Recientemente ECC ha sacado en tapa dura el recopilatorio de los cuatro capítulos publicados en 2012 de Rorschach ambientado unos años antes de Watchmen. Probablemente este sea el personaje que más me ha impresionado en el mundo de los cómics si obviamos a los pesos pesados como Spiderman o Batman. Desde el primer momento me sedujo la personalidad que mostraba, su fidelidad absoluta en la lucha contra el mal así como la estética que enarbolaba. Nunca olvidaré ese momento en que el Búho le dice : ¨ Aquellos fueron buenos tiempos, ¿ Qué paso con ellos ? ¨ y Rorschach le responde: ¨ Tú abandonaste ¨. Ese fue el instante en que quedé atrapado para siempre. Un héroe sin ningún poder, que sabe que puede caer mañana mismo en un mundo en el que ya nadie lucha por lo correcto. Tal vez por eso tras leer esta historia me queda un poso de desilusión. Sabía que no me iba a encontrar con la maestría de Alan Moore ( el guión corre a cargo de Brian Azzarello ) pero sí que esperaba mucho más contenido. La fuerza y el carisma del personaje se lo dejaba en bandeja a los autores que se han dedicado a tirar de arquetipos y rellenar las páginas con escenas de acción callejera sin visos de ninguna genialidad. Azzarello, que alcanzó su máximo reconocimiento en su etapa en Vértigo a cargo de 100 Balas, no demuestra un gran interés en calar hondo con esta historia. Hemos visto esta misma trama en centenares de películas y series a lo largo de la historia y me da la sensación de que ha sido el camino fácil. Un relato cogido con alfileres que se sustenta por la fuerza del personaje.

La historia transcurre en 1.977 en los bajos fondos de New York donde un asesino en serie al que apodan El Bardo está causando el pánico asesinando y mutilando a chicas jóvenes por toda la ciudad. Un Rorschach aún algo inexperto y menos reflexivo del que nos cautivara en Watchmen recorre las calles buscando a este psicópata a la vez que intentará acabar con una banda de narcotraficantes que operan por el barrio. Nuestro héroe comete una serie de errores que le llevarán a estar al límite de la muerte frente a unos enemigos que unos años más adelante no serían rivales. Y éstos desearan no haber cometido el error de dejarle con vida. Incluso Rorschach tendrá tiempo para causar la simpatía por una bonita rubia empleada de un bar. En descargo de esta obra diré que el dibujo sí está a la altura. Lee Bermejo hace un trabajo notable donde Rorschach está perfectamente retratado en su lenguaje corporal y las peleas transcurren muy fluidas bajo la luna de la ciudad de los rascacielos. Bermejo y Azzarello, que se conocieron en la elaboración de Batman/Deathblow, ya presentan una trayectoria juntos trabajando mano a mano en obras entre las que podríamos destacar Joker y Lex Luthor: Man of Steel. Azzarello incluso se atrevió con hacerse cargo tanto del guión como del dibujo en Batman: Noel donde saca a la luz aspectos del personaje desconocidos hasta la fecha.

Si, al igual que yo, sois fans de este superhéroe os animo a que compréis el cómic y lo leáis intentando desterrar toda la información previa que tenéis de él. Empezad de cero con el personaje. Una vez que lo terminéis volved a leer la obra de Alan Moore y disfrutad con la evolución del mismo. Para mí Watchmen es la mejor novela gráfica que he leído jamás. Y eso posiblemente es lo que me ha chafado este cómic. El listón estaba en todo lo alto. Esperaba un relato que dejara de nuevo en mí sensaciones que perdurarían por los años de los años. Por contra me he encontrado con una historia liviana y que pasa sin pena ni gloria por nuestro espíritu cuando la leemos. Pero es Rorschach. Menos carismático. Menos envolvente. Pero es él. Que no es poco. Y seguiré comprando todo lo que salga porque me gusta los héroes que no abandonan. Que son fieles a sus creencias pese a todo lo que gire a su alrededor. El mundo cambia pero ellos no. Mi brindis por este tipo de hombres.

Un abrazo a todos.




Es un gran cómic. El relato está claramente inspirado en «Taxi Driver» (de hecho hay una aparición «especial» en el cómic de esa película), con los mismos motivos y las mismas ideas. Va que ni pintado al personaje, el cual gana en profundidad en la miniserie. A quien le guste la película le gustará el cómic. Es un gran acierto hacer ese paralelismo entre ambos protagonistas, psicológicamente muy cercanos.
El encanto no es tanto por la cabezonería del protagonista contra todo (simplemente con retratar a un cazurro no nos sale un personaje memorable). Es más la soledad patética de alguien imbuido por el espíritu de la pureza a toda costa, que no de la Justicia. Cómo busca en la pureza la luz de una vida miserable, triste y solitaria. Muy miserable, muy triste y muy solitaria. Otra cosa es que en su idea de pureza no quepan los homosexuales, los «liberales» (en Europa, los «progres») y demás, pero eso es otro tema.
El dibujo capta bien el espíritu de lo que se cuenta y no desmerece el espíritu de las series originales. Muy bien en la forma y en el contenido. Quizás la mejor miniserie de todas las que salieron de Watchmen es la de los Minutemen, que es fantástica, especialmente el final.
Sueles estar muy informado en tus críticas y comentarios y no te quito razón en los homenajes y en los intentos del autor, pero coincido con Enrique en su percepción del cómic. A mí tampoco me gusta este tomo. Es más, si me apuras es que me parece malo, me parece un mal cómic. Pero claro no en todo pensamos igual. Con Star Wars pasó tres cuartas partes de lo mismo, a ti te gustó y a mi más bien poco.
El dibujo es bueno, pero el guión me parece que patina.
Dilo sin mieo, jefe: «Raúl, se te la va la olla, abuelo». Que somos del madrí ambos, vivedios, no somos de sutilezas. 🙂
Raúl, me tienes revolucionado. Pobre Kike. Su crítica está correctamente escrita pero sabes que pasa? Que tienes la cabeza como una regadera. Un dia, si podemos quedamos todos y así nos conocemos en persona. Bueno, tú y yo, no.
Alan Moore creo que odiaba el personaje. Lo calificó de auténtico psicópata y enfermo mental y creo que consideraba un fracaso el hecho de haber creado un personaje por el que la gente (entre los que me incluyo) sentía fascinación.