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Crítica de La chica enmascarada (2023), de Netflix

La chica enmascarada es la última de las series coreanas que Netflix ha intentado comercializar a nivel internacional, doblándola a numerosos países y promocionándola en su página. Este producto, estrenado el 18 de agosto en la plataforma, hace sangre con el mundo del streaming, tan en boga en la actualidad, y presenta un thriller con numerosos saltos temporales y espaciales en que se habla de este entorno tan amplio como enfermizo.

¿Quién es la chica enmascarada?

La chica enmascarada es la última sensación de Internet: se trata de una mujer que hace espectáculos subidos de tono en la red, con una gran cantidad de seguidores que la agasajan con regalos virtuales y, en ocasiones, se obsesionan con ella. Pero la incógnita permanece: ¿quién es esta joven que ha vuelto locos a los hombres de Corea?

La chica enmascarada

Ella es, en realidad, una mujer gris y aburrida llamada Kim Mo-Mi, que trabaja en una oficina y cuyo rostro nunca ha destacado por su atractivo. Desde muy pequeña adora la fama y la atención ajena, pero solo la puede disfrutar a través de su álter ego virtual: en la realidad, no solo los hombres la rechazan, sino que ella misma se siente acomplejada por su fealdad. Así transcurre su vida hasta que un día recibe el mensaje de alguien que dice saber quién es.

Una premisa interesante… al principio

La chica enmascarada es una serie con altibajos muy pronunciados, que a veces nos conmueve con lo que cuenta pero que no siempre sabe lo que quiere ser. Comienza como una fábula muy acorde a los tiempos que vivimos, en la que nos encontramos con una serie de personajes descontentos consigo mismos que viven vidas paralelas a través de las posibilidades de anonimato que ofrece la red de redes. Esta premisa, que toca demasiado de cerca a cualquier persona con inquietudes que haya vivido su juventud en el siglo XXI, se descarta tras los primeros capítulos en favor de una narrativa más universal.

Así, el producto pasa por varios géneros, con una versatilidad a la que en sus momentos más anodinos llamaremos vaguedad: el piloto parece una versión surcoreana de Yo soy Betty, la fea; el segundo capítulo se torna en un thriller centrado en los peligros de las redes sociales, tendremos luego una historia de venganza, un drama carcelario… en definitiva, una lista de propuestas que parecen provenir de series distintas pero que no siempre casan bien entre sí.

La chica enmascarada

Cada episodio comienza con un protagonista distinto al anterior, lo que nos da una perspectiva diferente de lo que ha supuesto la chica enmascarada para todos ellos: una figura ominosa, una aliada, una amiga, un modelo a seguir… hasta desembocar en un final donde se cruzan las distintas subtramas que se han ido presentando. Se trata de una conclusión efectiva y adecuada, con una escena final deliciosamente ambigua, pero que podría pertenecer a cualquier telefilme y que carece de la fuerza narrativa de los primeros capítulos.

Además, al introducir los saltos temporales, se producen algunas inconsistencias. Por ejemplo, debemos creernos que la chica enmascarada comenzó su andadura como streamer en 2008, rodando unos vídeos con una calidad de imagen excelente en su propia vivienda, cuando los que veíamos YouTube y plataformas similares en 2008 sabemos que esos contenidos primigenios no tenían nada que ver con los streamers que conocemos ahora y que se ruedan prácticamente las veinticuatro horas en cámara, a los que el producto parece criticar. Irónicamente, las escenas del presente parecen más antiguas.

La serie, en general, se beneficia cuando la propia Kim Mo-Mi es la protagonista, ya que a través de ella podemos comprobar los distintos problemas a los que lleva el escrutinio constante y la obsesión por la belleza de Internet. Sin embargo, los temas que se plantean al comienzo quedan en el aire y, para cuando la historia ha concluido, no estamos tan seguros de que sus creadores tuvieran algo que decir.

Conclusión

La chica enmascarada es una serie repleta de emociones fuertes y giros, que ofrece una historia entretenida sin muchas pretensiones pero que no está a la altura de las expectativas que provoca su primer acto. En cualquier caso, con siete capítulos, supone un entretenimiento que no quita mucho tiempo y que termina sin amenazar con nuevas secuelas innecesarias, lo que ya es mucho.

Máximo Simancas
Máximo Simancashttps://laautopistadepalabras.wordpress.com/
Periodista. Redactor en esta página y, antes, en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales.
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