), cuyo papel en el entramado criminal y operativo contribuye a ampliar el interés de la historia.

faber

Estos personajes permiten elevar el tono de la narración en una trama que a veces es algo confusa por todos los elementos con lo que juega. Clara, la encargada de las comunicaciones de Sam con la central del metro permite al espectador volver a conectar con alguien que no entiende muy bien lo que esta pasando pero que hará todo lo que este en su mano por solucionar el problema. Otro, el conductor del metro secuestrado, encarna ese miedo cotidiano que la serie siempre ha manejado bien: no el del héroe, sino el de la persona común atrapada en un engranaje demasiado grande para comprenderlo.  Mientras que Faber, el maestro de espías, sirve de contrapunto para ir desgranando los misterios del caso gracias a un personaje lleno de carisma

Ritmo irregular, tensión efectiva

La gran baza de la serie vuelve a ser su manera de construir la presión dramática con unos pequeños giros de guion que elevan la tensión poco a poco. Gracias a esa narración en tiempo real la historia atrapa al espectador, aunque a veces peque de falta de continuidad cuando la acción sale del metro y se mezclan todas las tramas y puntos de vista que hay en la serie. Pero como hemos dicho, en líneas generales, Hijack se deja ver y logra que el espectador quede atrapado en su red.

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Conclusión: una temporada valiente pero desequilibrada

Nadie había pedido una segunda temporada de Hijack, serie que parecía hacerse cerrado perfectamente con la primera tanda de episodios. Pero los responsables se deben al éxito de su producto así que aquí tenemos una nueva aventura de Sam Nelson que intenta jugar la baza del cambio de registro del protagonista sin olvidar el ritmo frenético que tan bien había funcionado en el pasado.

Sin duda esta segunda temporada queda por debajo de la anterior. No tiene su elegancia y falla al intentar ser más ambiciosa sin que haga falta. Tiene una trama un poco más irregular y confusa y hay que tragar con algunas cosas inverosímiles. Pero el ritmo y el manejo de la tensión dramática vuelven a ser bazas suficientes para mantener al espectador pegado a la pantalla, sin olvidar el buen hacer de los actores y el carisma de sus personajes.

A veces incluso una obra imperfecta puede hacernos felices si logra mantenernos pegados a la pantalla durante una hora más de la que deberíamos. Y Hijack lo hace. Cojea, sí. Pero también engancha.

Juanjo Avilés
Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.
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