En 2023 James Gunn y Peter Safran comparecieron ante el mundo con una promesa bajo el brazo: orden, visión de autor y un plan inquebrantable a diez años vista. El primer capítulo, bautizado como ‘Dioses y Monstruos’, no solo venía a sepultar los restos del caótico universo cinematográfico anterior, sino a garantizar que en DC Studios no se volvería a rodar nada sin un guion terminado ni se anunciarían proyectos al vacío.

Tres años después, la realidad del calendario ha golpeado con dureza: las recientes cancelaciones de las series ‘Waller’ y ‘Paradise Lost’ no son un simple reajuste de producción, sino la confirmación definitiva de que el mapa de ruta original se está desmoronando.
El golpe sobre la mesa es devastador para la credibilidad del estudio. Por un lado, la serie de Amanda Waller, concebida como el gran puente orgánico entre temporadas y spin-off directo tras ‘Peacemaker’, ha terminado disolviéndose entre retrasos, cambios de enfoque y problemas de agenda hasta ser descartada por completo. Por otro lado, la herida abierta con ‘Paradise Lost’ es todavía más sangrante: vendida a bombo y platillo como un drama político y mitológico al estilo de Juego de Tronos en Themyscira, su cancelación fulminante deja al rincón de las amazonas totalmente huérfano antes siquiera de haber nacido.
Además, el propio planteamiento resultaba completamente ilógico desde el principio: pretendían explorar la intriga y los orígenes de Themyscira antes incluso de haber presentado, casteado o consolidado a Wonder Woman en este nuevo universo, empezando la casa por el tejado. Sumado a proyectos como Booster Gold, Swamp Thing o The Authority, que permanecen atrapados en un limbo que huele a que no verán la luz.

Esta cascada de bajas ha provocado una situación alarmante: la ausencia total de la Trinidad de DC. Mientras el público confiaba en ver los cimientos de una nueva Liga de la Justicia, nos encontramos en un escenario desconcertante donde Batman y Wonder Woman brillan por su ausencia. ‘The Brave and the Bold’ continúa sin fecha, sin casting y en un silencio sepulcral mientras Matt Reeves sigue a su propio ritmo aislado en Gotham, y Diana de Themyscira ni siquiera tiene una película en desarrollo activo, quedando relegada a meros rumores de un guion siendo escrito.
Estamos ante un universo compartido de superhéroes que no es capaz de poner en marcha a sus dos mayores iconos mundiales y que además va cancelando sus proyectos satélites no es un universo en expansión, sino una franquicia en clara retirada.
Con el horizonte despejado a golpe de tijeretazo, el futuro de DC Studios se ha estrechado de forma casi dramática. Más allá de la llegada de la serie ‘Lanterns’ para HBO y de apuestas aisladas de género como el proyecto de ‘Clayface’, todo el peso y la supervivencia de la compañía descansan exclusivamente sobre los hombros del Hombre de Acero. La obsesión del estudio pasa ahora por exprimir al personaje mediante su secuela ‘Man of Tomorrow’, mientras en paralelo se anuncian o priorizan desarrollos secundarios y series que jamás formaron parte del plan maestro original, como la de Jimmy Olsen.
Se cancelan las grandes apuestas estructurales que iban a construir el universo, pero se improvisa con proyectos menores que no estaban contemplados en el calendario.

La consecuencia inevitable de todo este caos es una profunda pérdida de confianza por parte de los aficionados. James Gunn parecía la figura capaz de emular el orden de Marvel Studios. Sin embargo, el estudio está volviendo a caer en los mismos vicios de siempre: improvisar sobre la marcha. Si el destino de todo el DCU depende únicamente de que la secuela de Superman funcione en taquilla, nunca existió un plan maestro real; solo fue otra maniobra de marketing, y los fans de DC ya están demasiado agotados como para seguir creyendo en promesas rotas.
Un saludo y sed felices.



