Reseña de Night in the Woods: un perfecto retrato generacional

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Es prácticamente imposible hablar de Night in the Woods, de Infinite Fall, sin hablar de uno mismo, pues se trata de un videojuego extremadamente íntimo a la vez que parece alcanzar de forma universal a casi toda una generación.

Night in the Woods es un proyecto que empezó a financiarse a través de crowdfunding en 2013 y que acaba de llegarnos hace apenas una semana. Nos habla de Mae Borowski, una veinteañera que acaba de dejar la universidad (por motivos que desconocemos) para volver a su pueblo natal, Possum Springs. Allí se va a reencontrar con sus padres y con sus viejos amigos que, al igual que ella, han cambiado con el paso del tiempo. Además, nuestra protagonista se verá envuelta en la búsqueda de un misterioso fantasma que afirma haber visto.

El videojuego combinará durante toda su duración tres elementos clave: un misterio que involucra al pueblo entero y que Mae está dispuesta a descubrir, sus ensoñaciones, y el intento de volver a conectar con sus amigos. Curiosamente la parte de misterio pronto queda en un segundo plano y lo que adquiere importancia es explorar Possum Springs, no porque nadie nos obligue a ello, sino por la satisfacción que nos va a aportar. Podemos pasear por el pueblo hablando con los habitantes o escuchando sus conversaciones, con lo que poco a poco iremos encajando las piezas y comprendiendo la situación actual de nuestro pueblo natal, ahora en decadencia. A lo largo del juego tomaremos decisiones aparentemente insignificantes como por ejemplo, con cual de nuestros amigos queremos pasar esa tarde, cosa que resultará, como en la vida real, en acabar conociendo más o menos a alguno.

Hasta aquí todo bien, esta es la dinámica general del juego. En mi caso abordé el juego ilusionada, había visto un tráiler hace apenas unos meses y su apartado gráfico me había llamado la atención, prometía ser una aventura gráfica interesante que parecía desprender un aire a Firewatch o Oxenfree, títulos indie que me encantaron en su día. ¿Qué me encontré? La protagonista, recorre las calles de su pueblo natal que ya no parece reconocer. Possum Springs ha sido invadida por franquicias del estilo KFC y Telepizza, propiciando la desaparición de antiguos lugares de reunión, cosa que Mae no acaba de gestionar del todo bien, pues aunque sea algo que no va a alterar su forma de vida indica un cambio. También escucha las conversaciones de sus vecinos, que se quejan de sus empleos, la situación actual del pueblo; la decadencia que se hace presente a través de pequeños detalles que van formando un mosaico y que Mae parece constatar.

Pero aun así ella se repone y reemprende la marcha dispuesta a sorprender a Gregg, uno de sus amigos de la infancia que la recibe con los brazos abiertos, casi hiperactivo por su regreso. Te alegras por ambos, que se reúnen con el resto de grupo: Angus y Bea. Todos parecen cambiados, ahora tienen responsabilidades y trabajos, Bea debe hacerse cargo del negocio familiar, mientras que Angus y Gregg se fueron a vivir juntos. Los amigos de Mae parecen tener la vida organizada mientras que ella deambula insegura presa de un vacío existencial.

A sus veinte años de edad Mae ha dejado de ser una niña pero aún no es una adulta, parece estar en un limbo que no acaba de comprender. A medida que avanza el juego nos daremos cuenta de que sus amigos tampoco son aun adultos, simplemente víctimas de las circunstancias, del ir tirando, del hacer lo que se corresponde con su edad, pero lo llevan más o menos bien. Mae, por su parte, debe lidiar con la ansiedad de ver como todo va cambiando a su alrededor mientras ella se siente incapaz de gestionarlo: incapaz de explicar a sus padres el porqué de su regreso, incapaz de arreglar su relación con Bea… Es casi doloroso controlar a Mae mientras fracasa estrepitosamente en la labor de hacerse entender, ver como las conversaciones que mantiene con sus amigos se van a pique por más que el jugador intente escoger las respuestas adecuadas para que la entiendan.

El mundo parece seguir avanzando mientras que Mae, y también nosotros, seguimos anclados incapaces de movernos ni comprender qué ocurre a nuestro alrededor o qué nos pasa, preguntándonos como encajamos en todo esto que se cuece en el mundo. Mae habla con los adolescentes del pueblo como si fueran algo realmente lejano, ya no forma parte de ese colectivo, pero también escucha las conversaciones de los adultos, quejándose de su trabajo, sin entrar tampoco en su categoría. Se mueve por una realidad en el que parece no tener cabida intentando comprender sus propios sentimientos, mientras hace su día a día con total normalidad: pasea, habla con sus vecinos, visita a sus amigos e investiga el ya mencionado misterio.

Vamos conociendo a personajes muy distintos, todos memorables con sus virtudes y sus defectos que hacen de estos animales antropomorfizados personajes realmente humanos. A lo largo del juego nos encariñamos con cada uno de ellos, en mi caso, particularmente con Mae, cuya mala actitud y sarcasmo la convierten en alguien extraordinario a ratos y en alguien que se autosabotea al momento siguiente, haciendo que queramos atravesar la pantalla para zarandearla, tranquilizarla y pedirle que se centre.

Toda la devastación emocional a la que te somete el juego va acompañada por una música realmente nostálgica y un apartado visual en 2D exquisito. Es alucinante como Night in the Woods compagina escenas realmente conmovedoras, pero no por eso sentimentalistas, con el humor absurdo del grupo de amigos protagonista que no para de hacer comentarios llenos de sarcasmo y cinismo. Hay que remarcar esta forma de expresarse de los protagonistas, que tanto me recuerda a mis propios amigos, bromeando continuamente y dejando caer frases realmente tristes en clave de humor. Quizás es un retrato del modo en que nuestra generación ha convertido el humor en una forma para gestionar este vacío existencial y emocional del que nos habla el juego, de hacerlo más llevadero y quitarle importancia asumiendo que es lo que tenemos, y que hay que intentar sobrevivirlo de algún modo, ya sea riéndose de uno mismo o de las cosas malas que te pasan.

En resumen, Night in the Woods, para mi, ha acabado siendo una verdadera experiencia que recomendaría a cualquier persona de mi edad por lo emocional de una historia que te acabará rompiendo el corazón y recomponiéndolo de una forma extraordinaria.

el autor

Estudiante de guión en ESCAC. Juego a cómics, leo películas y miro videojuegos.

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