Nuestra fábrica de churros televisivos favorita ha estrenado la que puede ser la serie del verano: La residencia, un cozy mistery de manual que es imposible dejar de ver. Bajo el amparo de la todopoderosa Shonda Rhimes como productora (señora que se ha forrado a base de estirar un chicle como Anatomía de Grey y otros sucedáneos), la serie creada por Paul William Davies bien puede ser la nueva franquicia de Netflix.
Hay un muerto en la Casa Blanca
La Casa Blanca, antaño escenario de thrillers y películas de acción donde un presidente aguerrido y musculoso, llámese Harrison Ford, Morgan Freeman o Aaron Eckhart, repartía leña y salvaba el mundo (cosa que hoy en día ya no nos tragamos, visto su actual ocupante) es ahora el escenario de un asesinato donde asistiremos a un Cluedo de 8 episodios en el que hay que descubrir quién mató a Gustavo Fring, digo a A.B. Wynter, el ujier jefe de la residencia de los presidentes americanos (es lo que tiene Giancarlo Esposito, que haga lo que haga siempre nos recordará a Fring).
Para desentrañar el misterio iremos de la mano de Cordelia Cupp, una detective algo peculiar, obsesionada con observar aves y desentrañar misterios, acompañada por el agente del FBI Edwin Park, personajes interpretados por Uzo Aduba y John Krasinsky, a quienes vemos en la imagen siguiente.

La residencia es una serie de misterio que encaja perfectamente en lo que ya hemos mencionado, el cozy mystery, que en español podríamos traducir como «misterio acogedor».
Aquí el enlace a la wikipedia para quién quiera profundizar sobre el tema, que yo ando escaso de tiempo.
En resumen, que hay muerte y algo de sexo (escasísimo) pero sin ofender a la vista o al oído, que no queremos espantar a nadie, y los protagonistas se las apañan para desentrañar el misterio contra viento y marea.
Para compensar, La residencia es una serie en la aplicar el adjetivo «dinámica» es quedarse corto. Estructurada a base de flashbacks, la serie va a todo velocidad en su montaje y en sus diálogos. Tan deprisa van que es fácil perderse pero no os preocupéis, que sus responsables lo saben y ya se ocupan de hacernos un resumen de tanto en tanto y de señalar los detalles que serán significativos.
Al final, de lo que se trata es de tenernos enganchados a la pantalla y ahí cumplen con creces. Debo decir que en tan sólo un episodio tuve la sensación de que se estaban alargando demasiado pero pronto recuperaron el intenso ritmo y fue un no parar.

Puñales por la espalda made in Netflix
Si, ya se que Netflix produce las dos secuelas de Puñales por la espalda pero creo que se entiende. La residencia no llega a la calidad de la obra de Rian Johnson pero lo intenta firmemente. Obsesivamente, diría yo.
Es inevitable pensar en Benoit Blanc (el mejor detective del mundo) cuando se presenta Cordelia Cupp (que no por error se presenta como la mejor detective del mundo). También es inevitable no darse cuenta de que el escenario cerrado y concreto en la que desarrolla la acción es muy similar a las mansiones de Puñales por la espalda y El misterio de Glass Onion.
De igual forma, aquí tenemos personajes estrafalarios que ocultan algo en cada escena, ya sea el presidente de los USA empeñado en que el agua de la ducha salga hirviendo, su marido indeciso (si, otro detalle -que una pareja gay llegue a la Casa Blanca – que hoy por hoy se nos antoja imposible pero a moderna, a Shonda Rhimes, no le gana nadie), la camarera alcohólica, el repostero suizo-alemán (encarnado por Bronson Pinchot, el primo Larry de Primos lejanos) o la mismisima Kylie Minogue haciendo de Kylie Minogue. Un festival.

¿Y quién es el asesino? Pues la verdad es que eso es lo de menos. La residencia es una serie que se ocupa y preocupa más del viaje que del destino. Su principal objetivo es que la veas, y si puede ser del tirón. En eso cumplen totalmente. Es muy, muy entretenida, sobre todo si te gustan estas cosas de asesinatos, misterios y detectives.
Como decía, puede que Netflix haya encontrado otra franquicia de la que tirar, aunque está por ver si el público reacciona de forma positiva a la serie. Un saludo, sed felices.



