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Salvador: La serie de Netflix, de Tosar, Gabilondo y Calparsoro, apuesta por la espectacularidad sobre cualquier atisbo de realidad

Salvador lo tiene todo para ser el nuevo bombazo de Netflix. Tiene a Luis Tosar, ahora mismo la cara más reconocible del audiovisual español. Tiene a Aitor Gabilondo en el guion, uno de los más demandados tras el éxito de Patria y por supuesto lo más importante, tiene como director a Daniel Calparsoro, un realizador omnipresente pero que no suele defraudar.

¿El resultado? Un bombazo, tal y como decía al principio. La serie ya es número uno y tiene pinta que va estar semanas ahí y es que todo el mundo ya está hablando de Salvador.

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Salvador. El mensaje se diluye ante tanto exceso

Me preguntaba un compañero de la web que me había parecido la serie. Y le he respondido esto:

“Muy adictiva, súper entretenida, TÉCNICAMENTE espectacular, algunas muy buenas interpretaciones, pero muy excesiva, o sea, muy inverosímil. A veces dices, “Venga ya”.”

Y esto es lo que opino de la última serie de Netflix. La he visto en dos tandas de cuatro episodios, una el sábado y otra el domingo. Sin ningún cansancio, a la vieja usanza del maratón que ya por cuestiones de horarios de trabajo no suelo hacer. Pero Salvador es adictiva desde su intenso primer y quizás peor capítulo. Y es que aunque hay que verla como una película de ocho horas, su primer episodio es muy desmedido y excesivo lo que le hace ser inverosímil a todas luces y me hizo plantear en más de una ocasión quitarla. Y menos mal que no lo hice porque la serie es buena de narices.

Aunque Gabilondo toque temas de actualidad como el racismo, la xenofobia, el machismo  y problemas de índole social, al estar tan marcadamente exagerados hace que sea inverosímil. ¿Es malo? Ni por asomo, la serie es ficción y su cometido es entretener y bien que lo consigue. Simplemente que tratado con más realismo y menos exageración el mensaje podría haber calado más.

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Salvador: Una España polarizada entre el bien y el mal

No os he comentado de qué va la serie todavía. Salvador (Salvador Salvador) es un paramédico conductor de ambulancia. Cuando descubre que su hija forma parte de un grupo neonazi, los White Souls, (que supone una escisión de los Ultra Sur) que defiende postulados racistas y violentos, se acerca a la banda para intentar sacarla de ahí. Durante un violento enfrentamiento organizado entre hinchas radicales del Real Madrid y el Olympique de Marsella, Milena resulta herida.

Su primer capítulo es lo que decía muy violento y excesivo. Pierde esa verosimilitud cuando ves esos cócteles molotov volando sobre la policía y los hinchas franceses. Y no digo que no haya ocurrido. Hay casos recientes por desgracia, pero la escena del hospital es igualmente exagerada.

Pero es a partir del segundo capítulo cuando me enganché, con la presentación de cada personaje del grupo neonazi. Viven entre nosotros, como en la película de John Carpenter. Tenemos a Max, profesor de historia de instituto, bastante frustrado en el trabajo y que se contradice con su papel de jefazo en los White Souls, tenemos al agente inmobiliario, a Julia (Claudia Salas), amiga de la hija de Salvador dentro del grupo ultra y “chivata” de la policía, y con una historia de superación y redención que eleva el tono dramático de la serie. Y acabamos con otro personaje femenino muy interesante, el de la camarera Carla, interpretado por Leonor Watling. La relación que mantiene con Tosar es interesante ya que nos hace ver lo fácil que es irse hacia el lado oscuro.

Gabilondo nos habla del odio, pero también del poder. En ese sentido hacia final de la serie nos encontramos en la mansión del empresario Nicolás Dávila, interpretado por Pedro Casablanc. Es impresionante como teje los hilos, teniendo sentados en la mesa a altos cargos políticos y policiales. Sin duda, esa escena es uno de los mejores momentos de la serie.

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Consideraciones finales

Salvador nos muestra una Madrid muy polarizada, el odio campa a sus anchas. Hay miedo, racismo, machismo y violencia, mucha violencia.

Salvador es una pasada en lo técnico y artístico. Han fichado a Daniel Calparsoro y eso es el precio a pagar para lo bueno y lo malo. El realizador lo lleva en la sangre y todo el mensaje que pudiera haber en la serie se diluye al contar con los tics habituales del muy buen director, ojo, nos referimos a nervio, intensidad y acción. Pero para mensajes ya tenemos la realidad, aquí hemos venido a pasar un buen rato y Salvador lo consigue con ocho capítulos frenéticos que pasan volando. Sin duda alguna Salvador es uno de los grandes estrenos de este primer trimestre de 2026.

Un saludo y sed felices.

Carlos María Porras Castaños
Carlos María Porras Castañoshttps://despojosdelahistoria.wordpress.com/
Community manager, Historiador y documentalista, apasionado del cine, las series, la lectura y el fútbol... en definitiva de las cosas que nos hacen felices.
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