Nominada a cuatro Globos de Oro frente a la disparidad de críticas recibidas, he tenido la oportunidad ver Maestro, la segunda película de Bradley Cooper que podéis ver en Netflix. A priori, Maestro es una biografía sobre la figura de Leonard Bernstein, probablemente el director de orquesta norteamericano más importante del siglo XX, y su matrimonio con Felicia Montealegre.
El director y figura clave de Maestro es Bradley Cooper, actor que alcanzó la fama con la saga Resacón en las Vegas y que terminó siendo aceptado por los críticos tras sus colaboraciones con Clint Eastwood (El francotirador, Mula) o David O’Russell (El lado bueno de las cosas, La gran estafa americana). Sin embargo, la cima de su éxito llegó en 2018, cuando alcanzó el fervor de todo el mundo con Ha nacido una estrella, que los consolidó a él y a Lady Gaga como figuras importantes de la industria hollywoodense.
Producida por Steven Spielberg y Martin Scorsese, que se postularon inicialmente para dirigir la película, Maestro se postulaba para ser una película clave en los Oscar de 2024, pero el sabor que deja es agridulce por un problema de base: la diferencia abismal entre forma y fondo.

A nivel formal, la película es un auténtico espectáculo. Cooper demuestra una enorme sabiduría como cineasta. Tanta que no se deja nada fuera de la pantalla. A lo largo de las dos horas y poco que dura la película, contemplamos escenas en blanco y negro y a color. De hecho, hasta distintos «blancos y negro» y distintos colores. Cada década de la vida del personaje cuenta con su correspondiente estilo de fotografía.
Esto también afecta a la resolución de la imagen. En ocasiones, cuadrada. Otras, panorámica. Planos fijos, fuera de campo, enfoque a través de marcos, travellings… Bradley Cooper parece tener influencia de directores tan distintos como Orson Welles, Elia Kazan o John Cassavetes.
Los planos siempre son perfectos. Cualquiera que asista a Maestro dirá que es una película preciosa. Por sus imágenes y su uso de la luz. Cada uno de sus fotogramas se podría enmarcar en nuestras casas.
Es decir, para no repetirme más, Maestro tiene una estética perfecta.
Pero esto no es mera fotografía. Es cine, donde imagen y sonido deben estar al servicio de una historia para dar lugar a un mensaje. Y aquí es donde falla Maestro.
¿Qué cuenta la biografía de Leonard Bernstein? De todo, menos la carrera musical de un director de orquesta fundamental en el siglo XX. Esencialmente y sin entrar en spoilers, Maestro aborda el complicado matrimonio de Leonard con Felicia Montealegre, la verdadera protagonista de la película. Hay poca música y mucho drama familiar en esta película.

Esto no es necesariamente malo, que el cine está hecho para cualquier clase de historia, pero sí cuando gran parte de la película se centra en reiterar en bucle lo difícil que es aguantar con entereza un pacto tácito de infidelidades y bisexualidad (esto sale desde el principio de la película).
Realmente, si me centrara en hablar de la historia de Maestro, exceptuando sus escasas escenas de orquesta, estaríamos ante un drama de domingo por la tarde, mejorado con las espectaculares interpretaciones de Bradley Cooper y Carey Mulligan, ambos soberbios. El mensaje es claro: la dificultad de lidiar entre el narcisismo del genio reconocido y la intimidad requerida para crear obras geniales; entre la vida personal y profesional y, sobre todo, entre el hacer lo que uno quiere y lo que uno debe por sus seres queridos.
Una vez resumidos forma y fondo, lo peor que podemos decir de Maestro es que no tiene ningún sentido la estética desbordante de la película con la trama que cuenta. De hecho, es una película tan bonita y tan exuberante que no deja que entremos en la dura historia del matrimonio protagonista.
Por ello, es fácil establecer un paralelismo entre Leonard Bernstein y el propio Bradley Cooper. De hecho, es posible imaginar que Maestro sea una oda de Cooper a sí mismo. Un «mirad lo increíble director que soy». Sin embargo, al igual que un director de orquesta excesivamente narcisista puede no hacer funcionar a sus músicos como es debido, un director de cine absolutamente centrado en su arte puede perder el alma de su historia.
¡Un saludo y sed felices!
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