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Análisis de The Walking Dead: World Beyond. Temporada 1. Episodio 3

El tercer episodio de The Walking Dead: World Beyond nos deja un par de revelaciones acerca de los personajes, en tanto que otras apenas parecen insinuarse sin que veamos aún la verdad completa.

Bienvenidos sean, una vez más, al recorrido que, semana a semana, hacemos de la serie The Walking Dead: World Beyond, segundo spin-off del universo The Walking Dead que, recordémoslo, se desarrolla diez años después del apocalipsis zombie  en un mundo que intenta comenzar a organizarse nuevamente entre incipientes comunidades y unidades políticas. El episodio que hoy analizamos es el tercero y lleva por título El Tigre y el Cordero.  Les recuerdo que pueden seguir la serie en AMC y, para España, en Movistar+.   Como ya es costumbre, cumplo en advertir que SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA.

Si desean leer los análisis de los episodios anteriores, pueden hacerlo aquí y también pueden ver los de The Walking Dead o Fear the Walking Dead.

Terrible Simetría

“Tigre, tigre, ardiendo brillante

en las selvas de la noche,

¿qué inmortal mano u ojo

pudo forjar tu terrible simetría?

Al final del segundo episodio, nos habíamos quedado con Hope tomando una lanza y saliendo hacia el humo de la quema de neumáticos mientras el resto del grupo dormía. Tal como muchos, seguramente, suponíamos, el plan esbozado por Elton de hacer sonar la alarma para tornados y así distraer a los “vacíos” (recordemos que de ese modo se llama aquí a los muertos vivientes), no iba a ser descartado así como así y por algo había sido mencionado. En efecto y sin consultar con nadie, Hope trama llevarlo a cabo aun con el enorme riesgo que conlleva.

Una vez que logra llegar hasta la alarma, se encuentra con el problema de que la manivela, desgastada por herrumbre, se corta, lo cual hace que tenga que ponerse a desarmar el mecanismo para armarlo nuevamente y conseguir que suene. Mientras tanto, a través del walkie, se comunica con su hermana Iris, quien, al igual que el resto, no puede creer que se haya lanzado por su cuenta y sin aviso a una misión tan suicida.

La primera intención que tienen es de ir en su ayuda, pero Hope los disuade de ello y, por el contrario, les implora que crucen hacia el otro lado de la humareda en cuanto el sonido de la alarma distraiga a los caminantes. Al preguntársele cómo piensa salir, afirma, muy segura, que podrá hacerlo, pero únicamente en soledad: la presencia del grupo allí entorpecería el plan.

La decisión de Hope, desde luego, mortifica a los demás y, muy especialmente, a Elton, el autor de la idea.  Pero en cuanto ella logra hacer sonar la alarma, entienden, aun con pesar, que deben aprovechar el momento para cruzar al otro lado o todo habrá sido en vano, tanto su viaje como el heroico intento de Hope, acabe como acabe.

Se ponen, por lo tanto, en marcha. Si bien la casi totalidad de los zombies ha ido tras el sonido como las ratas de Hamelin, los jóvenes, en su carrera, se cruzan con unos pocos rezagados que son dejados rápidamente fuera de combate por Iris. Algo extraño, sin embargo, ocurre con Silas, quien, por alguna razón, se inmoviliza al momento de enfrentarlos. Es entonces cuando los flashbacks nos muestran algo más de su pasado: ya sabíamos que había llegado al Campus desde Omaha en castigo por alguna acción, pero no cuál y, a decir verdad, seguimos sin saberlo concretamente, pero llegamos a verlo protagonizando alguna reacción muy violenta contra alguien cuya identidad no llegamos a conocer, como tampoco el daño infligido que, al parecer, sería el motivo de su expulsión de Omaha.

En este punto, comenzamos a entender el sentido del título del episodio, pues mientras vemos a ese tan agresivo y temperamental Silas del pasado alternarse con su tan pasivo presente, escuchamos recitar en off el célebre poema El Tigre de William Blake, con esa contundente frase que, de algún modo, define la dualidad de Silas: “…aquel que creó al cordero, ¿también te creó a ti?

Eso es Silas: el tigre y el cordero. Una presencia física imponente que se ve impedida de actuar por un costado temeroso que, por lo que sabemos, es producto de una experiencia traumática.  Por fortuna para él, sus amigos están atentos a los peligros que le acechan y así, entre los tres, consiguen llegar hasta las oficinas de una fábrica al otro lado de la quema.

Monstruo Bicéfalo

A todo esto, Hope hace sonar la alarma cuanto puede (se acciona manualmente y, por lo tanto, deja de sonar cuando se la suelta) como para atraer entre el humo a la masa de caminantes hasta que su proximidad hace que no le quede más remedio que huir. Su plan, contrariamente a lo que daba pensar, no tiene nada de improvisado ni impulsivo sino que, claramente, lo ha estado urdiendo con cuidado durante la noche: muy cerca del lugar en que se encuentra la alarma hay unos grandes derrames de brea hacia donde hace ir a los zombies para encenderlos una vez que llegan allí.

Los caminantes han caído en la misma trampa que las ratas que iban tras el flautista en aquel célebre cuento, solo que en lugar de ahogarse en el mar, terminan ardiendo en una gran conflagración. El fuego, sin embargo, produce un efecto inesperado en dos de ellos, que, fusionados por el calor, logran trasponer el cerco de llamas, lo cual deja a Hope enfrentándose a un zombie bicéfalo, algo totalmente nuevo en el universo Walking Dead y que nos remite, una vez más, a la “terrible simetría” de que nos hablaba el poeta Blake.

Si, como bien sabemos, para eliminar a un caminante hay que perforarle el cerebro, la situación pone a Hope en serios aprietos, pues atacar una de las cabezas puede implicar quedar a merced de la feroz y mortal dentellada de la otra. Por fortuna, su hermana Iris no se ha resignado a esperarla como ella le pidiera que hiciese sino que, por el contrario, ha ido en su ayuda lanza en mano; así, entre ambas, logran dar fin a la demencial bestia de dos cabezas escupida por el infierno de brea.  Hope queda con alguna herida, pero con ayuda de Elton, logran los tres salir de allí.

La Compañía Crece

El grupo, ya en las oficinas de la fábrica, se reune nuevamente y, para su sorpresa, llega hasta ellos Felix, quien, junto a su compañera Huck, finalmente les ha alcanzado valiéndose del corredor entre la humareda creado por Hope, nuestra flautista de Hamelin. Felix intenta convencerlos de regresar ofreciéndoles un camino alternativo que, aunque más largo, sería más seguro, pero los cuatro jóvenes están absolutamente decididos a seguir hacia adelante. Resignado, termina por decidir sumarse a ellos, pues siente que su función es protegerles: una especie de Sam Gamyi en el apocalipsis zombie.

Para ser honesto, el personaje de Felix me resulta, por lo menos hasta aquí, casi un inútil. Y digo casi por no herir sus sentimientos. Primero, se le escaparon cuatro adolescentes del Campus cuando su función era garantizar la seguridad del lugar. Después, les fue todo el tiempo a la zaga pero nunca lo hubiera hecho de no ser por las señales que iba dejando Hope ni tampoco podría haber cruzado el “resplandor” si ella no hubiera despejado un poco el camino al hacer sonar la alarma. Y ahora que, finalmente, ha llegado a ellos, ni siquiera es capaz de hacerse respetar sino que, por el contrario, se pliega a la voluntad de cuatro púberes.

Está claro, desde ya, que muchas de sus acciones se ven condicionadas por el vínculo especial que, según se aprecia, tiene con las hermanas Bennett, pero esperemos que en próximos episodios nos convenza de algo más porque, hasta aquí, su aporte ha sido prácticamente nulo. Mientras tanto, la compañía ya suma seis y sigue camino hacia Mordor… o hacia New York, que es casi lo mismo y es donde, aparentemente, se encuentra Leo Bennett, padre de las jóvenes.

Confesión de Hermana

El incidente del zombie de dos cabezas ha fortalecido aún más la relación entre las dos hermanas y ello hace que Hope se anime a hacer una confesión de infancia: se siente responsable por la muerte de su madre ya que, el día en que todo comenzó, una mujer embarazada, desesperada y armada les salió al cruce pretendiendo quedarse con un vehículo para regresar en busca de su familia. La entonces pequeña Hope intentó, aquella noche, acercarse a la mujer para convencerla de que necesitaban salir de allí, pero esta, en su angustia y descontrol, disparó accidentalmente el arma, terminando con la vida de la madre de la niña. Llena de culpas, la mujer estalló en llanto, pero ello no evitó que Hope tomara el arma y le disparara, con lo cual el incidente dejó tres muertos (incluyendo un nonato) y una niña sin madre.

Hope no para de culparse a sí misma por tales hechos aun a pesar de las palabras de consuelo de Iris, pero hay algo más que complica las cosas de cara al futuro: la mujer a la que Hope mató siendo pequeña era la madre de Elton, quien, por ese entonces, contaría cinco años.

La Última Luz del Mundo

Sobre el final del episodio, volvemos a tener noticias de la teniente coronel Elizabeth Kublek, a quien prácticamente habíamos perdido de vista tras el primero. La vemos armando planes en un despacho que, por alguna razón que aún no llego a dilucidar, luce una inmensa bandera británica sobre uno de sus muros. Un sargento apellidado Barca se presenta ante ella para responder a cuestionamientos sobre su accionar, ya que los altos mandos de la República no lo ven, aparentemente, demasiado convencido acerca de las acciones que se vienen llevando a cabo.

Una aureola de misterio flota en la conversación ya que todo indica que, en el pasado reciente, ha ocurrido algo que no sabemos y que el sargento no aprueba o bien no ha querido ser partícipe. La teniente coronel, quien ha hecho suya la frase “somos la última luz del mundo, somos la última esperanza” insiste en que no se pueden permitir dudas al momento de eliminar amenazas, a lo cual, sin que sepamos de qué se habla, él replica que “no eran una amenaza”.

El episodio termina con el sargento, por orden de la teniente, detenido por cuestionar la autoridad.

Balance del Episodio

La serie me sigue gustando, si bien es cierto que la “gran historia” no termina de aparecer del todo y muchas de las respuestas que, hasta aquí, se han dado a nuestros interrogantes, son todavía parciales.

Hemos conocido algo más al callado Silas, sobre todo en lo referente a su dualidad, así como que una desmedida reacción en su pasado lo ha traumado de por vida, pero no sabemos aún con exactitud la dimensión del daño que ha provocado. También hemos descubierto más cosas sobre el pasado de las hermanas Bennett y sus vinculaciones con el resto, particularmente con Elton, lo cual plantea una gran incógnita futura acerca de si este se enterará en algún momento que fue Hope quien mató a su madre; no podemos imaginar cómo reaccionará cuando lo haga, pues doy por descontado que en algún momento va a ocurrir.  Creo que es un personaje que tiene aún mucho por mostrarnos.

Con respecto a Leo Bennett, no solo seguimos sin conocer su rostro, sino que tampoco nos hemos enterado nada nuevo. Y en cuanto a Felix, espero, como dije, que su personaje muestre algo de una buena vez: no sería extraño que, en próximos episodios, sepamos más sobre él o su compañera Huck, aún casi un completo misterio.

La serie sigue manteniendo ese perfil de tono y narrativa que la diferencia claramente de las otras de la franquicia, lo cual es bueno, pero también sigo viendo que la trama principal se mantiene algo lineal, salvo por los flashbacks que, a lo sumo, la complementan. Sigue sin haber subtramas, aunque la última escena con la teniente y el sargento puede estar dejando asomar la primera: algo ha ocurrido, alguna acción moralmente condenable en un mundo en el cual, justamente, los principios de la moral parecen estar alterados. ¿Tendrá que ver con New York? ¿Con el padre de las muchachas? De ser así, puede ser que la historia comience a mostrar bifurcaciones, lo cual sería sano.

Nos encontraremos la próxima semana para analizar un nuevo episodio. Será hasta entonces y gracias por leer. Sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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