Se ha estrenado en Netflix la tercera temporada de Emily en París. Creada por Darren Star, la serie protagonizada por Lily Collins pone cada vez más eje en las elecciones y decisiones, siempre en un contexto de triángulos amorosos, conflictos laborales, postales turísticas y mucha, pero mucha ropa cara…
Bienvenidos nuevamente al encuentro con Emily en París y una tercera temporada que, tras amagar sanamente otro rumbo en los primeros cuatro episodios, termina volviendo al eterno loop del triángulo irresoluto y de una Emily (Lily Collins) que, con un presente lleno de conflictos, sigue sin pasado a la vista. Está claro que el showrunner Darren Star sabe qué es lo que funciona y difícilmente podamos objetarle algo cuando la serie es éxito en Netflix.
Antes de empezar a analizar, cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y recordarles que pueden leer en los respectivos links los análisis de la primera y segunda temporada.
La escena inicial es de lo mejor, aun estando obvio que es sueño. En lo alto de la Torre Eiffel, Emily se encuentra con Madeline (Kate Walsh)y Sylvie (Philippine Leroy-Beaulieu), las dos empleadoras entre las cuales se debate. Tironeada por ambas, termina cayendo al vacío en una imagen bien alegórica de su situación. Es una pena que a partir del quinto episodio ese conflicto, que pareciera de inicio perfilarse como motor de la temporada, pase a segundo plano para volver a rizar el rizo de la relación entre Emily y Gabriel (Lucas Bravo).
Pero al igual que los personajes, los productores saben de marketing y está claro que esa pareja vende aun cuando, por lo menos a mí, ya me aburra. Y si esa escena es representativa de la temporada, mucho más la frase de Sartre que Emily escucha en su clase de francés: “no decidir también es una decisión”. De eso se trata la temporada: caminos bifurcados y elecciones, ya sean laborales o sentimentales.
McBaguette
Emily no termina de decidirse entre Sylvie y Madeline: si unirse a Grateau, flamante firma que hasta ahora tiene como único cliente a Pierre Cadault (Jean-Christophe Bouvet) o mantenerse leal a Savoir. Pareciera estar más cerca de lo primero y hasta ha conseguido, a pesar de la cara de asco de Sylvie, un arreglo con McDonald´s para lanzar en Francia el McBaguette, adaptación obvia a la gastronomía local.
Pero a la vez no puede desprenderse de Savoir y menos viendo a Madeline embarazada y remando sola en París para conseguir clientes. Abandonarla en ese momento remuerde su conciencia, por lo que sigue jugando a dos puntas y asistiendo a reuniones de ambas firmas.
Más por descuido que mala intención, Luc (Bruno Gouery) mete la pata cuando, al ir a Savoir para buscar el laptop allí olvidado en que tiene todos sus contactos, se encuentra con Madeline y menciona al pasar que Emily está trabajando con ellos, haciendo incluso referencia al acuerdo con McDonald´s a ser sellado esa noche.
Emily, en tanto, ha hecho reservas en el restaurante de Gabriel (¿dónde más?) para una cena de despedida a su novio Alfie (Lucien Laviscount), que regresa a Londres, pero la cosa se complica al comunicarle Sylvie que ha acordado para la misma hora reunión con los de McDonald´s.

Su pesadilla se hace realidad: en la Torre Eiffel se encuentran las partes involucradas más Madeline que, cayendo sin invitación, pone en evidencia a la joven por estar trabajando para ella. Y Emily cae al abismo (metafóricamente, claro): es despedida por Sylvie y llega tarde a la cena de Alfie, que se larga ofendido y recordándole aquello de Sartre. En una sola noche ha perdido trabajo y quizás novio.
La Trompeta Azul
Emily continúa, no obstante, trabajando para Madeline y manteniendo contacto con Alfie, aunque este le oculta que está de regreso en Francia, contratado como jefe de finanzas por Antoine (William Abadie) en la fatídica noche de la cena frustrada.
Sylvie es tentada por Madeline para regresar a Savoir y obviamente responde que no, justo antes de recibir la pésima noticia de que, pateando el tablero, su querido Cadault ha decidido romper con ellos para arreglar con JVMA, firma cuyo actual heredero Nicolas de Leon (Paul Forman) se encuentra por esos días en París. Ahora, la pesadilla la tiene Sylvie, sin clientes y siendo tarde para volver a Savoir…
Pero ni ella ni Emily son las únicas que se ven cruzadas por elecciones. A Mindy (Ashley Park) la quieren para cantar en el local de jazz La Trompette Bleue, pero sin banda ya que el lugar tiene músicos contratados. En principio no acepta, ya que implica abandonar a sus compañeros y sobre todo a Benoit, (Kevin Dias), pero son ellos mismos quienes acaban dando el sí en su nombre.
La relación con Benoit pareciera entonces mantenerse sin cambios, al punto que, antes de cada show y como cábala, la visita para tener sexo en los camerinos. Y cuando no puede ir, le envía algún “elemento” para que lo haga sola…
Chica de Portada
Desde Estados Unidos, su directorio pide informes a Madeline sobre la marcha de las cosas y quieren saber especialmente si ya ha conseguido algún cliente francés. No solo no lo tiene sino que, para colmo de males y en escena realmente divertida, no logra sacar de su ordenador un filtro de cara de gato que Emily ha creado para promocionar una marca de alimento felino, por lo que tiene que participar de la reunión luciendo como uno y hasta con una paloma revoloteando por la oficina.
Si ello no es ya suficiente motivo para que sus jefes den por terminada la experiencia francesa, la falta de progresos tampoco ayuda, así que la orden es regresar a Chicago. Pero apenas se lo plantea a Emily, esta no quiere saber nada con dejar París y se convierte, ahora sí, en desempleada full time…
¿Y adónde va a buscar trabajo? Obvio: al restaurante de Gabriel, lo cual crea incomodidad en Camille y sus padres. Sus problemas con la lengua (¿todavía?) le juegan una mala pasada y una confusión entre champagne y champignons casi mata a un cliente alérgico a los segundos.
Gabriel la despide, pero no es un momento tenso ni triste sino todo lo contrario: él le recomienda bajar la adicción al trabajo y dedicarse a vivir. No es mal consejo, Gabriel, pero… ¿de qué vive mientras tanto? O peor, ¿de dónde saca dinero para lucir, como lo hace, un atuendo diferente cada día?
Extrañamente, ella parece feliz, seguramente porque así estaba en el guion ya que otro sentido no tiene o, por lo menos, jamás he visto a nadie recibir un despido con tanta alegría. De Gabriel nunca se sabe qué le pasa porque es tan expresivo como un papel de lija.
De cualquier forma, Emily nunca está del todo inactiva: vuelve a sus filmaciones por la ciudad y las sube a su cuenta de Instagram. Y pronto tiene trabajo nuevamente, ya que cuando Sylvie acepta una idea que Luc y Julien (Samuel Arnold) le han llevado, estos le informan que en realidad es de Emily, por lo que hay que llegar a un acuerdo y, por mucho que pese a Sylvie, no queda más remedio que reincorporarla.
Emily quiere impresionar a su “nueva” jefa haciéndola aparecer en la prestigiosa publicación La Liste, por lo que contacta a la editora Janine DuBois (Kate Colebrook) y acuerda un encuentro (¡sí, en el restaurante de Gabriel!!!). Sylvie se muestra decepcionada al saber que es australiana y ello ayuda a que Janine haga mejores migas con Emily que con ella.
De hecho, Sylvie estalla en furia al recibir el ejemplar de La Liste y comprobar que tanto la portada como buena parte del contenido están dedicados a Emily o, a lo sumo, a Gabriel y su restaurante, pero ninguna mención a ella. Emily logra calmarla poniéndola al tanto de que captó la atención de JVMA para la campaña de protector solar. “Buen trabajo” dice, lacónica, Sylvie…
Flores para Mindy
La presencia de Nicolas introduce otro triángulo (esa palabra sería mejor título para la serie), pero no en relación a Emily sino a Mindy, con quien se conoce de un internado en Suiza. Algo pareciera reavivarse entre ellos y, estando Benoit de por medio, la cosa pinta complicada.
Emily convence a Nicolas de usar una canción de Benoit para una campaña de protector solar. La encanta a los asistentes al evento de presentación pero, en lugar de estar feliz, Benoit está decepcionado por tratarse de una canción especial que había compuesto para Mindy.
Con culpa, Emily retira la oferta y al menos el evento sirve para que Benoit pueda actuar en La Trompette Blue junto a Mindy y hacer juntos Shallow, del musical Ha nacido una Estrella.
No obstante, él está inseguro con la relación desde que apareció el “compañerito” de Suiza que, de hecho, envía flores a Mindy con una invitación a cenar
Campos de Lavanda
¿Más triángulos? Tenemos. Una artista griega llamada Sofia Sideris (Melia Kreiling) se encuentra en París para exponer en la galería de Camille (Camille Razat) y surge atracción entre ambas.

Emily las ve besarse en la azotea de Alfie, pero calla y se lo comenta más tarde a Mindy que, siempre más liberal, le aconseja desentenderse. Pero está claro que Emily se debate entre la culpa de que Gabriel no lo sepa y la tentación de que, en caso de saberlo, podría acabar su relación con Camille: una espina para ella, lo admita o no…
La súbita cancelación de la reserva para un evento de McLaren hace que Antoine ofrezca su castillo en Provenza (¿por qué no tengo amigos así?), localización perfecta por tratarse de una finca de campos de lavanda para elaboración de perfume que va como anillo al dedo con el color del automóvil a presentar.
Hay un problema: Antoine invitó al equipo de Sylvie (Emily incluida), pero también a Gabriel para hacerse cargo de la comida durante el evento. El viaje en tren es por ello incómodo y ni hablar cuando, una vez en el lugar, personal de servicio y chef tienden a ver como pareja de Emily a Gabriel y no a Alfie. Es inútil: Dios los quiere juntos. O el showrunner, para este caso lo mismo…
Y cuando parece imposible sumar triángulos, tenemos uno más y “de cuatro” porque Sylvie vive una tensa situación con su Erik (Søren Bregendal) cuando parece conocer demasiado bien el castillo de Antoine o cuando, sin invitación, aparece Laurent (Arnaud Binard), el esposo de Sylvie que no es esposo.
Demasiado para Erik, que se marcha sin entender por qué sigue casada (ídem por aquí) pero, contrastando sus palabras, parece haber reconciliación entre Sylvie y Laurent tras ser ambos atacados por abejas entre la lavanda (por cierto, las abejas no vuelan de noche) y saltar en ropa interior a una piscina: contexto ideal…
Camille y Sofia tienen su noche íntima en una habitación del castillo, aunque con bastante ropa: el temor al sexismo está llevando al absurdo de que la gente tenga sexo vestida. Camille quiere prorrogar la exposición de Sofia en París, pero esta quiere llevársela a Grecia. La primera objeta que tiene novio y la segunda, estereotipo de artista díscola, replica que no hay por qué amar a una sola persona.
Malas noticias para Alfie: ha habido un problema en la elaboración del perfume y la fragancia no ha salido bien. Pero por suerte está Emily para solucionarle los problemas y sugiere venderlo como edición limitada: “la escasez genera lujo”, justifica. Antoine se mofa de ella por pretender explicarle las leyes del mercado pero, al pensarlo luego, lo ve como buena opción. ¿Alguien entendió algo? Yo no. ¿Qué atractivo de mercado puede tener una edición limitada si la fragancia no ha salido bien? Si el perfume es horrible, la firma se desprestigiará. ¿Estoy tan equivocado?
Por lo pronto y gracias a Emily, Alfie ha salvado la ropa. Antoine, agradecido, les presta el McLaren para regresar a París. Durante el viaje y mientras él va endemoniado al volante, ella oculta el ticket del almuerzo en el cual estaba identificada como pareja de Gabriel.
Falsa Muerte
De regreso en París, Cadault llama a hurtadillas a Sylvie y su equipo para pedirles ayuda, pues está muy disconforme con lo que está haciendo JVMA, que le ha convertido prácticamente en un payaso al bombardear los locales con imágenes suyas, mayormente holográficas.
Quedan en ayudarlo para hacerlos cambiar de idea, pero durante una salida al cine entre Emily, Gabriel, Mindy y Nicolas, este último se refiere a Cadault como “exasperante” y ello deja poco margen. En un momento en que Emily y Gabriel quedan solos, se les acerca una amiga de él bastante fastidiosa, pero el dato es que también ella interpreta que son pareja: siguen las señales…
Al otro día, Nicolas hace una reunión para exponer sus planes sobre Cadault y Emily abriga la esperanza de que va a posicionarlo mejor. Nada más lejano: quiere sacárselo de encima y quedarse con la marca para reemplazarlo por su odiado antagonista Gregory (Jeremy O. Harris). Si ello ya de por sí pone mal a Emily, instantes después todos ven cómo Cadault, que llega tarde, es atropellado al cruzar la calle.

Durante algún rato, nos hacen creer que Pierre está muerto, ya que vemos al resto de negro y caminando por lo que parece el parque de un cementerio, pero termina siendo un hospital. Está maltrecho, pero fuera de peligro. La situación hace que Emily y Sylvie intenten convencer a Nicolas de posponer su desplazamiento, pero se niega. Tampoco tienen mucho éxito con su padre, con quien Sylvie tiene amistad.
Cambio de estrategia: tras haber ocultado el accidente y en plena gala de anuncio de los cambios en la firma, difunden la noticia de que Pierre ha muerto. Nicolas cae en la celada e instantes después se presenta Cadault atravesando su propio holograma mientras lanza el clásico: “los rumores sobre mi muerte han sido exageados”. La humillación sufrida por Nicolas hace imposible cualquier anuncio…
Las cosas parecen pintar mejor para Emily y Grateau, ahora que han recuperado a Cadault. Gabriel, en cambio, anda emborrachándose y, consultado por Emily, dice creer que Camille lo está engañando en Grecia, pero no sospecha de Sofia sino de algunos muchachos que aparecen en las fotografías…
Mientras Emily se muerde la lengua para no decir nada, él se culpa porque quizás Camille nunca le haya perdonado lo de ellos dos. Finalmente y casi en modo Sofia, aunque con tristeza , da a entender a Emily que la ama tanto a ella como a Camille. Pero cuando esta regresa de Grecia, todo pareciera en su lugar nuevamente…
Boda Fallida
Una empresa de modas británica quiere lanzarse en Francia con una campaña basada en una propuesta matrimonial auténtica. A bocajarro, Gabriel menciona a Emily que está a punto de pedirle matrimonio a Camille, con lo que ya tienen los candidatos.
Pero Camille se adelanta haciendo el mismo pedido a Gabriel, lo que hace imposible cualquier campaña al estar ambos al tanto. La siguiente propuesta de Emily y que gusta a la empresa es convertir el logo en globo aerostático y lanzar varios con parejas besándose bajo el eslogan “el amor está en el aire”. Cursi es poco, pero así funciona…
A todo esto, Gabriel está feliz porque Antoine ha aceptado que el restaurante sea suyo, es decir con parte en las ganancias y no ya como mero empleado . Ello le permite incluso cambiar el nombre y, en homenaje a su abuela, lo rebautiza como L’Esprit de Gigi, .
Está incluso la posiblidad de recibir una estrella Michelin. Rústico como soy, pensé en neumáticos, pero no: he averiguado en Google que es una distinción para restaurantes que preparan sabores diferentes. Dado que quien puede concedérsela es directora de una empresa telefónica (me pierdo un poco, pero insisto: soy rústico) y que la misma asistirá al restaurante como invitada de Luc, se esmeran en atenderla y queda tan conforme que se compromete a ello…
Gabriel está tan feliz que quiere casarse con Camille esa misma noche. En una capilla pronuncia sus votos, pero cuando le toca a ella, le pone al tanto con culpa de que tenían con Emily un pacto que ella rompió, según el cual ninguna de las dos iba a salir con él. Ya tenemos boda interrumpida de folletín: Camille se marcha y Alfie también porque no quiere ser segundo de nadie. Todo se va al traste y cuando Gabriel y Emily hablan el asunto, él le comenta que el real motivo por el cual Camille regresó de Grecia es que está embarazada…

Balance de Temporada
Hay que decir que hemos visto una temporada peor que la primera pero mejor que la segunda: ojo, no es decir mucho. Durante los primeros cuatro episodios, daba la sensación de encontrar un rumbo interesante al enfocarse en los conflictos de decisiones laborales. Hubieron allí diálogos ingeniosos, situaciones divertidas y toques de humor negro que dieron oxígeno, pero a la larga pensaban regresar a la agotadísima historia de Emily y Gabriel, que volvió a ocupar el centro… Y si tanto gustaba un triángulo, le sumarían más, pues la serie cuenta la misma historia cualesquiera sean los personajes involucrados y respondiendo seguramente a estudios de mercado y fanservice.
Pero es una lástima que se desaprovechen situaciones que podrían haber sido explotadas: la doble filiación laboral de Emily no duró casi nada, como tampoco su estatus de desempleada. Y si en temporadas anteriores no sabíamos cómo sostenía tan profuso y lujoso vestuario, ahora llegamos al paroxismo y está clarísimo que una de las razones para hacer la serie es vender ropa. Más misterioso todavía es el pasado de la protagonista: hemos avanzado en el de Mindy o Sylvie, pero el personaje principal, paradójicamente, continúa en sombras.
Se sigue luciendo más el elenco femenino que el masculino, con honrosas excepciones como Jean-Christophe Bouvet, Bruno Gouery o Samuel Arnold en los respectivos papeles de Pierre, Luc y Julien. A propósito de este último, venía reclamando en análisis anteriores un mayor despegue de su personaje y ha ocurrido: incluso le hemos visto sobre el final decepcionado con que sus ideas sean siempre descartadas en favor de las de Emily, lo cual arroja dudas sobre su futuro…
La postal turística sigue a la orden del día y así como en la temporada anterior nos vendieron Saint-Tropez, en esta han hecho lo propio con Provenza: un capítulo completo dedicado a ella. Y, por supuesto, las eternas tomas del Sena fluyendo en cámara rápida que, para esta altura, son tan marca registrada de la serie como la Torre Eiffel. “A los americanos les gusta la torre”, dice Sylvie al justificar su elección para el encuentro con la gente de McDonald´s: no hay duda de que la producción también lo sabe…
Nos queda, según se dice, una sola temporada ya que la cuarta será la última. Estaba a punto de preguntar qué ocurrirá en ella, pero inmediatamente caigo en la cuenta de que ya lo sabemos: Emily terminará con Gabriel, Mindy volverá con Benoit, Camille encontrará su verdadero amor en Sofia y Sylvie redescubrirá la felicidad matrimonial junto a Laurent: de hecho, ya lo está haciendo. Y no me acusen de hacer spoiler porque ustedes también saben que será así y a pesar de ello, quieren y queremos verla de todas formas. Porque aun con sus obviedades e incongruencias, Emily en París sigue siendo un producto entretenido y quizás nadie esté pidiéndole más…
Hasta la próxima y sean felices…



