Crítica de The end of the F***ing World. Emotiva historia de amor y locura de dos adolescentes inadaptados

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Otra vez acudo a una serie vendida erróneamente. The end of the F***ing World presentó su primer tráiler oficial hace escasas semanas y me sorprendió muy gratamente. Me esperaba una comedia negra alocada donde el humor absurdo y malhablado y la sangre impregnaran cada uno de sus 8 episodios de duración, pero nuevamente caí en la trampa. Comprendo lo difícil que tiene que ser vender una historia así. No es la típica comedia, ni son los típicos adolescentes, ni siquiera su historia de amor es la más cursi.  The end of the F***ing World es una serie que, aun gastando el tiempo innecesariamente en algunos episodios, se degusta sin complicaciones y se sigue con ganas. Cuenta con 8 episodios de unos 20 minutos de duración que puede que no os enganche del todo y estéis muy perdidos en esta peculiar propuesta, pero si le dais un voto de confianza la serie os atrapará y acabaréis enamorados de los personajes, y mira que es difícil.

Dos adolescentes sumamente peculiares

https://www.youtube.com/watch?v=WCc6K995oAk&t=20s

The end of the F***ing World es una serie que adapta la novela gráfica The end of the Fucking World (Netflix puso los asteriscos para hacerla más llamativa para el espectador) de Charles S. Forsman. En ella seguimos a dos adolescentes de 17 años, desconocidos el uno para el otro, hartos de su vida actual y que deciden fugarse juntos y recorrerse Inglaterra. James es un chaval un tanto peculiar. Su sentido del humor brilla por su ausencia, es reservado, serio y lo más importante, un psicópata. Sí, como habéis oído. Él mismo se considera un psicópata y así nos cuenta como pasó de tener pensamientos asesinos a matar a su primer animal con poco más de 10 años en los primeros minutos, a querer sentir lo que supone matar a una persona, alguien con nombre, con su vida, y esa persona será Alyssa.

Ella es otra adolescente que no encaja en el mundo de los demás, pero sí en el suyo propio. Su familia está desestructurada y ella no pinta nada ahí. Su madre, al divorciarse de su padre, se casó con un hombre con el que ha tenido dos gemelos, y ella es el 0 a la izquierda. Odia todo lo que le rodea y está cansada de aguantar las gili****eces (si Netflix puede, yo también) de los demás y su vía de escape será James.

Ambos, emprenderán un viaje para huir de ese pueblo inglés donde están “cautivos” a vivir la experiencia de una libertad adulta que les superará conforme avancen. “Probablemente debería haber tenido miedo”, así acaba el episodio, con uno de los tantos  cliffhanger que tiene la serie y que anima a seguir viéndola. El viaje de ambos se torcerá hasta límites inimaginables y todo perfectamente conducido gracias a las voces en off de ambos personajes, actuando en ocasiones como narradores de la historia.

La simpleza técnica de la novela de Forsman le llevó a usar a sus personajes como propios narradores de su historia y es algo que Charlie Covell, el propio Forsman y Jonathan Entwistle, director de esta ficción y que además ya llevó a cabo en 2014 un cortometraje sobre esta historia, han querido llevar a la serie. Constantemente vamos a escuchar los pensamientos de Alyssa y James. Estos, entretejidos en la trama, suponen en ocasiones un desahogo cómico ante la dureza de algunas secuencias y, sobre todo, una ventana abierta a sus sentimientos.

En The end of the F***ing World hay muy poco de comedia. La hay sí, pero está camuflada y sirve como desahogo. La serie es una historia de amor con tintes dramáticos entre dos personas que ven como el mundo en el que viven se les queda pequeño y que quieran o no, se necesitan. James es un psicópata, pero esa categorización no se queda ahí. Según avanzan los episodios descubrimos que, como él nos y se hacía creer en el primer episodio, no es un psicópata porque haya nacido así, han sido las situaciones que ha vivido. Al igual que Alyssa, interpretada muy notablemente por la joven Jessica Barden y que con perdón de Alex Lawther, pero se roba completamente las escenas en que aparece, su situación es fruto de una vida atormentada.

Acabé de lo más sorprendido al ver como esa historia de amor que se perfilaba en el primer episodio, no traicionaba ese estilo desenfadado, políticamente incorrecto y exagerado del resto de situaciones. James y Alyssa se necesitan. Para él ella es quien consigue esbozar una sonrisa en su cara seria, y él es quien pone los pies en el suelo a Alyssa. Ambos evolucionan de una manera sobresaliente en esos 8 episodios, ya no sólo físicamente teniendo en cuenta las perrerías que tienen que sufrir, sino psicológicamente. The end of the F***ing World no es solo el título de esta historia sino el de sus vidas. Ambos renuncian al mundo que conocen, a pesar de ser unos críos y que saben poco del mundo que les rodean, y cuando la serie comienza a preparar sus últimos minutos, con ellos dos en la playa mirando al infinito, Alyssa comenta “parece que estamos al borde del mundo”. Ellos dos se tienen pase lo que pase, pero el mundo no se lo pone fácil.

La serie cuenta con ellos dos como pilares fundamentales, pero no deja de lado otros personajes. Todos están bien desarrollados y no he tenido la sensación de que sobre ninguno. Quizá lo que muchos verán como negativo es la escasa introducción que tienen algunos, en especial las dos detectives de policía, pero, y a pesar de ser cruciales para el final de la historia (final abierto eso sí y que deja con cierto mal sabor de boca), no se sienten como extrañas.

The end of the F***ing World toma prestadas muchos elementos y estilos de otras cintas, pero los usa de una manera muy inteligente para trasladarnos a la Inglaterra de la que huyen esta pareja. Es una road movie sobresaliente donde la banda sonora del alemán Graham Coxon, quien usa canciones licenciadas y las sitúa en el momento y lugar correctos, juega otro papel fundamental en esta historia. A excepción de su pasable fotografía que en ocasiones cumple notablemente y en otras dista de hacerlo, la nueva serie de Netflix es excepcional, tierna, mordaz y valiente.



el autor

Estudiante en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Frikazo de proporciones bíblicas, crecí amando los videojuegos y el cine como medio de escape, sacrificando la vida social. Aunque no me arrepiento. Fan hasta las venas de Batman y El Señor de los Anillos. El mundo se me queda corto, mejor dejadme en la Tierra Media.

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